ENÉSIMA UTOPÍA (CUENTO)

ENÉSIMA UTOPÍA

Nave espacial Columbia despegando
“abordé una nave transparente, parecida a nuestros cohetes espaciales”

Estando en el tema de “Sueños”, este cuento está basado en un sueño, de esos que llevan una historia coherente desde el principio hasta el fin y al despertar los recuerdas completos. Éste lo edité sólo con puntos y comas, está plasmado tal y como lo soñé.

Para sueños que he recordado al despertar y compartido tal cual, ver también:

https://serunserdeluz.wordpress.com/2016/07/04/anoche-te-sone-el-sendero/

https://serunserdeluz.wordpress.com/2016/03/06/los-lagartos/

Este cuento fue mi segundo post, allá hace casi 5 años (2011) no tenía seguidores todavía, pero, con el tiempo, sí hubo algunos comentarios ¡casi 1 por año!.

Eso quiere decir que mis nuevos (y no tan nuevos) amig@s/seguidores/seguid@s no lo han leído y es uno de mis favoritos, por esa razón lo vuelvo a publicar, espero les guste.❤

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ENÉSIMA UTOPÍA

Ya ha pasado mucho tiempo (aunque creo que mi percepción de eso que llaman tiempo ha cambiado), desde que llegué; tanto, que ya me acostumbré a este estilo de vida; es cómodo, es agradable, es… diferente.

La mayoría de las cosas que no soportaba de mi país (o continente, o planeta, o sistema solar, o galaxia, o tal vez estoy en otro universo u otra dimensión) aquí no existen; por  ejemplo: aquí no hay “sufridas y abnegadas madrecitas”, no hay “machos muy machos”, ni mujeres frustradas, ni drogadictos, ni alcohólicos, ni muy ricos, ni muy pobres, ni explotadores ni explotados; no hay miseria, ni tampoco “clase media” mediatizada y enajenada.  Es más: no hay clases sociales.

La gente, al principio, trabaja en todo, pero después de un tiempo decide dónde es más feliz y, por lo tanto, más productiva (hay capacitación y educación universitaria, todo gratuito).  Por curioso que parezca (a mí me lo parece), a pesar de que no existen monopolios, ni trasnacionales, vaya, ni siquiera IP., la eficiencia y la productividad están al máximo y todos tenemos todo, aunque no lo mismo (salvo los derechos y las libertades que, aquí sí, son iguales para todos).

Todavía no sé dónde estoy; sólo recuerdo que un día, mientras efectuaba una investigación documental, sentí la imperiosa necesidad de acudir a un sitio a una hora determinada y que ahí, junto con un hindú, una cubana, un finlandés, una etíope, un aborigen australiano, una rusa y un italiano del sur, abordé una nave transparente, parecida a nuestros cohetes espaciales, pero que puede despegar como helicóptero y cuyo combustible es sal magnetizada.

Después, navegamos por el espacio exterior por sabe Dios cuando tiempo, posiblemente a la velocidad de la luz, o más rápido, y llegamos aquí.

Cuando arribamos, nuestra nave espacial, como si fuera un émbolo, entró a un túnel cilíndrico y cuando las puertas de nuestra nave y las del túnel se abrieron en perfecta sincronía, pudimos entrar a un pasillo cuyos mullidos pisos eran de luminosos colores cambiantes, vimos y olimos (además de oírla, claro) una música al mismo tiempo relajante y estimulante; vimos, olimos y escuchamos las exuberantes y frondosas plantas sembradas a lo largo del pasillo, cuyas hojas y flores emitían una cierta luz translúcida, que nunca habíamos visto en otra parte.

Sabíamos que estábamos bajo techo, pero la sensación era como si estuviéramos en campo abierto, bajo los rosados (sí, porque era una luz rosa y no dorada) rayos del ¿Sol?

Llegamos a la recepción, una especie de laboratorio de la NASA, donde entramos a unas cabinas individuales en cuyo interior una luz azul nos recorrió de cabeza a pies y en dos segundos nuestra “ID”  con todos nuestros antecedentes personales, estaba lista (el FBI,  la CIA, la KGB, la Gestapo y la SS, nos parecieron párvulos cuando vimos todos nuestros datos en las pequeñas micas que salieron de las computadoras).

Al salir de las identificadoras, nos estaban esperando varios entrevistadores, uno para cada quién, y ellos nos informaron que somos algo así como “elegidos” y que fuimos seleccionados entre nuestros congéneres porque tenemos ideas muy singulares, pero muy firmes, acerca de la sociedad, la cultura, la educación, la política, la sexualidad, la salud, el dinero, etc., etc., etc.: es decir, que allá éramos descontentos, rebeldes (algunos hasta sediciosos y revolucionarios) y aquí somos los escogidos.

Aquí nadie habla (porque no los hay) de miseria; subdesarrollo; tercer mundo; hambre; analfabetismo; desigualdad social, sexual, racial o religiosa; trasnacionales; deudas externas; devaluación; contaminación del ambiente, de los alimentos o del agua; SIDA; narcotráfico, secuestros, drogadicción, ni ninguna otra de las plagas que existen (¿o existían?, ¿es que aún existe nuestro planeta?) allá; bueno ¡ni siquiera hay guerra!

Lo que más me gusta es que el amor, mejor dicho Amor, el verdadero, no el mito romántico-erótico que conocíamos, sino el Amor Universal, el Amor al semejante, que es mezcla de respeto, cariño, interés, afecto, devoción, estimación, ternura, comprensión y aceptación, entre otras cosas; ese Amor que abarca a la humanidad entera, ése es el que sentimos todos por todos; claro que hay atracción sexual y hay “matrimonio”, pero no como allá, “por contrato”, sino sólo cuando la frecuencia de onda es la misma en los dos; es decir, sólo con el “alma gemela” (parece que todos los que venimos aquí, lo hicimos con nuestra “mitad perfecta”, sólo que nos damos cuenta únicamente hasta que ambos estamos preparados).  Por supuesto que al unirse las dos mitades no hace falta ninguna clase de contrato, puesto que esa no es una simple unión, sino una reunión de dos que antes fueron uno.

Todas las tareas domésticas que allá efectúa el ama de casa (¿o debería decir “esclava de casa”?) aquí están socializadas: hay comedores públicos con comida natural, balanceada, sabrosa nutritiva y ¡gratis!; aquí no hay basura, porque los desperdicios orgánicos van a la composta y los demás se reciclan; las habitaciones se limpian con sólo apretar un botón que pone en marcha una “aspiradora” colocada dentro de las paredes a lo largo, alto y ancho y que deja tanto muebles como pisos impecables; la ropa para la lavandería se deja fuera de la habitación y al día siguiente ya está acomodada en su lugar (a todos nos toca una vez cada seis meses trabajar en la cocina, la lavandería, los jardines, los centros infantiles, etc., lo cual ni siquiera es molesto).

No se podría llamar “guardería” a los lugares donde se quedan los niños  mientras sus padres trabajan, porque ahí no se “guarda” a los pequeños, sino que se les mima, cuida, atiende, socializa y, lo más importante, no se les condiciona a que <<los niños tienen que hacer esto y las niñas no pueden y viceversa>>; no, ahí tanto los niños como las niñas hacen lo que les nace hacer.  Podemos ver niñas subidas en los árboles y niños jugando a las muñecas, tanto como niños en los árboles y  niñas con muñecas.

Mis compañeros de viaje y yo, aún siendo de países (y continentes) tan diferentes y tener distintas culturas y lenguaje, nos entendemos perfectamente entre nosotros y con los demás; no me explico cómo, pero así es: yo hablo en mi idioma y ellos en el suyo y todos comprendemos lo que los otros dicen.  Siempre que nos encontramos en el comedor nos platicamos nuestras nuevas experiencias.

El finlandés, que es pedagogo, está en uno de los centros infantiles; el hindú, que es maestro yogui, da clases de meditación a niños y adultos; la cubana, que era coronela en la milicia, enseña educación física y artes marciales (como ejercicio físico y elevación espiritual, no para ofensa o defensa); la rusa, que es física nuclear, está en investigaciones médicas; la etíope, que se doctoró en economía en Inglaterra, está en la Comisión Económica del …¿país?, ¿nación?, ¿Estado?, ¿gobierno?… aún no sé cómo llamar a este conglomerado tan perfectamente organizado; pero ella está entre los que estudian las cuestiones económicas (como la eliminación del dinero), para que después todos, por votación decidamos lo mejor para la mayoría.

Los descontentos (aún no he conocido ninguno) tienen derecho a manifestarse durante las sesiones de votación de nuevas reglas y leyes, una vez al mes, pero nadie lo ha hecho desde que llegamos.

Continuando el recuento, el australiano – es ecólogo – enseña en la Universidad cómo viven los aborígenes australianos, enfocándose en las ventajas de vivir de acuerdo a la naturaleza; también enseña medicina natural, básicamente herbolaria, que es la que ellos utilizan.  El italiano (un moreno del sur, atractivísimo), es sexólogo y da clases de educación sexual a niños, adolescentes y adultos.

Finalmente yo, que soy mexicana y antropóloga (especializada en la situación de la mujer en las diversas épocas y culturas), tengo encomendado un estudio comparativo de las diferencias entre la condición de la mujer allá, de donde venimos, y aquí.

Nunca me había entusiasmado tanto con una investigación, ¡son tantas y tan importantes las diferencias!

Aquí no hay matrimonio en el cual la mujer pierda sus  derechos, ni amas de casa, ni roles sexuales, ni discriminación sexual, ni división sexual del trabajo, ni violaciones, ni embarazos no deseados, ni abortos, ni nada de lo que subyuga allá a la mujer.

El problema que tengo, es que para poder comparar, tendría que…

-¡Silvia!, ¡despierta!, tienes que terminar tu trabajo sobre la discriminación de la mujer en el Tercer Mundo…

***

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

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Imágenes tomadas de internet.

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Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Autora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación y regresiones a vidas pasadas.

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Euruba

15 DE ABRIL DE 2012 A LAS 6:22 PM EDITAR

  1. También tu cuento está excelente, hasta dan ganas de ir a vivir allá.

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  2. MI MUY QUERIDA SILVIA, COMO ERES UN SER DE LUZ, IMAGINASTE LO QUE LOS CRISTIANOS LLAMAMOS EL CIELO, Y PARA NOSOTROS ES LA RECOMPENSA QUE OBTENEMOS DESPUES DE MORIR EN ESTADO DE GRACIA ES DECIR SIGUIENDO LOS DOS PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DE JESUCRISTO,
    NO PONDRAS OTROS DIOSES ANTES QUE YO, Y AMARAS A TU PROJIMO COMO A TI MISMO.
    PALABRAS QUE ENCIERRAN UNA FORMA DE VIDA, PARA MI PERFECTA, Y QUE ACEPTANDOLAS NO NECESITAS OTRAS FILOSOFIAS, NI DOCTRINAS, NI CREENCIAS, CON MI CARIÑO DE SIEMPRE NOS SEGUIM,OS ESCRIBIENDO, TE QUIERO MUCHO, MANUEL

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  3. Precioso sueño. Precioso relato. Precioso viaje… Pero…
    … Creo que no me gustaría vivir en ese lugar.
    Tal vez me resulta difícil hacerme a la idea de tal idílica forma de vida.
    Tal vez me resulte difícil hacerme a la idea de tener que hacer cosas en plan comunal.
    Una vez cada seis meses se hacen las cosas que en el primer mundo terrestre hacemos los de clase baja a diario.
    Lavandería, jardines, hacer zanjas, barrer las calles, limpiar alcantarillas, reciclar basura, criar vacas o pescar en alta mar.
    Espero que los meses en ese lugar tengan 1000 días en lugar de 30. Si no,… No veo el momento de hacer lo que mejor se me da… Descansar y leerte!!!
    Supongo que estoy cansado por haber dormido poco al haber estado toda la noche platicando con un ser alucinante que me desveló, y mi cerebro está ahora poco fantasioso.
    Volveré a leerlo en otro momento en el que mis endorphinas salgan por mis ojos.
    Aun así, insisto…. Precioso cuento, precioso sueño, y perfectamente descrito y narrado.
    Muchos besos desde España.

    Te gusta a ti

    1. Sé que eres único y diferente, no se te da la comunidad.
      Gracias por tu amable comentario Rosaluma, descansa y léeme (me encanta la idea), y sobre todo, recupera tu fantasía para prepararnos la grata sorpresa de tu nuevo post el próximo jueves, ¡lo espero ansiosa!
      Besos desde México

      Le gusta a 1 persona







La Cita

LA CITA

Cuento escrito en coautoría con Danshaggyalv.  Idea original: Daniel Álvarez (Danshaggyalv), ideas adicionadas: Silvia Eugenia Ruiz Bachiller. Edición: Silvia Eugenia Ruiz Bachiller/Daniel Álvarez.

© condiciones al final

Leinad

{Hoy por la mañana llegué a la ciudad, me he hospedado en el hotel más elegante, ella me dijo que habría una gala ahí, y que ya estaban reservados los lugares para ambos así que ahí nos encontraríamos…

 Llegue a la recepción, pedí una habitación y me dieron la 232, un gran número, siempre de un modo u otro en mi vida, siempre importante… espero que hoy también, y comenzamos bien ya que es una habitación estilo Luis XV.

 Una vez instalado, solicité al concierge, porque para esta noche necesitaba unas cosas en la habitación y seria explícito así que pedí que viniera para decirle qué necesitaba que hicieran… 

 Siendo casi las ocho, comencé a arreglarme, poniéndome una camisa cuello Mao, con un traje recto de corte ingles, color azul ultramarino, de dos botones, sé que ya no es muy usual usarlos, pero siempre me han gustado, me coloque las mancuernas de plata. 

 Tengo tantas ganas de conocerla, de tenerla en mis brazos…

Después de un año y medio de amor virtual, hoy es el día, hoy nos conoceremos, y hoy tiene que ser especial, por eso es que pedí que vinieran para dar las indicaciones de lo que quiero para la habitación porque hoy, será el día mas especial de todos…}

Sophia

Hoy lo conoceré, después de año y medio de amor virtual, ¡por fin hoy nos conoceremos!, nos veremos, nos tocaremos, acariciaremos, besaremos y …

 Hoy es el gran baile anual del club, lo invité, me pareció una buena ocasión para el primer encuentro.

 Me visto cuidando hasta el menor detalle. Contemplo mi vestido largo, es un vestido lindo, de gasa color verde esmeralda (dicen que es mi color, por mi piel blanca, mi pelo rojo y, sobre todo, mis ojos verdes), es amplio, de mucho vuelo, acinturado, el corpiño bajo la transparente tela, es sin tirantes, pero discreto, el top es de cuello redondo, manga larga, poco escotado, sugerente, pero con clase, quiero que tenga una buena impresión de mi persona…(me detengo, estoy frente al espejo poniéndome los aretes, unos herretes de tres caídas en pequeñas esmeraldas y diamantes).

 Persona… hoy nos conoceremos en persona. ¿sentiremos lo mismo? ¿la misma atracción que en el chat o por teléfono? ¡espero que sí! Cuando me hace el amor por teléfono, me vuelve loca ¿lo logrará en la realidad?

 Escojo los zapatos , color perla, tacón de aguja, de tiritas, sexis ¿se fijará en ellos? 

 Mi pelo lo llevo peinado de nido con maxi trenza, elegante, con remembranzas del de Grace Kelly (para verme diferente), lo complemento con una peineta en verde esmeralda con azahares plateados Una delicada gargantilla de esmeraldas y diamantes y un pequeño camafeo antiguo en el cuello del vestido, él me identificará por el camafeo y el vestido verde esmeralda.

 Espero no ir muy recargada, pero en esos bailes anuales del club, todas vamos así.

 Estoy nerviosa, llego al salón en el hotel más elegante de la ciudad, la decoración recuerda los finales del Siglo XIX, tal como indicaron que sería el tema del baile “Los Románticos de Ayer”, como anillo al dedo a mi primer encuentro personal con Leinad. ¿se verá tan guapo como en sus fotos? Suspiro, estoy muy enamorada y temerosa ¿nos gustaremos, atraeremos y amaremos como lo hacemos virtualmente?

 Llego al suntuoso salón, como era de esperarse, hay una gran escalinata hacia abajo, para hacer entradas grandiosas.

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 Me tiemblan las manos, me tiemblan las piernas. Me detengo en lo alto de la escalera, buscándolo con los ojos, me dijo que vendría de azul ultramarino (el color que mejor le queda a todos los hombres) con camisa blanca de algodón cuello Mao, a él tampoco le gusta seguir las normas al pie de la letra, nos parecemos en tantas cosas…

 No lo veo, me pongo más nerviosa, recorro el lado derecho del salón, no está, empiezo a revisar el lado izquierdo ¡ahí está!, más guapo que en sus fotos, él también me está buscando con la mirada. Antes de que nuestros ojos colisionen lo observo detenidamente por unos segundos:

 Él trae un traje corte inglés dos botones, solapa recta, el color parece negro, pero es azul ultramarino, tal como me dijo que se vestiría. Me gusta su estatura, me gusta su porte, su aplomo, sus ojos, ¡me gusta él!

 Nuestras miradas se encuentran, las clásicas maripositas en el estómago, mis rodillas se vuelven de agua, no hay donde detenerme, respiro profundo, me rehago, levanto la barbilla, le sonrío con los labios y la mirada y empiezo a bajar, tiene que ser una gran entrada, él está ahí.

 Leinad se dirige a mí, sin despegarme la vista. También sonríe ¡qué distancia tan larga! de la puerta de la terraza a la escalera.

 Salon de baile

Llega, extiende la mano, le doy la mía, temblorosa, la toma, un choque eléctrico nos recorre a ambos, y hace lo inesperado ¡me besa la mano! Me tiemblan más las rodillas, creo que él se da cuenta.

Leinad

{La veo bajar lentamente, como una reina, acercándose el momento de estar frente a frente, me dirijo a ella sin dejar de mirarla, nos saludamos, percibo su perfume, Chanel Nº 5. 

Parece coincidencia, pues al encontrarnos y besar su mano la orquesta comenzó a tocar un vals… el mas hermoso para ese momento… El Vals de las Flores… 

 -¿Bailamos?

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 {Tomando su mano, y sin esperar su respuesta le conduzco hacia la pista y a abrir el baile, sin dejar de ver sus ojos verdes, y esa sonrisa encantadora, ya en la pista, le paro frente a mi, y colocando mi mano en su cintura, y ella su mano en mi hombro,  con la izquierda  tomo su mano y comenzamos a danzar el vals, siendo  seguidos por otras parejas. Entre la gente danzando el vals, me acerco a su oído y despacio le susurro: 

 -Quiero mostrarte algo, allá arriba; es un regalo. Para ti, por  estar juntos…- noto que se estremece}

Sophia

Bailamos el Vals de las Flores, me doy cuenta de que al fin estoy bailando con mi amor, tanto desearlo, por tanto tiempo y al fin estoy en sus brazos y me encanta sentirme en sus brazos, cierro los ojos, es mi sueño hecho realidad, se acerca a mi oído y me susurra que me tiene un regalo allá arriba, su aliento tan cercano me da un escalofrío de placer.

 Termina el vals, nosotros seguimos danzando ya sin música, y mirándonos a los ojos, hasta que nos damos cuenta que nos miran y no escuchamos la música;  nos reímos; queriendo ver la sorpresa que me tiene, sin decir palabra tomados de la mano, nos dirigimos a la salida, mucha gente me saluda, aunque no se acercan, me ven acompañada y solo sonríen saludándome.

 Una vez en el lobby, él es el guía, me lleva de la mano al elevador, no hablamos,  decimos todo con la mirada.

 Adentro del elevador estamos solos y sonriendo, nos arrojamos uno en los brazos del otro como lo soñé siempre, tomando mi barbilla me beso suave y apasionado a la vez, llegamos al 2º piso.

Entramos a la  habitación con puerta de doble hoja me llama la atención  los números, grabados en relieve: 232, me extraña un poco que al entrar sonría y los acaricie con la yema de los dedos.

Quedo con la boca abierta, admiro la pequeña estancia, con sillas y sillón tipo Luis xv, la cama de época, en madera, con postes altos, y un dosel de gasa. Una hermosa habitación como mandada decorar para la ocasión, pero lo que más me conmueve y  emociona casi hasta las lagrimas es que hay muchos pétalos de rosas de distintos colores y flores tiradas en la cama de blanca colcha y repartidas por todo el piso del cuarto.

Leinad

{En una mesa bar, a un extremo, se encuentra un servicio completo con una botella de champagne, Armand de Brignac, cosecha del 49, con unas copas de cristal de Baccarat, así como un tazón con las fresas mas rojas que se hayan visto, exacto como lo solicité y en tiempo para este momento…

 Así que mientras ella avanza despacio y admira la habitación (me alegra que aprecie los detalles), sirvo dos copas de champagne, ofreciéndole unas fresas en un pequeño refractario de plata y la copa de champagne.

 Ella nerviosa y yo sonriendo, para relajar la tensión del momento; ella, volteando, me invita a la terraza para admirar la luna y aprovechar tomar un poco de aire y ahí,  disfrutando el esplendor de la vista desde la terraza del hotel, hicimos un brindis, por el futuro, por el hoy y por siempre… y escuchamos el característico sonido del cristal de Baccarat, al chocar las copas, mientras mordemos una fresa, y damos un sorbo a la bebida disfrutando ambos el ácido de la fruta que cambia el sabor del champagne, volviéndolo dulce y con sabor a fresas, así como ha sido nuestro amor, a veces ácido y amargo, pero en conjunto muy dulce y excitante, como la champaña}. 

 Sophia 

Si me quiere impresionar, lo ha logado totalmente. En copas de cristal de Baccarat sirve la champaña (mi favorita, champaña, Armand de Brignac, cosecha del 49, ¿cómo lo supo? Se lo habré mencionado alguna vez? ¿Tenemos los mismos gustos?) y me la ofrece junto con esas fresas, es delicioso.

Estoy muy nerviosa, con la anticipación, con el anhelo de ver cumplido mi sueño de estar con él, con tantos detalles que me encantan.

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Lo invito a salir a la terraza, hay luna llena, el ambiente romántico, él, su vibración, la energía que desprende, su aroma, la champaña, todo es perfecto.

 Estamos felices, reímos y brindamos por el momento, por el futuro y para siempre,  mientras, comemos algunas fresas mirándonos a los ojos y sonriendo, sobran las palabras; en ese momento en silencio sin palabras innecesarias, bebemos pequeños sorbos de champaña que, con las fresas, mejora su ya exquisito sabor, hasta que él me sugiere que entremos, coloca las copas en el bar y me mira significativamente mientras se acerca lentamente a mí, esa mirada suya me hace estremecer.

Leinad

{Mirándonos a los ojos, entramos a la habitación, tomo la copa de su mano, dejo ambas junto a la champanera, y las fresas, y volteando me veo en sus ojos color verde, que su vestido resalta y disfrutando de la mirada, me acerco.}

 Sophia

Respondo a la mirada y también me acerco a él, que me toma por la cintura, me atrae hacia su cuerpo y me besa en los labios primero suavemente, apenas un leve roce, pero que me hace temblar, luego me besa paseando sus labios sobre los míos, me tengo que colgar de su cuello, porque mis piernas ya no me sostienen, poco a poco los besos se hacen más apasionados, nuestra respiración se acelera mientras él empieza a desnudarme, descorre el zíper y mi vestido cae, veo brillar su mirada al contemplarme. 

Yo le quito el saco,  la camisa, y nos desnudamos uno al otro lenta y sensualmente, mientras nos besamos y  disfrutándonos en cada roce, en cada caricia, al tocar la piel del amado, quedamos semidesnudos y así, me toma en sus brazos y me lleva a la cama.

Leinad

 {Tomándole de la cintura, rozo sus labios con los míos mientras se mezclan nuestras respiraciones y con ello se aumenta la temperatura de nuestros cuerpos, pasando del sólo roce a un beso suave y apasionado a la vez, compartiendo y disfrutando del sabor a fresas y champagne que ambos tenemos, lo que vuelve mas profundo el deseo de la caricia, volviéndolo más pasional, a cada momento, volviéndose más carnal y excitante, mas asfixiante, tanto, que nos comienza a dejar sin aliento, mientras nuestras manos, cobrando vida propia comienzan despacio a desnudarnos uno al otro. Con mis dedos comienzo a bajar el cierre de su vestido despacio, mientras ella me ayuda a quitar el saco y la camisa, poco a poco la ropa fue quedando fuera hasta que semidesnudos, la tomo en mis brazos llevándola a la cama, y depositándola suavemente, comenzamos las caricias previas a hacer el amor… }

Sophia

Me toma en sus  poderosos brazos y me deposita suavemente en la cama, estoy temblando, nos acariciamos, nos besamos, nos entregamos a la pasión, me hace gemir y perder el ritmo de la respiración.

Leinad

{Caricia tras caricia, beso tras beso, hasta llegar a lo más ardiente de nuestra pasión, ya no podemos esperar más y suavemente comienzo a unirme a ella.}

Sophia

 Llega el momento de la primera unión total, lo siento en mí, es un momento excelso para mí, más allá del deseo o la pasión, en ese instante se detiene el tiempo y lo siento entrar en  mi vida, en mi corazón, en mi alma, en mi cuerpo. El tiempo se detiene entre caricias, besos, gemidos, y gritos ahogados de pasión entre ambos porque esa energía explosiva tiene que salir de algún modo.

Éxtasis.  Mientras él me está amando, yo ya no puedo pensar, estoy desconectada, sólo siento, siento, lo siento, apenas percibo allá a lo lejos sus palabras tiernas y luego apasionadas. 

 Después de una eternidad que no se si es una hora o un minuto,  ambos llegamos al mismo tiempo al cielo, gritamos nos entregamos, nos fundimos, somos uno solo. 

Leinad

{Después de amarnos habiéndonos unido con almas mentes y cuerpos, y agotados ambos, con la respiración entrecortada, me acomodo boca arriba y ella se coloca pegada a mi, reclinada sobre mi pecho, con su muslo sobre mis piernas, jugando y acariciándome plácidamente con su pierna y pasando su mano y sus dedos sobre mi pecho, mientras su mirada está perdida en sus ensueños. 

La rodeo con mi brazo y con mis dedos dibujo figuras amorfas en su espalda, nos quedamos así un rato, mientras le digo “te amo” en varias ocasiones, mismas que ella responde con otro “te amo”; hasta que levantándome, me dirijo al baño y volteo, la veo esplendorosa y radiante en la cama, ella me mira y sonríe, a la vez que veo un brillo de felicidad en sus ojos}. 

 Sophia

Después viene la calma, el reposo, el recuperar el aliento, el mirarnos y sonreír, acariciarnos tiernamente, me besa en la frente, lo beso en la barba, me recargo en su pecho, escucho sus desbocados latidos, iguales a los míos, paseo mi mano por todo su pecho, luego sólo la punta de mis dedos, me gusta sentir su piel húmeda, coloco mi pierna sobre las suyas, lo siento, ahora en reposo, gozo jugando con él, deslizándola sobre él, acariciándolo.

 Él sólo sonríe y me repite muchas veces –Te amo – Contesto –Yo también te amo.

 Me acaricia la espalda, tan suavemente que me hace estremecer y temblar de nuevo.

 Pasamos unos momentos muy tiernos después de hacer el amor y él dice que es tiempo de darnos un delicioso baño, se levanta y se dirige al cuarto de baño.

 Leinad

{Entro al baño y preparo en la tina agua templada, vierto en ella sales de baño con pétalos de Flor de Azahar y agua de rosas, además dejo caer en el agua pétalos que hay en el baño; salgo, la contemplo en la cama, me dirijo a ella y tomándola en mis brazos me regreso al baño con ella como preciosa carga y así frente a la tina, dándonos un beso nos metemos a ella}. 

Sophia

Leinad sale, me contempla, viene por mí me toma en sus brazos y entramos al baño, ahí me encuentro con otra agradable sorpresa, hay una amplia tina antigua, de porcelana. Al agua tibia le ha añadido agua de rosas, sales de baño con pétalos de Flor de Azahar (veo los frascos), y pétalos; mmm qué delicia, me cautivan esos detalles, ha pensado en todo. Me besa y se mete a la tina conmigo en brazos, yo grito y me río, me fascina.

Jugueteamos, nos acariciamos, ineludiblemente volvemos a amarnos dentro del agua ¡qué experiencia! Las caricias toman otra dimensión. Nos amamos una vez más, me hace probar otras delicias que no conocía y que me encantan.

Leinad

{Jugamos en el agua y volvemos a hacer el amor en la tina; yo disfruto su cuerpo, ambos, la frescura del agua.  Nos amamos nuevamente, los dos volvemos a alcanzar el clímax}.

Sophia

Estoy exhausta, me envuelve en una fresca y suave bata de baño y regresamos a la cama, tiempo de descansar un poco, acurrucada en sus brazos, nos dormimos profundamente.

¡Qué feliz soy!

Se escucha – Adagio in G Minor Albinoni

Leinad

{Y despierto… he vuelto a soñar con ella… el mismo sueño, el sueño de siempre…

Pero seguimos estando lejos, no nos hemos conocido, ni tocado, ni hemos hecho el amor aún, sólo podemos amarnos en la distancia, pero “se vale soñar”.}

Sophia

Despierto… me pregunto si él tendrá el mismo sueño recurrente… este sueño de sueños, sueño onírico, sueño lúcido, sueño que encierra nuestros deseos… y que algún día se cumplirá.

 ♥♥♥

______________________________________________________

Puedes ver esta misma historia, con muy ligeros cambios en:

https://danshaggyalv.wordpress.com/2016/08/18/la-cita/ 

Cuento escrito en coautoría: Silvia Eugenia Ruiz Bachiller/ Danshaggyalv.  

Idea original: Daniel Álvarez (Danshaggyalv), 

ideas adicionales: Silvia Eugenia Ruiz Bachiller.

Edición: Silvia Eugenia Ruiz Bachiller/Daniel Álvarez. 

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

 ©2016 Danshaggy

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Imágenes tomadas de internet y Pinterest,

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danshaggy

Leinad

{Hoy por la mañana llegué a la ciudad, me he hospedado en el hotel más elegante, ella me dijo que habría una gala ahí, y que ya estaban reservados los lugares para ambos así que es ahí donde nos encontraríamos… 

Llegue a la recepción, pedí una habitación y me dieron la 232, un gran número, siempre de un modo u otro en mi vida, siempre importante… espero que hoy también, y comenzamos bien ya que es una habitación estilo Luis XV. 

Una vez instalado, solicité al concierge, porque para esta noche necesitaba unas cosas en la habitación y seria explícito así que pedí que viniera para decirle qué necesitaba que hicieran…

 Siendo casi las ocho, comencé a arreglarme, poniéndome una camisa cuello Mao, con un traje recto de corte ingles, color azul ultramarino, de dos botones, sé que ya no es muy usual usarlos, pero siempre…

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DONDE LAS DAN, LAS TOMAN

                                    “DONDE LAS DAN…”

© condiciones al final

El portero del hotel le llamó un taxi y la ayudó a meter sus dos maletas de mano; Carmen se arrellanó en el asiento.

-A la terminal de San Lázaro, por favor.

El chofer observó a la señora de clase alta que lo había abordado en el Hotel María Isabel Sheraton , donde él tenía un lugar en el sitio de taxis turísticos; no estaba mal… tal vez un poco pasadita de peso, pero muy bien formada… buena pierna, aunque trataba de bajarse la falda, por el espejito alcanzaba a ver un panorama interesante. Buena ropa, muy elegante, joyería que se veía de buena clase, aunque él no entendía mucho de eso, pero su trabajo lo había hecho observador.

-¿A la TAPO?

-Sí, ahí- deseó que el chofer no la fuera a creer “fuereña”, porque entonces, como era taxi turístico, le iba a querer cobrar el triple de lo normal. Quiso hacer comentarios sobre la ciudad o el tráfico, para que él se diera cuenta de que era capitalina, pero lo pensó mejor, porque después de vivir tantos años en Puebla, ya había adquirido el acento poblano, que es diferente, sólo un poquito diferente al del D. F., pero los taxistas lo captan al instante; así que prefirió no decir nada; no era que no tuviera dinero, pero le disgustaba que le cobraran de más; tampoco aceptaba que el chofer de su marido la trajera a México, porque no le gustaba sentirse “vigilada”, así que prefería viajar en autobús, porque tampoco le agradaba manejar en la capital.

Miró por la ventanilla; había mucho tráfico a esa hora, hubiera sido mejor irse a las nueve de la noche como siempre, pero hoy había terminado temprano y a las cuatro ya no tenía cosas pendientes, así que fue al María Isabel por sus cosas y salió hacia la terminal de autobuses.

Mientras estaba perdida en sus pensamientos llegaron a la Av. Francisco del Paso esquina con Zaragoza.

-Por favor, váyase por la lateral, quiero que me deje en la Puerta 2.

-Sí, señora.

Carmen pensó que hacía mucho tiempo que no le decían “señorita”; era curioso, cuando pesaba menos de 61 kilos, aunque no trajera peinado de salón ni anduviera bien maquillada, no importaba si traía “jeans” o un vestido elegante; aunque estuviera en el supermercado o trajera a su sobrinito de la mano, siempre la llamaban “señorita”; ¡ah!, pero si pesaba más de los 61 kilos, no importaba que trajera el mejor maquillaje y acabara de salir del salón, aunque trajera portafolio, o anduviera cargada de libros, indefectiblemente la llamaban “señora”, ¿es que (se preguntaba) el ser “señora” o “señorita” depende del peso?, cómo es extraña la gente…

-Son sesenta pesitos, señora.

Carmen buscó en su bolso el dinero, le pagó al chofer y salió del taxi, sin que el chofer la ayudara con las maletas. Entró al túnel mascullando lo poco caballeroso que son ahora los hombres y tratando de acomodarse una maleta en cada hombro, sin que le estorbaran su bolso y el saco.

Llegó a la terminal de los autobuses UNO, compró su boleto a Puebla sin tener que hacer fila, pues a esa hora había poca gente y se sentó a esperar la salida de su autobús.

Cuando anunciaron su salida, esperó a que todos se formaran y subió la última; no le gustaba esperar de pie a que los otros pasajeros se acomodaran y prefería subir cuando ya todos estaban sentados.

Buscó su asiento y vio que su vecina era una mujer de mediana edad, arreglada, aunque sencilla, que aparentemente trataba de dormir, pues tenía los ojos cerrados; Carmen le pidió permiso para pasarse al asiento junto a la ventanilla y también se acomodó con los ojos cerrados, aunque sabía que no podría dormir; ya debería poder hacerlo, después de tantos viajes Puebla-México-Puebla que hacía, a veces tan sólo por no aburrirse sola en su caserón poblano.

Por lo menos en México iba a visitar a sus amigas, a tomar un café con ellas, o hasta iba al cine sola, si no encontraba a ninguna amiga que la acompañara, cosa que era punto menos que imposible hacer en Puebla… ¡lo que pensarían si algún conocido la viera!, que no era difícil, pues siempre que salía a cualquier parte se encontraba a alguien conocido, y no era que ella fuera muy sociable o amiguera, sino que conocía a toda esa gente por las relaciones de su marido; ni modo, “noblesse oblige”, era un pequeño precio que pagar, a cambio de que todo el mundo le tuviera consideraciones especiales debido al alto puesto que Hans tenía en la fábrica de autos.

Durante el trayecto por Zaragoza fue pensando en la cena que tendría que ofrecer la siguiente semana a uno de los más altos directivos venidos de Alemania, que recién había llegado al país, para confirmar o negar el ascenso de Hans a Director General; ya se estaba temiendo que la pusieran de cicerone de la esposa, aunque en realidad no sería desagradable pasear por Puebla, México, Tlaxcala y tal vez hasta Veracruz, lo que sí le disgustaba era tener que hacerlo por obligación y no por gusto, sabría Dios cómo sería la alemancita.

Claro que también a ella algunas esposas de ejecutivos menores la habían tenido que pasear, pero al menos ella era mexicana como las demás… recordó el viaje que hicieron a Xalapa, para ver el entonces nuevo Museo de Antropología y la casa de Santa Ana; también recordó que en ese entonces se había dado cuenta de que Hans la engañaba… bueno, también era un precio, aunque no pequeño, que había que pagar a cambio del status, las comodidades y todo lo demás. No cabe duda que todo tiene un precio…

Mientras pensaba en todo esto, ya estaban en lo alto de la montaña y empezó a percibir un olor desagradable. Abrió los ojos y vio que su vecina también estaba olfateando algo; unos minutos después, el olor era mucho más fuerte y un pasajero de más atrás advirtió:

-¡Chofer!, ¡huele a quemado!

El chofer ni se inmutó y todos los pasajeros empezaron a inquietarse, ella y su vecina se miraron.

-Desde hace rato huele a quemado, ¿verdad?

-Sí- respondió Carmen – espero que no sean los frenos.

-Si eso fuera, ya se hubiera detenido el chofer, ¿no crees?

-¡Quién sabe!, no me explico por qué no se para… tal vez sea por las curvas y la subida.

Otros pasajeros repitieron su advertencia al chofer, pero él seguía sin contestar. Por fin llegaron a Río Frío y se detuvo. Entonces sí abrió la puerta de comunicación, y se dirigió a sus pasajeros antes de bajar del autobús.

-Los que deseen bajar, pueden hacerlo, tal vez estemos aquí una media hora- sin esperar respuesta, se apeó y se dirigió al taller mecánico frente al que se había estacionado.

Carmen y Diana, su vecina de asiento, se miraron, sonrieron y se dispusieron a bajar. Diana sólo llevaba un suéter y una mascada para protegerse del frío, Carmen se puso el saco con cuello de piel sintética y los guantes de cabritilla, que no calientan, pero al menos protegen.

Se dirigieron a una de las pequeñas fondas situadas a la orilla de la carretera, escogieron una mesa lo más adentro posible, para protegerse del frío y pidieron sendos cafés; siempre sería mejor el café de aquí, que el agua tibia con café soluble que ofrecían en la “cafetería” del autobús.

Soplándole al café para no quemarse la lengua, Diana se atrevió a preguntarle -¿Eres casada?

Carmen la miró sorprendida, ella siempre ha dado por hecho que todas las mujeres maduras lo son -sí, ¿y tú?

-No…-mirada nostálgica -soy viuda.

-¡Ah!- no supo qué más contestar, dentro de su realidad sólo existían las casadas sin problemas económicos.

-¿A qué se dedica tu marido?- insistió Diana tratando de seguir conversando.

-Trabaja en la Volkswagen, es ingeniero automotriz, pero su puesto es administrativo, es funcionario de alto rango.

Diana la miró un tanto sorprendida -Qué curioso, mi “galán” también es ingeniero y trabaja ahí.

-Ah, ¡sí?- volteó a buscar a la mesera -¿tiene pan dulce?- volvió a prestar atención a su interlocutora -y ¿cómo se llama el “galán”?

-Otto, es alemán, o de origen alemán, no estoy segura, pero tiene un apellido impronunciable e inescribible, al menos para mí -ambas rieron de la ocurrencia, Carmen también encontró curioso el nombre del amante de su nueva “amiga”.

-Mi marido se llama Hans Otto, como te dije, es ingeniero y también trabaja en la planta, pero, como sabes, toda la fábrica está plagada de alemanes, creo que con excepción de los obreros y algunas secretarias, todos son alemanes o hijos de alemanes ¿no?- sin esperar respuesta continuó, como dándose explicaciones a sí misma – y ambos nombres son tan comunes entre ellos, como José o Juan entre nosotros. ¿En qué departamento trabaja tu Otto? conozco a varios.

-No lo sé, nunca me platica de su trabajo, pero si te lo describo, tal vez lo identifiques: tiene como cincuenta años, es gordo, calvo, y alcohólico, pero sexualmente está bastante bien, parece como de treinta -Carmen pensó que en todo se parecía a su marido exceptuando en lo último, porque Hans era casi impotente.

Diana continuó, recordando algunos desagradables episodios pseudo-eróticos con su amante -lo único que me agrada, es que me da una muy buena ayuda económica, cosa que verdaderamente necesito, porque, como no sé hacer nada, desde que enviudé he intentado mantenerme vendiendo seguros.

-Así lo conocí -sonrió como disculpándose – pero la verdad es que nunca saco ni para pagar la renta- suspiró – además, me agrada sentir que tengo un compañero “casi” formal -volteó hacia otro lado -a pesar de ser casado, pero prefiero no pensar en eso- le sonrió tímidamente, esperando su aprobación.

Carmen, a pesar de sí misma, estuvo de acuerdo con Diana, porque ella estaba en el mismo caso: su marido era “igualito” al amante de Diana, con la diferencia de que ya casi no tenían relaciones sexuales, porque él la mayoría de las veces que lo intentaba no “podía” (alguna vez se había preguntado si serían así todos los alemanes maduros, pero según su interlocutora, por lo menos había una excepción).

Carmen no se sentía a gusto y hubiera querido divorciarse, pero, por otro lado, también necesitaba ser la “esposa de” y no quería perder la posición económica de su marido; como se sintió identificada con la viuda, la invitó a comer el siguiente martes, pues su marido todos los martes tenía comida con el Director de la Planta.

Diana dudó por un momento, pues ese era el día en que su amante a veces la llevaba a comer a Tlaxcala o a otra ciudad cercana, pero como no eran muchas las amigas que tenía y menos las invitaciones que le hacían, decidió aceptar.

-Entonces te espero, ten mi tarjeta, aquí están la dirección y el teléfono- le dio su tarjeta de la asociación caritativa en la que fungía como sub directora, con su nombre de soltera.

Diana tomó la tarjeta y se apresuró a sacar de su enorme bolso, que le servía también de portafolios, una suya, para entregársela a Carmen; a lo mejor y hasta conseguía un cliente.

Apenas estaban terminando su café con pan dulce, cuando se asomó el chofer a la puerta de la fonda y vio platicando amigablemente a las dos señoras tan distintas: una elegante y con mucha clase y la otra sencilla y con aspecto corriente, pero un poco más joven.

-Ya vamos a salir, ustedes son las últimas – y sin más se dio la vuelta.

Carmen dejó un billete en la mesa -yo invito, vámonos rápido.

Ya en el autobús platicaron de cómo eran sus respectivas casas, de lo que hacían en su tiempo libre -para Carmen era casi todo el tiempo, porque en la asociación caritativa su puesto era casi honorífico y prácticamente no hacía nada, en cuanto a sus obligaciones como anfitriona y acompañante de su marido no las consideraba como una ocupación, sino más bien como una distracción… aunque en ocasiones era obligada, y muchas veces había deseado ser libre, pero sin renunciar a todo lo que estaba acostumbrada, lo cual no era muy fácil de lograr… a menos que…

Pero nada de esto le comentó a su amiga y más bien la escuchó hablar sobre sus idas al cine dos veces al mes, sus comidas “extraordinarias” en Vips, con alguna compañera, no más de una vez por mes y, claro, cuando su amante la “sacaba” a comer a Tlaxcala o a San Martín Texmelucan y más raramente a Atlixco; jamás la invitaba a ningún lugar en Puebla, porque tenía una esposa que “respetar”, como él mismo decía.

Carmen le lanzó una irónica mirada a Diana, que ésta no captó, o fingió no captar, ¡respetar!, qué manera de “respetar” tienen los hombres.

II

El siguiente martes, cuando ambas estaban en el jardín trasero, cómodamente sentadas alrededor de la mesa con sombrilla, observando la piscina, escuchando música y tomando el aperitivo antes de comer, inesperadamente se apareció Hans en el hermoso y arbolado patio, caminando por la vereda que dividía en dos el prado, saludando a sus dos sabuesos, que brincaban alegremente frente a él, dificultándole caminar. Carmen y Diana lo vieron antes que él a ellas, porque toda su atención estaba en sus consentidos perros.

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Diana palideció de pronto y casi le dio un infarto, pero trató de disimular lo mejor que pudo; cuando él la vio sentada ahí en su propio jardín, junto a su esposa, se detuvo en seco y se acuclilló, pretextando acariciar a los canes. Trató de pensar rápidamente de qué se trataba todo eso, ¿habría Diana venido a decirle todo a Carmen?… pero no, las dos se veían muy contentas, bueno Diana estaba con cara de espanto, así que… Como no vio ninguna reacción por parte de su esposa, se acercó, esperando hasta ver el comportamiento de ambas.

Se agachó a saludar a su esposa y Carmen, inocentemente, lo besó en la mejilla como siempre

-Te presento a mi amiga Diana, la conocí en el autobús de México la semana pasada – le sonrió candorosamente -¿vas a comer?

Él había decidido ir a comer a su casa cuando Diana le dijo que no se podían ver ese martes, pero, ante las circunstancias, decidió no hacerlo.

-No, querida, sólo vine por unos papeles que olvidé en la mañana, recuerda que los martes como con el Director de la Planta -volteó a ver a Diana de la manera más impersonal que pudo -mucho gusto.

Diana sólo lo saludó con la cabeza, estaba muda, quería meterse debajo de la mesa, si antes se puso pálida, ahora sus mejillas estaban tan calientes, que sentía que iban a estallar; sólo deseaba que Carmen no se diera cuenta.

Cuando Hans Otto captó toda la situación se tranquilizó inmediatamente; se sintió más incómodo porque Diana lo hubiera visto sin bisoñé, que por tener a la esposa y a la amante juntas y tranquilamente se sentó a beber un vaso de limonada -hace mucho calor, ¿la están pasando bien, señoras?

Diana, sin contestar, pensando que ese era el colmo del cinismo, también tomó su vaso de limonada y apuró el agridulce y helado líquido de un solo trago. Para no tener que ver a Otto, prefirió acariciar a uno de los perros que se había echado entre él y ella.

De la manera más cándida, Carmen se levantó -por lo menos voy a ordenar que te sirvan una copa, querido- se dirigió a la casa dejándolos solos.

Hans la observó alejarse pensando “verdaderamente, es la mujer más inocente e ingenua que conozco… por algo me casé con ella, ¡pobrecilla!”, se volteó hacia Diana, le sonrió cínicamente levantando los hombros, sin más comentario; ella se volvió a agachar a acariciar al perro, para no tener que verlo.

Carmen, después de ordenar que les llevaran una copa a los tres, salió de la cocina y se encerró en la elegante y acogedora biblioteca, amueblada y adornada con un gusto exquisito, como el resto de la casa, para llamar a su abogado.

-Ya confirmé todo al verlos juntos; podemos sacarle lo que queramos, porque no le conviene el divorcio ahora que tiene la posibilidad de ser nombrado Director General. Por supuesto, yo voy a aparentar que no sé nada, para que tú puedas chantajearlo; hoy grabé buena parte de mi conversación con Diana, platicándome, con nombres y datos, los detalles más truculentos de su relación con su amante ¡imagínate!- rió de buena gana.

-¿Estás segura de que no querrá ser libre para casarse con ella y te salga el tiro por la culata?

-¿Con esa? ¡para nada!, jamás se casará con alguien así, si desea ese puesto, necesita a alguien con clase y ésta no la tiene.

-Si estás tan segura, tenemos que tramar un plan, cuanto antes mejor.

Carmen suspirando, se estiró y se levantó el pelo de la nuca con la mano libre -Te espero mañana a las 10 a desayunar ¿quieres liguero negro o blanco?

 ***

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Puebla, Pue., Julio, 1994

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Imágenes tomadas de internet,

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Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Autora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación y regresiones a vidas pasadas.

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AMOR CON FECHA DE CADUCIDAD

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© condiciones al final

Esto pasó hace muchos años, pero lo traía atorado en la garganta/dedos, y decidí, por fin, dejarlo salir…

Era yo muy jovencita, pero ya tenía un puesto más o menos importante en una empresa multinacional, con base en la Capital, era asistente bilingüe del director de la planta, ubicada en otro Estado cercano, cuál, no importa.

Estaban construyendo la planta y trayendo maquinaria, para lo que venían ingenieros de muchas partes del mundo (Italia, España, Francia, Alemania, Arabia, Argentina), además de los mexicanos, claro.

Se suponía que yo iba a seguir siendo asistente del director aquí en la capital, donde residía yo y él tendría otra asistente en la planta, pero… mi jefe se empeñó en que yo fuera a organizar toda la oficina de la planta, hacer las compras del equipo de oficina, papelería y adminículos necesarios, contratar secretarias y jefe de almacén, el jefe de compras lo mandarían de la capital.

Me pidieron que fuera allá de lunes a viernes por 3 semanas, máximo, 4, no más. pero al final resultaron 3 meses, porque había muchas cosas que hacer a partir de cero, mientras acababan de construir la planta, que aún estaba en obra negra.

No pude negarme y todos los lunes salíamos de la oficina a las 9 am rumbo a la planta para salir de allá el viernes a las 5 pm  y regresar a nuestros hogares.

El viernes anterior a salir por primera vez, observé que todas las compañeras daban vueltas alrededor de la oficina de personal, como las divisiones eran de cristal, se podía ver lo que ocurría dentro de los cubículos, mis compañeras iban y venían y regresaban una y otra vez; por curiosa fui a ver la causa y era una razón perfectamente válida, jajaja. Sentado frente la jefa de personal se encontraba el hombre más guapo que jamás había visto: casi 2m de estatura (lo vi cuando se levantó para despedirse y dirigirse a un teléfono), rubio, ojos azules y con una “baby-face” hermosísima, guapo el hombre de todo a todo (a mí me gustan morenos, pero el “güero” estaba de cuento de hadas). Cuando estaba hablando por teléfono levantó la vista, me vio y sonrió… me dejó helada, le sonreí también y me regresé a preparar todo para el lunes irme a la planta.

Paul-Walker-Pics

El lunes llegué, me instalé y me llamó mi jefe, el guapérrimo estaba con él,

-Sandra, el Ing. Gerhard Molodesky, necesita que lo ayudes a arreglar algo en su hotel, por favor al salir acompáñalo y ayúdalo a resolver su asunto ¿en qué hotel estás?

-En el Lastra

– Ah, que bien, él también, así que no tienes que ir a otro lado y mira necesito… me empezó a dar instrucciones para el día.

Cuando terminó, me voltee hacia el ing. y le pregunté en inglés qué era lo que necesitaba.

Carita de -¿What?

No hablaba inglés.

-¿Italiano?- No.

-¿Francés? (yo no sabía mucho francés, pero al menos con ayuda de un diccionario…), tampoco.

-Yo no hablo alemán (dije la frase que me sabía en alemán: Ich spreche kein Deutsch) levantó los hombros con cara pícara y sonriendo.

-Bueno- dije señalando el reloj y con 5 dedos levantados -te veo a las 5 y a señas –para ir a arreglar lo tuyo.

Asintió con la cabeza, me sonrió y se fue a la planta, mi jefe me dijo que el Ingeniero quería cambiarse de hotel, porque todos sus colegas estaban en el hotel Mesón del Ángel y a él lo habían mandado al Hotel Lastra.

Me quedé pensando en lo extraño de un alemán con apellido polaco, nombre con pronunciación francesa ¡y no habla mas que alemán!

En la tarde nos fuimos juntos en la camioneta de la empresa, de vez en cuando nos mirábamos y sonreíamos; llegamos al hotel, fuimos a la administración y le expliqué al empleado la petición del Ingeniero, como los dos hoteles eran de la misma empresa, no hubo problema, pero lo cambiarían hasta el día siguiente.

Como pudimos, con ayuda de un calendario, le explicamos esto al hermoso alemán y quedó conforme.

De la misma manera, a señas, me invitó a cenar afuera, en la ciudad, porque el hotel queda en una colina a la que se accede por carretera, acepté ¡como no! Al menos recrear la vista durante la cena, porque al día siguiente lo cambiarían de hotel ¡qué lástima!

Me pidió elegir el restorán, fuimos a uno de comida típica de la zona, La Fonda de Santa Clara, yo ordené por él (mole poblano, por supuesto), pero él pidió el vino, un Liebfraumilch, nunca lo había probado ¡exquisito! Casi tanto como contemplarlo a él.

Nos divertimos mucho tratando de aprender el idioma del otro. Al salir lo llevé a que compráramos un diccionario cada uno y con ellos, ya pudimos entendernos un poco más.

Tomamos un taxi para el hotel y cuando íbamos por la carretera, yo iba contemplando el paisaje de la ciudad, allá abajo. Él se acercó, supuestamente para verlo también, percibí su aliento cerca de mi nuca, al pasar el brazo por sobre mi hombro, percibí el aroma de sudor, que durante la cena no había sido demasiado grato, pero fue pasable, ahora, aquí, en el taxi, con el brazo sobre mi hombro, el golpe olfativo fue fuerte y lo que ocurrió es que me excitó sobremanera, además de su aliento en mi nuca y mi oído y que desde que lo vi me atrajo (a mí y a toda mujer que lo veía).

Contemplamos el paisaje como 2 segundos y rozó mi mejilla con sus labios… ¡bueno! La explosión dentro de mí, la respiración se me cortó y sólo pude voltear hacia él, para que sus labios me besaran en la boca.

Fue un beso delicioso apasionado, largo, aun lo recuerdo con nostalgia y sensaciones agradables. Continuamos besándonos hasta llegar al hotel, no sé que habrá pensado el taxista y ni me importaba.

Entramos, pedimos nuestras respectivas llaves, nos habían dado cuartos contiguos, por ser de la misma empresa. Yo me preguntaba “¿y ahora qué? ¿Cómo me va a decir lo que ambos queremos?”

Lo solucionó diciéndome muy rápido, algo de “problems” y wasser (agua) y su cuarto y nicht (no) haciendo aspavientos, mientras yo abría mi puerta, siguió con eso y se metió rápidamente yendo hacia el baño, abrió la llave del lavabo y siguió con su retahíla, comprendí que me quería decir que en su cuarto no había agua, sonreí, vi la estratagema y fui a cerrar la puerta.

Nos miramos, nos acercamos y nos lanzamos a los brazos del otro.

Fue una noche en el país de las maravillas, como la melodía de Bert Kaempfert, fue como un sueño, no sólo por la apariencia de él, sino por lo tierno, dulce y apasionado que resultó ser, eso de que ¿los alemanes son bruscos o fríos? Al menos él no lo era, me decía cosas cuyo significado no entendía, pero con el tono de voz y el lenguaje corporal que lo acompañaba, me parecían las palabras más tiernas del mundo.

No dormimos, a las 6 am se tuvo que ir, en alemán, con carita triste y señas me explicaba que tenía que ir a bañarse, cambiarse y rasurarse, que teníamos que estar listos a las 8 que pasaba el transporte.

Cuando llegué al restorán del hotel a desayunar, el capitán me dijo, señalando una mesa, que ya me estaban esperando, y vi a Gerhard con una gran sonrisa pícara que me esperaba todo oliendo a jabón y loción, también ese aroma me agradó; él ya había pedido jugo de naranja y una rosa roja me esperaba sobre la servilleta ¡qué detalle! Desayunamos trabajosamente, tomados de una mano, mirándonos a los ojos y diciéndonos así mil cosas que no necesitaban traducción.

Al salir del restorán, me llevó a la administración a decirles que siempre sí quería quedarse en ese hotel, que no lo cambiaran al otro, me encantó la idea.

En el transporte seguimos de la mano, llegamos a la planta y quería tomarme del brazo o de la mano, pero no lo consideré conveniente, traté de explicarle, y se puso triste.

A la hora de comer, Luis, uno de los empleados me dijo que en su casa su esposa hacía comida para los compañeros que quisieran ir, Gerhard venía detrás de él y me hizo señas que iba a ir a comer a la casa de este compañero, así que accedí de inmediato (además, no había muchas opciones en el pueblo). Creo que más que comida, él y yo nos comíamos mutuamente con los ojos, todos se dieron cuenta y empezaron las bromas, qué él no entendía y a mí me ruborizaban.

Al salir en la tarde, pasó a mi escritorio por mí y nos fuimos juntos al transporte que nos llevaría al hotel, la otra camioneta iba al hotel de sus colegas y en ésta, nuestra, sólo íbamos él y yo, tomados de la mano y mirándonos a los ojos, con tremendas ganas de besarnos.

Desde ese martes hasta el viernes, fue casi lo mismo, salvo que cada noche podíamos escoger, según un folleto, diferentes restoranes para cenar, pero a él le gustaba repetir el primero, La Fonda de Santa Clara. Cuando caminábamos por la calle, había jovencitas que se le paraban enfrente, se mordían el labio y le decían: “papacitooo” él no entendía la palabra, pero sí la actitud, se ruborizaba y me abrazaba.

Poco a poco fuimos aprendiendo el idioma del otro (hace tantos años que ya se me olvidó, salvo Ich liebe dich – Te amo) y ya nos podíamos comunicar mejor, aunque en realidad no hacía mucha falta, las noches eran maravillosas, no necesitábamos más idioma que el universal entre hombre y mujer, la tremenda atracción sexual, sazonada con su olor, su sudor después de ensamblar máquinas en la planta. La segunda noche pretendió bañarse antes de amarnos, pero no se lo permití, nooo, le iba a quitar esa fragancia tan suya y tan estimulante sexualmente ¡de ninguna manera!

El viernes en la tarde nos despedimos con tristeza, nos veríamos hasta el lunes, lo pasamos a dejar al hotel y el transporte me trajo a la Capital, muy triste, pero tranquila, sabía que se iba a quedar solo en el hotel, que llegarían turistas, que tendría todas las oportunidades que quisiera, sin embargo, no sentía celos, él me había dado tanta seguridad de su cariño e interés, que ni me imaginaba que me pudiera ser infiel.

El lunes, regresé a la planta y él fue en seguida a darme los buenos días.

-“Guten Morgen

Y se repitió la semana anterior, mucho trabajo en la planta y al salir, disfrutar de su presencia, y de su apasionado amor, vivía yo como en un sueño, no creía posible que un “dios germano” como él, más guapo y atractivo que Chris Hemsworth,  Brad Pitt, Jude Law, Robert Redford. Paul Newman y Alain Delon, en su mejor momento, estuviera enamorado de mí, porque lo estaba, lo demostraba, nunca me habían tratado así, como él, con tanta dulzura, respeto y pasión.

Pero…

No podía faltar la serpiente en el Paraíso: yo había tenido un novio, Raúl, que me resultó más celoso que Otelo, si por él hubiera sido, ni con burka estaría bien que yo saliera, pues se me verían los ojos y podría ver a los hombres, bueno, tan fue así al hacernos novios, después de 2 años de pretenderme, que terminé con él al día siguiente de empezar el noviazgo.

Un día, queriendo que regresara con él, me llamó a casa de mi abuelita, con quien vivía yo, ella inocentemente le dijo dónde trabajaba y le dio el número de teléfono, de inmediato me llamó, pero estaba yo en otro lado de la planta, donde no había extensiones y sólo le tomaron el recado, 3 veces en 15’. Cuando regresé a mi lugar, me quedé inquieta al ver los recados, opté por llamarlo a su trabajo para decirle que ya me dejara en paz, pero me dijeron que había pedido la tarde libre

–Qué raro- pensé y le marqué a su casa, la empleada doméstica me dijo que después de comer había salido, diciendo que regresaría hasta el día siguiente

“Este hombre va a venir acá a armarme una escena de celos” supuse; por la hora a la que me dijeron que había salido, calculé que llegaría después de las 5, hora en la que salíamos de trabajar, eso me tranquilizó, pero pensé que también sabría en qué hotel me hospedaba.

¿Cómo deshacerme de él? ¿Cómo explicarle a Gerhard? Cuando fuimos a cenar diccionario en mano y a señas, le dije que había tenido un novio tiempo pasado, que era celoso y que quizá iría a armar escándalo, le pedí que al llegar al hotel me dejara entrar primero, así lo hicimos y, en efecto, ahí estaba Raúl, en el lobby, esperándome con cara de pocos amigos.

Me acerqué a saludarlo

-¿Qué haces aquí? No tienes nada que hacer aquí.

Él me contestó agresivo -¿Con el permiso de quién viniste a trabajar acá?

-Yo no tengo que pedirle permiso a nadie y menos a ti.

En ese momento entró Gerhard y vio la agresividad de Raúl y aunque habíamos quedado que saludaría de lejos, se acercó para defenderme si Raúl se ponía más agresivo.

Los tuve que presentar y Raúl, a pesar de la diferencia de estaturas, se le abalanzó a Gerhard, quien sólo extendió el brazo para detenerlo, pero los guardias de seguridad, que ya estaban atentos desde que oyeron que Raúl me gritaba, se acercaron y lo sacaron pataleando y gritando.

-¡Eres una coqueta de mierda! Pero me las vas a pagar…

¡Qué pena, qué vergüenza con los empleados y huéspedes del hotel que lo presenciaron y sobre todo con Gerhard, que se acercó a ver si estaba bien, me pasó el brazo sobre los hombros y consolándome nos encaminamos a nuestros cuartos.

Esa noche fue el amante más dulce que pudiera haber imaginado, se portó tan tierno que si no supiera que se iba a ir a Alemania y yo me regresaría antes a la Capital, me hubiera permitido enamorarme perdidamente de él, pero sabía que nuestro romance tenía fecha de caducidad y que un océano nos separaría, no me dejé ir en cuanto a mis sentimientos, no dejé crecer mis emociones, no, no quería volver a sufrir por amor.

Pero resultó que aunque él también lo sabía, él no le puso frenos a sus sentimientos y a la media noche, después de hacer el amor, me dijo a señas y con el diccionario en la mano, que me casara con él, me dibujó una casa con jardín y a él y a mí adentro y muchos corazones. Qué ternura, cuánta emoción sentí, pero mi razón se impuso sobre mi corazón y tuve que decir que NO, me dolió hasta el alma el decirlo, pero el cuento de hadas se convertiría en cuento de terror, ya me imaginaba yo sola en otro país, sin hablar el idioma, al menos al principio, en otra cultura, otro clima, no, imposible; sí sentía un gran cariño por él, pero no era tan grande como para dar ese salto además teníamos menos de 3 meses de habernos conocido.

Él lo sintió mucho, se puso muy triste, pero esa noche no cambió su manera cariñosa y apasionada de tratarme, volvimos a hacer el amor otras dos veces, pero como que algo se había roto entre nosotros, al menos yo me sentía muy triste al enfrentar la realidad, de que nos íbamos a separar y no era yo lo suficientemente valiente como para casarme con él.

Al día siguiente, el viernes, me notificaron que la siguiente semana ya no iría yo a la planta, ya estaba todo organizado, había 6 secretarias que me reemplazarían, un jefe de compras que haría las compras de equipo y papelería que yo hacía, un jefe de almacén las controlaría y yo ya podía regresarme a la oficina de México.

Lo que creían que sería la gran noticia, me cayó como rayo en la cabeza, ¡ya no iba a ver a Gerhard! Él aún iba a estar un mes más en México, pero en la planta y yo en la oficina.

Todo se juntó, la escenita de la noche anterior y la notica de mi regreso a las oficinas principales. Traté de explicarle a Gerhard, pero él se quedó con la idea que yo me quería regresar por lo que había pasado.

Cuando ese día en la tarde nos subimos al transporte, no pude contener las lágrimas, él también estaba muy triste y me reiteró la propuesta matrimonial, traté de explicarle mis motivos, pero no fueron suficientemente válidos para él, que insistía e insistía.

Lo dejamos en el Hotel Lastra y me fui llorando el resto del camino por carretera hasta la Capital.

A veces Gerhard me llamaba por teléfono, pero así poco nos entendíamos sólo me repetía:

Ich liebe dich (a lo que yo contestaba –te amo-) y también me decía otras palabras que no le entendía; creo que me quedaba más triste después de que me llamaba.

Un día vino a las oficinas principales a arreglar no sé qué papeles y pudimos ir a comer juntos, fue una gran alegría para mí y luego enorme tristeza al despedirnos.

La siguiente semana me dijeron que los auditores habían encontrado algunas cuentas raras y que tenía que ir un día a la planta, junto con el contador; como no había hecho nada malo, me alegraba inmensamente el ir, porque vería a mi hermoso alemán al menos a la hora de la comida, el problema contable me tenía sin cuidado.

Llegue, nos vimos y sin importar el lugar, tuvimos que abrazarnos, aunque no besarnos.

Entré a la oficina de mi jefe, que estaba con el contador y los auditores, me enseñaron unas facturas, ya no recuerdo qué error tenían, pero nada malo y en media hora ya estaba yo libre hasta las 5 pm, la hora del regreso.

El universo se alineó, era también el último día de Gerhard en la planta y ya no tenía nada qué hacer, así que nos pasamos varias horas platicando, incluida la comida, en la que departimos con todos los compañeros que iban a comer en la casa de Luis. Regresamos a seguir platicando en los jardines que ya estaban preciosos, frescos y con muchas áreas verdes, paseamos tomados de la mano, a mí no me importaba estar en la planta, de cualquier modo, no estaban prohibidas las relaciones entre empleados.

A las 5 partimos en el transporte hacia México y sin importarnos el chofer nos besamos y acariciamos todo el camino. Al llegar al hotel, él me pidió que me quedara con él, asentí y llamé a casa para avisar que llegaría horas más tarde.

Hicimos el amor sin tanta pasión, pero con amor y tristeza, yo lloré mucho, él me volvió a pedir que me casara con él, que cambiaría su vuelo del día siguiente, para dar tiempo a casarnos en su embajada, pero dije no, de nuevo.

Se llegó la hora de regresar a casa, me acompañó al taxi, un abrazo triste, tierno y amoroso y nos despedimos.

Estuve triste varios meses, a veces me enviaba tarjetas postales y  yo tenía que pedir a uno de los ingenieros que me las tradujera, lo que sí entendía era ich liebe dich, que nunca faltaba, luego las tarjetas fueron escaseando, yo renuncié a la empresa y no sé si siguieron llegando.

Pasaron los años, me casé, enviudé muy pronto, rehice mi vida como mujer sola y un día se me ocurrió enviarle una carta a su trabajo, en inglés, esperando que alguien se la tradujera.

Estaba muy ilusionada, aunque tampoco muy decidida a irme a Alemania, pero pensaba que quizá él ya estuviera casado, sólo quería saber de él, que estaba bien.

Una semana después, recibí una carta de Alemania, en un sobre de la empresa donde él trabajaba, el corazón me empezó a latir más fuerte, muy ilusionada abrí el sobre… para encontrar adentro mi carta cerrada y una nota en inglés de alguien desconocido, que decía:

Sentimos mucho informarle que el Sr.. Gerhard Molodesky falleció hace algunos años.

Nuestro más sentido pésame.

Sentí como un golpe fuerte en el estómago y una puñalada en el corazón, me di cuenta que sí lo amaba, que no fue buena decisión el no aceptarlo, que fui muy cobarde, pero lo reconocí fuera de tiempo, ya que no quedaba nada por hacer, salvo recordar ese amor con fecha de caducidad.

***

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

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© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

Imágenes tomadas de internet, Pinterest  o de los enlaces relacionados.  Creo que no es necesario advertir que algunas fotos, son imágenes actuales, sólo para dar una idea de cómo fueron en aquellos tiempos y lugares.

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EL QUINCUNCE (TOLTECAYOTL)

EL QUINCUNCE (TOLTECAYOTL)

Unknown

© condiciones al final

Hoy quiero compartir un escrito que me abrió los ojos hacia la filosofía mesoamericana (del Anáhuac) cuyo origen se remonta miles de años y llegó hasta el Siglo XVI, cuando fue casi eliminada por los conquistadores y evangelizadores.  También trata de la Cruz de Quetzalcóatl.  No es de extrañar que los aztecas y demás mesoamericanos aceptaran la religión católica  al ver la cruz, que ellos conocían tan bien, en el broche de la Virgen de Guadalupe, después de su aparición en el cerro del Tepeyacac (Tepeyac) en 1531.

“El Quincunce (toltecayotl)

El Quincunce simboliza mediante el “encuentro armónico” de cuatro mariposas el «equilibrio» entre el aspecto espiritual y material del mundo, y también entre el intuitivo y el racional. Las mariposas elevan así su vuelo hacia las cuatro direcciones en busca de las luminosas alturas, haciendo que el soplo divino del centro desprenda al espíritu de su envoltura terrenal para elevarlo hacia el Cielo.

Si se pudiera definir con una sola palabra la Toltecayotl, el término que puede sintetizar tal complejo y profundo sistema de pensamiento y acción sería «equilibrio». En efecto, los antiguos abuelos toltecas buscaron por diferentes caminos “el arte de vivir en armonía”, armonía que lograron a través del equilibrio. Lo que es equilibrado y/o armónico es bello. Por ello, las armas del “Guerrero de la Muerte Florecida” por excelencia son simbólicamente “la Flor” y “el Canto”, metáfora que alude a la flor como belleza y al canto como sabiduría.

Con “Flor y Canto” los guerreros buscan equilibrar “Los Cuatro Rumbos de la Existencia”, porque los Toltecas simbólicamente dividen el cuerpo humano en cuatro partes:

  • la primera, la parte de la cintura a la cabeza que simboliza el Cielo, la cual a su vez es representada con el ave de más bello plumaje, el Quetzal, en conjunto estos símbolos se asocian al Espíritu;
  • la segunda, la parte de la cintura a los pies, que simboliza la Tierra, que a su vez, se representa con la serpiente que repta sobre la Madre Tierra y que en lengua náhuatl se nombra Cóatl;

En conjunto, ambos símbolos se asocian con la materia. De aquí surge el principio filosófico de el “Quetzal-cóatl”, es decir, un principio de «equilibrio» entre el aspecto espiritual y material del mundo y la vida, el cual constituye una manifestación de conocimiento que se encarna a través de la “batalla florida”, entendida como la lucha interior del Guerrero por encontrar el equilibrio y el vivir en armonía.

Sin embargo, el Ser Humano al mismo tiempo es subdividido en dos mitades longitudinales:

  • la tercera, la parte derecha llamada «tonal», que está asociada a la parte solar, masculina, activa, seca, visible y sobre todo al uso de la “razón” para percibir el mundo;
  • la cuarta, la parte izquierda llamada «nahual», que está asociada a la parte lunar, pasiva, húmeda, invisible y sobre todo al uso de la “intuición”.

El mundo y la vida se perciben como un doble par de opuestos complementarios. Quetzal-cóatl y Tonal-Nahual, que requieren de un poderoso «intento» para equilibrar la cuádruple dualidad divina que se resuelve con el «equilibrio».

El resultado de la “Batalla Florida” es el máximo logro de encontrar el difícil equilibrio. El campo de batalla es la vida cotidiana. Un complicado juego dialéctico de las fortalezas y las debilidades de cada individuo en el terreno de las fuerzas gravitatorias que “arrastran a la materia” hacia los abismos de la estupidez humana. De esta manera, “La Batalla Florida” da sentido y significado a la vida.

El logro del equilibrio de estos “Cuatro Rumbos de la Existencia” se resuelve en una “Quinta Dirección”, en forma positiva, es decir, logrando el justo equilibro entre “los dos pares complementarios” Quetzal―Cóatl y Tonal―Nahual, el resultado de la ansiada elevación o trascendencia existencial. En forma negativa, es decir, cuando no existe coherencia y equilibrio por hacer prevalecer a una cualquiera de “las direcciones”, se precipita la caída del individuo en los abyectos abismos de la degradación humana y la intrascendencia existencial.

Esta “Quinta Dirección” los antiguos Abuelos la llamaron simbólicamente de diversas formas, como por ejemplo: Macuilxochitl (Cinco Flor) o “La Cruz de Quetzalcóatl”. La Maestra Laurette Séjourné la llamó el Quincunce, en su célebre obra “Pensamiento y Religión en el México Antiguo”.

El símbolo en síntesis es una cruz con un centro equilibrador. Puede estar representado con un círculo y cuatro pétalos figurando una flor.

macuilxochitl-280x300

macuilxochitl-280×300

Puede encontrarse como una cruz bordeada de una cruz mayor con cuatro segmentos por lado, o un cuadrado anexando en cada cara por un trapecio.

cruz-de-quetzalcoatl

cruz-de-quetzalcoatl

La iconografía anahuaca es múltiple y diversa para representar este símbolo filosófico, eje y fundamento del pensamiento Tolteca. Ha quedado en códices, estelas y sobre todo en su arquitectura, que guarda un perfecto equilibrio entre esta sabiduría humana y la mecánica celeste.

Sin embargo, existe el símbolo por excelencia de esta metáfora filosófica. La base de la idea parte de que el “Alma” de los Guerreros de la Muerte Florecida se representa por excelencia con una mariposa, que todos los guerreros llevaban en el pecho. Se puede apreciar este clásico símbolo justamente en las formidables esculturas conocidas como “Los Atlantes”, que se encuentran en la pirámide principal de Tula, Hidalgo o en las diversas esculturas conocidas como “Chac Mool”.

Atlante-de-Tula-300x295

Atlante-de-Tula-300×295

La mariposa eleva su vuelo en busca de las luminosas alturas cuando el espíritu del guerrero se desprende de su envoltura terrenal. La mariposa vuela hacia el principio generador, en busca de la Luz. La materia ha cumplido su misión y se reintegra a la Madre Tierra y la mariposa busca al Padre, al Sol.

Con este pensamiento poético-filosófico, los sagrados abuelos toltecas simbolizaron la Toltecáyotl con cuatro mariposas con la mirada dirigida hacia los cuatro puntos cardinales o rumbos de la existencia. Sí una mariposa negra mira al norte (Mictlampa), se delinea sobre fondo blanco; y para crear ese equilibrio su contraparte blanca mira al sur (Huitztlampa) y se la delineada sobre fondo negro. De la misma manera, a la mariposa negra que observa el este (Tlahuiztlampa) se la ubica sobre fondo blanco y su contraparte, la mariposa blanca que mira hacia el oeste (Cihuatlampa) se la delinea sobre fondo negro.

Quincunce Toltecayotl

Quincunce Toltecayotl

Lo asombroso de este símbolo filosófico tolteca, es que en el centro, de donde parten las cuatro mariposas hacia los cuatro puntos cardinales, se forma un quinto símbolo con un profundo sentido espiritual. En efecto, el “encuentro armónico” en el centro de las cuatro mariposas produce, gracias a la sabiduría de los toltecas y al talento y creatividad de los tlacuilos anahuacas, un estilizado caracol cortado de manera longitudinal, emblema de Quetzalcóatl y de su “soplo divino” que da conciencia a la materia.

El símbolo al que aspiran los “guerreros de la muerte florecida” nos es así representado con maravillosa estética y sencillez en la alegoría de las mariposas, el caracol y la cruz de Quetzalcóatl, un mensaje espiritual de profunda trascendencia y vigencia humana. Como sabemos, la civilización del Anáhuac fue una sola, pero se manifestó a partir de múltiples y diversas culturas en el tiempo y el espacio. Por ello, este símbolo está presente en todas las culturas del Anáhuac, con sus variantes culturales que dependen del lenguaje estético, especialmente entre las culturas del Altiplano y Oaxaca, con la cultura Maya ubicada en la Península de Yucatán y parte de Centro América.

El símbolo de la Toltecáyotl, como apreciará nuestro amable lector, resulta muy parecido al símbolo del Ying Yang de la civilización de Oriente. Los dos nos hablan de cuatro opuestos complementarios, solo que el nuestro es más profundo y complejo, pues incluye al caracol y a la Cruz de Quetzalcóatl. Sin embargo, Descartes decía que “la luz es una sola, por mucho que ilumine múltiples objetos”. La sabiduría humana es en consecuencia una sola, por mucho que sean múltiples las formas que tienen las culturas de expresarla.

El problema de los Mexicanos es que hemos sido educados “como extranjeros incultos en nuestra propia tierra”. Conocemos los “clichés” de la cultura grecolatina y un poco de otras civilizaciones, pero desconocemos totalmente la riqueza de la sabiduría humana que posee nuestra milenaria Cultura Madre, que es una de las seis más antiguas y cuyo origen se dio de forma autónoma.

En consecuencia, nuestra pobreza proviene de nuestra ignorancia y nuestra desolación de estar perdidos desde hace quinientos años en el “laberinto de la soledad”. Copiando y exaltando lo ajeno y sistemáticamente despreciando e ignorando lo propio. Explotando ferozmente al débil y tirándonos mansamente ante los pies del poderoso opresor/colonizador. El futuro de la Tierra le pertenece a nuestras hijas e hijos, y que no son otros que nuestras abuelas y nuestros abuelos de un milenario pasado.

Agradecimientos:

Me gustaría manifestar el más profundo agradecimiento a Pina Saucedo, de Bandera de la Paz en Durango, a la Red ArcoIris 13, a Uuc Kan y a Guillermo Marín, por su gran apoyo y aporte de información a Oikos para la realización de este artículo, puesto que con su apoyo es posible compartir con nuestros lectores el significado del Quincunce, del símbolo Maya del Hunab Ku y del peregrinar del Guerrero por Tierras del Anáhuac.

This post is also available in: Inglés

Autor/a: Lino Ramírez (Tizaá)

Tizaá Lino René Ramírez y Márquez es originario de Acatlán de Osorio, en la Región Mixteca del estado de Puebla, México; Acatlán, y que en lengua Nahuatl quiere decir “Lugar de Carrizos”. Tizaá proviene del Mixteco y quiere decir “Agua Ceniza” u “Hombre de Brío”. Por su origen indígena mixteco, ha tenido contacto y relación con diferentes Abuelos de las diferentes Comunidades Indígenas de México, poseedores del conocimiento ancestral Olmeca-Tolteca-Mexica. Tal situación le ha permitido vivir las costumbres, tradiciones y cosmovisión de los pueblos del Anahuac, así como pregonar este valioso conocimiento, considerándolo como el reencuentro del Individuo con su verdadera esencia y con su verdadera Familia: El Padre Cielo, la Madre Tierra, el Fuego, el Aire, el Agua y toda forma de manifestación de la Vida.

Tags: Cultura AnáhuacEspiritualidad

Tomado de:

http://www.mastay.info/2012/05/el-quincunce/

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Chac Mool dentro del templo de Kukulkán

Chac Mool dentro del templo de Kukulkán (Photo credit: Wikipedia)
"Atlantean" columns from the Nahua c...

“Atlantean” columns from the Nahua culture of the Toltecs at Tula. (Photo credit: Wikipedia)

Delirio…

Danshaggy, mi poeta favorito, tengo que rebloguear este hermoso poema, porque es de los que llegan muy dentro, que revuelve emociones y sentimientos de tus lector@s, sobre todo de algunas de tus fans, eso es poesía, llegarle al corazón al lector@, a cualquier@ que te lea.
Sigue así, te vas superando, sobre todo cuando te inspiras en el momento y el poema sale solo, simplemente porque ya lo traes adentro de tu corazón.

danshaggy

Escribo en tu piel, con mis dedos.
Creo cuentos fantásticos, eróticos y hasta mórbidos en tu pecho y espalda,
Y después de leerlos, me llevas tras de ti por laberintos imaginarios,
Llegando al centro de ellos,
Siendo este tu cuerpo…Donde me quemas con tus besos ardientes,
Me ahogas con tus labios hambrientos,
Porque  después de nuestra tormenta pasional,
Me depositas en la tranquilidad de tu lecho,
Quedando a tu lado, agotado…

Mirándote.  Quieta, somnolienta…
En el reposo del éxtasis carnal,
Mas; después de la calma,
con tu sonrisa en los labios;
Creas poemas románticos en mi piel con tus dedos….
Llevando nuestra imaginación hasta el éxtasis de nuevo,
Donde volvemos a comenzar,
Antes que el amanecer, llevándonos a la realidad…
Nos despidamos en el puerto de la soledad…

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TU HÚMEDA PIEL

© condiciones al final

pareja amor escuchar tus latidos

Cómo me emociona sentir tu piel,

sentirla en todo mi cuerpo y luego

pasar mis manos por tu pecho sudoroso

después del amor.

 

Cómo me gusta sentir tu aroma varonil,

Ese olor a hombre que me excita tanto,

que me recuerda los momentos

que juntos acabamos de vivir,

unidos tan profundamente

amándonos tan apasionadamente.

 

Cómo me encanta recargarme en tu pecho

y poner mi oído sobre tu corazón,

para escucharlo latir desbocado,

al mismo ritmo que el mío.

 

Cómo me gusta acariciar

tu húmeda

piel…

.***

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

Imágenes tomadas de internet.

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