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¿OLVIDARTE?

¿Olvidarte? ¡nunca!

¿Adorarte? ¡Siempre!

.

Tu recuerdo estará conmigo

en carne viva,

en lo más hondo de mi alma,

en lo más profundo de mi ser.

.

En mis sueños y en mis desvelos,

en todo lo que me rodea

en mi entorno absoluto.

.

Nunca te apartaré de mi mente,

tú siempre estás conmigo.

***

CDMX, 8 de julio, 2017, © Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Puedes copiar y publicar este artículo, siempre y cuando incluyas el enlace al artículo, no lo uses con fines comerciales, no lo modifiques, no quites el © ni este último párrafo que le sigue, enlaces incluidos.

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Imágenes tomadas de internet y Pinterest.

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Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Autora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación y regresiones a vidas pasadas.

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Tú y Yo Siempre

foto Angel Sosa

Puedes adquirirla en

http://tuyyosiempre.yolasite.com/tienda-en-l%C3%ADnea.php

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o

serandra2@yahoo.com.mx

 

AMOR DE VERDAD

Tú eres flama de mi flama,

llama de mi llama,

alma de mi alma,

eres la mitad que busqué

en cada astro del firmamento,

en cada eón del tiempo,

en toda era y lugar

y aquí te he encontrado,

una y otra vez

y aquí te he amado

con trágicos resultados cada vez.

.

La próxima vez será la buena,

ése será el amor de los amores

el amor que hará historia,

porque nos amaremos

cada día, cada hora,

cada instante

y mostraremos al mundo

lo que es amar,

lo que es

Amor de Verdad.

*

Ciudad de México, 12 de julio, 2017, © Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

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LLANTO

Lloro por el pasado,

por el presente

y el futuro.

 .

El pasado, cuando nunca pudimos amarnos,

el presente en que me dejaste sola,

el futuro, sin ti, mientras viva

.

Sin ti,

esta vida, no es vida,

este mundo es de sombras,

no es real, no existe,

porque ya no estás aquí.

.

Aún no lo acepto,

no es cierto,

no es verdad que te fuiste

y ya no tengo,

ni siquiera la esperanza

de algún día estar en tus brazos,

de amarte locamente, tiernamente,

de ser feliz, aquí, en esta vida, contigo.

.

No puedo aceptar que eso no será

ya no hay ninguna esperanza,

pues ella murió contigo,

aunque se diga:

“La esperanza es lo último que muere”,

te la llevaste contigo,

ya ni eso tengo.

.

Por eso lloro,

por eso es mi llanto,

“mientras hay vida, hay esperanza”

¿Y luego?

Ya no hay nada,

hasta que yo también me vaya,

contigo.

 .

Sé que soy ingrata,

que vienes, cada noche,

que estás conmigo;

pero no es lo mismo.

.

Me quedé con ese frustrado anhelo,

de abrazarte, besarte,

de lo que soñábamos despiertos:

Amarnos, decirnos

esos “te amo”

tan deseados,

tan necesitados.

.

Que en la realidad

ya no se darán

nunca en esta vida.

 .

Jamás estarás conmigo,

ya no escucharé tu voz

diciendo: “te amo”,

ni yo podré decírtelo al oído.

.

Ésa es la razón de mi llanto.

*

Ciudad de México 13 de julio, 2017, © Silvia Eugenia Ruiz

***

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GRACIAS AMIG@S, TÉNGANME PACIENCIA POR FAVOR

Hola, después de más de un mes sin visitarlos, sin leerlos, empecé a hacerlo, pero con no muy buenos resultados, pues al leerlos, me encuentro con hermosísismos poemas y profundas reflexiones, algunos tristes, otros felices, pero que me lastiman la herida aún abierta: leo, lloro, me pongo triste; no, aún no estoy lista y les estoy poniendo comentarios amargos, cosa que no me gusta hacer, por lo que, amigos, espérenme un poco más. hasta que pueda leerlos sin ponerme a llorar.

Seguiré escribiendo y publicando, porque es una gran forma de escape, pero mis visitas nuevamente quedan pendientes, espero que ustedes, mis queridos amigos incondicionales y más apreciados me sigan leyendo, sabiendo que estoy con ustedes, aunque por el momento no los lea.  Nunca sé qué me voy a encontrar, pero por ahora casi siempre me encuentro con algo que me hace entristecer y llorar.

Y quiero  ser positiva, estar en positivo, porque así soy yo.

No me despido.  siguen en mi corazón, ¡los quiero! espero verlos a todos aquí.

serunserdeluz / Silvia Eugenia

EL SR. JOHNNY

Este cuento, aunque lo publiqué yo, no es totalmente de mi autoría, es de Danshaggy, él me lo pasó esta mañana, como cuando antes me leía lo que había escrito para publicar.  Tuve que retenerlo en la memoria y capturarlo de inmediato, sé que está escrito a mi estilo y no al de Danshaggy, pero no tengo tan buena memora para recordar palabra por palabra lo dicho por él, seguramente hubo cambios, sé que aumenté algunas situaciones para el final, así que, de hecho, es otra coautoría; la idea original es totalmente de él, yo hace mucho que no trato estos temas (ni me gustan), pero eran sus favoritos.  Espero les guste nuestro cuento.

Silvia.

***

OTOÑO DE 1888,

Por la estrecha, lodosa y oscura callejuela de Whitechapel, en Londres,  caminaba apresuradamente una joven que acababa de dejar, encerrados con candado, a sus tres pequeños niños; se dirigía al cercano Bar de Pete, volteando hacia todos lados, con miedo de encontrarse con el asesino de prostitutas que ya había matado a unas cuantas.

Al salir de su cuchitril, como todas las noches, se puso la máscara de alegría que su trabajo requería. Ésta iba sobre la otra máscara, la de maquillaje barato y exagerado, que apenas cubría el cutis de sus 20 años, aún lozano a pesar del tiempo que llevaba en esas andanzas. Mientras caminaba a su trabajo, le pareció escuchar no muy lejos a un lobo aullando a la luna llena.

Después de caminar tanto, llegó, como siempre, con los zapatos enlodados y los pies húmedos, abrió de un golpe la puerta del apestoso bar y gritó alegremente.

-¡Hola concurrencia! Rosalie está aquí.

Fue recibida con vítores y aplausos y muchos vasos se levantaron para brindar por ella, que sonriendo se dirigió al bar, se colocó atrás de la barra, se puso su delantal blanco y se alistó para servir las cervezas y el licor que le fueran solicitados.

Rosalie notó sin mucha alegría que la observaba el caballero que hacía dos noches había empezado a venir, usaba una vestimenta que quería ser elegante y que en ese ambiente más o menos lo lograba, aunque la abundancia de su pelo y barba no se lo permitía del todo. Cuando se cruzaron sus miradas, él levantó el vaso vacío y le indicó que quería más whiskey, ella sirvió una copa y se la llevó al caballero.

En el camino, se cruzó con Pete, el dueño, su odioso patrón y tío.

-Bájate el escote y muéstrale la pechuga al Sr. Johnny, que es la tercera vez que viene y hoy acaba de llegar y anda espléndido con las propinas- y al alejarse le dio la concebida nalgada con la reacción de siempre por parte de ella: apretar los ojos y los labios para no decirle un improperio al “patrón”, porque necesitaba mucho el trabajo.

Las prostitutas que trabajaban en el bar no hubieran tenido ningún problema en mostrarle al Sr. Johnny lo que éste quisiera, a eso se dedicaban, y él era menos patán que los otros, pero él sólo requería a Rosalie; únicamente quería que ella le sirviera, para manosearle lo que alcanzara antes de que ella pudiera retirarse, porque ella lo esquivaba, algo que él no entendía, pero lo hacía empeñarse más en tenerla.

Rosalie suspiró con resignación, se bajó más el escote y se acercó a la mesa del caballero que la esperaba con una siniestra sonrisa.

Alzó la vista y vio a su patrón observándola y haciéndole señas para que se agachara más y le enseñara los pechos al ahora cliente favorito. Así lo hizo.

-Buenas noches, Rosalie – con voz acariciadora.

-Buenas noches, Sr. Johnny.

-Sólo Johnny, olvida lo de “señor” y tutéame.

-Está bien, Johnny, estás servido, ¿alguna otra cosa?

-Sí, tráeme otro trago y siéntate conmigo a tomártelo, acompáñame.

-No puedo sentarme con los clientes, ‘toy sirviendo.

Él señala las otras mesas – ¿y ésas? ¿están acompañando a la clientela, no?

-Yo soy la cantinera, ellas… no- la triste verdad de que ella a veces también se prostituía, la hizo entristecer.

-Bueno, no importa, ya hablé con Pete y no tiene inconveniente, con la mirada señaló al patrón y éste le hizo una seña afirmativa a Rosalie para que se sentara con el nuevo cliente consentido del bar, después de que le hubiera dado una jugosa propina por ponerle a Rosalie al alcance.

-Ella fue a la barra y se sirvió un vaso de cerveza con la mayor cantidad de espuma posible, porque no quería que se le subiera a la cabeza, puesto que llevaba día y medio sin comer.

-¡Sírvete un whiskey, que no se diga que soy tacaño!

-Gracias, Johnny, prefiero la cerveza, pero si me quieres invitar algo más, que sea comida, hoy no me dio tiempo de comer.

-Lo que quieras, muñeca, tráete un bocadillo o uno de esos potajes que sirven aquí.

Rosalie, ni tarda ni perezosa fue a servirse algo caliente que le llenara el estómago, agradecida por poder hacerlo, ya que la noche anterior, todas las sobras de comida y pan que pudo llevarse, apenas alcanzaron para sus tres niños, que a pesar de comer tan poco estaban creciendo mucho y aunque los dos pequeños heredaban la ropa del respectivo hermano mayor, el primogénito no tenía de quien heredar los harapos, así que a ella ya le tocaba ir a la iglesia a pedir ropa para los chamacos, lo que no sabía, era cómo iba a pagar la renta de su cuartucho, ya que su hombre, acababa de abandonarla.

Mientras Rosalie se servía y regresaba con Johnny, de las otras mesas ojos envidiosos la observaban. Lizzie y Mary, sentadas en la mesa contigua a la de Johnny, atendiendo a dos borrachos no pudieron aguantarse y comentaron.

-¿Y ésta por qué tiene trato especial? – dijo Mary, siguiéndola con la vista, mientras acariciaba la pierna del hombre con quien estaba.

-Si eres sobrina del patrón y tienes 20 años, te tocan los mejores fulanos- dijo Lizzie limpiándose la espuma de la cerveza con el dorso de la mano y dándole un beso lleno de cerveza a su cliente en turno.

-Pero mira, que conseguirse a ese tipo, dicen que es médico, llega en carruaje y ve cómo se viste y ella se da el lujo de hacerse la difícil, jajaja – dijo Mary, quien después de una despreciativa mirada hacia Rosalie, se volvió a ocupar del parroquiano que estaba atendiendo, le dio un beso y le preguntó.

-¿Me invitas otra cerveza, papacito?

Lizzie se quedó pensando: “si es médico, ¿será por eso que huele a sangre?”, pero ya no dijo nada y siguió atendiendo al hombre que la tenía sentada en sus piernas.

Rosalie llegó a la mesa con su plato y sin más preámbulos se sentó a devorar el potaje con grandes pedazos de pan. El caballero la observaba divertido, “si tiene tanta hambre, será presa más fácil”, pensaba; no concebía que ésta se le resistiera, cuando cualquiera de las otras rameras se iban con él a la primera invitación, pero por eso era que más la deseaba, más se le antojaba.

Cuando Rosalie terminó de comer agachada sobre el plato, se incorporó y lo miró a los ojos.

-Gracias, Johnny.

-De nada, preciosa, para eso estoy, para cumplirte todos tus caprichos –. Al escuchar esto, ella se retrajo un poco – Ahora ven, sírveme otra copa, pero aquí, cerquita –dijo él con el vaso en la mano.

Rosalie se levantó, tomó la botella y le sirvió otra copa, el olor que él despedía la repelía, olía peor que los otros borrachos, pero se acercó de todos modos. Sus compañeras le decían que se daba el lujo de elegir con quien se iba, porque tenía el trabajo de mesera que le dio su tío, las otras meretrices no tenían esa ventaja; pero esta vez, el tío se lo había ordenado, así que tenía que hacerlo.

Johnny la tomó por la cintura y la sentó en sus piernas, mientras con la otra mano hurgaba dentro de la escotada blusa. Ella se revolvía tratando de zafarse, pero él la tenía bien sujeta y empezó a besarle los pechos que tanto se le antojaban. Rosalie, al no ver otra escapatoria, le arrojó el whiskey del vaso a los ojos.

-Maldita ramera – gritó Johnny, soltándola y tratando de secarse los ojos, lo que ella aprovechó para salir corriendo, chocando con el patrón en su camino hacia la puerta. Éste sin saber qué había pasado, no la detuvo, porque fue a atender al cliente que gritaba y pataleaba con su pierna propia y con la de palo golpeteando en el piso.

En cuanto se secó los ojos, Johnny salió corriendo tras de Rosalie, sin hacer caso de Pete, que no entendía lo que había pasado mientras él estaba en la trastienda.

Rosalie corría desaforadamente, empujando a quienes se le atravesaban. Corrió un buen trecho, llegó a su casa y quiso entrar, pero recordó que había dejado las llaves del candado atrás del mostrador, así que siguió su carrera, sin fijarse que se estaba internando en la más tenebrosa y peligrosa zona del barrio, aunque por ser noche de luna llena no se veía tan lóbrego.

Tres prostitutas le cerraron el paso, no iban a permitir que viniera una extraña y para mayor peligro, joven y hermosa a invadir su territorio. Rosalie les rogó.

-¡Por favor! ¡déjenme pasar!, me viene persiguiendo un fulano.

-Pues que te alcance, pero en otro lado perra, aquí no entras.

Una nube cubrió la Luna llena, dejando todo a oscuras y mientras discutían, Rosalie escuchaba cada vez más cercano el “toc… toc… toc” de la pata de palo de Johnny; se hincó a pedirles compasión, pero ellas se negaban y en eso llegó él, la tomó del brazo levantándola casi en vilo y dijo con una sonrisa a las rameras.

-Gracias hermosas damas, por detener a mi amada, se portó mal y debo castigarla –con su otra mano sacó tres monedas, que entregó, una a cada una, a la vez que preguntaba.

-¿Por otra moneda, alguna de ustedes, mis apreciables damitas, podría proporcionarme un lugar para castigar la travesura de mi niña?

Rosalie trataba de zafarse gritando y pataleando, pero infructuosamente, él la tenía bien agarrada.

Mimí, la mujer de en medio, la mayor y más harapienta, le arrebató la moneda.

 

–Pos sígueme, mi casa est’aquí enfrente, puedes usarla toda la noche, si gustas.

 

Le abrió la puerta, los dejó entrar y mientras Rosalie seguía luchando por zafarse, Mimí la cerró con una carcajada.

Esa noche ya no tendría que trabajar y además podría emborracharse a placer. Tomó a las otras dos del brazo y se encaminaron al bar más cercano, todas felices por la noche de descanso que tenían delante.

Desde el cuchitril en el que estaban luchando Johnny y Rosalie, se escuchaban gritos de mujer y gruñidos, pero en ese lugar no era extraño cualquier clase de ruidos y escándalos, así que nadie lo tomó en cuenta.

Antes del amanecer, cuando las tres prostitutas borrachas regresaban de su noche libre, Mimí abrió la puerta de su casa y un enorme lobo de tres patas, con el hocico ensangrentado se le echó encima, huyendo a toda velocidad.

Adentro, Rosalie yacía ensangrentada y sin entrañas…

Lo demás es historia, que aún se cuenta en Whitechapel.

 

***

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SER

Mi ser

en tu ser,

para ser

un solo ser.

.

Y ser juntos

y estar unidos

y amarnos

en el ser,

y en el estar,

ser y estar,

tú y yo,

siempre juntos,

en el SER

CDMX, 15 de junio, 2017, © Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

EMPEZANDO HOY

Algo, tengo que hacer algo…

Quiero amarte,

pero ya no estás aquí,

quiero besarte, abrazarte,

no es posible, ya te fuiste.

.

¿Qué hago?

Estoy inquieta,

necesito verte,

tocarte, acariciarte.

.

Quiero estar junto a ti,

si tu no puedes venir

en todo tu esplendor.

.

Si sólo puedes estar

en energía,

sin tu cuerpo,

ni tu humano calor.

.

Entonces llévame contigo,

si tu no vienes,

yo voy.

.

sólo quiero estar junto a ti,

por siempre,

empezando hoy…

***

CDMX, junio, 2017, © Silvia Eugenia Ruiz Bachiller.

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