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EL PUENTE

Hola amig@s, ahora les comparto un cuento de Danshaggy en el cual colaboré un poco; lo subo porque me intriga que él tuviera esa “obsesión” por escribir cuentos sobre este tema, que descubrirán en el desarrollo de éste.

EL PUENTE

Leinad vivía en las afueras de la ciudad, en la periferia, era una persona algo escéptica, él decía que no creía en cosas sobrenaturales, ya que eran mentira; en primer lugar, porque nunca había visto nada en su vida, por eso siempre se reía de sus compañeros cuando contaban las historias de terror, y en segundo lugar, decía que todo tiene una lógica y una razón, pero que cada quien era libre de creer en lo que pensara que era real.

Él trabajaba en un almacén que se encontraba ya dentro de la ciudad, a unos kilómetros de su casa; siempre trabajaba de mañana, no le gustaba el turno de la tarde, y rara vez aceptaba quedarse más tiempo; pero ese día por falta de personal y estar en inventario, aceptó el quedarse más allá de las cinco, que era la hora en que él salía.

Ese día salió de  trabajar después de las diez de las noche, era una noche húmeda de invierno, había amenaza de tormenta, el cielo estaba nublado, y cruzado por relámpagos,  caía algo de llovizna, nada fuerte aún, así que subiendo a su carro y maldiciendo su suerte, se enfiló hacia su casa; salió de la carretera principal tomando el camino vecinal, avanzaba en la soledad de la noche, pensando en las historias que de ese camino contaban; algunas exageradas por los accidentes que ocasionalmente sucedían; había varias cruces en los costados del camino, “es raro (iba pensando),  tantos accidentes, a pesar de que se encuentra bien iluminado”, él casi no andaba tarde por ese camino, siempre que pasaba por ahí, era con luz de sol, pero esa noche…

Iba despacio, viendo el camino y pensando en su día y en llegar a su casa antes de que comenzara la tormenta como tal;  de pronto  algo llamó su atención: las luces a su paso, comenzaron a apagarse; “¡qué extraño!” pensó; pero no le dio demasiada importancia. Al voltear por el espejo, vio que atrás de él se volvían a encender,  iba pensando en lo raro de la situación, cuando de pronto su auto comenzó a fallar y se apagó.  Maldiciendo su suerte se orilló en el camino quedando justo en el puente que cruzaba un río profundo, a medio camino de su casa.

Bajando del auto, volteo a ambos lados de la carretera, pero no vio otro vehículo en el camino; notó que las luces del camino adelante y atrás de él estaban encendidas, pero en el puente estaban apagadas, encogiéndose de hombros, dijo en voz baja:

-Maldita suerte, tenían que fundirse las luces justo donde se me descompone el carro.

Sacó una lámpara que traía en su guantera y se puso a revisar su auto, cuando sintió un aire frío que le envolvió y escuchó un ininteligible susurro en el oído que le hizo alzar la vista y mirar hacia los lados y a ambos bordes del puente, aluzando con su lámpara hacia el río.

En uno de los lados del puente vio la figura blanca de alguien parado en la orilla del río, le pareció extraño ya que por la inclinación del costado del río no era posible que alguien estuviera de pie ahí. Dejando el carro a un lado, avanzo a la barandilla del puente y tratando de ver mejor se cubrió los ojos para evitar que le cayera la lluvia y aún aluzando hacia allá, no podía distinguir bien, por lo que pensando que su mente le jugaba una mala pasada, se  abocó a seguir con el auto.

Estaba agachado, en el frente de su carro moviendo algunos cables queriendo encenderlo, cuando volvió a escuchar ese susurro ininteligible; enderezándose  aprisa y sujetando fuertemente la lámpara comenzó a revisar a los lados del puente, y algo lo hizo voltear  de nuevo al río, cuando de pronto un relámpago retumbó y destellando cruzó el cielo iluminándolo todo por unos segundos, entonces vio la figura que se encontraba ya más cerca de  él; poniéndose nervioso por esto, dio un pequeño paso hacia atrás por la sorpresa, pasó saliva y emitió un pequeño gemido y se volvió a ocupar del carro tratando  de nuevo de echarlo a andar y mientras movía los cables en el motor, en medio de la oscuridad que lo rodeaba, ya nervioso, levantó de nuevo la vista, reconociendo la figura de la sombra blanca que en ese momento ya identificó como una mujer que se encontraba en la orilla del puente, a unos 30 metros de donde él estaba.

Preocupado, ya que él no creía en nada de eso, poniéndose nervioso y aumentando su desesperación por la situación, mientras seguía moviendo el cableado de su viejo carro tratando de encenderlo, volvió a escuchar ese susurro en el viento que ahora sí identificó como  una mujer que le llamaba por su nombre…

-Leiinnaadd – en una fría y apenas audible  voz hueca, que se sentía fría al oído y se volvía parte del  aire que corría.

La lluvia comenzó a arreciar un poco mas escuchándose el golpeteo de las gotas de agua en el carro haciendo más tétrica la situación.

Leinad, maldiciendo su suerte, comenzó a pensar en salir corriendo de ahí y regresar por el carro al día siguiente, pero en un último intento y después de levantar la vista por encima del cofre, vio que la mujer ya se encontraba unos metros más cerca de donde él estaba, por lo que golpeó el motor mientras le gritaba.

-¡Prende maldita porquería!

En ese momento se encendieron las luces del puente, a la vez que volvía a escuchar el susurro de la mujer diciendo su nombre. Pero esta vez en su oído como si le tuviera a su lado, a la vez que se vio y escuchó un estruendoso relámpago, de la tormenta que se desataba ya encima del lugar, iluminándolo todo; Leinad, en un movimiento rápido, giró viendo que no había nadie.

Ya con las luces del puente prendidas, se dirigió rápido al encendido del auto y girando la llave  el carro encendió; sonriendo y volteando a todos lados no viendo a la mujer,  cerro el cofre y subió de nuevo a el carro, aceleró para salir del puente y sin prender las luces, enfiló rumbo a su casa y mientras volteaba al puente por el retrovisor, siguió acelerando, la lluvia arrecio en ese momento, en medio de los truenos de la tormenta que iniciaba…

Escuchó la voz femenina llamarlo por su nombre:

-Leinad – en un susurro apenas audible, a la vez que sintió una mano fría que le acariciaba el cuello y el cabello, volteó al espejo retrovisor y vio que ella iba en el asiento trasero: una bella mujer sentada en el asiento de atrás con una sonrisa viéndolo a los ojos por el espejo.

Él, desconcertado, pensando mil cosas en un segundo, no dejaba de verla en el espejo sin poner atención en el camino. En un instante el bello rostro de la mujer de blanco se transformo en el rostro desfigurado de alguien muerto, mostrando partes del cráneo y su ropa estaba desintegrándose.

Entonces ella dio un alarido lastimero que aturdió a Leinad, quien dando un grito por el miedo y la desesperación pisó el acelerador inconscientemente, mientras se movía para quitarse la mano helada que sentía en la nuca y no atendió la curva pronunciada ni el auto que venía en sentido contrario, chocando de frente con éste.

Una hora después, los paramédicos se encontraban tratando de rescatar a los dos pasajeros del carro que choco contra Leinad.

Él, se encontraba parado en la orilla de la carretera, con su cara ensangrentada, viendo lo que sucedía: los paramédicos y policías caminando a su alrededor y él con la mirada fija en su viejo carro…donde estaba su cuerpo deshecho. a un lado del carro estaba parada la mujer de blanco, quien le extendió una mano llamándolo.

Leinad, avanzó le tomó la mano y se fueron rumbo al rio…

Una cruz más, está en la curva donde murió Leinad.

Dicen que se durmió al volante.

Cuentan que cuando vas por el camino en la noche, solo  y en el puente tu carro se detiene, sólo espera que la mujer de blanco te llame por tu nombre…

Mexicali, B. C. y Ciudad de México, 22 de junio, 2016, ©2016 Danshaggy, Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

*

EL SR. JOHNNY

OTOÑO DE 1888,

.

Por la estrecha, lodosa y oscura callejuela de Whitechapel, en Londres,  caminaba apresuradamente una joven que acababa de dejar, encerrados con candado, a sus tres pequeños niños; se dirigía al cercano Bar de Pete, volteando hacia todos lados, con miedo de encontrarse con el asesino de prostitutas que ya había matado a unas cuantas.

Al salir de su cuchitril, como todas las noches, se puso la máscara de alegría que su trabajo requería. Ésta iba sobre la otra máscara, la de maquillaje barato y exagerado, que apenas cubría el cutis de sus 20 años, aún lozano a pesar del tiempo que llevaba en esas andanzas. Mientras caminaba a su trabajo, le pareció escuchar no muy lejos a un lobo aullando a la luna llena.

Después de caminar tanto, llegó, como siempre, con los zapatos enlodados y los pies húmedos, abrió de un golpe la puerta del apestoso bar y gritó alegremente.

-¡Hola concurrencia! Rosalie está aquí.

Fue recibida con vítores y aplausos y muchos vasos se levantaron para brindar por ella, que sonriendo se dirigió al bar, se colocó atrás de la barra, se puso su delantal blanco y se alistó para servir las cervezas y el licor que le fueran solicitados.

Rosalie notó sin mucha alegría que la observaba el caballero que hacía dos noches había empezado a venir, usaba una vestimenta que quería ser elegante y que en ese ambiente más o menos lo lograba, aunque la abundancia de su pelo y barba no se lo permitía del todo. Cuando se cruzaron sus miradas, él levantó el vaso vacío y le indicó que quería más whiskey, ella sirvió una copa y se la llevó al caballero.

En el camino, se cruzó con Pete, el dueño, su odioso patrón y tío.

-Bájate el escote y muéstrale la pechuga al Sr. Johnny, que es la tercera vez que viene y hoy acaba de llegar y anda espléndido con las propinas- y al alejarse le dio la concebida nalgada con la reacción de siempre por parte de ella: apretar los ojos y los labios para no decirle un improperio al “patrón”, porque necesitaba mucho el trabajo.

Las prostitutas que trabajaban en el bar no hubieran tenido ningún problema en mostrarle al Sr. Johnny lo que éste quisiera, a eso se dedicaban, y él era menos patán que los otros, pero él sólo requería a Rosalie; únicamente quería que ella le sirviera, para manosearle lo que alcanzara antes de que ella pudiera retirarse, porque ella lo esquivaba, algo que él no entendía, pero lo hacía empeñarse más en tenerla.

Rosalie suspiró con resignación, se bajó más el escote y se acercó a la mesa del caballero que la esperaba con una siniestra sonrisa.

Alzó la vista y vio a su patrón observándola y haciéndole señas para que se agachara más y le enseñara los pechos al ahora cliente favorito. Así lo hizo.

-Buenas noches, Rosalie – con voz acariciadora.

-Buenas noches, Sr. Johnny.

-Sólo Johnny, olvida lo de “señor” y tutéame.

-Está bien, Johnny, estás servido, ¿alguna otra cosa?

-Sí, tráeme otro trago y siéntate conmigo a tomártelo, acompáñame.

-No puedo sentarme con los clientes, ‘toy sirviendo.

Él señala las otras mesas – ¿y ésas? ¿están acompañando a la clientela, no?

-Yo soy la cantinera, ellas… no- la triste verdad de que ella a veces también se prostituía, la hizo entristecer.

-Bueno, no importa, ya hablé con Pete y no tiene inconveniente, con la mirada señaló al patrón y éste le hizo una seña afirmativa a Rosalie para que se sentara con el nuevo cliente consentido del bar, después de que le hubiera dado una jugosa propina por ponerle a Rosalie al alcance.

-Ella fue a la barra y se sirvió un vaso de cerveza con la mayor cantidad de espuma posible, porque no quería que se le subiera a la cabeza, puesto que llevaba día y medio sin comer.

-¡Sírvete un whiskey, que no se diga que soy tacaño!

-Gracias, Johnny, prefiero la cerveza, pero si me quieres invitar algo más, que sea comida, hoy no me dio tiempo de comer.

-Lo que quieras, muñeca, tráete un bocadillo o uno de esos potajes que sirven aquí.

Rosalie, ni tarda ni perezosa fue a servirse algo caliente que le llenara el estómago, agradecida por poder hacerlo, ya que la noche anterior, todas las sobras de comida y pan que pudo llevarse, apenas alcanzaron para sus tres niños, que a pesar de comer tan poco estaban creciendo mucho y aunque los dos pequeños heredaban la ropa del respectivo hermano mayor, el primogénito no tenía de quien heredar los harapos, así que a ella ya le tocaba ir a la iglesia a pedir ropa para los chamacos, lo que no sabía, era cómo iba a pagar la renta de su cuartucho, ya que su hombre, acababa de abandonarla.

Mientras Rosalie se servía y regresaba con Johnny, de las otras mesas ojos envidiosos la observaban. Lizzie y Mary, sentadas en la mesa contigua a la de Johnny, atendiendo a dos borrachos no pudieron aguantarse y comentaron.

-¿Y ésta por qué tiene trato especial? – dijo Mary, siguiéndola con la vista, mientras acariciaba la pierna del hombre con quien estaba.

-Si eres sobrina del patrón y tienes 20 años, te tocan los mejores fulanos- dijo Lizzie limpiándose la espuma de la cerveza con el dorso de la mano y dándole un beso lleno de cerveza a su cliente en turno.

-Pero mira, que conseguirse a ese tipo, dicen que es médico, llega en carruaje y ve cómo se viste y ella se da el lujo de hacerse la difícil, jajaja – dijo Mary, quien después de una despreciativa mirada hacia Rosalie, se volvió a ocupar del parroquiano que estaba atendiendo, le dio un beso y le preguntó.

-¿Me invitas otra cerveza, papacito?

Lizzie se quedó pensando: “si es médico, ¿será por eso que huele a sangre?”, pero ya no dijo nada y siguió atendiendo al hombre que la tenía sentada en sus piernas.

Rosalie llegó a la mesa con su plato y sin más preámbulos se sentó a devorar el potaje con grandes pedazos de pan. El caballero la observaba divertido, “si tiene tanta hambre, será presa más fácil”, pensaba; no concebía que ésta se le resistiera, cuando cualquiera de las otras rameras se iban con él a la primera invitación, pero por eso era que más la deseaba, más se le antojaba.

Cuando Rosalie terminó de comer agachada sobre el plato, se incorporó y lo miró a los ojos.

-Gracias, Johnny.

-De nada, preciosa, para eso estoy, para cumplirte todos tus caprichos –. Al escuchar esto, ella se retrajo un poco – Ahora ven, sírveme otra copa, pero aquí, cerquita –dijo él con el vaso en la mano.

Rosalie se levantó, tomó la botella y le sirvió otra copa, el olor que él despedía la repelía, olía peor que los otros borrachos, pero se acercó de todos modos. Sus compañeras le decían que se daba el lujo de elegir con quien se iba, porque tenía el trabajo de mesera que le dio su tío, las otras meretrices no tenían esa ventaja; pero esta vez, el tío se lo había ordenado, así que tenía que hacerlo.

Johnny la tomó por la cintura y la sentó en sus piernas, mientras con la otra mano hurgaba dentro de la escotada blusa. Ella se revolvía tratando de zafarse, pero él la tenía bien sujeta y empezó a besarle los pechos que tanto se le antojaban. Rosalie, al no ver otra escapatoria, le arrojó el whiskey del vaso a los ojos.

-Maldita ramera – gritó Johnny, soltándola y tratando de secarse los ojos, lo que ella aprovechó para salir corriendo, chocando con el patrón en su camino hacia la puerta. Éste sin saber qué había pasado, no la detuvo, porque fue a atender al cliente que gritaba y pataleaba con su pierna propia y con la de palo golpeteando en el piso.

En cuanto se secó los ojos, Johnny salió corriendo tras de Rosalie, sin hacer caso de Pete, que no entendía lo que había pasado mientras él estaba en la trastienda.

Rosalie corría desaforadamente, empujando a quienes se le atravesaban. Corrió un buen trecho, llegó a su casa y quiso entrar, pero recordó que había dejado las llaves del candado atrás del mostrador, así que siguió su carrera, sin fijarse que se estaba internando en la más tenebrosa y peligrosa zona del barrio, aunque por ser noche de luna llena no se veía tan lóbrego.

Tres prostitutas le cerraron el paso, no iban a permitir que viniera una extraña y para mayor peligro, joven y hermosa a invadir su territorio. Rosalie les rogó.

-¡Por favor! ¡déjenme pasar!, me viene persiguiendo un fulano.

-Pues que te alcance, pero en otro lado perra, aquí no entras.

Una nube cubrió la Luna llena, dejando todo a oscuras y mientras discutían, Rosalie escuchaba cada vez más cercano el “toc… toc… toc” de la pata de palo de Johnny; se hincó a pedirles compasión, pero ellas se negaban y en eso llegó él, la tomó del brazo levantándola casi en vilo y dijo con una sonrisa a las rameras.

-Gracias hermosas damas, por detener a mi amada, se portó mal y debo castigarla –con su otra mano sacó tres monedas, que entregó, una a cada una, a la vez que preguntaba.

-¿Por otra moneda, alguna de ustedes, mis apreciables damitas, podría proporcionarme un lugar para castigar la travesura de mi niña?

Rosalie trataba de zafarse gritando y pataleando, pero infructuosamente, él la tenía bien agarrada.

Mimí, la mujer de en medio, la mayor y más harapienta, le arrebató la moneda.

 

–Pos sígueme, mi casa est’aquí enfrente, puedes usarla toda la noche, si gustas.

 

Le abrió la puerta, los dejó entrar y mientras Rosalie seguía luchando por zafarse, Mimí la cerró con una carcajada.

Esa noche ya no tendría que trabajar y además podría emborracharse a placer. Tomó a las otras dos del brazo y se encaminaron al bar más cercano, todas felices por la noche de descanso que tenían delante.

Desde el cuchitril en el que estaban luchando Johnny y Rosalie, se escuchaban gritos de mujer y gruñidos, pero en ese lugar no era extraño cualquier clase de ruidos y escándalos, así que nadie lo tomó en cuenta.

Antes del amanecer, cuando las tres prostitutas borrachas regresaban de su noche libre, Mimí abrió la puerta de su casa y un enorme lobo de tres patas, con el hocico ensangrentado se le echó encima, huyendo a toda velocidad.

Adentro, Rosalie yacía ensangrentada y sin entrañas…

Lo demás es historia, que aún se cuenta en Whitechapel.

*

Garmín

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© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Todos los derechos reservados.

Imágenes tomadas de internet

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URIEL

Hola amigos, hoy vengo con algo muy especial, la hermosa hija de Danshaggy (Danny) me ha hecho un regalo muy bello: el último escrito de su papá, aún en borrador, pero me pidió que lo publique tal como está y eso haré.

Lo importante de este escrito es que fue una especie de premonición (él tenía muchas), ya que relata casi paso a paso lo que le sucedió un poco más tarde, ya que falleció después de un accidente que lo envió al hospital, donde estuvo en coma 9 días, en mayo de 2017.

Como ya saben, si me han leído este último mes, él se comunica conmigo y, entre otras muchas cosas, me ha dicho más o menos lo que escribió con anticipación, cosas que ya sabíamos, pero que estando en Intervidas, ha confirmado.

En fin, les presento el último escrito de Danshaggy, que desgraciadamente fue premonitorio.

URIEL

Uriel, fue alguien que se encontraba solo en un hospital, se encontraba en una ciudad extraña donde sufrió un accidente por lo que tenía casi dos semanas en coma, no tenía familia en ese extraño lugar, no contaba con familia así que solo se encontraba en el mundo con sus amigos y su verdad.

Después de muchos días en coma, en su mente cerrada a la realidad, con su mente en obscuridad absoluta, y silencio, de repente todo comienza a verse ante una luz tenue, mortecina, en la que se ve en medio de la ciudad, solo; sin nadie más, avanza por las calles rumbo a su casa, se ve descalzo, pero eso no le detiene, sintiendo lo frio del ambiente piensa en lo raro que es esto ya que se encontraban en pleno mayo por lo que no debería hacer frio, en el parque que lo separaba de su casa de pronto se topa con una barrera o cristal que le separa de su casa, y tocando esta barrera de energía, ve que se acerca su amigo ya fallecido, Sergio, quien fue su amigo de toda la vida, y la pérdida mas grande que había sufrido el ultimo año. En una visión onírica en la que se encuentran ambos separados por esta especie de cristal o barrera.

Al acercarse Sergio con una sonrisa le saluda y Uriel sonriendo también le pregunta qué es lo que pasa, a lo que Sergio, sonriendo sin mediar palabra, se sienta en el césped del parque invitando a Uriel a hacer lo mismo, comienza a hablar.

-Hola amigo, quiero que me escuches ahora que me han dado la oportunidad de venir a recibirte, escucha por favor; sé que es extraño pero no pensé que te vería tan pronto, ni tampoco llegué a pensar que el destino se cobrara tan rápido con ambos lo que llegamos a hacer en vida.

Lo que hemos hecho bueno y malo, lo que hemos dicho, mentiras y verdades, siempre se coloca en una balanza, todo se encuentra ahí.

Las mentiras que decimos en vida son ponzoñas y veneno que se clavan en el corazón de uno, las malas acciones que hacemos en vida se vuelven lastres que cargamos por la eternidad.

Pensamos que las mentiras pueden cubrir las verdades que no podemos sostener, que no podemos creer… y éstas nos llevan a tomar decisiones que a lo largo nos cuestan mucho, incluso la vida, y ahora por esas decisiones es que nos encontramos en esta línea que divide dos realidades. Yo, ya de este lado… y tú, aquí en el punto de transición.

Ahora, aquí, me siento avergonzado de las decisiones que tomé sin importar a quien afectaron… familia… extraños… amigos o desconocidos, pero eso ya no importa; porque lo hecho, hecho está.

Deja te platico de aquí, donde estoy, y donde tal vez pronto estarás… en realidad todos estaremos aquí alguna vez, pero deja vuelvo al tema.

Te diré que al principio, me sorprendió que en este lugar existe una ausencia de tiempo, esto por depender totalmente de él, recuerda que en vida con él regulamos el ritmo de la vida que llevamos; así como lo dividimos y asignamos horas donde no deberían existir, pero lo hacemos para poder llevar el ritmo de nuestras vidas; aunque en mi estado eso ya no importa, así que el tiempo se ha vuelto algo banal, sin sentido en la eternidad de este espacio.

Al principio pensé que estaba loco, y reaccionaba como si tuviera vida aún, por lo que en su momento me refugié en el interior de la noche perpetua, no aceptando y dándome cuenta que ésta te consume el propósito, igual que cualquier pasión y voluntad

Por eso vengo hoy a ti amigo, me encuentro ante ti con la claridad que me da la propia muerte; pero tranquilo, no vengo por ti. No vengo para llevarte, estoy aquí para que sientas y entiendas la energía y el fuego que aún conservas en tu cuerpo.

Y el peso enorme de tu preocupación que yo te di con mis palabras, con mis dudas que volviste tuyas. Quiero decirte que la verdad existe. Sí, querido amigo, existe, si eso es lo que aún buscas; pero quiero que entiendas una cosa, no hay justicia ni juicio divino, no existen las teorías teosóficas ni místicas que nos han enseñado…

Dios es sólo un nombre de los cientos de miles que en el universo se le han dado, es más de lo que de niños nos han enseñado, es más que una figura paternal o divinamente paterna, la verdad, querido amigo, la verdad es sólo una vasta muerte, un vacío infinito en el que te vuelves parte de todo y entiendes que no eres nada en realidad. Vuelve atrás amigo, no te orilles al abismo, ni dejes que el abismo se acerque a ti, despierta al sueño de la razón, y deja que ésta te enseñe algo más, que comprendas que lo divino y lo eterno es uno mismo, sin nubes ni alas, sólo eterno, así como es aquí: eterno, noche eterna que te envuelve, te abraza, y te cubre siempre, pero en ella se encuentra una paz, una serenidad, te permite pensar en lo que en tu vida ha valido la pena y tratar de recomponer tus errores, aunque la realidad es que ya es tarde para ello, ya no hay vuelta atrás.

Combate a los monstruos que hay dentro y fuera de ti, combátelos con la razón y la fuerza que la serenidad da.

Es tiempo de volver, porque si te extingues ahora, querido amigo; tu verdad se extinguirá como se extinguió la mía al extinguirme. En tu historia sólo el engaño sobrevivirá.

Vuelve. Querido amigo, vuelve…

Debes volver para que le des sentido a tu vida, para que tu verdad y parte de mi verdad prevalezcan, en la grandeza del mundo, y lo infinito del universo; una verdad es una piedra que sirve para asentar una razón, vuelve querido amigo para que tu verdad se vuelva la piedra de apoyo de alguien más.

*

Mexicali, B. C., Danshaggy. © todos los derechos reservados.

 

En la triste realidad, ojalá hubiera vuelto, regresado del coma, pero ya era su hora y no volvió, E.P. D. mi amado Danny.

.***

Puedes ver algunas experiencias en Intervidas, la zona posterior a una muerte y anterior a una nueva reencarnación, en:

https://aquevineadondevoy.wordpress.com/2012/05/24/a-que-vine-a-donde-voy-capitulo-4-que-sucede-despues-de-la-muerte/

 

Cosas que me dijo Danny en espíritu, después de irse, semejantes a las que escribió en este “cuento”, puedes verlas en:

https://aquevineadondevoy.wordpress.com/2017/06/07/2-3-y-4-de-junio-2017-novena-y-decima-visitas-espirituales-de-danny-como-es-intervidas/

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© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Puedes copiar y publicar este artículo, siempre y cuando incluyas el enlace al artículo, no lo uses con fines comerciales, no lo modifiques, no quites el © ni este último párrafo que le sigue, enlaces incluidos.

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La Monja y La Pesadilla

Muy interesante cuento de Danshggyalv, manejo de diversos tiempos, sueño recurrente, sueños dentro de sueños, 2 segundos que te quitan el aliento y… bueno, mejor léanlo, les va a encantar.

danshaggy

“Despierta pequeño”… escucho entre sueños una voz suave, femenina, que habla con cariño; abro los ojos en medio de una niebla que me envuelve, camino en la ciudad me encuentro  en una calle, la niebla se disipa rápidamente, no sé cómo llegue aquí; que extraño!, voy descalzo!!; llevo mi ropa normal, pero voy descalzo.

Está lloviendo suavemente, y siento las gotas como llegan a mi rostro al levantar la cara para ver el cielo nublado, las siento como van mojando mi cuerpo y cabeza, siento en mis pies lo frio y mojado del piso, estoy pensando en eso; en lo tranquilizante, en que parece fuera un sueño relajante todo a mi alrededor, la gente caminando, no me presta atención, sonrió disfrutando esto.

Cuando de pronto veo por la calle que viene un carro, casi llegando a donde estoy se revienta una llanta, provocando que pierda el control chocando contra un…

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AUTOBIOGRAFÍA CAPÍTULO PROHIBIDO

INTRODUCCIÓN.

SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XXI.

Ahora a mis casi 100 años y con mi último libro (Memorias de una Escritora) con varios meses como best seller, quiero escribir este capítulo que omití en mis Memorias, no lo voy a publicar, pero te lo escribo a ti, quienquiera que seas, que algún día lo leerás, promete que será “sólo para tus ojos”

¿Por qué?

No creas que tiene algo “prohibido”, o pornográfico, no, es simplemente que una escritora como yo, con mi historial, con mi imagen, no puede darse el lujo de escribir en su autobiografía algo real, pero que parece escrito por el o la peor escritor@ de telenovelas baratas (con todo respeto para l@s escritores), parece que las Parcas, al escribir este capítulo de mi destino, estaban viendo telenovelas, de esas que tienen coincidencia tras coincidencia y los personajes sorpresivamente se encuentran a alguien en el instante preciso… muchos problemas y en el momento justo aparece el “ángel salvador” que los resuelve milagrosamente ¿ya quién se lo cree?

Si alguien me contara lo que vas a saber en un momento, le pediría que mejorara su historia, demasiado trabajada con guiños, con sucesos aparentemente sin importancia que después se vuelven relevantes, bueno, ya no te doy avances, voy a escribir y tú verás si es creíble o no, pero fueron hechos reales que recuerdo perfectamente, por ser momentos excepcionalmente emotivos y críticos y porque a mi edad, tengo una excelente memoria, como si fuera una jovencita de 60 años (recuerda que todo es relativo).

Ciudad de México, Siglo XXI

Continúa en:

CAPÍTULO 1   EL SEGURO

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Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Autora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación y regresiones a vidas pasadas.

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Tú y Yo Siempre

foto Angel Sosa

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CENA DE NAVIDAD

Ya eran las 6 de la tarde y Esperanza todavía no metía el pavo al horno. Aún tenía que ir a comprar la sidra y los refrescos y Carlos aún no llegaba, ¡claro!, él estaba festejando con sus compañeros de oficina, mientras ella tenía que preparar la cena de Navidad y tener casa y niños arreglados para cuando llegara la familia de su esposo.

Mientras daba los últimos toques al pavo gritó:

 pavo navidad

-¡Niños!, ¿ya se bañaron?

-No, mamá -contestó una de las niñas – Carlitos ya tiene media hora en el baño y no sale.

¡Carlos!- un grito más fuerte- ¡a ver si dejas bañar a tus hermanas!

¡Estos niños! -refunfuñó metiendo el pavo al horno. Carlitos, igual que su padre suponía que el ser hombre implicaba tener más privilegios, ya que las mujeres son inferiores y, por lo tanto, deben tener más obligaciones que derechos y, en consecuencia, exigía que sus hermanas lo sirvieran y le cedieran lo mejor de todo, porque él era hombre. Lo peor era que su padre lo alentaba.

Esperanza no entendía cómo había podido casarse con Carlos, si él era todo lo que ella odiaba en los hombres: el típico macho mexicano.

Mientras colocaba el termostato del horno a la temperatura adecuada y se echaba atrás un mechón de pelo que le había caído sobre la frente, suspiró y, rendida de cansancio, se sentó por un momento, antes de limpiar una vez más los cubiertos de plata -hoy venía la familia de Carlos- y de poner la mesa. Mientras frotaba la cuchillería con la suave franela, empezó a recordar una navidad 15 años atrás…

Sí, también en aquella navidad había arreglado la mesa con el mejor mantel, sus mejores copas de cristal, los cubiertos de plata, un adorno navideño como centro de mesa y… la mesa se quedó arreglada mientras ella sollozaba tirada en el sofá, porque Carlos le había telefoneado, después de las 12 de la noche, para cancelar su compromiso de cenar con ella, pues ella debía comprender que ésa era una fecha para celebrar en familia y no había podido excusarse de cenar con sus padres, hermanos, cuñados y sobrinos.

Lo que más le había dolido a Esperanza en esa ocasión, era que él, además de llamarla hasta pasadas las 12 de la noche, ni siquiera por compromiso la había invitado a su casa, con su familia. Ella no podía entender que para los padres de él fuera un estigma el que ella viviera sola, y que por esa única falta, no aceptaran que se casaran… sin embargo se habían casado ¡sí señor!, aunque para ello hubiera sido necesario que ella, después de 5 años de noviazgo, cediera a los requerimientos de su novio y, como era de esperarse, finalmente quedara embarazada.

¡Cómo había sufrido los dos primeros meses, en que él no se decidía a casarse porque sus padres no iban a aceptarla y él no sentía el suficiente amor por ella como para enfrentarlos!

¡Cómo lloraba por las noches, al regresar del trabajo, esperarlo por horas y finalmente aceptar que no iba a ir a verla!

¡Cómo se retorcía las manos afligida de pensar que su hijo no tendría padre!

¡Cómo lo había odiado cuando le sugirió que se deshiciera del problema!

 novia embarazada

Pero al fin, él cedió y la llevó a presentar a sus padres que la recibieron, si no con alegría, por lo menos con cortesía y, como sólo tenía dos meses de embarazo y aún no era notorio, no tuvieron que dar muchas explicaciones por la prisa; para cuando Carlitos nació, 6 meses después de la boda, las habladurías no le afectaron. Lo que sí le había dolido, y mucho, era la actitud de Carlos; indiferente a veces, autoritario y despectivo las más; como queriendo hacer notar que le había hecho el favor de casarse con ella, a pesar de no merecerlo…

Después llegaron las niñas y la situación fue empeorando para ella, si con un hijo le hubiera sido difícil separarse de su esposo, con 3 hijos ¡ni pensarlo! Tendría que seguir en esa vida de servir a su esposo, aguantar ser tratada como su sirvienta o como si fuera un mueble de la casa; a veces pensaba ¡ya no más! ¿y si…?

-¡Mamá!, ¡mamáaa!, diles a estas mocosas que no se metan en mi cuarto- vociferó Carlitos desde arriba -¡si las vuelvo a encontrar aquí, les voy a pegar!

Esperanza se sacudió los recuerdos y se apresuró a arreglar la mesa. Carlos y su familia llegarían de un momento a otro y todo debía estar perfecto para darles gusto…

 cena-de-navidad

Ciudad de México, 19 de Diciembre,1988.

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© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Puedes copiar y publicar este artículo, siempre y cuando incluyas el enlace al artículo, no lo uses con fines comerciales, no lo modifiques, no quites el © ni este último párrafo que le sigue, enlaces incluidos.

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Imágenes tomadas de internet

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Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Autora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación y regresiones a vidas pasadas.

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¿BOHEMIO O TEPOROCHO?

Edificio Basurto Ciudad de Mexico

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.-Aquí estoy, como todos los días, frente al Parque México y al edificio Basurto, donde viví hace ¿siglos? ¿en otra vida? No lo sé. Estoy en mi lugar de siempre, frente a este parque, donde traía a mi hijo a disfrutar del aire puro, de los árboles, del estanque de los patos, de correr y andar en bici, de caminar de mi mano cuando era más pequeño…

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parque_mexico

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Suspiró.

 .

Tomó un pequeños trago.

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-Sí… eran tiempos felices, que después cambié por dedicarme tanto al trabajo, “workaholic” (trabajólico) me llamaban, me engolosiné con ganar más y más, poder sostener el departamento en el edificio Basurto, la casa en la Riviera Maya, los viajes de compras de mi esposa, el Mustang, la camioneta para mi mujer… “mi mujer” ¿no la supe entender? No la supe conservar, eso sí es seguro.

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Cuando no estaba en el trabajo, me iba de bohemio, a disfrutar de música, poesía, plática con otros bohemios como yo, en lugar de estar con mi esposa.

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Mi hijo… ¿mi hijo? ¡qué golpe tan duro! ¿yo me lo busqué por no hacerle caso a mi esposa? Ella me pedía más tiempo, más atención, más amor, pero yo estaba muy ocupado para darle “lo que ella merecía”, pero no le daba nada de mí, de mi tiempo, de mi amor, que era lo que ella necesitaba y, puesss…

 .

Otro trago.

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-Pero, eso sí, era yo importante, mucha gente dependía de mí, yo era el centro del universo, que sólo cedí cuando nació mi hijo ¡un varoncito!, mi heredero, el que continuaría mi labor. A él sí le dedicaba tiempo, mi mujer ya ni me lo pedía, sólo nos observaba con una mirada extraña…

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Bares elegantes

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En esos tiempos, en que vivía en la opulencia, era yo bohemio, todos me festejaban la alegría provocada por este líquido maravilloso (sacó la botella de la bolsa de papel,  la contempló con tristeza, ya casi se terminaba), ahora que vivo en la banqueta, la calle es mi casa… ahora soy un triste “teporocho” (1), que se rehusa a ir a Alcohólicos Anónimos, ¿para qué ir? ¡no pienso dejar el alcohol!

Y esto, tan poquito, tiene que durarme hasta la noche, qué difícil. No concibo cómo la gente no se da cuenta de lo maravilloso que es el alcohol ¿cómo pueden vivir sin beberlo? cómo pueden vivir sin  licor, sin su dulce sabor en la boca , sin su dulce calor en la sangre,  sin sentirlo correr en sus venas, ¿cómo pueden vivir sin percibir ese delicioso sabor en la boca? ¿sin sentir su gran calor recorriendo todo su cuerpo?

Bebió otro trago de su botella.

-No entiendo cómo la gente puede vivir sin esto, que te lleva al cielo, que te hace sentir bien.  ¿no saben lo que es sentir ese calorcito en las venas, que recorre todo tu cuerpo? no sé por qué no entienden que es maravilloso sentir cómo está en tu boca y baja por tu garganta y llega a todo tu cuerpo y a tu mente y te hace saber que todo está bien, que no hay problemas, que eres feliz.

 

Llevó la botella a su boca, sólo un pequeños trago, para que le alcanzara por más tiempo, la gente que pasaba envuelta en abrigos o chamarras debido al intenso frío, iba disminuyendo, ya era tarde.

-No comprendo cómo la gente puede vivir sin  licor, sin su dulce sabor en la boca , sin su dulce calor en la sangre,  sin sentirlo correr en sus venas, no entiendo cómo la gente puede vivir sin esto,  sin percibir su dulce sabor en la lengua, sin su gran calor en la sangre no entiendo como la gente puede vivir sin esto…

Y lo repetía y repetía en su mente, mientras bebía otro trago, porque el alcohol era primordial en su vida.

-Por el contrario, se obsesionan pensando que es malo, dañino, “el enemigo”, no, no entienden, sólo nosotros lo sabemos, lo sentimos, lo necesitamos, lo metemos en la boca, el cuerpo, la mente y hasta el alma: el alcohol es una maravilla, es lo mejor de lo mejor, sin él, no existo.

 .

Puso a un lado la botella, con ya muy poco líquido, mirándola con tristeza.

-Ya es tarde, ya pasaron los que me dan monedas, ya no voy a poder comprar otra botella, ya me voy a pasar la noche en frío, con frío, sin el calorcito esencial que me da la bebida, sin esa sensación de que “todo está bien” mientras tenga otro trago para beberme, para llenarme de paz y dormir sin importar si mi cuerpo se muere de frío en la noche, total, mejor, ya irme, ¿ya qué hago aquí?

 .

Otro trago, puso la botella ya casi vacía junto a sus pies medio cubiertos por lo que fueron zapatos de diferentes pares, uno negro, otro café. Observó su pantalón, que hacía muchos años había visto mejores tiempos, ahora estaba raído, lustroso, mugroso, asqueroso, como él mismo, que estaba sucio, apestoso, el pelo largo que parecía una pasta de lodo igual que su descuidada barba, la camiseta raída y rota, el saco con las bolsas desgarradas, manchado por todos lados. Tristemente, contemplando el parque, siguió con sus amargos pensamientos.

 .

-Cuando todo se me derrumbó, cuando supe que mi hijo… no, no puedo recordar eso, no quiero, pero cuando estaba yo entre ruinas llegó “ella” a tenderme la mano, a ser mi estrella polar, mi guía ¿y qué hice? Cometí el mismo error. No la amé bastante, no aprendí mi lección, la dejé con frío, ella pedía mi calor, mi amor, pero ya no pude dárselo y otro derrumbe, pero de éste no me recupero, ya hasta aquí llegué.

 .

Y el “Teporocho del Parqué México”, como lo conocían los vecinos, recargado en la pared del edificio de la esquina del parque, se fue deslizando a un lado y se quedó dormido, para no despertar más…

.

En la mañana la Cruz Verde lo recogió, nadie sabía su nombre.  Desde un balcón  del 7º piso del Edificio Basurto, una mujer sólo se asomó un momento  y cuando se lo llevaron, siguió leyendo su revista “Gente”, sin importarle la suerte del “Teporocho del Parque México”, años atrás, su marido…

***

.

Ciudad de México diciembre 7, 2016.

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NOTAS AL PIE DE PÁGINA

ORIGEN DE LA PALABRA TEPOROCHO

En la época pos-revolucionaria fue tradicional vender café, atole, o té en puestos ambulantes o carritos, a cinco centavos la porción, en algunos lugares se ofrecía agregar por tres centavos más (ocho centavos en total) una porción de aguardiente, de ahí que a los que pedían “té por ocho” se les consideraba alcóholicos, porque generalmente es que estaban “crudos” (con resaca), y de ahí derivó la expresión teporocho. Se usa para los indigentes alcóholicos. Hay otras versiones, pero ésta es la que me parece más acorde a la realidad.

 

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© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Puedes copiar y publicar este artículo, siempre y cuando incluyas el enlace al artículo, no lo uses con fines comerciales, no lo modifiques, no quites el © ni este último párrafo que le sigue, enlaces incluidos.

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Imágenes tomadas de internet, Pinterest  o de los enlaces relacionados.  Creo que no es necesario advertir que algunas fotos, son imágenes actuales, sólo para dar una idea de cómo fueron en aquellos tiempos y lugares.

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