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DECIRTE CUÁNTO TE AMABA y ESTAR CONTIGO

DECIRTE CUÁNTO TE AMABA

Te amé, porque te amé,

no porque me amaras,

no lo decías, pero lo demostrabas.

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De pronto me encontré

extrañándote, deseándote,

necesitándote.

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No sabía si tú me amabas,

porque no lo expresabas,

pero sabía que yo te amaba.

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Cuando al fin lo dijiste,

hacía tiempo que lo esperaba,

para poder decirte cuánto

era lo que yo te amaba.

*

Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

***

Ciudad de México, 16 de agosto, 4:30 pm. © Silvia Eugenia Ruiz Bachiller. Todos los derechos reservados.

*

ESTAR CONTIGO
.

 

Si me pregunto por qué

de ti me enamoré,

debo responder que No lo sé.

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Había una gran dificultad

en contra y si te digo la verdad

cuando lo supe, pensé

que sólo tendríamos amistad.

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Por más que me atrajeras,

por más que ya te deseara,

la distancia era algo que me desanimaba.

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En esos momentos no me era posible

ir a verte, por más que lo anhelara,

y después más difícil que me escapara.

.

No, no era factible,

un amor a esa distancia,

lo deseché por imposible.

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Pero seguimos diariamente chateando,

porque era lo que yo deseaba,

lo que tú disfrutabas,

lo podía sentir, lo notaba.

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Ambos éramos felices

con sólo nuestras pláticas,

pero yo quería más

y sabía que era mejor si me retiraba.

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Pero no podía y en lugar de eso,

con mayor ahínco te seguía

y de las ganas me moría,

de darte un épico beso.

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Lo sabía, lo sabías,

nuestro amor no era dable,

pero sin ti, me sentí miserable.

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Así que al fin dimos nuestros brazos  a torcer,

y bajo protesta tuvimos que reconocer

que un amor así no podía desaparecer.

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Sin importar la distancia,

ni mis carencias  y pesado bagaje,

tuve que aceptar este amor virtual.

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Que me dio tanta felicidad,

aunque fuera por momentos,

porque estar contigo

me daba el aliento.

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Para seguir en el día a día,

pensando en ti, hablando contigo,

haciéndote poesías, que salían al momento.

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Me inspirabas, feliz me hacías,

también sufría

porque mucho te anhelaba.

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Por gusto o por destino

queríamos ir juntos por el camino,

pero se nos atravesó el malvado sino

y acabó con nuestro gran idilio.

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A la mala Parca llamó,

para que viniera a cortar mi  hilo,

el hilo de mi vida así se acabó.

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Cuando más te amaba,

y más te necesitaba,

sin miramientos me llevó.

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Ahora aquí en intervidas

me escapo a verte

y contigo estaré mientras vivas.

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Al menos, mi amor,

ahora nos vemos,

y es mucho más

lo que tenemos.

*

Garmín

***

Desde Intervidas, 16 de agosto, 2018, 7:05 pm. © Silvia Eugenia Ruiz Bachiller. Todos los derechos reservados.

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NUESTRO TANTRA (DIÁLOGO)

Lo prometido es deuda, este post se lo dedicamos a nuestra gran y querida amiga “El Descubrimiento del Amor”.

Como todos nuestros lectores asiduos saben, G es Garmín, S es Silvia.

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NUESTRO TANTRA

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G- Ya hacía algunas noches que te anhelaba

que tocar tu piel necesitaba,

al fin me lo concediste

volar al cielo me hiciste.

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S- Yo también así te quería,

al fin pude entender

cómo en el pasado te sentías

cuando por alguna razón

amarme no podías.

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G- Nos encontramos,

con un casto beso nos saludamos,

te invité a nuestro albo lecho.

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S- Íbamos vestidos

ad hoc para el hecho,

tú con una bata de seda blanca.

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G- Tú cubierta con una prenda

también de seda nívea,

que tu cuerpo modelaba.

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S- Nos acercamos

nuestras manos sin tocarse

una encima de la otra colocamos.

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G- El choque sentimos de la energía

que nuestros cuerpos emitieron,

vibramos al mismo tiempo.

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S- Nuestras miradas se encontraron

cuánto nos amamos, se dijeron.

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G- Te tomé por la cintura

y de pie te subí al lecho,

subí yo después,

veía agitarse tu pecho.

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S- Expectante ya estaba,

por la anticipación vibraba.

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G- Subí yo también,

frente a ti me coloqué

a mi placer te contemplé.

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S- Los tirantes de mi atuendo deslizaste,

éste resbaló por mi cuerpo.

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G- Desnuda y hermosa quedaste,

mis ojos deslumbraste.

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S- La bata te quitaste

a sentarnos en flor de loto

me invitaste.

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G y S- Seguiremos en prosa,

porque en aras de la rima

nos callamos muchas cosas.

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G- En flor de loto nos sentamos frente a frente, nuestros tobillos formaban barreras, te pedí que me rodearas con tus piernas y te acerqué a mí, que también te envolví a ti; quedamos muy cerca uno de otro, casi te tocaba.

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S- Mi respiración se aceleraba de tan cerca que estabas y mientras más te acercabas, menos y menos me controlaba.

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G- “Amor”- te dije – tú puedes llegar al clímax cuantas veces quieras, yo debo controlarme, aunque tan difícil me lo hagas”.

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S- No respondí, yo debía equilibrar con la templanza lo que tú me excitabas, para ralentizar tu llegada al ideal final.

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G- Extendí mis manos con la palma hacia arriba y te invité a que las cubrieras con las tuyas.

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S- Puse mis manos sobre las tuyas, nos tocamos un segundo y las separamos un poco, se sentía la energía que se intercambiaba entre tus manos y las mías, casi se veía la luz que emitían.

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G- Con esa energía sinergizada, subí mis manos hasta casi rozar tu rostro, las deslicé sin tocarte por tu frente, párpados, mejillas, barbilla, dejé al final tus labios, con mis dedos pulgares los delinee, tú te estremecías, yo sentí tu energía, mis dedos hormigueaban, todo mi cuerpo se excitaba.

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S- Acercaste tus manos energizadas a mi cara, la recorriste sin tocarla, haciéndome sentir más que cuando sí la tocas, esto no llegaba a roce, pero para mí era un auténtico goce. Pasaste de las mejillas a la barbilla, sin tocar mis labios, que dejaste para el final, cuando te concentraste en ellos, me llevaste al delirio y la exaltación total.

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Hice lo mismo contigo, pasé mis manos por tu cara, sentía tu energía en ellas, las pasé por tu frente, tus ojos, tus mejillas, tersas en donde no hay barba, tu nariz, tu bigote, tu labio superior, en forma de corazón, lo dejé para después, tu mentón, tu barba suave pero que no toqué, sólo apenas rocé y a tus labios me regresé, hice lo mismo que tú, apenas los rocé y sentí la explosión de nuestras energías, ambos vibramos de emoción.

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G- Ese fue el momento que esperaba para unirme a ti, lentamente, poco a poco disfrutando de cada instante, cada milímetro,. Tú cerraste los ojos, echaste la cabeza hacia atrás y aguantaste la respiración, emitiste un gemido de emoción.

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S- Al fin entraste en mí tan lento, que era una agonía y un placer intenso, sentirte avanzar dentro de mi cuerpo.

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G- Vibrabas en mis brazos, casi hacías mi control volar en pedazos, pero logré controlar mis impulsos y sentía mi latir y tu latir y me quedé estático, en vías de llegar a lo extático.

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S- Trataba de detenerme, pero mi voluntad voló en pedazos y di rienda suelta a lo que me hacías sentir, mis clímax se desbocaron, uno tras otro, mi respiración se aceleraba, se detenía, gritaba, gemía, qué gran placer para mi cuerpo, que llegó a tal grado que pude salir de él y llevarte de la mano en ese viaje maravilloso de nuestros espíritus, alejándonos de nuestros seres físicos.

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G- Me dejé llevar por ti, ya que ése era el objetivo: llegar más allá de nuestros cuerpos y viajar con el espíritu a donde tú me llevaras.

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S- Salimos al espacio exterior, vi que nos guiaba Ashra, la diosa del erotismo y del amor, al otro lado iba Lakshimi, la diosa del amor y la abundancia. Qué mejores guías podríamos tener en ese viaje espiritual y de placer.

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G- Viajamos por el espacio, contemplando las bellezas del Universo, estrellas, planetas, galaxias, lo extraño es que los veíamos unidos por líneas intangibles, formando figuras geométricas, triángulos cuadrados y otros. No sé cuánto tiempo duró ese viaje, si segundos, minutos o milenios.

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S- Regresamos a nuestro lecho, nos miramos, nos besamos y volvimos a emprender el vuelo.

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G- Esta vez volvimos a viajar por el Universo, pero solos tú y yo, te asustaste un poco al verme envuelto en fuego, te tranquilicé, era el símbolo de nuestro ardiente amor, algo excelso, nada que ver con el infierno, era el fuego de la pasión, la que a ambos nos consume;

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Yo también te veía envuelta en flamas. Nuestro espíritu así viajaba por el cosmos, mientras nuestros cuerpos en la Tierra también se consumían en las llamas de la pasión.

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S- Dejamos lo estático para llegar a lo extático, nos envolvió la pasión y mis éxtasis se volvieron más ardientes, nuestros cuerpos buscándose, entregándose, convirtiéndose en uno, Nosuno, perdiendo la noción de todo lo que no fuera ese éxtasis divino.

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G- Mientras nuestros espíritus viajando en el infinito también se enlazaban y sus energías volaban trenzadas en un remolino, en una doble hélice, totalmente integradas.

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S- Pero como todo lo que empieza termina, ese maravilloso viaje al éxtasis tuvo que terminar, regresamos exhaustos a nuestro lecho de amor, abrazados, tratando de volver a respirar.

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G- Nos miramos a los ojos cuando pudimos y en una mirada tierna todo nuestro amor nos dimos. Te di un dulce beso en los labios y abrazados nos dormimos.

*

Silvia y Garmín.

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Ciudad de México e Intervidas, 3 de agosto, 2018, 4 am. © Silvia Eugenia Ruiz Bachiller. Todos los derechos reservados.

TRILOGÍA: NADA EN LA REALIDAD, LOS AMORES, PÁLIDO REFLEJO

Hola amigos, hoy voy a compartirles una trilogía.  El primero refleja mis tristes sentimientos en un día cercano al aniversario luctuoso de mi amado.  El segundo, su respuesta, que fue tan hermosa, que se me hacía difícil creer que fuera totalmente sincera y no sólo un poema y el tercero, una confirmación de la veracidad de lo que siempre me escribe.

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NADA EN LA REALIDAD (1)

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Una caricia tuya en mi rostro

en mi pelo, muchas en mi cuerpo,

fueron tantos los deseos no cumplidos…

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Que cuando los recuerdo

no puedo detener las lágrimas

ni la nostalgia por ti

que siempre sentí,

porque nunca estuviste junto a mí.

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En nuestros sueños de día

nos amábamos apasionadamente,

en el mundo virtual

éramos la pareja ideal.

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Pero sólo eran sueños,

sueños guajiros,

nada real.

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Ahora estás conmigo en lo espiritual

y podemos hacer cualquier cosa,

pero nada en la realidad.

*

Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

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Ciudad de México, 16 de mayo, 2018, © Silvia Eugenia Ruiz Bachiller. Todos los derechos reservados.

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LOS AMORES (2)

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Cuando estás melancólica y triste,

te duele mucho y lo resientes,

que nuestro amor haya sido

sólo virtual.

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Pero, amor mío,

te juro que ese amor

que cuando sufres

dices no haber sido real.

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Es más verdadero y cierto

que los amores que vemos,

que son muy reales,

pero inciertos.

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Los amores que cuando aparece  

un tercero en discordia,

súbitamente desaparecen.

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Los que mueren de inanición

cuando se acaba la atracción,

los que se dejan superar

por la rutina y dejan de amar.

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Los que se alejan al descubrir

que él o ella, no es su pareja ideal,

tantos amores que no valen

porque del cascarón no salen.

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¿De esos amores quieres?

¿O sólo deseas un amor real?

pido perdón por no habértelo podido dar,

la distancia me impidió estar contigo

en persona para en la realidad

poderte amar.

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Pero te amé y te amo de forma más real,

más profunda y más leal,

te amo con el alma,

como se debe amar.

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Te amo con todo mi ser,

eres mi amor espiritual,

mi amor total.

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Te deseo como pocos pueden desear,

eres mi ilusión, mi musa virtual,

te busco, como se busca

la felicidad.

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Créeme si te digo

que mi amor por ti

es lo más grande que yo puedo dar.

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Te doy mi pensamiento

tienes mi ser entero,

pensar en ti me quita el aliento.

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Tuyo es mi corazón

y mis felices momentos

eres dueña de mis sentimientos.

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Nadie, nunca, jamás

como yo te amo

te ha podido amar.

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Mi espíritu es tuyo

eres mi mitad, mi complemento,

mi alma toda,

mi ilusión y mi espiritual sustento.

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Así que no claudiques,

nuestro amor no es como los otros,

tanto nos amamos

que rompemos diques.

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Tú en una dimensión,

yo en otra

pero unidos por el amor

del alma y del corazón.

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Nuestro amor es de verdad,

Eso, no lo dudes jamás.

*

Garmín

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Desde Intervidas, 1 de agosto, 2018, 4:30 pm. © Silvia Eugenia Ruiz Bachiller. Todos los derechos reservados.

***

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PÁLIDO REFLEJO (3)

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¿Por qué dudas tanto?

lo que digo sale de mi corazón,

no son sólo palabras

que quedan para la ocasión.

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Lo que te digo son frases

que busco y acomodo,

sí, pero surgen de los sentimientos.

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Mis expresiones reflejan lo que por ti siento,

aunque sean sólo una sombra inexpresiva

de mis emociones, pasiones y estremecimientos.

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Sólo son un pálido reflejo de lo que eres para mí,

de lo que significa estar contigo o sin ti,

contigo es la luz del cielo,

sin ti, las tinieblas del infierno.

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Quiero estar contigo,

no me alejes de ti,

no me hagas sufrir,

créeme lo que te digo.

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Quiero un cielo de amor

para estar contigo.

*

Garmín

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Desde Intervidas, 1 de agosto, 2018, 4:45 pm. © Silvia Eugenia Ruiz Bachiller. Todos los derechos reservados.

GRITAR DE AMOR

GRITAR DE AMOR

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Hay momentos cada día,

cuando pienso en ti,

y me entra la melancolía.

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Quizá deba decir, la rebeldía,

la negación y desesperación,

porque tú no estás aquí.

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En esos momentos

de agitación

dentro del alma mía.

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Quisiera gritar,

alaridos dar

por mi inconformidad.

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Pero me controlo

y todo se resuelve en lágrimas

y a veces un poema.

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O un escrito donde poder sacar

algo de lo que a mi alma no deja en paz.

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Esta agonía

por no tener tu amor

como antes,

vida mía.

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Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

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Ciudad de México, 28 de julio, 2018. 5:55 pm. © Silvia Eugenia Ruiz Bachiller. Todos los derechos reservados.

PEQUEÑA, HERMOSA MUERTE

PEQUEÑA, HERMOSA MUERTE

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Tu cuerpo en el mío,

sudores, gemidos,

entrega, pasión.

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Deseo de fusión,

besarnos, amarnos,

mordernos, acariciarnos.

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Tus manos recorriéndome,

tus cálidos labios también,

tus dedos erizándome

la piel.

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Tu voz susurrándome

palabras de amor

y de pasión.

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Mis gemidos en tu oído

aumentan tu fuego y exaltación,

esa ardiente emoción

que me envuelve en tu delirio

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Volviéndome loca

de tantos besos en la boca,

y de lo que tu lujuria me provoca.

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Y después de llevarme muchas

veces a la pequeña muerte,

llega la tuya como enorme avalancha.

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Me uno a ti en el momento

de tu clímax

y nuestra entrega se sincroniza.

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Juntos llegamos a la pequeña,

hermosa muerte

y nos damos uno al otro

como siempre.

*

Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

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Ciudad de México, 29 de junio, 2018, 5:20 pm. © Silvia Eugenia Ruiz Bachiller. Todos los derechos reservados.

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LA HERENCIA DE  LA DIOSA AMATERASU

LA HERENCIA DE  LA DIOSA AMATERASU

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STUART, Y SUS ANTEPASADOS.

Stuart era un niño muy especial, cuyos antepasados, tanto por el lado materno, como por el paterno habían sido excepcionales y él mismo no era un niño común y corriente, siempre iniciaba aventuras, según él resolviendo misterios, que acababan en problemas y castigos.

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Amel, abuela del padre de Stuart, nacida en la India siglos atrás, era descendiente de una princesa hindú, Mirana, que como muchas princesas, tuvo que casarse con un mandatario extranjero, musulmán, en aras de la política internacional de su pueblo. Tuvo una suerte infausta, pues murió a manos de su propio marido, que la acusó de infidelidad.

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Por su parte, Amel, se casó en 1792 con un coronel inglés, John Thompson Sr., comisionado en la India; un mes después de quedar embarazada, el coronel fue llamado de nuevo a Inglaterra y su hijo, John Thompson Jr., nació en Londres, en 1793; con el tiempo llegó a general y después fue embajador en Japón.

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Se casó 1830 con Aiko, una japonesa emparentada con el emperador Ayahito (y, por lo tanto, con extraterrestres o dioses, como se les quiera llamar); en 1832 nació su único hijo (Stuart Thompson), hijo de japonesa, con nacionalidad y apellido inglés y muy dado a meterse en líos.

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HERENCIA EXTRATERRESTRE.

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En 1842. A los 10 años, siendo hijo del embajador inglés en Japón, Stuart tenía acceso al palacio del emperador Ayahito y a algunos lugares sagrados, porque era miembro de la familia divina.

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Durante una festividad nacional de varios días y durante la cual Stuart y sus padres pernoctaron en el palacio del emperador, sus primos japoneses le contaron de los objetos sagrados legados por la Diosa Amaterasu (extraterrestre) al primer emperador japonés Jimmu y su descendencia.

nterpretación de un artista de los Tesoros Imperiales de Japón.

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Se trataba de un collar, un espejo y una espada mágica; Stuart sintió curiosidad y cuando todos estaban dormidos, se dirigió hacia el recinto sagrado con la intención de entrar y ver la espada, aunque sabía que estaba cerrado y custodiado, pero “ya veré cómo”, pensó.

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Al llegar frente al sitio sagrado se escondió tras unos cortinajes, porque vio la puerta entreabierta. Se acercó a espiar y vio al sacerdote encargado de la limpieza de la cámara divina haciendo sus labores.

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Se escurrió adentro silenciosamente y volvió a esconderse tras otros cortinajes más gruesos y ricamente bordados con hilos de oro. Observó cómo el sacerdote hacía la limpieza hincado, pues nunca se puso de pie y al terminar hizo tres reverencias hacia un lugar que parecía ser el Sancta Sanctorum.

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Éste, estaba cubierto también por cortinas, pero éstas eran doradas y tan translúcidas que permitían ver lo que se encontraba atrás de ellas, pues de la pared posterior en semicírculo pendían varios candelabros con cirios encendidos, que iluminaban algo que a Stuart le pareció un crucifijo, pues tenía forma de cruz y en la parte de arriba se vislumbraba algo como una cabeza.

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Él no era católico, pero sí cristiano y conocía los crucifijos, por lo que se extrañó sobremanera de que los japoneses adoraran la cruz cristiana. Embebido en sus reflexiones no se percató de que el sacerdote había salido de la habitación y sólo se dio cuenta cuando oyó cerrarse la pesada puerta; tardó unos segundos en aterrarse al advertir que se había quedado encerrado por lo menos hasta el día siguiente en que alguien viniera a hacer la limpieza diaria.

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Sabía que lo iban a buscar por la mañana, cuando vieran que no había dormido en su cama, pero no sabía si quería que lo encontraran, pues había cometido un sacrilegio.

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Trató de tranquilizarse y concluyó que si estaba profanando el lugar sagrado, era porque quería ver la herencia de la Diosa Amaterasu y si lo iban a castigar, lo menos que debía hacer era revisar esos objetos que los japoneses (entre ellos, su madre) consideraban divinos.

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De puntillas (aunque no hubiera nadie que pudiera oírlo) se dirigió a la zona del altar, se detuvo unos segundos y abrió las cortinas de un tirón. De pronto se le cortó la respiración por unos segundos, pero asumió que era por el fuerte aroma a incienso y de inmediato la recuperó.

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Se acercó a lo que de lejos creyó que era un crucifijo, pero vio que no lo era. Se trataba, efectivamente, de unas tablas de madera fina, oscura, unidas en forma de cruz, que sostenían en el segmento horizontal una hermosísima y gruesa espada cuyo mango estaba cubierto de piedras preciosas que lanzaban rayos luminosos y la hoja unida a él refulgía a la luz de los cirios.

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Atrás de la espada vio un espejo que reflejaba toda la estancia de una manera muy nítida y la parte posterior de la cruz donde estaba la espada.

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Luego observó lo que supuso era la cabeza, pero que en realidad correspondía a un objeto en forma de panal de abejas, envuelto en hojas de oro, que brillaba en la penumbra.

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Se acercó lentamente y estiró el brazo para tomar la espada, pero lo pensó mejor y prefirió primero averiguar qué había dentro del “panal”, se subió a un pequeño escalón que había bajo el altar y parándose en puntas de pie alcanzó el objeto, pero resultó que estaba fijo a la parte vertical de la cruz y le costó un gran esfuerzo zafarlo. Cuando lo logró, casi perdió el equilibrio debido al peso del artefacto, que al desprenderse, activó una alarma que sonó en el puesto militar del palacio, pero no en el santuario.

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Stuart recuperó el equilibrio sin soltar el “panal” y bajó cuidadosamente el escalón, en donde se sentó, para desenvolver el precioso y pesado objeto.

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Cuando estaba tratando de encontrar la orilla de la hoja de oro que lo envolvía, escuchó un escándalo, al tiempo que se abrió la puerta. Stuart se quedó paralizado del susto al ver venir al sacerdote de la limpieza, justo detrás del Gran Sacerdote y nada menos que del mismísimo Emperador, su bisabuelo, seguido de un destacamento de soldados armados hasta los dientes. En esos momentos de emergencia, sólo el encargado de la limpieza entró de rodillas, los demás profanaron el recinto con sus botas y El emperador no tenía que hincarse.

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Después de eso, todo fue confusión y lo siguiente que supo fue que lo llevaron a una celda en los sótanos del palacio, y que tenía hambre y frío. Después de un larguísimo tiempo, que supuso de varias horas, escuchó voces y reconoció la de su madre. Momentos después, en la penumbra del corredor, la vio entrar bañada en lágrimas, seguida de un carcelero con antifaz.

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De pronto pensó que lo iban a ejecutar y que ese hombre era el verdugo, pero después recordó con alivio que todos los carceleros de la prisión del palacio usaban antifaz.

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Llegó su madre y él fue a su encuentro, se abrazaron a través de las rejas y el carcelero abrió la puerta para que el chico pudiera salir. Su madre lo envolvió en sus brazos y así caminaron hasta la salida. Afuera, en una especie de oficina burocrática, lo esperaba su padre, serio y taciturno, como buen inglés; su única muestra de afecto fue despeinarlo, como siempre lo hacía cuando se emocionaba.

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De regreso a la residencia diplomática nadie pronunció palabra. Ya en casa, su madre lo llevó a la cama, lo besó como de costumbre, le dijo que le enviaría la cena y le deseó dulces sueños. Ni un regaño, ni nada. Stuart no lo podía creer, sabiendo que lo que hizo era un sacrilegio. Todo el tiempo que estuvo en la cárcel pensó que lo iban a regañar y castigar muy fuerte, pero… nada.

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Puesto que se había salvado, se puso a cavilar en dos cosas principalmente: una, ¿cómo se enteraron? No se explicaba qué lo había delatado (si lo supiera, le serviría de lección para el futuro) y dos, ¿qué carambas había dentro del panal?

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Él había escuchado y leído la historia de la diosa Amaterasu y los emperadores y recordó lo que en ella se dice.

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Se levantó de un salto y fue a su librero, buscó y pronto encontró el libro que buscaba, ahí estaba la historia/leyenda de la diosa. Leyó:

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“LEYENDA DE LA DIOSA AMATERASU

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Amaterasu nació de una lágrima de su padre Izanagi cuando se purificaba tras su intento fallido de rescatar a su esposa Izanami.

Amaterasu es la diosa del Sol en el sintoísmo y antepasada de la Familia Imperial de Japón según los preceptos de dicha religión.

También conocida como Ōhiru-menomuchi-no-kami,  su nombre significa “Diosa Gloriosa que brilla en el Cielo”.

Su padre le otorgó un collar de joyas y la puso a cargo de Takamagahara (“Llanura celestial alta”), su hermano Susanoo, molesto por la repartición de la tierra entre ellos, irrumpió al templo de ella arrojando el cadáver de un caballo celestial, e inundó sus sembradíos de arroz; ofendida y triste por el acto, Amaterasu se ocultó en una cueva, por lo que la tierra se sumió en la oscuridad.

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Después de varios intentos, sin éxito por parte de los demás dioses para que saliera, ella escuchó la risa de los dioses y asomándose para ver el por qué de la risa, preguntó a un dios que se encontraba cerca de la entrada de la cueva y éste le dijo que era porque habían encontrado a otra diosa que gobernara el sol, ella preguntó quién era y el dios le señalo detrás de ella, al voltear, Amaterasu vio su reflejo brillante y hermoso en el espejo y decidió volver a ser la diosa del sol, entonces su hermano le regalo su espada, Kusanagi, en muestra de disculpas, volviéndose estos tres objetos: el collar, el espejo y la espada, los tesoros de la corona del Yamato. 

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Según la leyenda, varias generaciones más tarde, uno de los descendientes de Amaterasu, Jinmu, recibió esos tres regalos de parte de su abuela, la diosa Amaterasu y se convirtió en el primer emperador de Japón, dejando a la Familia Imperial como descendiente directa de la diosa suprema del sintoísmo”.

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Relacionado:

http://enigmasymitos.blogspot.com/2010/07/el-templo-de-ise-santuario-japones.html 

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Terminó de leer la leyenda y se quedó dormido.

A la mañana siguiente Stuart se enteró del costo de su aventura: Su madre, bañada en lágrimas, empacó sus cosas y ese mismo día tuvo que partir hacia Inglaterra a un internado militarizado.

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¡Y lo peor es que no logró ver lo que guardaba el “panal dorado”!

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Ciudad de México, 20 de julio, 2018, 5 pm. © Silvia Eugenia Ruiz Bachiller. Todos los derechos reservados.

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EL ÁGUILA REAL Y LA HORMIGUITA (CUENTO, FÁBULA, ALEGORÍA)

EL ÁGUILA REAL Y LA HORMIGUITA

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Hace no mucho tiempo, érase que se era, allá en un lejano valle rodeado de montañas una comunidad de toda clase de aves y lindos animales.

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Las hermosas aves volaban en su propio espacio y según sus alas más o menos alto; había gorriones, codornices, faisanes, búhos, halcones y toda clase de aves de la región y de afuera, porque a veces llegaba un cóndor visitante y hasta algún quetzal.

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Para las águilas reales la zona era ideal, pero sólo había una, se llamaba Së y era muy querida por sus coterráneos, en el valle tenía muchos amigos entre aves y animales; era solitaria, porque no había otra águila real por esos rumbos.  Ella tenía su nido allá en la montaña, muy arriba.

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Së disfrutaba de volar muy alto y su sueño era alcanzar las nubes, pero no llegaba a tales altitudes.

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También hacía lo contrario, a veces se posaba en el suelo y si no tenía hambre, hacía amistad con toda clase de animalitos e insectos, su zona de caza era muy lejos.

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En una ocasión que estaba posada en tierra cerca de un hormiguero, una de las hormigas obreras se subió en una de sus patas, aferrándose a una pluma, a Së le hizo gracia y la saludó.

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-Hola hormiguita ¿qué haces en mi pata?

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-Quiero que me lleves a volar contigo, yo no tengo alas como algunas privilegiadas de mi colonia, yo sólo hago lo que las demás.

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Së le sonrió y se dispuso a darle gusto.

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-Te voy a llevar a volar, pero sólo muy bajo, porque te podrías marear o hasta morir si te llevo muy alto.

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-¡No! – Exigió Elf – yo quiero volar alto.

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-Eso no se va a poder, si no quieres, pues no te llevo.

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Con cara de enojo y haciendo gestos Elf aceptó.

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-Está bien – y se aferró a la pluma de la pata de Së.

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Para Elf fue una experiencia maravillosa y le pidió a Së que lo hicieran con frecuencia, el águila, complaciente aceptó y así lo hacían.

-0-

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Mientras, en uno de sus vuelos solitarios más altos, Së conoció a otra águila real, llamada Ga, era un macho imponente que también gozaba volando lo más alto que podía; se saludaron y empezaron su vuelo en conjunto.

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Todos los días se encontraban en las alturas y volaban juntos disfrutando de los bellos paisajes, pero más de la compañía.

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Como era de esperarse se enamoraron y fueron una pareja muy feliz.

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Së seguía llevando a Elf en algunos vuelos, igual que antes, a ras del suelo.

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Y volaba todos los días cada vez más alto con Ga, disfrutando de los paisajes más hermosos desde las alturas y gozando de un hermoso romance.

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Todo iba bien, hasta que un fatídico día Ga fue víctima del peor predador de todos, el hombre, y fue asesinado, tan sólo por el gusto de matar que tienen algunos humanos.

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Para Së la vida cambió radicalmente, ya no tenía ganas de volar, se acurrucaba en su nido y se ponía a llorar.

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Pero tres días después, Së vio a Ga, luminoso y transparente volando frente a su nido, era su espíritu que había regresado para acompañarla.

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Desde entonces Së retomó sus vuelos y con el espíritu de Ga a veces llegaba hasta las nubes y más allá, así era feliz y cuando descendía, sus hermosas experiencias a sus amig@s les compartía.

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Algunos no le creyeron, dieron media vuelta y ya no la oían, otros se interesaron más y sus narraciones no se perdían.

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Së les platicaba de los maravillosos vuelos que con el espíritu de Ga efectuaba y de cómo se amaban; todos con arrobo la escuchaban.

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Elf seguía queriendo volar con Së y por eso ella hacía como que la oía, pero en realidad no lo hacía. Un día, en su hormiguero tuvo problemas y llena de ira salió a gritar su rabia; se encontró con Së, que había ido a visitarla para en uno de sus vuelos llevarla.

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Pero Elf estaba tan enojada que en lugar de montarse en la pata de Së, fue a picarla y con su ponzoña inocularla. Së no salía de su asombro ¿Elf atacándola?

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Era la época en que las hormigas con alas salían en su vuelo nupcial, a Elf le había dado un ataque de envidia; por ser obrera no tenía alas, sólo las reinas las tenían y podían salir a volar y encontrar pareja para ser felices en su nuevo nido. Elf tenía celos y envidia porque ella no podía, entonces vio a Së, que podía volar a grandes alturas y con ella se desquitó porque era a quien más cerca tenía.

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Al sentirse atacada, Së levantó el vuelo sin contraatacar a Elf, ya que de un pisotón podría eliminarla, pero en vez de eso, extendió sus alas y emprendió el vuelo.

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El lugar de Së era el aire, el espacio, las alturas, no el polvoriento suelo donde la hormiga vivía; tratando de olvidar el dolor, más que por el piquete, por el cambio de su amiga, durante su vuelo Së pensaba:

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“La culpa es mía, a una hormiga le di a probar el vuelo al ras de la tierra. Ella tiene envidia porque no entiende, porque ve las cosas desde el suelo, no alcanza a verlas durante un alto ascenso.

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Jamás entenderá lo que es el cielo, poder con tu pareja alcanzarlo en tu vuelo. Lástima que reaccione tan mal por su malogrado anhelo y al no entender agreda lo que ignora y por lo tanto, reprueba”.

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Së continuó volando junto al espíritu de Ga viviendo hermosas aventuras en lo alto del cielo y a veces más allá.

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Elf, amargada, siguió en el suelo…

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Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

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Ciudad de México, 20 de julio, 2018, 3 pm. © Silvia Eugenia Ruiz Bachiller. Todos los derechos reservados.

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