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LA HERENCIA DE  LA DIOSA AMATERASU

LA HERENCIA DE  LA DIOSA AMATERASU

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STUART, Y SUS ANTEPASADOS.

Stuart era un niño muy especial, cuyos antepasados, tanto por el lado materno, como por el paterno habían sido excepcionales y él mismo no era un niño común y corriente, siempre iniciaba aventuras, según él resolviendo misterios, que acababan en problemas y castigos.

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Amel, abuela del padre de Stuart, nacida en la India siglos atrás, era descendiente de una princesa hindú, Mirana, que como muchas princesas, tuvo que casarse con un mandatario extranjero, musulmán, en aras de la política internacional de su pueblo. Tuvo una suerte infausta, pues murió a manos de su propio marido, que la acusó de infidelidad.

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Por su parte, Amel, se casó en 1792 con un coronel inglés, John Thompson Sr., comisionado en la India; un mes después de quedar embarazada, el coronel fue llamado de nuevo a Inglaterra y su hijo, John Thompson Jr., nació en Londres, en 1793; con el tiempo llegó a general y después fue embajador en Japón.

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Se casó 1830 con Aiko, una japonesa emparentada con el emperador Ayahito (y, por lo tanto, con extraterrestres o dioses, como se les quiera llamar); en 1832 nació su único hijo (Stuart Thompson), hijo de japonesa, con nacionalidad y apellido inglés y muy dado a meterse en líos.

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HERENCIA EXTRATERRESTRE.

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En 1842. A los 10 años, siendo hijo del embajador inglés en Japón, Stuart tenía acceso al palacio del emperador Ayahito y a algunos lugares sagrados, porque era miembro de la familia divina.

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Durante una festividad nacional de varios días y durante la cual Stuart y sus padres pernoctaron en el palacio del emperador, sus primos japoneses le contaron de los objetos sagrados legados por la Diosa Amaterasu (extraterrestre) al primer emperador japonés Jimmu y su descendencia.

nterpretación de un artista de los Tesoros Imperiales de Japón.

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Se trataba de un collar, un espejo y una espada mágica; Stuart sintió curiosidad y cuando todos estaban dormidos, se dirigió hacia el recinto sagrado con la intención de entrar y ver la espada, aunque sabía que estaba cerrado y custodiado, pero “ya veré cómo”, pensó.

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Al llegar frente al sitio sagrado se escondió tras unos cortinajes, porque vio la puerta entreabierta. Se acercó a espiar y vio al sacerdote encargado de la limpieza de la cámara divina haciendo sus labores.

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Se escurrió adentro silenciosamente y volvió a esconderse tras otros cortinajes más gruesos y ricamente bordados con hilos de oro. Observó cómo el sacerdote hacía la limpieza hincado, pues nunca se puso de pie y al terminar hizo tres reverencias hacia un lugar que parecía ser el Sancta Sanctorum.

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Éste, estaba cubierto también por cortinas, pero éstas eran doradas y tan translúcidas que permitían ver lo que se encontraba atrás de ellas, pues de la pared posterior en semicírculo pendían varios candelabros con cirios encendidos, que iluminaban algo que a Stuart le pareció un crucifijo, pues tenía forma de cruz y en la parte de arriba se vislumbraba algo como una cabeza.

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Él no era católico, pero sí cristiano y conocía los crucifijos, por lo que se extrañó sobremanera de que los japoneses adoraran la cruz cristiana. Embebido en sus reflexiones no se percató de que el sacerdote había salido de la habitación y sólo se dio cuenta cuando oyó cerrarse la pesada puerta; tardó unos segundos en aterrarse al advertir que se había quedado encerrado por lo menos hasta el día siguiente en que alguien viniera a hacer la limpieza diaria.

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Sabía que lo iban a buscar por la mañana, cuando vieran que no había dormido en su cama, pero no sabía si quería que lo encontraran, pues había cometido un sacrilegio.

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Trató de tranquilizarse y concluyó que si estaba profanando el lugar sagrado, era porque quería ver la herencia de la Diosa Amaterasu y si lo iban a castigar, lo menos que debía hacer era revisar esos objetos que los japoneses (entre ellos, su madre) consideraban divinos.

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De puntillas (aunque no hubiera nadie que pudiera oírlo) se dirigió a la zona del altar, se detuvo unos segundos y abrió las cortinas de un tirón. De pronto se le cortó la respiración por unos segundos, pero asumió que era por el fuerte aroma a incienso y de inmediato la recuperó.

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Se acercó a lo que de lejos creyó que era un crucifijo, pero vio que no lo era. Se trataba, efectivamente, de unas tablas de madera fina, oscura, unidas en forma de cruz, que sostenían en el segmento horizontal una hermosísima y gruesa espada cuyo mango estaba cubierto de piedras preciosas que lanzaban rayos luminosos y la hoja unida a él refulgía a la luz de los cirios.

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Atrás de la espada vio un espejo que reflejaba toda la estancia de una manera muy nítida y la parte posterior de la cruz donde estaba la espada.

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Luego observó lo que supuso era la cabeza, pero que en realidad correspondía a un objeto en forma de panal de abejas, envuelto en hojas de oro, que brillaba en la penumbra.

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Se acercó lentamente y estiró el brazo para tomar la espada, pero lo pensó mejor y prefirió primero averiguar qué había dentro del “panal”, se subió a un pequeño escalón que había bajo el altar y parándose en puntas de pie alcanzó el objeto, pero resultó que estaba fijo a la parte vertical de la cruz y le costó un gran esfuerzo zafarlo. Cuando lo logró, casi perdió el equilibrio debido al peso del artefacto, que al desprenderse, activó una alarma que sonó en el puesto militar del palacio, pero no en el santuario.

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Stuart recuperó el equilibrio sin soltar el “panal” y bajó cuidadosamente el escalón, en donde se sentó, para desenvolver el precioso y pesado objeto.

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Cuando estaba tratando de encontrar la orilla de la hoja de oro que lo envolvía, escuchó un escándalo, al tiempo que se abrió la puerta. Stuart se quedó paralizado del susto al ver venir al sacerdote de la limpieza, justo detrás del Gran Sacerdote y nada menos que del mismísimo Emperador, su bisabuelo, seguido de un destacamento de soldados armados hasta los dientes. En esos momentos de emergencia, sólo el encargado de la limpieza entró de rodillas, los demás profanaron el recinto con sus botas y El emperador no tenía que hincarse.

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Después de eso, todo fue confusión y lo siguiente que supo fue que lo llevaron a una celda en los sótanos del palacio, y que tenía hambre y frío. Después de un larguísimo tiempo, que supuso de varias horas, escuchó voces y reconoció la de su madre. Momentos después, en la penumbra del corredor, la vio entrar bañada en lágrimas, seguida de un carcelero con antifaz.

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De pronto pensó que lo iban a ejecutar y que ese hombre era el verdugo, pero después recordó con alivio que todos los carceleros de la prisión del palacio usaban antifaz.

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Llegó su madre y él fue a su encuentro, se abrazaron a través de las rejas y el carcelero abrió la puerta para que el chico pudiera salir. Su madre lo envolvió en sus brazos y así caminaron hasta la salida. Afuera, en una especie de oficina burocrática, lo esperaba su padre, serio y taciturno, como buen inglés; su única muestra de afecto fue despeinarlo, como siempre lo hacía cuando se emocionaba.

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De regreso a la residencia diplomática nadie pronunció palabra. Ya en casa, su madre lo llevó a la cama, lo besó como de costumbre, le dijo que le enviaría la cena y le deseó dulces sueños. Ni un regaño, ni nada. Stuart no lo podía creer, sabiendo que lo que hizo era un sacrilegio. Todo el tiempo que estuvo en la cárcel pensó que lo iban a regañar y castigar muy fuerte, pero… nada.

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Puesto que se había salvado, se puso a cavilar en dos cosas principalmente: una, ¿cómo se enteraron? No se explicaba qué lo había delatado (si lo supiera, le serviría de lección para el futuro) y dos, ¿qué carambas había dentro del panal?

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Él había escuchado y leído la historia de la diosa Amaterasu y los emperadores y recordó lo que en ella se dice.

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Se levantó de un salto y fue a su librero, buscó y pronto encontró el libro que buscaba, ahí estaba la historia/leyenda de la diosa. Leyó:

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“LEYENDA DE LA DIOSA AMATERASU

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Amaterasu nació de una lágrima de su padre Izanagi cuando se purificaba tras su intento fallido de rescatar a su esposa Izanami.

Amaterasu es la diosa del Sol en el sintoísmo y antepasada de la Familia Imperial de Japón según los preceptos de dicha religión.

También conocida como Ōhiru-menomuchi-no-kami,  su nombre significa “Diosa Gloriosa que brilla en el Cielo”.

Su padre le otorgó un collar de joyas y la puso a cargo de Takamagahara (“Llanura celestial alta”), su hermano Susanoo, molesto por la repartición de la tierra entre ellos, irrumpió al templo de ella arrojando el cadáver de un caballo celestial, e inundó sus sembradíos de arroz; ofendida y triste por el acto, Amaterasu se ocultó en una cueva, por lo que la tierra se sumió en la oscuridad.

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Después de varios intentos, sin éxito por parte de los demás dioses para que saliera, ella escuchó la risa de los dioses y asomándose para ver el por qué de la risa, preguntó a un dios que se encontraba cerca de la entrada de la cueva y éste le dijo que era porque habían encontrado a otra diosa que gobernara el sol, ella preguntó quién era y el dios le señalo detrás de ella, al voltear, Amaterasu vio su reflejo brillante y hermoso en el espejo y decidió volver a ser la diosa del sol, entonces su hermano le regalo su espada, Kusanagi, en muestra de disculpas, volviéndose estos tres objetos: el collar, el espejo y la espada, los tesoros de la corona del Yamato. 

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Según la leyenda, varias generaciones más tarde, uno de los descendientes de Amaterasu, Jinmu, recibió esos tres regalos de parte de su abuela, la diosa Amaterasu y se convirtió en el primer emperador de Japón, dejando a la Familia Imperial como descendiente directa de la diosa suprema del sintoísmo”.

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Relacionado:

http://enigmasymitos.blogspot.com/2010/07/el-templo-de-ise-santuario-japones.html 

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Terminó de leer la leyenda y se quedó dormido.

A la mañana siguiente Stuart se enteró del costo de su aventura: Su madre, bañada en lágrimas, empacó sus cosas y ese mismo día tuvo que partir hacia Inglaterra a un internado militarizado.

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¡Y lo peor es que no logró ver lo que guardaba el “panal dorado”!

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Ciudad de México, 20 de julio, 2018, 5 pm. © Silvia Eugenia Ruiz Bachiller. Todos los derechos reservados.

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EL ÁGUILA REAL Y LA HORMIGUITA (CUENTO, FÁBULA, ALEGORÍA)

EL ÁGUILA REAL Y LA HORMIGUITA

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Hace no mucho tiempo, érase que se era, allá en un lejano valle rodeado de montañas una comunidad de toda clase de aves y lindos animales.

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Las hermosas aves volaban en su propio espacio y según sus alas más o menos alto; había gorriones, codornices, faisanes, búhos, halcones y toda clase de aves de la región y de afuera, porque a veces llegaba un cóndor visitante y hasta algún quetzal.

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Para las águilas reales la zona era ideal, pero sólo había una, se llamaba Së y era muy querida por sus coterráneos, en el valle tenía muchos amigos entre aves y animales; era solitaria, porque no había otra águila real por esos rumbos.  Ella tenía su nido allá en la montaña, muy arriba.

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Së disfrutaba de volar muy alto y su sueño era alcanzar las nubes, pero no llegaba a tales altitudes.

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También hacía lo contrario, a veces se posaba en el suelo y si no tenía hambre, hacía amistad con toda clase de animalitos e insectos, su zona de caza era muy lejos.

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En una ocasión que estaba posada en tierra cerca de un hormiguero, una de las hormigas obreras se subió en una de sus patas, aferrándose a una pluma, a Së le hizo gracia y la saludó.

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-Hola hormiguita ¿qué haces en mi pata?

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-Quiero que me lleves a volar contigo, yo no tengo alas como algunas privilegiadas de mi colonia, yo sólo hago lo que las demás.

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Së le sonrió y se dispuso a darle gusto.

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-Te voy a llevar a volar, pero sólo muy bajo, porque te podrías marear o hasta morir si te llevo muy alto.

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-¡No! – Exigió Elf – yo quiero volar alto.

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-Eso no se va a poder, si no quieres, pues no te llevo.

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Con cara de enojo y haciendo gestos Elf aceptó.

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-Está bien – y se aferró a la pluma de la pata de Së.

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Para Elf fue una experiencia maravillosa y le pidió a Së que lo hicieran con frecuencia, el águila, complaciente aceptó y así lo hacían.

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Mientras, en uno de sus vuelos solitarios más altos, Së conoció a otra águila real, llamada Ga, era un macho imponente que también gozaba volando lo más alto que podía; se saludaron y empezaron su vuelo en conjunto.

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Todos los días se encontraban en las alturas y volaban juntos disfrutando de los bellos paisajes, pero más de la compañía.

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Como era de esperarse se enamoraron y fueron una pareja muy feliz.

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Së seguía llevando a Elf en algunos vuelos, igual que antes, a ras del suelo.

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Y volaba todos los días cada vez más alto con Ga, disfrutando de los paisajes más hermosos desde las alturas y gozando de un hermoso romance.

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Todo iba bien, hasta que un fatídico día Ga fue víctima del peor predador de todos, el hombre, y fue asesinado, tan sólo por el gusto de matar que tienen algunos humanos.

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Para Së la vida cambió radicalmente, ya no tenía ganas de volar, se acurrucaba en su nido y se ponía a llorar.

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Pero tres días después, Së vio a Ga, luminoso y transparente volando frente a su nido, era su espíritu que había regresado para acompañarla.

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Desde entonces Së retomó sus vuelos y con el espíritu de Ga a veces llegaba hasta las nubes y más allá, así era feliz y cuando descendía, sus hermosas experiencias a sus amig@s les compartía.

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Algunos no le creyeron, dieron media vuelta y ya no la oían, otros se interesaron más y sus narraciones no se perdían.

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Së les platicaba de los maravillosos vuelos que con el espíritu de Ga efectuaba y de cómo se amaban; todos con arrobo la escuchaban.

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Elf seguía queriendo volar con Së y por eso ella hacía como que la oía, pero en realidad no lo hacía. Un día, en su hormiguero tuvo problemas y llena de ira salió a gritar su rabia; se encontró con Së, que había ido a visitarla para en uno de sus vuelos llevarla.

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Pero Elf estaba tan enojada que en lugar de montarse en la pata de Së, fue a picarla y con su ponzoña inocularla. Së no salía de su asombro ¿Elf atacándola?

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Era la época en que las hormigas con alas salían en su vuelo nupcial, a Elf le había dado un ataque de envidia; por ser obrera no tenía alas, sólo las reinas las tenían y podían salir a volar y encontrar pareja para ser felices en su nuevo nido. Elf tenía celos y envidia porque ella no podía, entonces vio a Së, que podía volar a grandes alturas y con ella se desquitó porque era a quien más cerca tenía.

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Al sentirse atacada, Së levantó el vuelo sin contraatacar a Elf, ya que de un pisotón podría eliminarla, pero en vez de eso, extendió sus alas y emprendió el vuelo.

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El lugar de Së era el aire, el espacio, las alturas, no el polvoriento suelo donde la hormiga vivía; tratando de olvidar el dolor, más que por el piquete, por el cambio de su amiga, durante su vuelo Së pensaba:

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“La culpa es mía, a una hormiga le di a probar el vuelo al ras de la tierra. Ella tiene envidia porque no entiende, porque ve las cosas desde el suelo, no alcanza a verlas durante un alto ascenso.

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Jamás entenderá lo que es el cielo, poder con tu pareja alcanzarlo en tu vuelo. Lástima que reaccione tan mal por su malogrado anhelo y al no entender agreda lo que ignora y por lo tanto, reprueba”.

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Së continuó volando junto al espíritu de Ga viviendo hermosas aventuras en lo alto del cielo y a veces más allá.

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Elf, amargada, siguió en el suelo…

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Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

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Ciudad de México, 20 de julio, 2018, 3 pm. © Silvia Eugenia Ruiz Bachiller. Todos los derechos reservados.

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EL SÉPTIMO BESO

Ahora que José José está en boca de todos por su serie “José José, el Príncipe de la canción, en Netflix, reblogueo este cuento mío, al que Danshaggy le dio el final perfecto, la cereza del pastel. Hacíamos un muy buen equipo (modestia aparte).
Y si José José es mi ídolo, Danshaggy es el amor de mi vida, aunque ya haya dejado este mundo.

serunserdeluz

 © condiciones al final.

En  un blog amigo:

https://historiasmalditas.wordpress.com/2016/05/31/52-retos-de-escritura-de-el-libro-del-escritor/

Me encontré con unos RETOS LITERARIOS, sin entrar a ellos, elegí el # 7 para escribir un cuento que salió de corrido, en poco más de 2 horas, el reto es: “Escribe una historia ficticia sobre un encuentro con una celebridad en un restaurante”.

ENCUENTRO CON MI ÍDOLO

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José José era mi obsesión, desde que, siendo una niña, lo vi y lo escuché en su éxito mundial del II Festival de la Canción Latina, cantando “El Triste”, conforme salían sus discos, sólo esos escuchaba, día y noche y no oía nada más; mis vecinos me odiaban y mi familia apenas me soportaba.

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Cuando años después, en 1991, estando él en la cúspide de su fama,  me lo encontré en un restaurante elegante y de moda, fue como la realización de un sueño.

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Iba yo con dos amigos, él estaba con su representante y…

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“EL COLLAR ROBADO”

Cambiando un poco la temática: un cuento que escribí hace años. Espero les guste.

A que vine

 

“EL COLLAR ROBADO”

30 DE JUNIO DE 1520, MÉXICO TENOCHTITLAN.

 

Durante la conquista de la Gran Tenochtitlan, cuando los españoles huían, hecho histórico conocido como la “Noche Triste” (para los españoles), Pedro de Alvarado, uno de los más feroces capitanes de Cortés, efectuó un gran salto en uno de los puentes del camino a Tlacopan, el famoso salto de Alvarado en el ahora llamado Puente de Alvarado.

En ese salto, perdió casi todo lo que él llevaba del tesoro robado a Moctezuma, pero pudo salvar un collar de chalchihuites, como los aztecas llamaban al jade, pero también a las esmeraldas; este collar era de esmeraldas.

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Como ladrón que roba a ladrón, tiene 100 años de perdón, Pedro no entregó el collar a Cortés para ser repartido entre el Rey, Cortés y los soldados.

 Ver:

https://aquevineadondevoy.wordpress.com/2014/03/10/yo-ame-a-pedro-de-alvarado-2-a-precuela-hernan-cortes-y-la-noche-triste/

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Después de la Conquista, ya instalados los españoles…

Ver la entrada original 1.541 palabras más

EL PUENTE

Hola amig@s, ahora les comparto un cuento de Danshaggy en el cual colaboré un poco; lo subo porque me intriga que él tuviera esa “obsesión” por escribir cuentos sobre este tema, que descubrirán en el desarrollo de éste.

EL PUENTE

Leinad vivía en las afueras de la ciudad, en la periferia, era una persona algo escéptica, él decía que no creía en cosas sobrenaturales, ya que eran mentira; en primer lugar, porque nunca había visto nada en su vida, por eso siempre se reía de sus compañeros cuando contaban las historias de terror, y en segundo lugar, decía que todo tiene una lógica y una razón, pero que cada quien era libre de creer en lo que pensara que era real.

Él trabajaba en un almacén que se encontraba ya dentro de la ciudad, a unos kilómetros de su casa; siempre trabajaba de mañana, no le gustaba el turno de la tarde, y rara vez aceptaba quedarse más tiempo; pero ese día por falta de personal y estar en inventario, aceptó el quedarse más allá de las cinco, que era la hora en que él salía.

Ese día salió de  trabajar después de las diez de las noche, era una noche húmeda de invierno, había amenaza de tormenta, el cielo estaba nublado, y cruzado por relámpagos,  caía algo de llovizna, nada fuerte aún, así que subiendo a su carro y maldiciendo su suerte, se enfiló hacia su casa; salió de la carretera principal tomando el camino vecinal, avanzaba en la soledad de la noche, pensando en las historias que de ese camino contaban; algunas exageradas por los accidentes que ocasionalmente sucedían; había varias cruces en los costados del camino, “es raro (iba pensando),  tantos accidentes, a pesar de que se encuentra bien iluminado”, él casi no andaba tarde por ese camino, siempre que pasaba por ahí, era con luz de sol, pero esa noche…

Iba despacio, viendo el camino y pensando en su día y en llegar a su casa antes de que comenzara la tormenta como tal;  de pronto  algo llamó su atención: las luces a su paso, comenzaron a apagarse; “¡qué extraño!” pensó; pero no le dio demasiada importancia. Al voltear por el espejo, vio que atrás de él se volvían a encender,  iba pensando en lo raro de la situación, cuando de pronto su auto comenzó a fallar y se apagó.  Maldiciendo su suerte se orilló en el camino quedando justo en el puente que cruzaba un río profundo, a medio camino de su casa.

Bajando del auto, volteo a ambos lados de la carretera, pero no vio otro vehículo en el camino; notó que las luces del camino adelante y atrás de él estaban encendidas, pero en el puente estaban apagadas, encogiéndose de hombros, dijo en voz baja:

-Maldita suerte, tenían que fundirse las luces justo donde se me descompone el carro.

Sacó una lámpara que traía en su guantera y se puso a revisar su auto, cuando sintió un aire frío que le envolvió y escuchó un ininteligible susurro en el oído que le hizo alzar la vista y mirar hacia los lados y a ambos bordes del puente, aluzando con su lámpara hacia el río.

En uno de los lados del puente vio la figura blanca de alguien parado en la orilla del río, le pareció extraño ya que por la inclinación del costado del río no era posible que alguien estuviera de pie ahí. Dejando el carro a un lado, avanzo a la barandilla del puente y tratando de ver mejor se cubrió los ojos para evitar que le cayera la lluvia y aún aluzando hacia allá, no podía distinguir bien, por lo que pensando que su mente le jugaba una mala pasada, se  abocó a seguir con el auto.

Estaba agachado, en el frente de su carro moviendo algunos cables queriendo encenderlo, cuando volvió a escuchar ese susurro ininteligible; enderezándose  aprisa y sujetando fuertemente la lámpara comenzó a revisar a los lados del puente, y algo lo hizo voltear  de nuevo al río, cuando de pronto un relámpago retumbó y destellando cruzó el cielo iluminándolo todo por unos segundos, entonces vio la figura que se encontraba ya más cerca de  él; poniéndose nervioso por esto, dio un pequeño paso hacia atrás por la sorpresa, pasó saliva y emitió un pequeño gemido y se volvió a ocupar del carro tratando  de nuevo de echarlo a andar y mientras movía los cables en el motor, en medio de la oscuridad que lo rodeaba, ya nervioso, levantó de nuevo la vista, reconociendo la figura de la sombra blanca que en ese momento ya identificó como una mujer que se encontraba en la orilla del puente, a unos 30 metros de donde él estaba.

Preocupado, ya que él no creía en nada de eso, poniéndose nervioso y aumentando su desesperación por la situación, mientras seguía moviendo el cableado de su viejo carro tratando de encenderlo, volvió a escuchar ese susurro en el viento que ahora sí identificó como  una mujer que le llamaba por su nombre…

-Leiinnaadd – en una fría y apenas audible  voz hueca, que se sentía fría al oído y se volvía parte del  aire que corría.

La lluvia comenzó a arreciar un poco mas escuchándose el golpeteo de las gotas de agua en el carro haciendo más tétrica la situación.

Leinad, maldiciendo su suerte, comenzó a pensar en salir corriendo de ahí y regresar por el carro al día siguiente, pero en un último intento y después de levantar la vista por encima del cofre, vio que la mujer ya se encontraba unos metros más cerca de donde él estaba, por lo que golpeó el motor mientras le gritaba.

-¡Prende maldita porquería!

En ese momento se encendieron las luces del puente, a la vez que volvía a escuchar el susurro de la mujer diciendo su nombre. Pero esta vez en su oído como si le tuviera a su lado, a la vez que se vio y escuchó un estruendoso relámpago, de la tormenta que se desataba ya encima del lugar, iluminándolo todo; Leinad, en un movimiento rápido, giró viendo que no había nadie.

Ya con las luces del puente prendidas, se dirigió rápido al encendido del auto y girando la llave  el carro encendió; sonriendo y volteando a todos lados no viendo a la mujer,  cerro el cofre y subió de nuevo a el carro, aceleró para salir del puente y sin prender las luces, enfiló rumbo a su casa y mientras volteaba al puente por el retrovisor, siguió acelerando, la lluvia arrecio en ese momento, en medio de los truenos de la tormenta que iniciaba…

Escuchó la voz femenina llamarlo por su nombre:

-Leinad – en un susurro apenas audible, a la vez que sintió una mano fría que le acariciaba el cuello y el cabello, volteó al espejo retrovisor y vio que ella iba en el asiento trasero: una bella mujer sentada en el asiento de atrás con una sonrisa viéndolo a los ojos por el espejo.

Él, desconcertado, pensando mil cosas en un segundo, no dejaba de verla en el espejo sin poner atención en el camino. En un instante el bello rostro de la mujer de blanco se transformo en el rostro desfigurado de alguien muerto, mostrando partes del cráneo y su ropa estaba desintegrándose.

Entonces ella dio un alarido lastimero que aturdió a Leinad, quien dando un grito por el miedo y la desesperación pisó el acelerador inconscientemente, mientras se movía para quitarse la mano helada que sentía en la nuca y no atendió la curva pronunciada ni el auto que venía en sentido contrario, chocando de frente con éste.

Una hora después, los paramédicos se encontraban tratando de rescatar a los dos pasajeros del carro que choco contra Leinad.

Él, se encontraba parado en la orilla de la carretera, con su cara ensangrentada, viendo lo que sucedía: los paramédicos y policías caminando a su alrededor y él con la mirada fija en su viejo carro…donde estaba su cuerpo deshecho. a un lado del carro estaba parada la mujer de blanco, quien le extendió una mano llamándolo.

Leinad, avanzó le tomó la mano y se fueron rumbo al rio…

Una cruz más, está en la curva donde murió Leinad.

Dicen que se durmió al volante.

Cuentan que cuando vas por el camino en la noche, solo  y en el puente tu carro se detiene, sólo espera que la mujer de blanco te llame por tu nombre…

Mexicali, B. C. y Ciudad de México, 22 de junio, 2016, ©2016 Danshaggy, Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

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EL SR. JOHNNY

OTOÑO DE 1888,

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Por la estrecha, lodosa y oscura callejuela de Whitechapel, en Londres,  caminaba apresuradamente una joven que acababa de dejar, encerrados con candado, a sus tres pequeños niños; se dirigía al cercano Bar de Pete, volteando hacia todos lados, con miedo de encontrarse con el asesino de prostitutas que ya había matado a unas cuantas.

Al salir de su cuchitril, como todas las noches, se puso la máscara de alegría que su trabajo requería. Ésta iba sobre la otra máscara, la de maquillaje barato y exagerado, que apenas cubría el cutis de sus 20 años, aún lozano a pesar del tiempo que llevaba en esas andanzas. Mientras caminaba a su trabajo, le pareció escuchar no muy lejos a un lobo aullando a la luna llena.

Después de caminar tanto, llegó, como siempre, con los zapatos enlodados y los pies húmedos, abrió de un golpe la puerta del apestoso bar y gritó alegremente.

-¡Hola concurrencia! Rosalie está aquí.

Fue recibida con vítores y aplausos y muchos vasos se levantaron para brindar por ella, que sonriendo se dirigió al bar, se colocó atrás de la barra, se puso su delantal blanco y se alistó para servir las cervezas y el licor que le fueran solicitados.

Rosalie notó sin mucha alegría que la observaba el caballero que hacía dos noches había empezado a venir, usaba una vestimenta que quería ser elegante y que en ese ambiente más o menos lo lograba, aunque la abundancia de su pelo y barba no se lo permitía del todo. Cuando se cruzaron sus miradas, él levantó el vaso vacío y le indicó que quería más whiskey, ella sirvió una copa y se la llevó al caballero.

En el camino, se cruzó con Pete, el dueño, su odioso patrón y tío.

-Bájate el escote y muéstrale la pechuga al Sr. Johnny, que es la tercera vez que viene y hoy acaba de llegar y anda espléndido con las propinas- y al alejarse le dio la concebida nalgada con la reacción de siempre por parte de ella: apretar los ojos y los labios para no decirle un improperio al “patrón”, porque necesitaba mucho el trabajo.

Las prostitutas que trabajaban en el bar no hubieran tenido ningún problema en mostrarle al Sr. Johnny lo que éste quisiera, a eso se dedicaban, y él era menos patán que los otros, pero él sólo requería a Rosalie; únicamente quería que ella le sirviera, para manosearle lo que alcanzara antes de que ella pudiera retirarse, porque ella lo esquivaba, algo que él no entendía, pero lo hacía empeñarse más en tenerla.

Rosalie suspiró con resignación, se bajó más el escote y se acercó a la mesa del caballero que la esperaba con una siniestra sonrisa.

Alzó la vista y vio a su patrón observándola y haciéndole señas para que se agachara más y le enseñara los pechos al ahora cliente favorito. Así lo hizo.

-Buenas noches, Rosalie – con voz acariciadora.

-Buenas noches, Sr. Johnny.

-Sólo Johnny, olvida lo de “señor” y tutéame.

-Está bien, Johnny, estás servido, ¿alguna otra cosa?

-Sí, tráeme otro trago y siéntate conmigo a tomártelo, acompáñame.

-No puedo sentarme con los clientes, ‘toy sirviendo.

Él señala las otras mesas – ¿y ésas? ¿están acompañando a la clientela, no?

-Yo soy la cantinera, ellas… no- la triste verdad de que ella a veces también se prostituía, la hizo entristecer.

-Bueno, no importa, ya hablé con Pete y no tiene inconveniente, con la mirada señaló al patrón y éste le hizo una seña afirmativa a Rosalie para que se sentara con el nuevo cliente consentido del bar, después de que le hubiera dado una jugosa propina por ponerle a Rosalie al alcance.

-Ella fue a la barra y se sirvió un vaso de cerveza con la mayor cantidad de espuma posible, porque no quería que se le subiera a la cabeza, puesto que llevaba día y medio sin comer.

-¡Sírvete un whiskey, que no se diga que soy tacaño!

-Gracias, Johnny, prefiero la cerveza, pero si me quieres invitar algo más, que sea comida, hoy no me dio tiempo de comer.

-Lo que quieras, muñeca, tráete un bocadillo o uno de esos potajes que sirven aquí.

Rosalie, ni tarda ni perezosa fue a servirse algo caliente que le llenara el estómago, agradecida por poder hacerlo, ya que la noche anterior, todas las sobras de comida y pan que pudo llevarse, apenas alcanzaron para sus tres niños, que a pesar de comer tan poco estaban creciendo mucho y aunque los dos pequeños heredaban la ropa del respectivo hermano mayor, el primogénito no tenía de quien heredar los harapos, así que a ella ya le tocaba ir a la iglesia a pedir ropa para los chamacos, lo que no sabía, era cómo iba a pagar la renta de su cuartucho, ya que su hombre, acababa de abandonarla.

Mientras Rosalie se servía y regresaba con Johnny, de las otras mesas ojos envidiosos la observaban. Lizzie y Mary, sentadas en la mesa contigua a la de Johnny, atendiendo a dos borrachos no pudieron aguantarse y comentaron.

-¿Y ésta por qué tiene trato especial? – dijo Mary, siguiéndola con la vista, mientras acariciaba la pierna del hombre con quien estaba.

-Si eres sobrina del patrón y tienes 20 años, te tocan los mejores fulanos- dijo Lizzie limpiándose la espuma de la cerveza con el dorso de la mano y dándole un beso lleno de cerveza a su cliente en turno.

-Pero mira, que conseguirse a ese tipo, dicen que es médico, llega en carruaje y ve cómo se viste y ella se da el lujo de hacerse la difícil, jajaja – dijo Mary, quien después de una despreciativa mirada hacia Rosalie, se volvió a ocupar del parroquiano que estaba atendiendo, le dio un beso y le preguntó.

-¿Me invitas otra cerveza, papacito?

Lizzie se quedó pensando: “si es médico, ¿será por eso que huele a sangre?”, pero ya no dijo nada y siguió atendiendo al hombre que la tenía sentada en sus piernas.

Rosalie llegó a la mesa con su plato y sin más preámbulos se sentó a devorar el potaje con grandes pedazos de pan. El caballero la observaba divertido, “si tiene tanta hambre, será presa más fácil”, pensaba; no concebía que ésta se le resistiera, cuando cualquiera de las otras rameras se iban con él a la primera invitación, pero por eso era que más la deseaba, más se le antojaba.

Cuando Rosalie terminó de comer agachada sobre el plato, se incorporó y lo miró a los ojos.

-Gracias, Johnny.

-De nada, preciosa, para eso estoy, para cumplirte todos tus caprichos –. Al escuchar esto, ella se retrajo un poco – Ahora ven, sírveme otra copa, pero aquí, cerquita –dijo él con el vaso en la mano.

Rosalie se levantó, tomó la botella y le sirvió otra copa, el olor que él despedía la repelía, olía peor que los otros borrachos, pero se acercó de todos modos. Sus compañeras le decían que se daba el lujo de elegir con quien se iba, porque tenía el trabajo de mesera que le dio su tío, las otras meretrices no tenían esa ventaja; pero esta vez, el tío se lo había ordenado, así que tenía que hacerlo.

Johnny la tomó por la cintura y la sentó en sus piernas, mientras con la otra mano hurgaba dentro de la escotada blusa. Ella se revolvía tratando de zafarse, pero él la tenía bien sujeta y empezó a besarle los pechos que tanto se le antojaban. Rosalie, al no ver otra escapatoria, le arrojó el whiskey del vaso a los ojos.

-Maldita ramera – gritó Johnny, soltándola y tratando de secarse los ojos, lo que ella aprovechó para salir corriendo, chocando con el patrón en su camino hacia la puerta. Éste sin saber qué había pasado, no la detuvo, porque fue a atender al cliente que gritaba y pataleaba con su pierna propia y con la de palo golpeteando en el piso.

En cuanto se secó los ojos, Johnny salió corriendo tras de Rosalie, sin hacer caso de Pete, que no entendía lo que había pasado mientras él estaba en la trastienda.

Rosalie corría desaforadamente, empujando a quienes se le atravesaban. Corrió un buen trecho, llegó a su casa y quiso entrar, pero recordó que había dejado las llaves del candado atrás del mostrador, así que siguió su carrera, sin fijarse que se estaba internando en la más tenebrosa y peligrosa zona del barrio, aunque por ser noche de luna llena no se veía tan lóbrego.

Tres prostitutas le cerraron el paso, no iban a permitir que viniera una extraña y para mayor peligro, joven y hermosa a invadir su territorio. Rosalie les rogó.

-¡Por favor! ¡déjenme pasar!, me viene persiguiendo un fulano.

-Pues que te alcance, pero en otro lado perra, aquí no entras.

Una nube cubrió la Luna llena, dejando todo a oscuras y mientras discutían, Rosalie escuchaba cada vez más cercano el “toc… toc… toc” de la pata de palo de Johnny; se hincó a pedirles compasión, pero ellas se negaban y en eso llegó él, la tomó del brazo levantándola casi en vilo y dijo con una sonrisa a las rameras.

-Gracias hermosas damas, por detener a mi amada, se portó mal y debo castigarla –con su otra mano sacó tres monedas, que entregó, una a cada una, a la vez que preguntaba.

-¿Por otra moneda, alguna de ustedes, mis apreciables damitas, podría proporcionarme un lugar para castigar la travesura de mi niña?

Rosalie trataba de zafarse gritando y pataleando, pero infructuosamente, él la tenía bien agarrada.

Mimí, la mujer de en medio, la mayor y más harapienta, le arrebató la moneda.

 

–Pos sígueme, mi casa est’aquí enfrente, puedes usarla toda la noche, si gustas.

 

Le abrió la puerta, los dejó entrar y mientras Rosalie seguía luchando por zafarse, Mimí la cerró con una carcajada.

Esa noche ya no tendría que trabajar y además podría emborracharse a placer. Tomó a las otras dos del brazo y se encaminaron al bar más cercano, todas felices por la noche de descanso que tenían delante.

Desde el cuchitril en el que estaban luchando Johnny y Rosalie, se escuchaban gritos de mujer y gruñidos, pero en ese lugar no era extraño cualquier clase de ruidos y escándalos, así que nadie lo tomó en cuenta.

Antes del amanecer, cuando las tres prostitutas borrachas regresaban de su noche libre, Mimí abrió la puerta de su casa y un enorme lobo de tres patas, con el hocico ensangrentado se le echó encima, huyendo a toda velocidad.

Adentro, Rosalie yacía ensangrentada y sin entrañas…

Lo demás es historia, que aún se cuenta en Whitechapel.

*

Garmín

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© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Todos los derechos reservados.

Imágenes tomadas de internet

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Y – 53307000

Y – 53307000

No todos estaban listos, Y – 53307000, sí.

Se habían estado preparando por un buen tiempo, pero había muchos demasiado jóvenes, apenas integrados al equipo y también algunos de mayor edad. Y – 53307000 sentía que estaba en su punto para practicar ese magnífico deporte que es la regata.

Pertenecía al equipo “Y”, número de serie: 53307000; en general, los miembros de este equipo no se llevaban bien con los del equipo “X”, pero tenían que convivir, por lo menos, antes de la contienda.

Súbitamente, mientras estaban descansando sonó la alarma: la competencia iba a empezar.

Todos se colocaron en el punto de partida, esperando el disparo de salida.

Estaban nerviosos, todos querían ganar, pero sólo habría un triunfador y los demás… morirían, ésas eran las reglas.

Después de unos minutos, que les parecieron eternos (sobre todo porque estaban acostumbrados a las falsas alarmas que los dejaban en la línea, agotados por la emoción, sin dar el disparo de salida), sonó la tan ansiada señal.

Salieron en estampida, chocando unos con otros, quedando muchos en la ruta.

Navegaron por un largo y estrecho y curvo túnel, impulsados por las olas a las que estaban acostumbrados, pero al llegar a la desembocadura el medio cambió totalmente, ahí era mucho más amplio y recto, pero lo más difícil era que el piélago en el que estaban navegando era mucho más denso y de temperatura más alta, en lugar de salado, era algo ácido y el aroma más fuerte, pero sumamente excitante y los estimulaba mucho más para llega a la tan ansiada y soñada meta.

Muchos murieron en esa etapa, sólo quedó el 50% de los que iniciaron la regata.

Tenían que remontar la corriente y, aunque eran empujados por el periódico y enorme oleaje, el recorrido era más difícil.

La cantidad de contendientes disminuía minuto a minuto, la lucha ya era a muerte.

Llegaron a un lago rojizo.

Y – 53307000 estaba aún vivo y se contaba entre los primeros mil competidores; sin embargo, el aliento le faltaba, sentía que ya no daba más, pero el instinto de supervivencia lo seguía impulsando, era ganar o morir.

Volvieron a entrar a otro túnel oscuro, era la curva final.

De pronto, todos los de la delantera se detuvieron… ¡ahí estaba! ¡la ansiada meta!, ¡por fin a su alcance!

Sintiéndose pequeñitos comprendieron la razón de haber arriesgado su vida. Fascinados contemplaron esa hermosísima luz dorada verdosa que emanaba de “ella”, cuyos lentos y voluptuosos movimientos ondulantes hacían que la luz fuera ora cegadora, ora tenue, a veces dorada, a veces verdosa y hasta violeta.

En segundos se recuperaron del impacto y se lanzaron “al ataque”, pero ella lo sintió así y se protegió con una capa de energía que electrocutó a los primeros que se le avalanzaron.

Y – 53307000 no fue uno de los primeros porque aún no había reaccionado del inicial deslumbramiento; cuando pudo recuperarse también se dirigió a ella, pero lentamente, aún fascinado por su belleza. Sus compañeros caían a montones tratando de penetrar la capa protectora, llegar al centro y ganar la vida, pero tratando de ganarla, la perdían. Él se acercó navegando pausadamente y sin violencia, sin tratar de rasgar el velo que la cubría, trató de acariciarla, sólo eso, acariciarla,; estaba tan embelesado por su belleza, que no trató de invadirla, sino tan sólo tocarla… ¡y el milagro se hizo! A su contacto, ella abrió su velo y le permitió entrar.

Adentro todo era luminoso, Y – 53307000 se sintió en su casa, supo que él pertenecía a ese maravilloso lugar.

Desde el centro una esfera de intensísima luz dorada lo invitaba a acercarse, él de pronto se vio emitiendo un maravilloso brillo blanco azuloso, se acercó y en el instante del primer y levísimo contacto se produjo una explosión cegadora, ambos se desintegraron por una millonésima de segundo para inmediatamente reintegrarse fundidos en uno sólo ¡el milagro había ocurrido!; se dividieron en dos, 4, 8, 16, una nueva vida comenzó: ambos estaban creando un nuevo ser:

¡La concepción se había logrado!

*** 

Ciudad de México, diciembre de 1989

 

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Puedes copiar y publicar este artículo, siempre y cuando incluyas el enlace al artículo, no lo uses con fines comerciales, no lo modifiques, no quites el © ni este último párrafo que le sigue, enlaces incluidos.

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Imágenes tomadas de internet y Pinterest.

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Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Autora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación y regresiones a vidas pasadas.

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