Archivo de la categoría: CUENTOS

Algunos de mis cuentos por publicar en “UNOS CUANTOS CUENTOS” y “OTROS CUANTOS CUENTOS”

“EL COLLAR ROBADO”

Cambiando un poco la temática: un cuento que escribí hace años. Espero les guste.

A que vine

 

“EL COLLAR ROBADO”

30 DE JUNIO DE 1520, MÉXICO TENOCHTITLAN.

 

Durante la conquista de la Gran Tenochtitlan, cuando los españoles huían, hecho histórico conocido como la “Noche Triste” (para los españoles), Pedro de Alvarado, uno de los más feroces capitanes de Cortés, efectuó un gran salto en uno de los puentes del camino a Tlacopan, el famoso salto de Alvarado en el ahora llamado Puente de Alvarado.

En ese salto, perdió casi todo lo que él llevaba del tesoro robado a Moctezuma, pero pudo salvar un collar de chalchihuites, como los aztecas llamaban al jade, pero también a las esmeraldas; este collar era de esmeraldas.

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Como ladrón que roba a ladrón, tiene 100 años de perdón, Pedro no entregó el collar a Cortés para ser repartido entre el Rey, Cortés y los soldados.

 Ver:

https://aquevineadondevoy.wordpress.com/2014/03/10/yo-ame-a-pedro-de-alvarado-2-a-precuela-hernan-cortes-y-la-noche-triste/

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Después de la Conquista, ya instalados los españoles…

Ver la entrada original 1.541 palabras más

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EL PUENTE

Hola amig@s, ahora les comparto un cuento de Danshaggy en el cual colaboré un poco; lo subo porque me intriga que él tuviera esa “obsesión” por escribir cuentos sobre este tema, que descubrirán en el desarrollo de éste.

EL PUENTE

Leinad vivía en las afueras de la ciudad, en la periferia, era una persona algo escéptica, él decía que no creía en cosas sobrenaturales, ya que eran mentira; en primer lugar, porque nunca había visto nada en su vida, por eso siempre se reía de sus compañeros cuando contaban las historias de terror, y en segundo lugar, decía que todo tiene una lógica y una razón, pero que cada quien era libre de creer en lo que pensara que era real.

Él trabajaba en un almacén que se encontraba ya dentro de la ciudad, a unos kilómetros de su casa; siempre trabajaba de mañana, no le gustaba el turno de la tarde, y rara vez aceptaba quedarse más tiempo; pero ese día por falta de personal y estar en inventario, aceptó el quedarse más allá de las cinco, que era la hora en que él salía.

Ese día salió de  trabajar después de las diez de las noche, era una noche húmeda de invierno, había amenaza de tormenta, el cielo estaba nublado, y cruzado por relámpagos,  caía algo de llovizna, nada fuerte aún, así que subiendo a su carro y maldiciendo su suerte, se enfiló hacia su casa; salió de la carretera principal tomando el camino vecinal, avanzaba en la soledad de la noche, pensando en las historias que de ese camino contaban; algunas exageradas por los accidentes que ocasionalmente sucedían; había varias cruces en los costados del camino, “es raro (iba pensando),  tantos accidentes, a pesar de que se encuentra bien iluminado”, él casi no andaba tarde por ese camino, siempre que pasaba por ahí, era con luz de sol, pero esa noche…

Iba despacio, viendo el camino y pensando en su día y en llegar a su casa antes de que comenzara la tormenta como tal;  de pronto  algo llamó su atención: las luces a su paso, comenzaron a apagarse; “¡qué extraño!” pensó; pero no le dio demasiada importancia. Al voltear por el espejo, vio que atrás de él se volvían a encender,  iba pensando en lo raro de la situación, cuando de pronto su auto comenzó a fallar y se apagó.  Maldiciendo su suerte se orilló en el camino quedando justo en el puente que cruzaba un río profundo, a medio camino de su casa.

Bajando del auto, volteo a ambos lados de la carretera, pero no vio otro vehículo en el camino; notó que las luces del camino adelante y atrás de él estaban encendidas, pero en el puente estaban apagadas, encogiéndose de hombros, dijo en voz baja:

-Maldita suerte, tenían que fundirse las luces justo donde se me descompone el carro.

Sacó una lámpara que traía en su guantera y se puso a revisar su auto, cuando sintió un aire frío que le envolvió y escuchó un ininteligible susurro en el oído que le hizo alzar la vista y mirar hacia los lados y a ambos bordes del puente, aluzando con su lámpara hacia el río.

En uno de los lados del puente vio la figura blanca de alguien parado en la orilla del río, le pareció extraño ya que por la inclinación del costado del río no era posible que alguien estuviera de pie ahí. Dejando el carro a un lado, avanzo a la barandilla del puente y tratando de ver mejor se cubrió los ojos para evitar que le cayera la lluvia y aún aluzando hacia allá, no podía distinguir bien, por lo que pensando que su mente le jugaba una mala pasada, se  abocó a seguir con el auto.

Estaba agachado, en el frente de su carro moviendo algunos cables queriendo encenderlo, cuando volvió a escuchar ese susurro ininteligible; enderezándose  aprisa y sujetando fuertemente la lámpara comenzó a revisar a los lados del puente, y algo lo hizo voltear  de nuevo al río, cuando de pronto un relámpago retumbó y destellando cruzó el cielo iluminándolo todo por unos segundos, entonces vio la figura que se encontraba ya más cerca de  él; poniéndose nervioso por esto, dio un pequeño paso hacia atrás por la sorpresa, pasó saliva y emitió un pequeño gemido y se volvió a ocupar del carro tratando  de nuevo de echarlo a andar y mientras movía los cables en el motor, en medio de la oscuridad que lo rodeaba, ya nervioso, levantó de nuevo la vista, reconociendo la figura de la sombra blanca que en ese momento ya identificó como una mujer que se encontraba en la orilla del puente, a unos 30 metros de donde él estaba.

Preocupado, ya que él no creía en nada de eso, poniéndose nervioso y aumentando su desesperación por la situación, mientras seguía moviendo el cableado de su viejo carro tratando de encenderlo, volvió a escuchar ese susurro en el viento que ahora sí identificó como  una mujer que le llamaba por su nombre…

-Leiinnaadd – en una fría y apenas audible  voz hueca, que se sentía fría al oído y se volvía parte del  aire que corría.

La lluvia comenzó a arreciar un poco mas escuchándose el golpeteo de las gotas de agua en el carro haciendo más tétrica la situación.

Leinad, maldiciendo su suerte, comenzó a pensar en salir corriendo de ahí y regresar por el carro al día siguiente, pero en un último intento y después de levantar la vista por encima del cofre, vio que la mujer ya se encontraba unos metros más cerca de donde él estaba, por lo que golpeó el motor mientras le gritaba.

-¡Prende maldita porquería!

En ese momento se encendieron las luces del puente, a la vez que volvía a escuchar el susurro de la mujer diciendo su nombre. Pero esta vez en su oído como si le tuviera a su lado, a la vez que se vio y escuchó un estruendoso relámpago, de la tormenta que se desataba ya encima del lugar, iluminándolo todo; Leinad, en un movimiento rápido, giró viendo que no había nadie.

Ya con las luces del puente prendidas, se dirigió rápido al encendido del auto y girando la llave  el carro encendió; sonriendo y volteando a todos lados no viendo a la mujer,  cerro el cofre y subió de nuevo a el carro, aceleró para salir del puente y sin prender las luces, enfiló rumbo a su casa y mientras volteaba al puente por el retrovisor, siguió acelerando, la lluvia arrecio en ese momento, en medio de los truenos de la tormenta que iniciaba…

Escuchó la voz femenina llamarlo por su nombre:

-Leinad – en un susurro apenas audible, a la vez que sintió una mano fría que le acariciaba el cuello y el cabello, volteó al espejo retrovisor y vio que ella iba en el asiento trasero: una bella mujer sentada en el asiento de atrás con una sonrisa viéndolo a los ojos por el espejo.

Él, desconcertado, pensando mil cosas en un segundo, no dejaba de verla en el espejo sin poner atención en el camino. En un instante el bello rostro de la mujer de blanco se transformo en el rostro desfigurado de alguien muerto, mostrando partes del cráneo y su ropa estaba desintegrándose.

Entonces ella dio un alarido lastimero que aturdió a Leinad, quien dando un grito por el miedo y la desesperación pisó el acelerador inconscientemente, mientras se movía para quitarse la mano helada que sentía en la nuca y no atendió la curva pronunciada ni el auto que venía en sentido contrario, chocando de frente con éste.

Una hora después, los paramédicos se encontraban tratando de rescatar a los dos pasajeros del carro que choco contra Leinad.

Él, se encontraba parado en la orilla de la carretera, con su cara ensangrentada, viendo lo que sucedía: los paramédicos y policías caminando a su alrededor y él con la mirada fija en su viejo carro…donde estaba su cuerpo deshecho. a un lado del carro estaba parada la mujer de blanco, quien le extendió una mano llamándolo.

Leinad, avanzó le tomó la mano y se fueron rumbo al rio…

Una cruz más, está en la curva donde murió Leinad.

Dicen que se durmió al volante.

Cuentan que cuando vas por el camino en la noche, solo  y en el puente tu carro se detiene, sólo espera que la mujer de blanco te llame por tu nombre…

Mexicali, B. C. y Ciudad de México, 22 de junio, 2016, ©2016 Danshaggy, Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

*

EL SR. JOHNNY

Este cuento, aunque lo publiqué yo, no es totalmente de mi autoría, es de Danshaggy, él me lo pasó esta mañana, como cuando antes me leía lo que había escrito para publicar.  Tuve que retenerlo en la memoria y capturarlo de inmediato, sé que está escrito a mi estilo y no al de Danshaggy, pero no tengo tan buena memora para recordar palabra por palabra lo dicho por él, seguramente hubo cambios, sé que aumenté algunas situaciones para el final, así que, de hecho, es otra coautoría; la idea original es totalmente de él, yo hace mucho que no trato estos temas (ni me gustan), pero eran sus favoritos.  Espero les guste nuestro cuento.

Silvia.

***

OTOÑO DE 1888,

Por la estrecha, lodosa y oscura callejuela de Whitechapel, en Londres,  caminaba apresuradamente una joven que acababa de dejar, encerrados con candado, a sus tres pequeños niños; se dirigía al cercano Bar de Pete, volteando hacia todos lados, con miedo de encontrarse con el asesino de prostitutas que ya había matado a unas cuantas.

Al salir de su cuchitril, como todas las noches, se puso la máscara de alegría que su trabajo requería. Ésta iba sobre la otra máscara, la de maquillaje barato y exagerado, que apenas cubría el cutis de sus 20 años, aún lozano a pesar del tiempo que llevaba en esas andanzas. Mientras caminaba a su trabajo, le pareció escuchar no muy lejos a un lobo aullando a la luna llena.

Después de caminar tanto, llegó, como siempre, con los zapatos enlodados y los pies húmedos, abrió de un golpe la puerta del apestoso bar y gritó alegremente.

-¡Hola concurrencia! Rosalie está aquí.

Fue recibida con vítores y aplausos y muchos vasos se levantaron para brindar por ella, que sonriendo se dirigió al bar, se colocó atrás de la barra, se puso su delantal blanco y se alistó para servir las cervezas y el licor que le fueran solicitados.

Rosalie notó sin mucha alegría que la observaba el caballero que hacía dos noches había empezado a venir, usaba una vestimenta que quería ser elegante y que en ese ambiente más o menos lo lograba, aunque la abundancia de su pelo y barba no se lo permitía del todo. Cuando se cruzaron sus miradas, él levantó el vaso vacío y le indicó que quería más whiskey, ella sirvió una copa y se la llevó al caballero.

En el camino, se cruzó con Pete, el dueño, su odioso patrón y tío.

-Bájate el escote y muéstrale la pechuga al Sr. Johnny, que es la tercera vez que viene y hoy acaba de llegar y anda espléndido con las propinas- y al alejarse le dio la concebida nalgada con la reacción de siempre por parte de ella: apretar los ojos y los labios para no decirle un improperio al “patrón”, porque necesitaba mucho el trabajo.

Las prostitutas que trabajaban en el bar no hubieran tenido ningún problema en mostrarle al Sr. Johnny lo que éste quisiera, a eso se dedicaban, y él era menos patán que los otros, pero él sólo requería a Rosalie; únicamente quería que ella le sirviera, para manosearle lo que alcanzara antes de que ella pudiera retirarse, porque ella lo esquivaba, algo que él no entendía, pero lo hacía empeñarse más en tenerla.

Rosalie suspiró con resignación, se bajó más el escote y se acercó a la mesa del caballero que la esperaba con una siniestra sonrisa.

Alzó la vista y vio a su patrón observándola y haciéndole señas para que se agachara más y le enseñara los pechos al ahora cliente favorito. Así lo hizo.

-Buenas noches, Rosalie – con voz acariciadora.

-Buenas noches, Sr. Johnny.

-Sólo Johnny, olvida lo de “señor” y tutéame.

-Está bien, Johnny, estás servido, ¿alguna otra cosa?

-Sí, tráeme otro trago y siéntate conmigo a tomártelo, acompáñame.

-No puedo sentarme con los clientes, ‘toy sirviendo.

Él señala las otras mesas – ¿y ésas? ¿están acompañando a la clientela, no?

-Yo soy la cantinera, ellas… no- la triste verdad de que ella a veces también se prostituía, la hizo entristecer.

-Bueno, no importa, ya hablé con Pete y no tiene inconveniente, con la mirada señaló al patrón y éste le hizo una seña afirmativa a Rosalie para que se sentara con el nuevo cliente consentido del bar, después de que le hubiera dado una jugosa propina por ponerle a Rosalie al alcance.

-Ella fue a la barra y se sirvió un vaso de cerveza con la mayor cantidad de espuma posible, porque no quería que se le subiera a la cabeza, puesto que llevaba día y medio sin comer.

-¡Sírvete un whiskey, que no se diga que soy tacaño!

-Gracias, Johnny, prefiero la cerveza, pero si me quieres invitar algo más, que sea comida, hoy no me dio tiempo de comer.

-Lo que quieras, muñeca, tráete un bocadillo o uno de esos potajes que sirven aquí.

Rosalie, ni tarda ni perezosa fue a servirse algo caliente que le llenara el estómago, agradecida por poder hacerlo, ya que la noche anterior, todas las sobras de comida y pan que pudo llevarse, apenas alcanzaron para sus tres niños, que a pesar de comer tan poco estaban creciendo mucho y aunque los dos pequeños heredaban la ropa del respectivo hermano mayor, el primogénito no tenía de quien heredar los harapos, así que a ella ya le tocaba ir a la iglesia a pedir ropa para los chamacos, lo que no sabía, era cómo iba a pagar la renta de su cuartucho, ya que su hombre, acababa de abandonarla.

Mientras Rosalie se servía y regresaba con Johnny, de las otras mesas ojos envidiosos la observaban. Lizzie y Mary, sentadas en la mesa contigua a la de Johnny, atendiendo a dos borrachos no pudieron aguantarse y comentaron.

-¿Y ésta por qué tiene trato especial? – dijo Mary, siguiéndola con la vista, mientras acariciaba la pierna del hombre con quien estaba.

-Si eres sobrina del patrón y tienes 20 años, te tocan los mejores fulanos- dijo Lizzie limpiándose la espuma de la cerveza con el dorso de la mano y dándole un beso lleno de cerveza a su cliente en turno.

-Pero mira, que conseguirse a ese tipo, dicen que es médico, llega en carruaje y ve cómo se viste y ella se da el lujo de hacerse la difícil, jajaja – dijo Mary, quien después de una despreciativa mirada hacia Rosalie, se volvió a ocupar del parroquiano que estaba atendiendo, le dio un beso y le preguntó.

-¿Me invitas otra cerveza, papacito?

Lizzie se quedó pensando: “si es médico, ¿será por eso que huele a sangre?”, pero ya no dijo nada y siguió atendiendo al hombre que la tenía sentada en sus piernas.

Rosalie llegó a la mesa con su plato y sin más preámbulos se sentó a devorar el potaje con grandes pedazos de pan. El caballero la observaba divertido, “si tiene tanta hambre, será presa más fácil”, pensaba; no concebía que ésta se le resistiera, cuando cualquiera de las otras rameras se iban con él a la primera invitación, pero por eso era que más la deseaba, más se le antojaba.

Cuando Rosalie terminó de comer agachada sobre el plato, se incorporó y lo miró a los ojos.

-Gracias, Johnny.

-De nada, preciosa, para eso estoy, para cumplirte todos tus caprichos –. Al escuchar esto, ella se retrajo un poco – Ahora ven, sírveme otra copa, pero aquí, cerquita –dijo él con el vaso en la mano.

Rosalie se levantó, tomó la botella y le sirvió otra copa, el olor que él despedía la repelía, olía peor que los otros borrachos, pero se acercó de todos modos. Sus compañeras le decían que se daba el lujo de elegir con quien se iba, porque tenía el trabajo de mesera que le dio su tío, las otras meretrices no tenían esa ventaja; pero esta vez, el tío se lo había ordenado, así que tenía que hacerlo.

Johnny la tomó por la cintura y la sentó en sus piernas, mientras con la otra mano hurgaba dentro de la escotada blusa. Ella se revolvía tratando de zafarse, pero él la tenía bien sujeta y empezó a besarle los pechos que tanto se le antojaban. Rosalie, al no ver otra escapatoria, le arrojó el whiskey del vaso a los ojos.

-Maldita ramera – gritó Johnny, soltándola y tratando de secarse los ojos, lo que ella aprovechó para salir corriendo, chocando con el patrón en su camino hacia la puerta. Éste sin saber qué había pasado, no la detuvo, porque fue a atender al cliente que gritaba y pataleaba con su pierna propia y con la de palo golpeteando en el piso.

En cuanto se secó los ojos, Johnny salió corriendo tras de Rosalie, sin hacer caso de Pete, que no entendía lo que había pasado mientras él estaba en la trastienda.

Rosalie corría desaforadamente, empujando a quienes se le atravesaban. Corrió un buen trecho, llegó a su casa y quiso entrar, pero recordó que había dejado las llaves del candado atrás del mostrador, así que siguió su carrera, sin fijarse que se estaba internando en la más tenebrosa y peligrosa zona del barrio, aunque por ser noche de luna llena no se veía tan lóbrego.

Tres prostitutas le cerraron el paso, no iban a permitir que viniera una extraña y para mayor peligro, joven y hermosa a invadir su territorio. Rosalie les rogó.

-¡Por favor! ¡déjenme pasar!, me viene persiguiendo un fulano.

-Pues que te alcance, pero en otro lado perra, aquí no entras.

Una nube cubrió la Luna llena, dejando todo a oscuras y mientras discutían, Rosalie escuchaba cada vez más cercano el “toc… toc… toc” de la pata de palo de Johnny; se hincó a pedirles compasión, pero ellas se negaban y en eso llegó él, la tomó del brazo levantándola casi en vilo y dijo con una sonrisa a las rameras.

-Gracias hermosas damas, por detener a mi amada, se portó mal y debo castigarla –con su otra mano sacó tres monedas, que entregó, una a cada una, a la vez que preguntaba.

-¿Por otra moneda, alguna de ustedes, mis apreciables damitas, podría proporcionarme un lugar para castigar la travesura de mi niña?

Rosalie trataba de zafarse gritando y pataleando, pero infructuosamente, él la tenía bien agarrada.

Mimí, la mujer de en medio, la mayor y más harapienta, le arrebató la moneda.

 

–Pos sígueme, mi casa est’aquí enfrente, puedes usarla toda la noche, si gustas.

 

Le abrió la puerta, los dejó entrar y mientras Rosalie seguía luchando por zafarse, Mimí la cerró con una carcajada.

Esa noche ya no tendría que trabajar y además podría emborracharse a placer. Tomó a las otras dos del brazo y se encaminaron al bar más cercano, todas felices por la noche de descanso que tenían delante.

Desde el cuchitril en el que estaban luchando Johnny y Rosalie, se escuchaban gritos de mujer y gruñidos, pero en ese lugar no era extraño cualquier clase de ruidos y escándalos, así que nadie lo tomó en cuenta.

Antes del amanecer, cuando las tres prostitutas borrachas regresaban de su noche libre, Mimí abrió la puerta de su casa y un enorme lobo de tres patas, con el hocico ensangrentado se le echó encima, huyendo a toda velocidad.

Adentro, Rosalie yacía ensangrentada y sin entrañas…

Lo demás es historia, que aún se cuenta en Whitechapel.

 

***

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Puedes copiar y publicar este artículo, siempre y cuando incluyas el enlace al artículo, no lo uses con fines comerciales, no lo modifiques, no quites el © ni este último párrafo que le sigue, enlaces incluidos.

Imágenes tomadas de internet

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URIEL

Hola amigos, hoy vengo con algo muy especial, la hermosa hija de Danshaggy (Danny) me ha hecho un regalo muy bello: el último escrito de su papá, aún en borrador, pero me pidió que lo publique tal como está y eso haré.

Lo importante de este escrito es que fue una especie de premonición (él tenía muchas), ya que relata casi paso a paso lo que le sucedió un poco más tarde, ya que falleció después de un accidente que lo envió al hospital, donde estuvo en coma 9 días, en mayo.

Como ya saben, si me han leído este último mes, él se comunica conmigo y, entre otras muchas cosas, me ha dicho más o menos lo que escribió con anticipación, cosas que ya sabíamos, pero que estando en Intervidas, ha confirmado.

En fin, les presento el último escrito de Danshaggy, que desgraciadamente fue premonitorio.

URIEL

Uriel, fue alguien que se encontraba solo en un hospital, se encontraba en una ciudad extraña donde sufrió un accidente por lo que tenía casi dos semanas en coma, no tenía familia en ese extraño lugar, no contaba con familia así que solo se encontraba en el mundo con sus amigos y su verdad.

Después de muchos días en coma, en su mente cerrada a la realidad, con su mente en obscuridad absoluta, y silencio, de repente todo comienza a verse ante una luz tenue, mortecina, en la que se ve en medio de la ciudad, solo; sin nadie más, avanza por las calles rumbo a su casa, se ve descalzo, pero eso no le detiene, sintiendo lo frio del ambiente piensa en lo raro que es esto ya que se encontraban en pleno mayo por lo que no debería hacer frio, en el parque que lo separaba de su casa de pronto se topa con una barrera o cristal que le separa de su casa, y tocando esta barrera de energía, ve que se acerca su amigo ya fallecido, Sergio, quien fue su amigo de toda la vida, y la pérdida mas grande que había sufrido el ultimo año. En una visión onírica en la que se encuentran ambos separados por esta especie de cristal o barrera.

Al acercarse Sergio con una sonrisa le saluda y Uriel sonriendo también le pregunta qué es lo que pasa, a lo que Sergio, sonriendo sin mediar palabra, se sienta en el césped del parque invitando a Uriel a hacer lo mismo, comienza a hablar.

-Hola amigo, quiero que me escuches ahora que me han dado la oportunidad de venir a recibirte, escucha por favor; sé que es extraño pero no pensé que te vería tan pronto, ni tampoco llegué a pensar que el destino se cobrara tan rápido con ambos lo que llegamos a hacer en vida.

Lo que hemos hecho bueno y malo, lo que hemos dicho, mentiras y verdades, siempre se coloca en una balanza, todo se encuentra ahí.

Las mentiras que decimos en vida son ponzoñas y veneno que se clavan en el corazón de uno, las malas acciones que hacemos en vida se vuelven lastres que cargamos por la eternidad.

Pensamos que las mentiras pueden cubrir las verdades que no podemos sostener, que no podemos creer… y éstas nos llevan a tomar decisiones que a lo largo nos cuestan mucho, incluso la vida, y ahora por esas decisiones es que nos encontramos en esta línea que divide dos realidades. Yo, ya de este lado… y tú, aquí en el punto de transición.

Ahora, aquí, me siento avergonzado de las decisiones que tomé sin importar a quien afectaron… familia… extraños… amigos o desconocidos, pero eso ya no importa; porque lo hecho, hecho está.

Deja te platico de aquí, donde estoy, y donde tal vez pronto estarás… en realidad todos estaremos aquí alguna vez, pero deja vuelvo al tema.

Te diré que al principio, me sorprendió que en este lugar existe una ausencia de tiempo, esto por depender totalmente de él, recuerda que en vida con él regulamos el ritmo de la vida que llevamos; así como lo dividimos y asignamos horas donde no deberían existir, pero lo hacemos para poder llevar el ritmo de nuestras vidas; aunque en mi estado eso ya no importa, así que el tiempo se ha vuelto algo banal, sin sentido en la eternidad de este espacio.

Al principio pensé que estaba loco, y reaccionaba como si tuviera vida aún, por lo que en su momento me refugié en el interior de la noche perpetua, no aceptando y dándome cuenta que ésta te consume el propósito, igual que cualquier pasión y voluntad

Por eso vengo hoy a ti amigo, me encuentro ante ti con la claridad que me da la propia muerte; pero tranquilo, no vengo por ti. No vengo para llevarte, estoy aquí para que sientas y entiendas la energía y el fuego que aún conservas en tu cuerpo.

Y el peso enorme de tu preocupación que yo te di con mis palabras, con mis dudas que volviste tuyas. Quiero decirte que la verdad existe. Sí, querido amigo, existe, si eso es lo que aún buscas; pero quiero que entiendas una cosa, no hay justicia ni juicio divino, no existen las teorías teosóficas ni místicas que nos han enseñado…

Dios es sólo un nombre de los cientos de miles que en el universo se le han dado, es más de lo que de niños nos han enseñado, es más que una figura paternal o divinamente paterna, la verdad, querido amigo, la verdad es sólo una vasta muerte, un vacío infinito en el que te vuelves parte de todo y entiendes que no eres nada en realidad. Vuelve atrás amigo, no te orilles al abismo, ni dejes que el abismo se acerque a ti, despierta al sueño de la razón, y deja que ésta te enseñe algo más, que comprendas que lo divino y lo eterno es uno mismo, sin nubes ni alas, sólo eterno, así como es aquí: eterno, noche eterna que te envuelve, te abraza, y te cubre siempre, pero en ella se encuentra una paz, una serenidad, te permite pensar en lo que en tu vida ha valido la pena y tratar de recomponer tus errores, aunque la realidad es que ya es tarde para ello, ya no hay vuelta atrás.

Combate a los monstruos que hay dentro y fuera de ti, combátelos con la razón y la fuerza que la serenidad da.

Es tiempo de volver, porque si te extingues ahora, querido amigo; tu verdad se extinguirá como se extinguió la mía al extinguirme. En tu historia sólo el engaño sobrevivirá.

Vuelve. Querido amigo, vuelve…

Debes volver para que le des sentido a tu vida, para que tu verdad y parte de mi verdad prevalezcan, en la grandeza del mundo, y lo infinito del universo; una verdad es una piedra que sirve para asentar una razón, vuelve querido amigo para que tu verdad se vuelva la piedra de apoyo de alguien más.

*

Mexicali, B. C., Danshaggy.

 

En la triste realidad, ojalá hubiera vuelto, regresado del coma, pero ya era su hora y no volvió, E.P. D. mi amado Danny.

.***

Puedes ver algunas experiencias en Intervidas, la zona posterior a una muerte y anterior a una nueva reencarnación, en:

https://aquevineadondevoy.wordpress.com/2012/05/24/a-que-vine-a-donde-voy-capitulo-4-que-sucede-despues-de-la-muerte/

 

Cosas que me dijo Danny en espíritu, después de irse, semejantes a las que escribió en este “cuento”, puedes verlas en:

https://aquevineadondevoy.wordpress.com/2017/06/07/2-3-y-4-de-junio-2017-novena-y-decima-visitas-espirituales-de-danny-como-es-intervidas/

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© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Puedes copiar y publicar este artículo, siempre y cuando incluyas el enlace al artículo, no lo uses con fines comerciales, no lo modifiques, no quites el © ni este último párrafo que le sigue, enlaces incluidos.

Imágenes tomadas de internet y/o Pinterest.

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Y – 53307000

Y – 53307000

No todos estaban listos, Y – 53307000, sí.

Se habían estado preparando por un buen tiempo, pero había muchos demasiado jóvenes, apenas integrados al equipo y también algunos de mayor edad. Y – 53307000 sentía que estaba en su punto para practicar ese magnífico deporte que es la regata.

Pertenecía al equipo “Y”, número de serie: 53307000; en general, los miembros de este equipo no se llevaban bien con los del equipo “X”, pero tenían que convivir, por lo menos, antes de la contienda.

Súbitamente, mientras estaban descansando sonó la alarma: la competencia iba a empezar.

Todos se colocaron en el punto de partida, esperando el disparo de salida.

Estaban nerviosos, todos querían ganar, pero sólo habría un triunfador y los demás… morirían, ésas eran las reglas.

Después de unos minutos, que les parecieron eternos (sobre todo porque estaban acostumbrados a las falsas alarmas que los dejaban en la línea, agotados por la emoción, sin dar el disparo de salida), sonó la tan ansiada señal.

Salieron en estampida, chocando unos con otros, quedando muchos en la ruta.

Navegaron por un largo y estrecho y curvo túnel, impulsados por las olas a las que estaban acostumbrados, pero al llegar a la desembocadura el medio cambió totalmente, ahí era mucho más amplio y recto, pero lo más difícil era que el piélago en el que estaban navegando era mucho más denso y de temperatura más alta, en lugar de salado, era algo ácido y el aroma más fuerte, pero sumamente excitante y los estimulaba mucho más para llega a la tan ansiada y soñada meta.

Muchos murieron en esa etapa, sólo quedó el 50% de los que iniciaron la regata.

Tenían que remontar la corriente y, aunque eran empujados por el periódico y enorme oleaje, el recorrido era más difícil.

La cantidad de contendientes disminuía minuto a minuto, la lucha ya era a muerte.

Llegaron a un lago rojizo.

Y – 53307000 estaba aún vivo y se contaba entre los primeros mil competidores; sin embargo, el aliento le faltaba, sentía que ya no daba más, pero el instinto de supervivencia lo seguía impulsando, era ganar o morir.

Volvieron a entrar a otro túnel oscuro, era la curva final.

De pronto, todos los de la delantera se detuvieron… ¡ahí estaba! ¡la ansiada meta!, ¡por fin a su alcance!

Sintiéndose pequeñitos comprendieron la razón de haber arriesgado su vida. Fascinados contemplaron esa hermosísima luz dorada verdosa que emanaba de “ella”, cuyos lentos y voluptuosos movimientos ondulantes hacían que la luz fuera ora cegadora, ora tenue, a veces dorada, a veces verdosa y hasta violeta.

En segundos se recuperaron del impacto y se lanzaron “al ataque”, pero ella lo sintió así y se protegió con una capa de energía que electrocutó a los primeros que se le avalanzaron.

Y – 53307000 no fue uno de los primeros porque aún no había reaccionado del inicial deslumbramiento; cuando pudo recuperarse también se dirigió a ella, pero lentamente, aún fascinado por su belleza. Sus compañeros caían a montones tratando de penetrar la capa protectora, llegar al centro y ganar la vida, pero tratando de ganarla, la perdían. Él se acercó navegando pausadamente y sin violencia, sin tratar de rasgar el velo que la cubría, trató de acariciarla, sólo eso, acariciarla,; estaba tan embelesado por su belleza, que no trató de invadirla, sino tan sólo tocarla… ¡y el milagro se hizo! A su contacto, ella abrió su velo y le permitió entrar.

Adentro todo era luminoso, Y – 53307000 se sintió en su casa, supo que él pertenecía a ese maravilloso lugar.

Desde el centro una esfera de intensísima luz dorada lo invitaba a acercarse, él de pronto se vio emitiendo un maravilloso brillo blanco azuloso, se acercó y en el instante del primer y levísimo contacto se produjo una explosión cegadora, ambos se desintegraron por una millonésima de segundo para inmediatamente reintegrarse fundidos en uno sólo ¡el milagro había ocurrido!; se dividieron en dos, 4, 8, 16, una nueva vida comenzó: ambos estaban creando un nuevo ser:

¡La concepción se había logrado!

*** 

Ciudad de México, diciembre de 1989

 

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Puedes copiar y publicar este artículo, siempre y cuando incluyas el enlace al artículo, no lo uses con fines comerciales, no lo modifiques, no quites el © ni este último párrafo que le sigue, enlaces incluidos.

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Imágenes tomadas de internet y Pinterest.

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Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Autora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación y regresiones a vidas pasadas.

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“EL DIA DE LAS MADRES” CUENTO (La Desgracia de Ser Mujer 4)

© condiciones al final

“EL DÍA DE LAS MADRES”

CUENTO

No soy Pablo Neruda, pero…

“Puedo escribir los (…) cuentos más tristes esta noche.

Escribir por ejemplo: la noche está muy bella y (…) …¡me lleva la tristeza!

No, eso no es Neruda, tampoco es de una mujer decente, que además es esposa y madre, pero… es cierto.

Tengo tanto qué dar a los demás… y no doy nada.

Tengo tanto qué hacer por los demás… y no hago nada.

Tengo tanto qué sufrir, ¡y sufro!… ¿y sabes qué es lo peor de todo?, que, (con excepción de algunas feministas), todo el mundo me dice:

-¿Pero, qué te hace falta?

-¡Tú tienes todo!

-¡Muchas mujeres quisieran tener una marido como el tuyo!

-¡Cuántas quisieran unos hijos como los tuyos!

– A ti “hasta lo que no comes te hace daño” (esto me lo dicen porque me duele la situación de la mayoría de las mujeres en el mundo).

-No tienes preocupaciones económicas, tienes sirvienta, él te da todo lo que quieres…!

-Etc., etc., etc.

(Maldito etc.)

¿Y lo que tengo que aguantar?: sus parrandas, sus amantes, sus desprecios… ¿eso no cuenta?

¿Y, porque yo lo tengo “todo” (eso dicen mis “amigas”), creen que no me duele lo que no tiene la mayoría de las mujeres?

¿Aquéllas que tienen que trabajar como mulas de carga para que luego todos digan que “las mujeres no sirven para nada?

¿Y los hijos que tienen que traer al mundo sin desearlos y después tienen que aguantar, educar y mantener, porque el marido o ya se fue o no trabaja?

¿Y las violaciones que sufren por parte de sus propios maridos, amantes, parientes, jefes o desconocidos?

¿Y ese AMOR -con mayúsculas- que no pueden dar a nadie, porque nadie lo quiere ni entiende?

¿Y esa sensualidad que ningún pinche macho sabe, ni quiere, ni puede despertar? y que se muere dentro de la mujer sin haber florecido?

¡Qué triste es ser mujer!, ¡siempre eres menos!, te educan para ser menos, para servir, para sufrir, para callar, para parir, para que te humillen; pero, ¡eso sí!, un día al año (si tienes la suerte de ser madre), eres “reina por un día” y te regalan algo para que les trabajes mejor.

Pero cuando quieres acercarte a tus hijos, oírlos, conocerlos, aconsejarlos, ¿qué te dicen?:

-¡Ay, mamá, tú no entiendes nada!

Y te quedas con toda la carga de amor que quieres darles y, ¿qué haces con ella?, ¿la tiras?, ¿dónde?.  No, querida madre, la conviertes en amargura y te la tragas, como te tragas las parrandas, las borracheras y los golpes de tu marido; como te tragas que tenga amantes; como te tragas sus:

-Perdí la chamba, a ver qué haces para comer”, etc., etc., etc.

Dime, mujer, ¿sabes quién eres?, ¿qué eres?

Yo te lo voy a decir:

Eres el ser más desvalido de la tierra, el más menospreciado,

El que todo lo da y nada recibe, bueno… eso no es verdad, sí recibes algo, recibes golpes, recibes reproches, recibes humillaciones y desprecios y, si eres madre (y tienes suerte), ¡recibes una licuadora el 10 de Mayo!

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© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Puebla, Pue, 1986. Puedes copiar y publicar este artículo, siempre y cuando no lo uses con fines comerciales, no lo modifiques, no quites el © ni este último párrafo que le sigue, enlaces incluidos.

EL VIOLÍN

Hola amig@s, hoy quiero compartirles un cuento muy especial por varias circunstancias:

1)  Que fue el primer cuento que escribí.

2)  Que se refiere a la masacre de estudiantes que hubo el 2 de octubre de 1968 en la llamada “Noche de Tlateloco” en que policías, militares y otros grupos paramilitares, masacraron a cientos de estudiantes y personas simpatizantes de su movimiento, además de dejar miles de heridos  y desaparecidos, entre los que habían estado reunidos en un mitin en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, Ciudad de México.

 

3) Porque se trata de una niña, lo publico por el Día del Niño

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EL VIOLÍN

 

Séptimo cumpleaños de Tania, mientras sus amiguitos comen pastel en el comedor, ella va a la recámara de su madre a contemplar el violín que le pertenecía.

Lo contempla y recuerda la noche en que papi la llevó a Bellas Artes; había muchas gente, pero ella se sentía la más importante de todos. Su mami era la gran violinista Roel que iba a dar un concierto esa noche.

Cuando la vio salir al escenario y empezar a tocar, fue igual pero diferente a cuando se encerraba a tocar en casa. Ahora mucha gente la estaba escuchando. Tania estaba en éxtasis. Su madre le parecía una diosa resplandeciente a la que todos, incluida ella, tenían que adorar.

Cuando terminó el concierto y el público se levantó para aplaudirle , Tania se sentía como en un sueño: era a mami a quien le aplaudían y le gritaban:

-¡Bravo!

Ella no recordaba haber sido nunca tan feliz. Era septiembre de 1968, entonces tenía 6 años.

También recordó que después de ese día muchos muchachos y muchachas iban a su casa y se encerraban a platicar con mami y papi y después todos salían diciendo que iban a una manifestación.

Después… el 2 de octubre mami y papi salieron y no han regresado. Ahora le dicen sus abuelos que ya no van a regresar. Tania no entiende por qué y se pasa el tiempo contemplando el violín de mami, recordando aquella gloriosa noche, cuando aún estaban mami y papi…

Puebla, Pue. Septiembre de 1986.

 

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