LA BLANCA PLAYA DEL CARIBE

Tomados de la mano caminábamos por la playa,

descalzos, sintiendo la fina arena en nuestro pies,

mirándonos a los ojos, disfrutando la compañía y la plática de siempre:

-Te amo

– Yo también te amo…

Era media noche, había luna llena,

las pequeñas olas del mar Caribe

acariciaban nuestras plantas desnudas.

.

Nos detuvimos, subiste tus pies en los míos

Y comenzamos a bailar al compás

De la lejana melodía romántica

Y la cadencia de las olas.

.

Empecé a besarte en la boca

y a desearte cada vez más,

mi cuerpo necesitando del tuyo

más y más… debía tenerlo más cerca,

y así, mi cuerpo exigiendo tenerte a ti,

te lo hizo saber, apretándose al tuyo;

tú sentías lo mismo, yo te tenía muy junto a mi,

y tú también me querías en ti,

subiste las piernas a mi cintura

y nuestros deseos, ansias y anhelos

se vieron cumplidos,

fuiste mía y yo fui tuyo

en el hermoso mar Caribe,

en la preciosa playa de arena blanca…

En el sueño imposible de ambos…

Daniel.

*

Intervidas, 20 de julio, 2017, Danshaggy © Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

*

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AGRADEZCO A LA VIDA

 Poema de Danshaggy:

almas gemelas flamas divinas

Agradezco a la vida haberte encontrado,

doy gracias al cielo el haberte a mí enviado.

.

Tu sonrisa, tu mirada, todo en ti,

siento que refleja la mejor versión de mí.

.

Tu alma en la mía, mi alma en la tuya,

.

Somos uno, amor,

tú y yo, nosotros, no somos dos,

somos Un Todo.

.

Una misma flama divina,

una sola energía,

que algún día,

estará, por fin, unida.

*

Te amo,

Daniel.

Intervidas, 9 de julio, 2017,  Danshaggy, © Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

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Imágenes tomadas de internet y/o Pinterest.

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TUS POEMAS

Tus versos, tus poemas, ¡qué hermosura!

Me enamoraron de ti con locura.

.

La fluidez de tus bellas palabras

son como una cascada

que fluye del manantial de tu alma.

.

Llenando tu derredor de frescura,

de amor, de dulzura,

salpicándolo todo, con su gran preciosura.

***

CDMX, julio 3, 2017, © Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

¿OLVIDARTE?

¿Olvidarte? ¡nunca!

¿Adorarte? ¡Siempre!

.

Tu recuerdo estará conmigo

en carne viva,

en lo más hondo de mi alma,

en lo más profundo de mi ser.

.

En mis sueños y en mis desvelos,

en todo lo que me rodea

en mi entorno absoluto.

.

Nunca te apartaré de mi mente,

tú siempre estás conmigo.

***

CDMX, 8 de julio, 2017, © Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

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Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Autora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación y regresiones a vidas pasadas.

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Tú y Yo Siempre

foto Angel Sosa

Puedes adquirirla en

http://tuyyosiempre.yolasite.com/tienda-en-l%C3%ADnea.php

O pídemela directamente a:

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o

serandra2@yahoo.com.mx

 

AMOR DE VERDAD

Tú eres flama de mi flama,

llama de mi llama,

alma de mi alma,

eres la mitad que busqué

en cada astro del firmamento,

en cada eón del tiempo,

en toda era y lugar

y aquí te he encontrado,

una y otra vez

y aquí te he amado

con trágicos resultados cada vez.

.

La próxima vez será la buena,

ése será el amor de los amores

el amor que hará historia,

porque nos amaremos

cada día, cada hora,

cada instante

y mostraremos al mundo

lo que es amar,

lo que es

Amor de Verdad.

*

Ciudad de México, 12 de julio, 2017, © Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

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Tú y Yo Siempre

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ESE HADO INJUSTO

El siguiente poema de Danshaggy (Danny, QEPD) fue escrito mediante escritura automática, yo cerré los ojos y él escribió llevando la pluma que estaba en mi mano. Eso ya lo habíamos practicado por unos días, al principio le (nos) costaba gran esfuerzo, pero poco a poco se va haciendo más fácil.

ESE HADO INJUSTO

Tú eras mía y yo era tuyo,

pero ese hado injusto y malvado

no nos quería juntos y nos separó.

.

No importa, mi vida, yo aquí te espero,

no tardes, ven a mí, que te extraño mucho,

te necesito y te añoro, siento nostalgia

de esos tan deseados besos, que nunca nos dimos,

de esos tan anhelados amores, que nunca vivimos.

.

Siento añoranza de tenerte entre mis brazos

y no dejarte ir, de amarte con locura,

con pasión desmedida y después del abrazo total,

acariciar tu mejilla y murmurar en tu oído con dulzura:

“Te amo”.

Daniel

Intervidas, 14 de julio, 2017, Danshaggy, © Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

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EL PUENTE

Hola amig@s, ahora les comparto un cuento de Danshaggy en el cual colaboré un poco; lo subo porque me intriga que él tuviera esa “obsesión” por escribir cuentos sobre este tema, que descubrirán en el desarrollo de éste.

EL PUENTE

Leinad vivía en las afueras de la ciudad, en la periferia, era una persona algo escéptica, él decía que no creía en cosas sobrenaturales, ya que eran mentira; en primer lugar, porque nunca había visto nada en su vida, por eso siempre se reía de sus compañeros cuando contaban las historias de terror, y en segundo lugar, decía que todo tiene una lógica y una razón, pero que cada quien era libre de creer en lo que pensara que era real.

Él trabajaba en un almacén que se encontraba ya dentro de la ciudad, a unos kilómetros de su casa; siempre trabajaba de mañana, no le gustaba el turno de la tarde, y rara vez aceptaba quedarse más tiempo; pero ese día por falta de personal y estar en inventario, aceptó el quedarse más allá de las cinco, que era la hora en que él salía.

Ese día salió de  trabajar después de las diez de las noche, era una noche húmeda de invierno, había amenaza de tormenta, el cielo estaba nublado, y cruzado por relámpagos,  caía algo de llovizna, nada fuerte aún, así que subiendo a su carro y maldiciendo su suerte, se enfiló hacia su casa; salió de la carretera principal tomando el camino vecinal, avanzaba en la soledad de la noche, pensando en las historias que de ese camino contaban; algunas exageradas por los accidentes que ocasionalmente sucedían; había varias cruces en los costados del camino, “es raro (iba pensando),  tantos accidentes, a pesar de que se encuentra bien iluminado”, él casi no andaba tarde por ese camino, siempre que pasaba por ahí, era con luz de sol, pero esa noche…

Iba despacio, viendo el camino y pensando en su día y en llegar a su casa antes de que comenzara la tormenta como tal;  de pronto  algo llamó su atención: las luces a su paso, comenzaron a apagarse; “¡qué extraño!” pensó; pero no le dio demasiada importancia. Al voltear por el espejo, vio que atrás de él se volvían a encender,  iba pensando en lo raro de la situación, cuando de pronto su auto comenzó a fallar y se apagó.  Maldiciendo su suerte se orilló en el camino quedando justo en el puente que cruzaba un río profundo, a medio camino de su casa.

Bajando del auto, volteo a ambos lados de la carretera, pero no vio otro vehículo en el camino; notó que las luces del camino adelante y atrás de él estaban encendidas, pero en el puente estaban apagadas, encogiéndose de hombros, dijo en voz baja:

-Maldita suerte, tenían que fundirse las luces justo donde se me descompone el carro.

Sacó una lámpara que traía en su guantera y se puso a revisar su auto, cuando sintió un aire frío que le envolvió y escuchó un ininteligible susurro en el oído que le hizo alzar la vista y mirar hacia los lados y a ambos bordes del puente, aluzando con su lámpara hacia el río.

En uno de los lados del puente vio la figura blanca de alguien parado en la orilla del río, le pareció extraño ya que por la inclinación del costado del río no era posible que alguien estuviera de pie ahí. Dejando el carro a un lado, avanzo a la barandilla del puente y tratando de ver mejor se cubrió los ojos para evitar que le cayera la lluvia y aún aluzando hacia allá, no podía distinguir bien, por lo que pensando que su mente le jugaba una mala pasada, se  abocó a seguir con el auto.

Estaba agachado, en el frente de su carro moviendo algunos cables queriendo encenderlo, cuando volvió a escuchar ese susurro ininteligible; enderezándose  aprisa y sujetando fuertemente la lámpara comenzó a revisar a los lados del puente, y algo lo hizo voltear  de nuevo al río, cuando de pronto un relámpago retumbó y destellando cruzó el cielo iluminándolo todo por unos segundos, entonces vio la figura que se encontraba ya más cerca de  él; poniéndose nervioso por esto, dio un pequeño paso hacia atrás por la sorpresa, pasó saliva y emitió un pequeño gemido y se volvió a ocupar del carro tratando  de nuevo de echarlo a andar y mientras movía los cables en el motor, en medio de la oscuridad que lo rodeaba, ya nervioso, levantó de nuevo la vista, reconociendo la figura de la sombra blanca que en ese momento ya identificó como una mujer que se encontraba en la orilla del puente, a unos 30 metros de donde él estaba.

Preocupado, ya que él no creía en nada de eso, poniéndose nervioso y aumentando su desesperación por la situación, mientras seguía moviendo el cableado de su viejo carro tratando de encenderlo, volvió a escuchar ese susurro en el viento que ahora sí identificó como  una mujer que le llamaba por su nombre…

-Leiinnaadd – en una fría y apenas audible  voz hueca, que se sentía fría al oído y se volvía parte del  aire que corría.

La lluvia comenzó a arreciar un poco mas escuchándose el golpeteo de las gotas de agua en el carro haciendo más tétrica la situación.

Leinad, maldiciendo su suerte, comenzó a pensar en salir corriendo de ahí y regresar por el carro al día siguiente, pero en un último intento y después de levantar la vista por encima del cofre, vio que la mujer ya se encontraba unos metros más cerca de donde él estaba, por lo que golpeó el motor mientras le gritaba.

-¡Prende maldita porquería!

En ese momento se encendieron las luces del puente, a la vez que volvía a escuchar el susurro de la mujer diciendo su nombre. Pero esta vez en su oído como si le tuviera a su lado, a la vez que se vio y escuchó un estruendoso relámpago, de la tormenta que se desataba ya encima del lugar, iluminándolo todo; Leinad, en un movimiento rápido, giró viendo que no había nadie.

Ya con las luces del puente prendidas, se dirigió rápido al encendido del auto y girando la llave  el carro encendió; sonriendo y volteando a todos lados no viendo a la mujer,  cerro el cofre y subió de nuevo a el carro, aceleró para salir del puente y sin prender las luces, enfiló rumbo a su casa y mientras volteaba al puente por el retrovisor, siguió acelerando, la lluvia arrecio en ese momento, en medio de los truenos de la tormenta que iniciaba…

Escuchó la voz femenina llamarlo por su nombre:

-Leinad – en un susurro apenas audible, a la vez que sintió una mano fría que le acariciaba el cuello y el cabello, volteó al espejo retrovisor y vio que ella iba en el asiento trasero: una bella mujer sentada en el asiento de atrás con una sonrisa viéndolo a los ojos por el espejo.

Él, desconcertado, pensando mil cosas en un segundo, no dejaba de verla en el espejo sin poner atención en el camino. En un instante el bello rostro de la mujer de blanco se transformo en el rostro desfigurado de alguien muerto, mostrando partes del cráneo y su ropa estaba desintegrándose.

Entonces ella dio un alarido lastimero que aturdió a Leinad, quien dando un grito por el miedo y la desesperación pisó el acelerador inconscientemente, mientras se movía para quitarse la mano helada que sentía en la nuca y no atendió la curva pronunciada ni el auto que venía en sentido contrario, chocando de frente con éste.

Una hora después, los paramédicos se encontraban tratando de rescatar a los dos pasajeros del carro que choco contra Leinad.

Él, se encontraba parado en la orilla de la carretera, con su cara ensangrentada, viendo lo que sucedía: los paramédicos y policías caminando a su alrededor y él con la mirada fija en su viejo carro…donde estaba su cuerpo deshecho. a un lado del carro estaba parada la mujer de blanco, quien le extendió una mano llamándolo.

Leinad, avanzó le tomó la mano y se fueron rumbo al rio…

Una cruz más, está en la curva donde murió Leinad.

Dicen que se durmió al volante.

Cuentan que cuando vas por el camino en la noche, solo  y en el puente tu carro se detiene, sólo espera que la mujer de blanco te llame por tu nombre…

Mexicali, B. C. y Ciudad de México, 22 de junio, 2016, ©2016 Danshaggy, Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

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EN BUSCA DE LA ESPIRITUALIDAD Y LA LUZ

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