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EL SÉPTIMO BESO

Ahora que José José está en boca de todos por su serie “José José, el Príncipe de la canción, en Netflix, reblogueo este cuento mío, al que Danshaggy le dio el final perfecto, la cereza del pastel. Hacíamos un muy buen equipo (modestia aparte).
Y si José José es mi ídolo, Danshaggy es el amor de mi vida, aunque ya haya dejado este mundo.

serunserdeluz

 © condiciones al final.

En  un blog amigo:

https://historiasmalditas.wordpress.com/2016/05/31/52-retos-de-escritura-de-el-libro-del-escritor/

Me encontré con unos RETOS LITERARIOS, sin entrar a ellos, elegí el # 7 para escribir un cuento que salió de corrido, en poco más de 2 horas, el reto es: “Escribe una historia ficticia sobre un encuentro con una celebridad en un restaurante”.

ENCUENTRO CON MI ÍDOLO

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José José era mi obsesión, desde que, siendo una niña, lo vi y lo escuché en su éxito mundial del II Festival de la Canción Latina, cantando “El Triste”, conforme salían sus discos, sólo esos escuchaba, día y noche y no oía nada más; mis vecinos me odiaban y mi familia apenas me soportaba.

8951228

Cuando años después, en 1991, estando él en la cúspide de su fama,  me lo encontré en un restaurante elegante y de moda, fue como la realización de un sueño.

Jose_Jose_-_Promesas

Iba yo con dos amigos, él estaba con su representante y…

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EL SÉPTIMO BESO

 © condiciones al final.

En  un blog amigo:

https://historiasmalditas.wordpress.com/2016/05/31/52-retos-de-escritura-de-el-libro-del-escritor/

Me encontré con unos RETOS LITERARIOS, sin entrar a ellos, elegí el # 7 para escribir un cuento que salió de corrido, en poco más de 2 horas, el reto es: “Escribe una historia ficticia sobre un encuentro con una celebridad en un restaurante”.

ENCUENTRO CON MI ÍDOLO

images-1

José José era mi obsesión, desde que, siendo una niña, lo vi y lo escuché en su éxito mundial del II Festival de la Canción Latina, cantando “El Triste”, conforme salían sus discos, sólo esos escuchaba, día y noche y no oía nada más; mis vecinos me odiaban y mi familia apenas me soportaba.

8951228

Cuando años después, en 1991, estando él en la cúspide de su fama,  me lo encontré en un restaurante elegante y de moda, fue como la realización de un sueño.

Jose_Jose_-_Promesas

Iba yo con dos amigos, él estaba con su representante y otro hombre, que nunca supe quién era.

Al verlo me detuve a medio camino hacia nuestra mesa, me quedé paralizada, con la boca literalmente abierta, él estaba de lado y no me vio (afortunadamente). Me alegré de llevar ese vestido rojo, sexi, que me quedaba tan bien.

Nos dieron una mesa cercana a la suya y, por supuesto, escogí el asiento que quedaba casi frente a él, aunque tratando de cerrar la boca, lo que no pude fue hacer que mi rubor se notara menos, tenía yo la cara ardiendo.

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Ordenamos, yo no dejaba de dirigir mi mirada hacia él, en una de esas, él medio volteó hacia mí y se cruzaron nuestras miradas, contuve el aliento, él, deteniendo lo que estaba diciendo, y clavando su mirada en la mía, me sonrió, e hizo un guiño, además hizo un ademán de saludo. bajando un poco la cabeza, casi imperceptible, pero notorio. Respondí de la misma forma.

Después de un ir y venir de intensas miradas y sonrisas pícaras entre los dos, y de que yo ya no atendía lo que me decían mis amigos y a todo respondía con un “aja…” él levantó las cejas y dirigió su vista intencionadamente hacia la puerta que conduce a los baños, yo asentí, con un pequeño movimiento de cabeza; él se levantó y se dirigió hacia allá, al pasar a mi lado, alentó su caminar… y casi rozó mi brazo con su mano, sentí que se hundía el piso y mi respiración se aceleró, al mismo tiempo que recibía una descarga de energía que me hizo captar su intención.

Tuve que apurar media copa de agua para tratar de calmarme y disculpándome con mis acompañantes, me levante y lo seguí;

Como siempre, algunas cabezas voltearon a mi paso, las ignoré, ¡yo iba a hablar con mi ídolo!

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Me estaba esperando detrás de las elegantes cortinas, se encaminó hacia mí, que otra vez me había quedado paralizada, se me acercó, me tomó del brazo y me hizo dar dos pasos hacia una columna, me saludo de doble beso en las mejillas.

-Hola, ¿nos conocemos, verdad?

-Yo a ti, por supuesto.

-Pero te me haces conocida, en serio, no es una frase hecha.

-Pues sólo que me recuerdes de cuando te he ido a ver, más bien a escuchar- risa nerviosa – bueno las dos cosas, casi siempre he estado en primera fila  o en mesa de pista.

Me tomó la mano.

-Humm, creo que de algo más íntimo ¿se nos habrá olvidado?

Carcajada nerviosa – ¿A míi? ¡Nooo!, ¿cómo crees que olvidaría algo así? lo que sí ha pasado es que de una u otra manera me has distinguido cuando estás cantando.

-¿Sí? entonces si eres especial, ya lo ves, -sonrió pícaro, mientras apoyaba la mano en la pared, quedando muy cerca de mi y dejándome encerrada entre su brazo y la columna junto a la que estábamos

– Recuérdame ¿que es lo que he hecho?

Toda tímida y sonrojada, tomando aire le dije

-Bueno…  me has mandado besitos disimulados o te has parado frente a mi mesa y cantado una canción completa.

-¿Ya ves? algo más había, por eso te recuerdo, una mujer como tú nunca podría pasar desapercibida.

Me miró intensamente a los ojos por algunos segundos y con voz más sensual, mientras se asomaba por la ranura de las cortinas viendo hacia mi mesa, preguntó.

-¿Hay alguien que se enoje si te doy un beso?

-Nnnooo – respiración más acelerada.

Se acercó a mí – Pero tendrán que ser 7 besos o nada

-¿7? ¿por qué?

-Superstición, para que nos volvamos a ver ¿sí?

Cerré los ojos y me dio 6 besos cortos, tiernos, apenas rozando mis labios, pero yo sentía mis rodillas como de agua, dándose cuenta me tomó por la cintura y dijo.

-Ahora va el bueno- lentamente, apretándome la cintura, me acercó más a él, sus labios tan cerca de los míos, sin tocarme, me atormentaron unos eternos segundos, yo sentía su aliento, su calor, mientras entraba por mi nariz su olor, que ya me embriagaba, él seguía sin darme el beso anhelado. yo pasé mis brazos por su cuello y cerré los ojos, abrí los labios, mi respiración se detuvo, junto con mi corazón; sentí su deseo… pero un hombre canoso entró y él tuvo que soltarme y voltearse para que no lo reconociera. Yo sentí como un desgarramiento, me recargué en la columna, tratando de recuperar el aliento, el intruso se quedó en la puerta del baño, con su mano en el pomo, sin abrirla y mirándolo fijamente, buscando su rostro, ¡lo había reconocido!

Él me tomó del brazo con mano temblorosa, me hizo dar unos pasos alejándonos del curioso  y me susurró al oído.

-Disculpa, tengo que actuar  con discreción porque no quiero que me reconozcan, hay muchos paparazzi en todos lados y no quiero darles material, créeme que no te gustaría ver tus fotos en tabloides y que la gente esté encima de ti, preguntándote sobre mí .

Me tomó ambas manos (mientras mis piernas estaban como cuerdas todas flojas) y con mirada de súplica me dijo.

-Por favor dale tu número de teléfono al mesero, yo le diré que discretamente me lo entregue y te llamo, esto no va a quedar así, me debes un beso… – y guiñándome el ojo y se fue rápidamente.

Yo entré al baño a recuperarme ¡qué emoción! ¡Y más frustración! Sollocé un buen rato por tan encontradas emociones respiré profundo y me maquillé para que no se notara mi exaltación, saqué una de mis tarjetas de presentación con mí número de teléfono, le puse una nota de que viajo mucho y salí con ella en la mano para dársela al mesero.

Me dirigí a mi mesa, caminando tranquila, como si nada hubiera pasado.

Me senté con toda calma y miré hacia él, que tenía una copa de vino tinto en la mano y dedicándome el brindis discretamente, la inclinó hacia mí, yo tomé la mía y le correspondí el brindis, llegó un mesero a servirme más vino y saludando me hizo un gesto de complicidad, entendí que ya sabia, y había sido alertado por mi amado ídolo; disimuladamente puse la tarjeta en la mesa, él, acostumbrado a ese tipo de comunicaciones discretas, con toda su habilidad la tomó y más tarde vi cómo se la entregó a él, quien me lanzó una mirada de entendimiento, una sonrisa y se puso disimuladamente la tarjeta sobre el corazón.

Cuando pedimos la cuenta, él hizo lo mismo, pero nuestro mesero ya no estaba y cuando nosotros salimos, a él no se la habían traído, ya casi en la puerta sólo volteé a verlo una vez, él me lanzó un beso frunciendo los labios.

Desde que llegué a casa he estado esperando que me llame… (porque nos falto un beso… el mejor… el mas apasionado) y sigo esperando (porque él dijo que nos debíamos ese beso) y esperando… y José José no me llama…

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El video de su primer éxito

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© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

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