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AMA DE PERRO O ESCLAVA DE MARIDO

 

A mediados del Siglo XX, en un pequeño pueblo de México, en una enorme casa muy antigua, una mujer se dispone a dormir.

-Ven, Niky, perrito bonito, ven… – le ofreció una galletita – ven, así, bonito, acuéstate en tu canasto para que te tape, si no, vas a tener frío – el perrito se metió de un brinco al canasto y moviendo la cola le pidió su recompensa – eso es, aquí está tu galleta, que duermas bien.

Eloísa – solterona, 80 años, flaca, consumida, amarillenta, ya medio encorvada- acabó de tapar a su perrito, se enderezó con dificultad, y poniéndose la mano en la espalda, a la altura de la cintura, se dirigió a su cama. Lecho de solterona, colcha blanca, almidonada, con muchos holanes y encajes en el vuelo.

Se desvistió tratando de no ver su cuerpo: ella sabía que podría ser causa de pecado. Rezó sus oraciones y se dispuso a dormir… pero pasó una hora, dos horas, tres, y no podía conciliar el sueño.

Hacía mucho que no pensaba en “él”, ¡EL!, el hombre que la había hecho sentir todas y cada una de las fibras de su cuerpo; sus caricias eran tan ardientes que la consumían en el fuego del infierno. Mientras él la besaba, la acariciaba y la volvía loca, un vértigo trastornaba su mente. No la dejaba pensar y la hacía desear ser suya, suya, ¡eternamente suya!

Eso sucedía cuando se veían a las 12 de la noche en la huerta. Ella no pensaba, sentía, se entregaba a un éxtasis divino (¿o pecaminoso?), guiada por las expertas manos y deliciosos labios de Antonio; que tocaban acariciaban y besaban todo su cuerpo, al principio lenta y suavemente, luego con apremio, con una fiebre que le contagiaba a ella hasta que la envolvía por completo y ya no podía negar su cuerpo a esa entrega total y absoluta.

Antonio la hacía que olvidara a Dios, a su padre, a su madre, a su tío el sacerdote; hasta se olvidaba de ella misma, que era templo del Espíritu Santo. En esos momentos, ella no era ella, era una llama dentro de una hoguera inextinguible. Qué feliz era: no pensar, sólo sentir, gozar, ser amada… llegar al éxtasis…

Pero siempre llegaba el día siguiente.

A las cuatro de la tarde en punto, sonaba el aldabón del zaguán. Era ¡él!, pero no el “él” de la noche anterior, este “él” era cortés, distante -y distinto- caballeroso, respetuoso de su prometida, incapaz de tocarla ni con el pétalo de una rosa.

Se sentaban con su padre y su madre a tomar el té. Antonio en el sillón de enfrente, ¡jamás se atrevería, sin estar casados, a acercarse más! -por lo menos, eso creían sus padres- ella era su prometida, su futura esposa, la que iba a ser madre de sus hijos.

II

Llegó el día en que se formalizó el compromiso y se habló de cosas prosaicas como la dote y la participación del yerno en los negocios del suegro (el hombre más rico del pueblo).

Claro, esto sólo se habló entre suegro y yerno. La mujer es un objeto que se negocia entre dos hombres, ella no tenía por qué estar presente.

Ambos quedaron conformes con los términos del contrato y luego Antonio y Eloísa salieron a la terraza. por primera vez solos -según sus padres- a platicar sus planes.

Antonio, distante más de un metro, para guardar las apariencias, se dirigió a su futura esposa.

-Bueno, querida, ahora sí serás mi esposa, ante Dios, ante los hombres y ante la ley.

-Sí, mi amor, ahora podremos amarnos sin miedo ni sobresaltos; ahora todo estará de acuerdo a lo que ordenan las leyes de Dios y de los hombres y podré ser aún más tuya que antes, ahora ya no temeré al pecado ¡qué feliz soy! ¡te voy a amar completamente!

La miró severamente -querida, creo que no has entendido. A MI ESPOSA no puedo ofenderla con caricias como las que te hacía en la huerta. Entiende, ahora llevarás MI NOMBRE y te debo respeto; como esposos ante Dios, no podemos dejarnos tentar por el pecado de la lujuria; recuerda que serás LA MADRE DE MIS HIJOS – bajó la vista y observó atentamente sus manos, como si fuera lo más importante que tuviera que hacer -lo pasado no quiero recordarlo ni mencionarlo y te ruego que lo olvides para siempre.

Ante el mudo asombro de su futura esposa continuó parsimoniosamente, con tono de adulto que le habla a un niño no muy inteligente, como si le estuviera dando una clase a un niño de cinco años.

-De ahora en adelante, si me acerco a ti, sólo será para tener hijos. Además, ten presente que si tu padre te consintió, por ser hija única, nuestro matrimonio cambiará las cosas. Cuando nos casemos, tendrás que servirme, adivinarme el pensamiento, ayudarme a desvestir y acostar si llego bebido y no decir nada si te enteras de mis amantes. De ahora en adelante, tú me perteneces, lo mismo que tu herencia -le sonrió siniestramente -“querida”.

Eloísa no pudo pensar por un lapso que nunca supo cuánto duró, pero al fin encontró su voz.

-Si he de ser tu esclava, con todas las obligaciones y ningún derecho, si he de entregarme a ti sólo para tener hijos y no por el placer de hacerlo, si sólo seré un objeto más de los bienes que acabas de negociar con mi padre – no pudo evitar que el tono de su voz se fuera elevando hasta convertirse en un grito agudo, histérico -¡Sal de mi casa, no quiero volver a verte! ¡prefiero morir soltera!

Y soltera se quedó; no fue esclava de un marido, ahora es ama de un perro.

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

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Imágenes tomadas de internet.

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Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Autora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación y regresiones a vidas pasadas.

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14 pensamientos en “AMA DE PERRO O ESCLAVA DE MARIDO”

    1. Es que esas situaciones se daban y aún se dan en los pueblos pequeños, la esposa es prácticamente intocable, sólo se le requiere para tener hijos y es (o debe ser) una “santa”, las “otras”, sirven para que los hombres se diviertan.

      Precisamente lo escribí de manera exagerada para hacer ver lo absurdo de esos roles sexuales que se han impuesto a las mujeres.

      Me alegra que al final te haya gustado.

      Un abrazo de luz.

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    1. Por supuesto, me gusta ese personaje por eso, por su decisión, además, no se siente sola a pesar de todos los años pasados.
      Y pensar que tantas y tantas mujeres aceptaron esa esclavitud, quizá no dicha por sus futuros “dueños”, pero (peor) por sus propias madres, que las educaban para aceptar esos términos.
      Un abrazo de luz

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  1. En otras épocas y creo que todavía quedan resabios, el machismo se hacía notar,sobre la mujer objeto.
    A una tía abuela, no le permitieron los hermanos, seguir con un pretendiente porque tuvo la osadía de enviarle un ramos de flores diferentes.
    Se quedó solterona haciéndose cargo del cuidado de la casa.
    Qué tiempos tan infelices para las mujeres.
    Un fuerte abrazo Silvia.

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    1. Así es amiga, eso es lo que he querido retratar, esa negociación de la mujer objeto, pero que (en el cuento) puede tomar y toma la decisión de no aceptarlo, aunque le cueste estar sola, pero aquí queda perfecto eso de “más vale sola que mal acompañada.
      Un abrazo de luz, querida Stella

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  2. Pasa aún hoy y no necesariamente en pueblos, hay un chiste que viaja por Fb que dice así “Hay hombres que quieren tanto a su esposa que no la usan por miedo a que se gaste”. Más claro nada.
    A mí me gustó. Es tan necesario escribir sobre nosotras.

    Le gusta a 1 persona

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