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“EL DIA DE LAS MADRES” CUENTO (La Desgracia de Ser Mujer 4)

© condiciones al final

“EL DÍA DE LAS MADRES”

CUENTO

No soy Pablo Neruda, pero…

“Puedo escribir los (…) cuentos más tristes esta noche.

Escribir por ejemplo: la noche está muy bella y (…) …¡me lleva la tristeza!

No, eso no es Neruda, tampoco es de una mujer decente, que además es esposa y madre, pero… es cierto.

Tengo tanto qué dar a los demás… y no doy nada.

Tengo tanto qué hacer por los demás… y no hago nada.

Tengo tanto qué sufrir, ¡y sufro!… ¿y sabes qué es lo peor de todo?, que, (con excepción de algunas feministas), todo el mundo me dice:

-¿Pero, qué te hace falta?

-¡Tú tienes todo!

-¡Muchas mujeres quisieran tener una marido como el tuyo!

-¡Cuántas quisieran unos hijos como los tuyos!

– A ti “hasta lo que no comes te hace daño” (esto me lo dicen porque me duele la situación de la mayoría de las mujeres en el mundo).

-No tienes preocupaciones económicas, tienes sirvienta, él te da todo lo que quieres…!

-Etc., etc., etc.

(Maldito etc.)

¿Y lo que tengo que aguantar?: sus parrandas, sus amantes, sus desprecios… ¿eso no cuenta?

¿Y, porque yo lo tengo “todo” (eso dicen mis “amigas”), creen que no me duele lo que no tiene la mayoría de las mujeres?

¿Aquéllas que tienen que trabajar como mulas de carga para que luego todos digan que “las mujeres no sirven para nada?

¿Y los hijos que tienen que traer al mundo sin desearlos y después tienen que aguantar, educar y mantener, porque el marido o ya se fue o no trabaja?

¿Y las violaciones que sufren por parte de sus propios maridos, amantes, parientes, jefes o desconocidos?

¿Y ese AMOR -con mayúsculas- que no pueden dar a nadie, porque nadie lo quiere ni entiende?

¿Y esa sensualidad que ningún pinche macho sabe, ni quiere, ni puede despertar? y que se muere dentro de la mujer sin haber florecido?

¡Qué triste es ser mujer!, ¡siempre eres menos!, te educan para ser menos, para servir, para sufrir, para callar, para parir, para que te humillen; pero, ¡eso sí!, un día al año (si tienes la suerte de ser madre), eres “reina por un día” y te regalan algo para que les trabajes mejor.

Pero cuando quieres acercarte a tus hijos, oírlos, conocerlos, aconsejarlos, ¿qué te dicen?:

-¡Ay, mamá, tú no entiendes nada!

Y te quedas con toda la carga de amor que quieres darles y, ¿qué haces con ella?, ¿la tiras?, ¿dónde?.  No, querida madre, la conviertes en amargura y te la tragas, como te tragas las parrandas, las borracheras y los golpes de tu marido; como te tragas que tenga amantes; como te tragas sus:

-Perdí la chamba, a ver qué haces para comer”, etc., etc., etc.

Dime, mujer, ¿sabes quién eres?, ¿qué eres?

Yo te lo voy a decir:

Eres el ser más desvalido de la tierra, el más menospreciado,

El que todo lo da y nada recibe, bueno… eso no es verdad, sí recibes algo, recibes golpes, recibes reproches, recibes humillaciones y desprecios y, si eres madre (y tienes suerte), ¡recibes una licuadora el 10 de Mayo!

***

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Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Autora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación y regresiones a vidas pasadas.

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© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Puebla, Pue, 1986. Puedes copiar y publicar este artículo, siempre y cuando no lo uses con fines comerciales, no lo modifiques, no quites el © ni este último párrafo que le sigue, enlaces incluidos.

CAPÍTULO III, DADO DE ALTA

Viene de Capítulo II, SCORPIO, EL TAROT Y SUS PREDICCIONES

Seguíamos mal en nuestro matrimonio, ya no era como antes, ya no había armonía; ya no salíamos a comer o cenar varias veces a la semana; yo me dediqué a escribir una novela que me tenía obsesionada, me levantaba directo a la máquina de escribir, la ventaja es que tenía yo quien hiciera todo en la casa, ella, ese ángel que me ayudaba, me llevaba el desayuno al escritorio donde me pasaba todo el día escribiendo, me molestaba que me interrumpiera para preguntarme qué hacía de comer; mi hijo adolescente comía en la casa, con un amigo suyo que teníamos casi viviendo con nosotros como “invitado” y yo a veces ni comía, por escribir y escribir. Tenía yo la mesa llena de libros abiertos, donde buscaba datos para la novela, el escritorio igual, no había espacio casi ni para la pila de hojas que sacaba yo, una tras otra.

Sólo en la noche, a la hora que pasaban en la televisión una serie que nos gustaba a Juan Gerardo, mi hijo, y a mí, es que merendábamos juntos, platicábamos un poco y él se iba a escuchar su música a su “baticueva” como llamaba a su recámara.

Mi marido llegaba totalmente bebido como a las 3 ó 4 de la mañana, cuando yo aún estaba escribiendo, casi no hablábamos, si yo podía evitarlo y se iba a dormir la borrachera a la recámara de los huéspedes, porque hacía tiempo que no dormíamos juntos.

En tiempos pasados ambos nos mostrábamos lo que escribíamos y nos hacíamos sugerencias o críticas constructivas, pero como estaban las cosas, esta novela no se la mostraba, aunque sabía que en las mañanas leía lo que había yo escrito el día anterior, pero no me la podía criticar (constructiva o destructivamente), porque yo no se la enseñaba. Eso generaba más tensión entre nosotros.

Cuando ya estaba a punto de terminar la novela y se acercaba la fecha límite para el envío a un concurso, llegó el día de nuestro aniversario, cayó en domingo y como todo buen matrimonio que se respete, Gerardo y yo salimos a comer, ambos pensando que no iba a ser una experiencia grata, pero teníamos que pasar por ella, afortunadamente nos equivocamos, ya que volvimos a ser como antes, platicamos muy a gusto de temas que nos interesaban a los dos y al salir, voltee a verlo y dije:

-Me la pasé muy bien, como antes, muchas gracias.

-Yo también me la pasé muy a gusto, ¿te parece que hagamos las paces?

-Por mí encantada ¿vamos a oír mariachis?

Fuimos y yo estaba muy contenta (ese día sí me tomé algunas copas) y con mucho ambiente en el bar de mariachis al que fuimos. Algunas parejas bailaban en su lugar y yo quise hacerlo también, pero él no quiso,

-Ven, vamos a bailar.

-No, no tengo ganas.

-Anda, ven, vamos a divertirnos.

-Ya te dije que no, mejor siéntate y tranquilízate.

¡Bonito anticlímax! Ya que nos habíamos contentado, pero en fin, me senté con cara de aburrimiento y enojo al mismo tiempo y en 5 minutos le dije.

-Para que estés así, mejor vámonos.

Finalmente acabamos enojados de nuevo y al llegar a la casa cada quién tomó su camino y así acabó nuestro festejo de aniversario, medio bien, medio mal, de todos modos, ya se había roto el hielo, el resultado al día siguiente, fue que estuvimos más cordiales.

El lunes siguiente desayunamos juntos y él aprovechó para decirme:

-Hoy voy a ir al cardiólogo para un nuevo chequeo, creo que todo va bien.

– Me da gusto, ¿a qué hora vas?

-Temprano, porque en la tarde tengo dos juntas.

-¿Me avisas lo que te diga?

-Claro, te llamo.

-Gracias –le di un beso de despedida, porque ya iba saliendo para la oficina, y yo me fui rápidamente a seguir escribiendo mi novela, la que ese día iba a terminar, al fin, y la iba a enviar a un concurso, la fecha límite era ese mismo día a las 5 pm.

-Por cierto, necesito algunas fotocopias ¿me las puedes sacar en la oficina?

No le gustó mucho la idea, me di cuenta.

-No, pero dámelas y mando al chofer a que las saque en alguna papelería, sé que la tienes que mandar hoy y estás atrasada.

Le sonreí –Sí, algo atrasada y me quitaría tiempo ir a la papelería a sacarlas – le di las hojas que necesitaban ser fotocopiadas. Necesito 4 copias de cada una-aprovechó para darme otro beso en la mejilla y las guardó en su portafolios.

Dos horas más tarde, él mismo me las llevó, no el chofer, y me ayudó a separarlas, como estaba yo hincada en el piso con las 4 pilas de hojas a mi alrededor, se rio y preguntó.

-¿Y ahora qué vendes?

-Jajaja, papeles, ¿cuántos quieres?

Se sentó en el suelo a ayudarme a hacer los 4 tantos que necesitaba, 3 para enviar al concurso, 1 para quedarme con él. Terminamos y me preguntó si quería que la llevara el chofer, que lo estaba esperando afuera.

-Gracias, pero no. Quiero vivir la emoción de llevarla –vi el reloj- jajaja a última hora, , nerviosa, viviendo el momento de que me den el comprobante minutos antes de la hora límite. Voy a engargolar las copias, meterlas al sobre y llevarlas a Estafeta, apenas tengo tiempo.

Él sonrió y me dijo –Buena suerte.

Envié la novela apenas a tiempo, a las 4:50 pm., mi hijo me acompañó y me quedé con ganas de celebrar haberla terminado y mandado, así que, desde un teléfono público, llamé a Gerardo, pensando que ya no sería aguafiestas.

-Listo, ya la envié, tengo ganas de celebrar ¿vamos a bailar?

Silencio al fin roto por unas palabras que no me gustaron –No, disculpa, hoy no tengo ganas.

-Tú nunca tienes ganas, está bien. Nos vemos en la noche – pensé que seguramente de nuevo iba a llegar tarde y borracho – Por cierto, no me has dicho lo que te dijo el doctor Matsumoto (un cardiólogo, recomendado por Armando, nuestro médico de cabecera).

-Me dio de alta hoy.

-¿De alta? – me extrañó que en una enfermedad cardiaca dieran de alta a un paciente que no estaba en el hospital, pero bueno ¿qué sabía yo de esas cosas?

-Ok, qué bien, bueno, nos vemos en la noche.

Llegó temprano y se acostó, yo seguía con ganas de celebrar y él me fallaba como cuando estudié mi carrera, ya casados, y quería yo celebrar haber pasado un examen difícil, nunca contaba yo con él y esta vez tampoco, pero ahora tenía yo un as en la manga, mi hijo adolescente.

-Juan Gerardo, me acompañarías a celebrar la terminación y envío de la novela?

-¡Claro mamá! Por supuesto, ¿quieres ir a bailar?

-Esa pregunta ni se pregunta, vamos a la casa para arreglarme – y diciendo y haciendo, con una última mirada a la sucursal de Estafeta donde había enviado mi novela, entramos al auto y nos dirigimos a casa.

Gerardo llegó temprano ¡milagro!, pero no me iba a echar a perder la celebración, ya casi estaba yo arreglada.

-¿Entonces, no quieres ir? Voy a ir con Juan Gerardo.

-No, diviértanse, a ver quién cansa a quién.

-Creo que todavía puedo cansar a un jovencito, jajaja – Recordé los tiempos en que cansaba yo a más de una pareja de baile, era yo incansable.

Resultó que mi hijo me heredó, ninguno se cansó, hasta que empezaron a parpadear las luces, indicando que ya iban a cerrar, salimos y fuimos a cenar a un Vip’s. Estábamos muy contentos, con la adrenalina hasta arriba. Cuando llegamos Gerardo ya había apagado la luz, no quise despertarlo.

Al día siguiente me levanté tarde y no lo vi cuando se fue. Pero a medio día me llamó.

-Mañana van a venir mi sobrina Denise con mi hermana y mi cuñado, porque van a recoger un auto en la agencia, como conozco al dueño, le conseguí buen precio, por eso vinieron acá a comprarlo.

-Ah, qué bien ¿van a venir a comer a la casa?

-No, se quieren regresar temprano, pero te voy a pedir un favor.

-Dime.

-¿Por qué no aprovechan tú y Juan (nunca le decía el nombre completo) y se van con ellos a la Ciudad de México a buscarle departamento al chamaco? Como se va a ir a estudiar allá, necesita dónde quedarse, pero no confío que él elija algo conveniente ¿lo acompañarías?

-¡Claro! ¿por qué no me lo pidió él?

-Tal vez preferiría ir solo, pero no creo que sea lo mejor, por eso si se van con mi hermana y familia, hay pretexto de que vayas tú también.

-Está bien ¿él ya lo sabe?

-Va a venir al rato y se lo voy a decir.

-Ok, mañana iremos a México.

Ese viaje…

Continúa en el Capítulo IV Era yo Feliz.

 

Ciudad de México, Siglo XXI

 

***

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Puedes copiar y publicar este artículo, siempre y cuando incluyas el enlace al artículo, no lo uses con fines comerciales, no lo modifiques, no quites el © ni este último párrafo que le sigue, enlaces incluidos.

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Imágenes tomadas de internet y Pinterest.

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Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Autora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación y regresiones a vidas pasadas.

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CAPÍTULO II SCORPIO, EL TAROT Y SUS PREDICCIONES

 Viene de:

https://serunserdeluz.wordpress.com/2017/03/11/capitulo-1-el-seguro/

En las tres etapas en las que trabaje como secretaria eventual en Man Power, cuando me enviaban a una nueva empresa, siempre me preguntaba si conocería a alguien importante en mi vida futura.

Al entrar a Pol (nueva empresa multinacional con un ambiente laboral muy diferente al usual de las grandes compañías), como de costumbre, no fui muy bien aceptada por las otras secretarias, en esta vez era por lo opuesto, ya que ellas eran de más “alto nivel”, pues eran empleadas de planta y yo sólo era “eventual”; sin embargo, en mi primer día me invitaron a que las acompañara a comer, cosa que agradecí, porque no había muchas opciones, resultó que todos los días iban al Vip’s y ahí tuve que ir con ellas.

En la plática, salió un tal Scorpio y todas ellas se deshacían en alabanzas a su precisión, tanto hablaban de él, que tuve que preguntar y resultó que era un lector de tarot muy acertado, al que veían con frecuencia y el viernes anterior habían ido a consultarlo.

-Es que no creerías lo acertado que es.

-Seguramente no lo creería, porque soy escéptica.

-Mira, mi hermana también lo era, hasta que lo consultó. De veras, es increíble.

-¿Literalmente? – me di cuenta de que no iba a ganar amistades si seguía yo en ese plan, así, que bajé un poco mi tono – Bueno, díganme en qué ha acertado, al menos tener esa referencia.

-Mira a Mary le dijo que se iba a casar en 3 meses, cuando ni siquiera habían hablado de eso con su novio y luego sí, por razones que no vienen al caso, hicieron planes de casarse a los 3 meses de la consulta; luego en la siguiente vez que fuimos, cuando ya todo estaba listo para la boda, le dijo que se iban a arrepentir y tal cual, se pelearon y cancelaron la boda, nuevamente fue a verlo y le dijo que sí se iba a casar ¡y se casó!

.Y así muchas otras cosas, viajes, cambios en el trabajo, ¡todo!

-Hummm, pues tendría que verlo para creerlo.

-Escéptica tenemos – Era Marta la que hablaba, a leguas se veía que yo no le era simpática.

-Digamos que sí, pero con mente abierta, si veo pruebas fehacientes, lo creo.

-Pues no tenemos por qué probarte nada – de nuevo Marta, con tono despectivo.

Mary, la del matrimonio indeciso, me defendió – Pues a mí sí me gustaría que lo comprobaras, la próxima vez que vayamos, te invito para que veas que sí te adivina todo.

-Me parece muy bien –contesté tratando de hacer las paces, luego ellas siguieron comentando lo último que les había dicho Scorpio. Elucubrando “cuándo” iba a pasar, no si iba a pasar, lo que escuche me pareció muy incoherente dadas las condiciones del momento que yo sabía de ellas, pero como en realidad las acababa de conocer, no tenía yo la información suficiente como para juzgar.

Pasó el tiempo y yo seguía trabajando en la misma empresa, se llegó el día en que iban a consultar a Scorpio y me invitaron.

Desde que me vio entrar a la habitación en que consultaba en privado a cada quien, me dijo.

-Has sufrido mucho, tu mamá murió cuando eras pequeña, tuviste una adolescencia muy difícil, con tu madrastra, pero cambiaste tu destino ¿cierto?

Me dejó pasmada, puesto que ninguna de las otras secretarias me conocía, ni había yo hecho amistad como para contarles esas cosas de mi vida. Todo eso lo adivinó y siguió por el mismo camino, me dijo otras cosas que sólo yo sabía. Ya roto el hielo del escepticismo, empezó a decirme el futuro.

-Un jefe de la compañía te va a ayudar en buen plan, sólo por ayudarte, es un hombre de pelo cano, va a darte el trabajo de planta.

El escepticismo volvió a mí. Puesto que el único canoso de la empresa era el Director General y a él era obvio que no le era yo simpática, siempre que podía me excluía, era casi tirria la que me tenía.

-Jajaja, eso sí que no te lo creo.

-Como gustes, pero cuando ocurra, vienes y me lo cuentas ¿ok?

Y ¡pasó! El Director de la planta se apellidaba Whitehead (cabeza blanca = canoso) y por angas o mangas, de rebote, me consiguió el contrato como empleada, con contrato firmado por tiempo indefinido, sólo por considerarme buena empleada y para el puesto de su secretaria, sin más nada. Así que Scorpio tuvo razón.

Por supuesto fui a ver a Scorpio y a decirle que me retractaba y sí había pasado lo que él había dicho, sólo se rió y me dijo otras cosas igualmente extrañas, que se cumplieron.

Me hice tan adicta a sus lecturas que le organizaba sesiones en mi casa, con mis amistades de otras partes, por supuesto, también era yo su consentida.

Años después, en una sesión se puso muy serio y me dijo.

-Entre 5 y 8 años adelante, vas a quedarte viuda.

-Ya estaba yo casada y me afectó lo que me dijo, porque ya sabía que lo que decía, pasaba, aunque a veces yo podía hacerlo más leve o cambiarlo, como cuando me dijo que iba yo a tener un accidente de auto, no grave y estuve días pensando en que eso no me iba a pasar, y le sucedió a las dos chicas que me daban “aventón” cuando salíamos al mismo tiempo; a veces me iba con una a veces con la otra, y tuvieron un accidente automovilístico en días en que casi me iba a ir con una de ellas, pero por una llamada o algo fortuito, me fui con la otra, el caso es que ambas tuvieron percances, pero cuando yo no iba con ellas. Salvándome por “casualidad”, más bien “causalidad”, porque yo ya lo sabía y así lo había querido y pedido.

Dos años más tarde Scorpio volvió al tema de mi viudez.

-Vas a quedarte viuda entre 3 y 6 años en el futuro, va a estar muy feo, él alcoholizado, en carretera…ahí va a quedar, instantáneo.

Esas predicciones me dejaban muy mal por mucho tiempo y lo único que podía hacer era pensar que no iba a ocurrir así.

Una tercera vez me volvió a decir lo mismo.

-Entre 1 y 3 años…

Para ese entonces vivíamos en la Ciudad de México y él trabajaba en la misma, no salía a carretera y eso me tranquilizaba; no sabía si cuando ocurriera lo vaticinado por Scorpio yo iba a ir con él y lo más importante, si iba a ir mi hijo, pero Scorpio no me daba más datos.

Ocurrió el terremoto del 19 de septiembre de 1985 en la Ciudad de México y después de eso, nos mudamos a otra ciudad cercana.

Gerardo a veces viajaba a la Ciudad de México por razones de trabajo y regresaba tarde en la noche, bebido y manejando él. A mí me ponía mal que lo hiciera, pero él no aceptaba quedarse allá y regresar hasta el día siguiente. Yo seguía orando para que no le sucediera nada.

-Por favor, no bebas o no manejes en carretera.

-No pasa nada.

A veces estaba tentada a decirle lo que había predicho Scorpio, pero como se reía de mí por creer en esas “mafufadas”, hubiera sido peor si se lo dijera, así que me quedaba yo sola con mi angustia, además de que ya había perdido contacto con Scorpio, que también se fue a vivir a otra parte.

En una ocasión, yendo los tres en carretera, de paseo, un camión que se nos adelantó, nos lanzó una piedrita que hizo un agujero en el parabrisas, Gerardo perdió el control, el auto hizo zigzag, hasta que pudo detenerlo.

Yo me puse histérica y me enfermé del estómago, cuando al regreso fui a ver a nuestro médico y le conté lo sucedido, Armando me dijo.

-No lo dudo, eres muy sensible, por una parte y por otra, tienes el miedo de que ocurra un accidente automovilístico en que tu marido fallezca

-¿Lo sabes?

-Tú me lo dijiste en una de las primeras consultas ¿no te acuerdas?

-No, la verdad, no lo recordaba.

Me dio los chochitos para aliviar mi mal estomacal y mi vida siguió su curso.

Pasaron 2 años, yo casi no recordaba lo que me había dicho Scorpio, salvo cuando Gerardo iba a México y ahora, en ocasión de pagar el seguro, que pude haber aumentado, pero me pareció que eso quizá hubiera llamado a la mala suerte, por eso no lo hice.

Volví a orar todos los días, rogando por que no le ocurriera nada a Gerardo en carretera, manejando tomado.

Y no le ocurrió…

No iba manejando,

quizá no estaba tomado, pero…

Continúa en

https://serunserdeluz.wordpress.com/2017/03/20/capitulo-iii-dado-de-alta/

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Ciudad de México, Siglo XXI

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CAPÍTULO 1 EL SEGURO

Viene de:

https://serunserdeluz.wordpress.com/2017/03/10/autobiografia-capitulo-prohibido/

 

Todo lo que ocurrió en estos capítulos de mi vida fue antes de las PC’s, de internet, los teléfonos celulares y toda la parafernalia que los acompaña. De haber existido los celulares e internet, la historia hubiera sido muy distinta…

Como recordarás, de mi Autobiografía, que supongo ya habrás leído (y si no, ¿qué esperas?), cuando decidí retractarme de aquello de “si no puedes contra ellos ¡úneteles!” (en cuanto a beber con mi alcohólico esposo) y en las ocasiones en que salíamos juntos (varias veces a la semana) ya no bebía con él, mi matrimonio empezó con problemas, pues antes tenía un “equilibrio” desequilibrado, pero balanceado al fin (él bebiendo, yo enferma; me curé, pero él siguió bebiendo) y yo lo rompí, como consecuencia, él siempre estaba de malas, nada le parecía, todo lo criticaba, en fin, ya no había la armonía de antes y, a instancias mías, dejamos de salir a comer y a cenar solos, así como asistir a cenas de matrimonios, no tenía caso, estar como cualquier otra pareja de casados: peleando y discutiendo por todo, o mirando al horizonte, sin comunicarnos entre nosotros, sólo masticando y tragando la comida.

Estábamos en esa situación cuando un día me preguntó por qué había hecho yo un gasto en mi tarjeta de crédito, que pagaba yo con mis ingresos.

-¿Y tú, por qué abres mi correspondencia?

-¿Estamos casados, no?

-Ahh, sí, claro – No dije nada más, porque eso me daba la oportunidad que yo quería, de abrir sus estados de cuenta y cuando llegaron, abrí el de la cuenta corriente, vi una transferencia de una cantidad muy grande y me llamó la atención, tanto, que cuando llegó a comer lo encaré:

-¿En qué gastaste tanto? –dije señalando la cantidad en su Estado de Cuenta.

-¿Y tú, por qué andas abriendo mi correspondencia?

Contesté con sorna

-¿Estamos casados, no?

Se tuvo que tragar el coraje.

– Le presté a Arturo, recordarás que él nos prestó para completar el costo de la casa cuando la compramos…

-Si – interrumpí –lo recuerdo perfectamente, pero eso ya se lo pagamos.

-Claro, hace meses, pero ahora él necesitó esa misma cantidad y como podía prestársela, lo hice.

-¿Y qué paso con lo de que esa cuenta es “nuestra”? ¿por qué no me consultaste?

-Porque no – y siguió revisando el borrador de su nueva novela, dando por terminada la plática.

Como 20 años de casada me había dado la suficiente experiencia para saber que cuando uno no quiere, dos no pelean, ya no insistí, sólo pregunté.

-¿Y le pediste recibo? –yo sabía que no, sólo quería que me lo confirmara.

-Ya sabes que yo confío en la gente.

Ya ni caso tenía seguir alegando, eso ya lo sabía, que a pesar de tantos trinquetes y fraudes en su contra, mi marido nunca pedía recibos cuando él daba un dinero. Eso nunca me lo expliqué, pero “genio y figura…”

Por esa misma razón, dos meses antes le había sugerido que yo llevara las cuentas y pagos de la casa, porque él tenía muchas cosas que hacer y en ese momento, yo no estaba haciendo nada en particular, ya no iba a clases a la universidad, ni a la Casa de la Cultura, entre él y el médico de la familia me habían convencido de que dejara de vender máquinas de oficina, escribía algún cuentito de vez en cuando, pero me aburría soberanamente; llevar los pagos y las cuentas me daría algo en qué entretenerme.

Llegaron los siguientes Estados de Cuenta, había que pagar luz, teléfono, agua, las tarjetas de crédito y el trimestre del seguro de vida. De la cuenta conjunta, de donde se pagaba todo eso, después de cubrir los gastos fijos, sólo quedaba lo suficiente para pagar el seguro o el total de la tarjeta de crédito (como siempre hacíamos) y un poco más, pero no lo suficiente para ambos pagos.

En el desayuno le comenté a Gerardo.

-Ya pagué todo, pero sólo queda para pagar el pago trimestral del seguro o el pago total de la tarjeta, sigues gastando mucho en comidas fuera.

Sin contestar a mi crítica – Paga el total de la tarjeta, no quiero pagar intereses.

-Pero si no pagamos el seguro, lo pierdes.

Sólo se encogió de hombros, ni me miró.

Ya hemos perdido 3 ó 4 seguros por no pagar una mensualidad.

-No importa – y dio por terminada la discusión.

Me enfurruñé, me di la vuelta y regresé al escritorio. No sabía si hacer lo que él decía o lo que yo quería.

Recordé, sin querer, que hacía unos años, Scorpio, mi lector de tarot que nunca fallaba, me había dicho que en ese año me iba a quedar viuda… sacudí la cabeza, en negación, pero el pensamiento no se iba de mi mente ¿y si, como siempre, tenía razón Scorpio? ¿y si…? ¡no, no, no, no! ¡no! Pero.. ¿ y si…?

Casi me decidí a pagar el seguro, pero aún no estaba segura, pensé dejar la decisión para el lunes.

Hacía 3 años que vivíamos en una ciudad de provincia cercana a la capital (2 horas de carretera) y ese fin de semana iba a ir a la Ciudad de México a una reunión de feministas en casa de Amalia. Olvidaría el asunto por un tiempo y el lunes, en el banco, tomaría la decisión.

Fui a México, llegué directo a la casa de Amalia.

-¡Holaaaaaaa! –tan expresiva como siempre, me dio un gran abrazo y me llevó a la sala, ahí estaban todas las amigas de siempre y una sorpresa, una “nueva” en el grupo, pero a la vez vieja conocida.

-Mira, invité a otra amiga a las reuniones, es buena onda, se van a llevar bien.

-Ángela se levantó del cojín en que estaba sentada en el piso, como todas las demás y sonriendo me saludó de beso.

-Mira nada más, dónde venimos a encontrarnos, te iba a llamar el lunes ¿ahora podemos tutearnos, no?

-Jajaja, claro que sí, yo tampoco esperaba encontrarte a ti aquí, ¡qué coincidencia!

-¿Así que se conocen? Así es el mundo de las feministas ¡un pañuelo! –dijo Amalia, sentándose en su cojín en el suelo, después de ofrecerme una botana.

-Pero no nos conocemos del mundo de las feministas, sino por negocios – dijo Ángela, yo le vendí a su esposo un seguro de vida.

Yo sólo sonreí y asentí.

-Al rato hablamos de eso ¿sí? – me dijo ella ya con su expresión de mujer de negocios.

-Claro- contesté, pensando que si eso no era una señal ¿qué era? Seguro me iba a recordar que nuestro pago estaba por vencerse… en fin ¡ya qué!

Hablamos de los temas acostumbrados, nos reímos, comimos las deliciosas botanas preparadas por Amalia y en un momento de relajación, cuando la anfitriona iba a servir la cena, Ángela aprovecho para decirme.

-¿Podemos hablar en privado?

-Sí, claro – dije levantándome. Fuimos al pasillo y ella sacó papeles de su portafolio, que siempre traía consigo, como buena vendedora de seguros (nunca se sabe…).

-Ayer traté de comunicarme con tu esposo, pero me mandó decir con su secretaria que ahora tú manejas las cuentas…

-Sí, así es.

-¡Mejor!, porque la verdad… tu esposo no es muy fácil. Con los ingresos que tiene y sólo tomó su seguro por la cantidad mínima, igual que el tuyo un mes más tarde.

-Jajaja, dímelo a mí, en su trato es un pan, pero si quieres sacarle unos pesos, es difícil, aunque si le pides prestada una gran cantidad, te la suelta así no más.

-Cosa me has dicho, el lunes le pido prestado, jajaja

– Ni se te ocurra ¿eh? porque te las verás conmigo, jajaja- las dos soltamos la carcajada y Amalia se asomó.

-¿Qué clase de negocios tratan que son tan divertidos?

No la tomamos en cuenta, sólo le sonreímos y seguimos en lo que estábamos.

-Mira –dijo Ángela –quiero que veas este plan, si duplicas el monto del seguro, sólo te aumenta un 50% la prima, no el 100%, ahorita que se vence el trimestre es el momento de hacerlo.

-Hummm, no estaría mal, pero no tengo para ese pago.

-Lo puedes pagar con tu propia tarjeta, así ni se entera.

-Sí, podría, pero… ¿no se vería mal? –dije pensando en Scorpio y sus predicciones.

-¡Claro que no! ¿por qué se vería mal? Eso lo hace todo mundo, todo el tiempo.

-¡Muchachas, ya vénganse, ya serví la cena, se les enfría! Amalia a gritos desde la sala.

-Ya nos llaman.

-Anímate, ándale – me decía Ángela extendiéndome el formulario y la pluma para firmar – la cantidad que tienen asegurada es ridícula ¿qué harías con eso? ¡nada!

-Hablas como si yo fuera a cobrar el seguro…

-Según estadísticas, hay más viudas que viudos, así que lo más probable es que tú cobres su seguro y no que él cobre el tuyo.

Suspiré y lo pensé 2 veces antes de responderle.

-No, gracias, si quieres te pago a ti el trimestre ahorita, pero no quiero tener una discusión con mi marido por haber aumentado el monto del seguro.

-Págalo tú.

-Se vería “raro”, no, gracias, no insistas por favor.

Le di la tarjeta adicional para que la “planchara” y ella efectuara el cobro de la prima para la misma cantidad, irrisoria, del seguro de vida de Gerardo.

Me cobró, fuimos a cenar, siguió la plática y nos despedimos en la madrugada.

***

Ya en el hotel Ángela y el aumento del seguro no se apartaban de mi mente, dando vueltas en la cama recordé, cómo es que Gerardo había adquirido ese seguro.

Armando, nuestro médico de cabecera y ya amigo, le había pedido a Gerardo que recibiera a su hermana Ángela, que acababa de enviudar y estaba vendiendo seguros, Gerardo aceptó por compromiso y la recibió, resultó tan buena vendedora que, a pesar de ya no querer volver a comprar seguros, le compró uno para él, por una mínima cantidad, conmigo como beneficiaria, y al mes siguiente le compró otro para mí, con mi hijo como beneficiario.

Hasta ahí, todo normal, sólo tenía que pasar el examen médico y hacer el pago, para que entrara en vigor el seguro ¿y quién era el doctor designado por la aseguradora? Armando, nuestro médico de cabecera, quien encontró que Gerardo no pasaba el examen debido a su hipertensión.

-Resulta que tienes la presión muy alta, necesitas normalizarla por salud y para pasar el examen del seguro, si sigues mis instrucciones, tomas el medicamento que te recete, dejas el alcohol, los cigarros, el café y comes sano, sin sal, en una semana estás tan normal, que podrás pasar el examen, además, por salud te lo debes a ti mismo.

-Pues mira, no más porque mi mujer insiste y tu hermana es la que me lo vendió, me portaré bien una semana, paso el examen y lo demás no te lo prometo.

-Eres adulto, no podemos forzarte, es tu decisión, aquí está el medicamento que tienes que tomar, aunque no creas en los chochitos y regresa en una semana.

-Mira, yo no creo en los médicos y en los homeópatas menos, pero ya que has curado a mi mujer y a mi hijo, te creo, me tomo los chochos, me porto bien y nos vemos en una semana.

El siguiente examen salió bien, pagó la prima del seguro y no se habló más del asunto hasta el momento de pagar el siguiente trimestre, que era en lo que estábamos en esos días, bueno, ya había pagado el seguro, no lo había aumentado y ya sería el lunes el momento de encarar a Gerardo.

***

Llegó el lunes, cuando mi marido se enteró de que pagué el seguro y sólo el mínimo del pago de la tarjeta, como yo suponía, se molestó.

-Ya sabes que no me gusta pagar intereses y que siempre pago el total de la tarjeta.

-Sí, pero no quise perder el seguro, tirar a la basura los pagos que ya hicimos, como en todos los seguros anteriores.

Se dio la vuelta enojado, salió de la habitación y ahí quedó la cosa.

Continúa en el Capítulo 2.

 ***

Ciudad de México, Siglo XXI

***

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Puedes copiar y publicar este artículo, siempre y cuando incluyas el enlace al artículo, no lo uses con fines comerciales, no lo modifiques, no quites el © ni este último párrafo que le sigue, enlaces incluidos.

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Imágenes tomadas de internet y Pinterest.

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¿QUIÉN?

Lo vuelvo a publicar por el Día Internacional de la Mujer. buscar empleo

¡Estoy furiosa!

Fui a buscar trabajo y me formé en la fila de solicitantes. Delante de mí había dos hombres maduros, uno bien vestido, el otro desarreglado. Yo iba con mi único vestido “de salir”. A ellos el empleado los atendió con una sonrisa cortés y envió al bien presentado con los entrevistadores.

Llegó mi turno. El empleado me miró de arriba abajo y preguntó sin volver a verme

-¿Nombre, domicilio, edad… ocupación?

Bueno, cuando dije “ama de casa”, me miró como si hubiera dicho “bruja”.

-Espere sentada a que la llamen.

Me senté junto a una jovencita demasiado arreglada. Como no tenía otra cosa que hacer, me puse a pensar… ¡Sí, a pensar!, ¡las amas de casa también pensamos!

¿Y saben qué pensé?

De los dos fulanos que se formaron delante de mí, el que traía anillo de casado, traía camisa muy bien planchada ¿la planchó él?, ¡no!, fue su esposa.

Y sus calcetines y ropa interior ¿quién los lavó?, ¡su esposa!

Y vamos a ver:

¿Quién le preparó el desayuno?, ¿quién la comida?, ¿quién la cena?, ¿vive en una casa limpia?, seguro que él no la limpia, ¿quién creen ustedes que la limpia?, ¿quién va al mercado?, quién va al súper?, ¿quién lleva y trae a los niños del colegio, a clases de ballet o de karate?, ¿quién hace la tarea con los hijos?, ¿quién les compra (o cose) los uniformes?, ¿quién forra los libros?, ¿quién atiende marido y niños cuando se enferman?, ¿quién los lleva al médico?, ¿quién pide el gas?, ¿quién hace arreglos de plomería?, ¿quién prepara cenas y comidas especiales y recibe al jefe y a su esposa con buena cara?, ¿quién pone cortinas, carpetas, flores, etc.?, ¿quién administra los gastos y pagos? ¿quién, para acabar pronto, se ocupa de que todo esté en orden, limpio, arreglado, bonito, para que el “señor de la casa” llegue y se sienta a gusto?

¡Ah!, pero además, la esposa debe ser joven, guapa, rubia, esbelta, dulce, inteligente (pero no mucho), discreta, sexi, ardiente, etc., etc., etc., porque si no, el “señor” se busca otra (u otras) que lo sea(n). En estos tiempos, además de todo eso ¡ella también tiene que trabajar!, eso sí, “sin descuidar la casa”, porque ésa es su obligación

Y sabiendo todo lo que tiene que ser un ama de casa ¡todavía tenemos que aguantar que se nos menosprecie porque nuestro trabajo no lo paga nadie!

En esto estaba cuando me llamó el empleado y me dijo sin mirarme:

-Señora, lo siento, usted no está calificada para el empleo, necesitamos gente que sepa resolver problemas.

¡Yo quisiera ver a ese empleadillo resolver los problemas de su casa!

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

Puebla, Pue., 19 de octubre de 1986

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¿BOHEMIO O TEPOROCHO?

Edificio Basurto Ciudad de Mexico

.

.-Aquí estoy, como todos los días, frente al Parque México y al edificio Basurto, donde viví hace ¿siglos? ¿en otra vida? No lo sé. Estoy en mi lugar de siempre, frente a este parque, donde traía a mi hijo a disfrutar del aire puro, de los árboles, del estanque de los patos, de correr y andar en bici, de caminar de mi mano cuando era más pequeño…

.

parque_mexico

.

Suspiró.

 .

Tomó un pequeños trago.

.

-Sí… eran tiempos felices, que después cambié por dedicarme tanto al trabajo, “workaholic” (trabajólico) me llamaban, me engolosiné con ganar más y más, poder sostener el departamento en el edificio Basurto, la casa en la Riviera Maya, los viajes de compras de mi esposa, el Mustang, la camioneta para mi mujer… “mi mujer” ¿no la supe entender? No la supe conservar, eso sí es seguro.

.

Cuando no estaba en el trabajo, me iba de bohemio, a disfrutar de música, poesía, plática con otros bohemios como yo, en lugar de estar con mi esposa.

.

Mi hijo… ¿mi hijo? ¡qué golpe tan duro! ¿yo me lo busqué por no hacerle caso a mi esposa? Ella me pedía más tiempo, más atención, más amor, pero yo estaba muy ocupado para darle “lo que ella merecía”, pero no le daba nada de mí, de mi tiempo, de mi amor, que era lo que ella necesitaba y, puesss…

 .

Otro trago.

.

-Pero, eso sí, era yo importante, mucha gente dependía de mí, yo era el centro del universo, que sólo cedí cuando nació mi hijo ¡un varoncito!, mi heredero, el que continuaría mi labor. A él sí le dedicaba tiempo, mi mujer ya ni me lo pedía, sólo nos observaba con una mirada extraña…

.

Bares elegantes

.

En esos tiempos, en que vivía en la opulencia, era yo bohemio, todos me festejaban la alegría provocada por este líquido maravilloso (sacó la botella de la bolsa de papel,  la contempló con tristeza, ya casi se terminaba), ahora que vivo en la banqueta, la calle es mi casa… ahora soy un triste “teporocho” (1), que se rehusa a ir a Alcohólicos Anónimos, ¿para qué ir? ¡no pienso dejar el alcohol!

Y esto, tan poquito, tiene que durarme hasta la noche, qué difícil. No concibo cómo la gente no se da cuenta de lo maravilloso que es el alcohol ¿cómo pueden vivir sin beberlo? cómo pueden vivir sin  licor, sin su dulce sabor en la boca , sin su dulce calor en la sangre,  sin sentirlo correr en sus venas, ¿cómo pueden vivir sin percibir ese delicioso sabor en la boca? ¿sin sentir su gran calor recorriendo todo su cuerpo?

Bebió otro trago de su botella.

-No entiendo cómo la gente puede vivir sin esto, que te lleva al cielo, que te hace sentir bien.  ¿no saben lo que es sentir ese calorcito en las venas, que recorre todo tu cuerpo? no sé por qué no entienden que es maravilloso sentir cómo está en tu boca y baja por tu garganta y llega a todo tu cuerpo y a tu mente y te hace saber que todo está bien, que no hay problemas, que eres feliz.

 

Llevó la botella a su boca, sólo un pequeños trago, para que le alcanzara por más tiempo, la gente que pasaba envuelta en abrigos o chamarras debido al intenso frío, iba disminuyendo, ya era tarde.

-No comprendo cómo la gente puede vivir sin  licor, sin su dulce sabor en la boca , sin su dulce calor en la sangre,  sin sentirlo correr en sus venas, no entiendo cómo la gente puede vivir sin esto,  sin percibir su dulce sabor en la lengua, sin su gran calor en la sangre no entiendo como la gente puede vivir sin esto…

Y lo repetía y repetía en su mente, mientras bebía otro trago, porque el alcohol era primordial en su vida.

-Por el contrario, se obsesionan pensando que es malo, dañino, “el enemigo”, no, no entienden, sólo nosotros lo sabemos, lo sentimos, lo necesitamos, lo metemos en la boca, el cuerpo, la mente y hasta el alma: el alcohol es una maravilla, es lo mejor de lo mejor, sin él, no existo.

 .

Puso a un lado la botella, con ya muy poco líquido, mirándola con tristeza.

-Ya es tarde, ya pasaron los que me dan monedas, ya no voy a poder comprar otra botella, ya me voy a pasar la noche en frío, con frío, sin el calorcito esencial que me da la bebida, sin esa sensación de que “todo está bien” mientras tenga otro trago para beberme, para llenarme de paz y dormir sin importar si mi cuerpo se muere de frío en la noche, total, mejor, ya irme, ¿ya qué hago aquí?

 .

Otro trago, puso la botella ya casi vacía junto a sus pies medio cubiertos por lo que fueron zapatos de diferentes pares, uno negro, otro café. Observó su pantalón, que hacía muchos años había visto mejores tiempos, ahora estaba raído, lustroso, mugroso, asqueroso, como él mismo, que estaba sucio, apestoso, el pelo largo que parecía una pasta de lodo igual que su descuidada barba, la camiseta raída y rota, el saco con las bolsas desgarradas, manchado por todos lados. Tristemente, contemplando el parque, siguió con sus amargos pensamientos.

 .

-Cuando todo se me derrumbó, cuando supe que mi hijo… no, no puedo recordar eso, no quiero, pero cuando estaba yo entre ruinas llegó “ella” a tenderme la mano, a ser mi estrella polar, mi guía ¿y qué hice? Cometí el mismo error. No la amé bastante, no aprendí mi lección, la dejé con frío, ella pedía mi calor, mi amor, pero ya no pude dárselo y otro derrumbe, pero de éste no me recupero, ya hasta aquí llegué.

 .

Y el “Teporocho del Parqué México”, como lo conocían los vecinos, recargado en la pared del edificio de la esquina del parque, se fue deslizando a un lado y se quedó dormido, para no despertar más…

.

En la mañana la Cruz Verde lo recogió, nadie sabía su nombre.  Desde un balcón  del 7º piso del Edificio Basurto, una mujer sólo se asomó un momento  y cuando se lo llevaron, siguió leyendo su revista “Gente”, sin importarle la suerte del “Teporocho del Parque México”, años atrás, su marido…

***

.

Ciudad de México diciembre 7, 2016.

_____________________________________

NOTAS AL PIE DE PÁGINA

ORIGEN DE LA PALABRA TEPOROCHO

En la época pos-revolucionaria fue tradicional vender café, atole, o té en puestos ambulantes o carritos, a cinco centavos la porción, en algunos lugares se ofrecía agregar por tres centavos más (ocho centavos en total) una porción de aguardiente, de ahí que a los que pedían “té por ocho” se les consideraba alcóholicos, porque generalmente es que estaban “crudos” (con resaca), y de ahí derivó la expresión teporocho. Se usa para los indigentes alcóholicos. Hay otras versiones, pero ésta es la que me parece más acorde a la realidad.

 

***

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Imágenes tomadas de internet, Pinterest  o de los enlaces relacionados.  Creo que no es necesario advertir que algunas fotos, son imágenes actuales, sólo para dar una idea de cómo fueron en aquellos tiempos y lugares.

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SUSSY Y SUS HISTORIAS (3), EL FLECHAZO V, LA OPORTUNIDAD Y LA FAMILIA

Su marido no había tenido trabajo por mucho tiempo, apenas había conseguido un puesto de regular importancia en oficinas del gobierno. Sussy había estado 3 años sin conseguir un empleo a su nivel, porque nadie la quería contratar por ser casada y tener un bebé. En una agencia le sugirieron decir que era soltera y, por supuesto, no mencionar a su bebé, a lo que se negó, desde luego.

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No tuvo más remedio que ir a una agencia de empleos eventuales y de ahí cada semana (a veces cada día) la enviaban a una compañía diferente, diversos trabajos, gente distinta, pero así eran estas agencias y tuvo que aceptarlo.

Por su desempeño la fueron subiendo de categoría, obteniendo cada vez mejores trabajos y de más larga duración.

El destino (y Manpower) la enviaron como temporal a una empresa trasnacional que apenas estaba iniciando, donde descubrió que había varias empleadas casadas, tenían hijos y algunas eran ejecutivas. Esa compañía le pareció como un paraíso, el trato era diferente, todos se hablaban de tú, el mozo tuteaba al Director General, había confianza y buen ambiente.

Por angas o mangas, por varios hechos “fortuitos” (causalidades, no casualidades) la secretaria del Director de la planta dejó de trabajar ahí y a ella la pusieron en el puesto, como eventual, todavía, pero su trabajo fue tan bueno, que su jefe peleó porque le dieran contrato definitivo, y peleó, porque por alguna razón el Director General le tenía tirria y la discriminaba cada vez que podía, pero su jefe, Douglas White, un inglés que tenía apariencia de todo menos de británico, lo convenció, diciendo que en la planta él era el que decidía quiénes serían sus empleados.

Así que ya siendo empleada con contrato, Sussy dio lo mejor de sí a su puesto, adecuándose a las características de su jefe, que hacía citas cada hora, sabiendo que se tardaría más, y retrasándose a partir de la segunda cita, esperando que su secretaria solucionara sus líos, que hiciera todo rápido y bien y le adivinara el pensamiento.

Todo eso lo cumplía Sussy y su desempeño fue tan apreciado, que cuando la planta estuvo construida, la maquinaria instalada, las secretarias y empleados de oficina contratados, las oficinas amuebladas, las máquinas de escribir, la copiadora y demás equipos de oficina comprados, la bodega de artículos de oficina surtida (todo lo relativo a las oficinas organizado y elegido por Sussy), cuando ya se iban a mudar a Morelia, Michoacán a dar inicio a la actividades de la planta, Douglas White la llamó a su oficina, le pidió que tomara asiento y aclarándose la garganta, le dijo:

-Sussy, ya sabes que en dos semanas nos mudamos a la planta y que yo ya no voy a estar en las oficinas de México, así que tu puesto desaparecerá.

Sussy se puso pálida, así que ahí acababa su maravilloso empleo, con alto estatus y un excelente sueldo… tuvo que retener las lágrimas y sonrió forzadamente.

-Sí, me doy cuenta.

-Entonces, te ofrezco el puesto de Gerente Administrativo en la planta, de hecho tú organizaste todo de una manera impecable, eso necesito en la planta, alguien que lleve la oficina sin que yo tenga que involucrarme, para poder dedicarme 100% a la producción. Sé que tú tomas buenas decisiones y no necesitas de mi opinión.

Ella sonrió, recordando que en muchas ocasiones cuando Douglas estaba fuera de la ciudad y había que decidir una compra o la contratación de una secretaria, ella había tomado las decisiones, con la anuencia posterior de su jefe, que siempre la apoyaba.

Pero lo más importante era el puesto que le estaba ofreciendo ¡dar un salto gigantesco de secretaria (aunque fuera de un Director) a nada menos que Gerente Administrativo de la planta!… ¡wow! Sin pasar por puestos de mando medios, directo a la cima ¡La oportunidad de su vida! Sonrió más ampliamente.

-Gracias Douglas, es una gran oportunidad.

-Estarás consciente de que tendrás que irte a vivir a Morelia…

Ella se mordió el labio, por el entusiasmo no había pensado en eso.

Douglas prosiguió

– Piénsalo por una semana, sé que eres casada y tienes un niño pequeño, habla con tu esposo. La compañía les pagará la mudanza, dará el aval si rentan y si organizas –risa- que algunas compras se hagan en conjunto, todos obtendrán muchos descuentos.

-Está bien y muchas gracias por la gran oportunidad.

-Te la mereces, Sussy.

Ella salió de la oficina sintiéndose feliz, ya hacía años que quería ser algo más que secretaria, pero se casó, se embarazó y en lugar de subir en la escala como siempre lo había hecho, bajó de nivel, hasta que encontró esta magnífica empresa en la que sí la aceptaron casada y con un hijo pequeño.

En esos tiempos no había muchos lugares de trabajo así, aún se pensaba que el lugar de la mujer era su casa y su labor cuidar de sus hijos, así que había que elegir entre carrera y familia.

Llegó feliz a su casa, esperando que su esposo llegara temprano esa noche, pero era viernes y si toda la semana llegaba tomado a las 2 ó 3 de la mañana, los viernes era peor, llegaba a las 4 am. Todas las noches se dormía de inmediato y empezaba a roncar como borracho y no la dejaba dormir, Sussy se molestaba mucho porque ella sí tenía que entrar a trabajar a las 8 am, no como él, que podía llegar a su trabajo a las 11 de la mañana, dado que las borracheras se las ponía con el jefe y otros compañeros de la oficina de gobierno donde laboraba.

Como se lo imaginó, dieron las 4 de la madrugada y él no aparecía. Trató de dormir, pensando en darle la noticia en la mañana, cuando despertara de dormir la mona.

El sábado en el desayuno, él estaba con cara de pocos amigos, sufriendo los estragos de la cruda y leyendo su periódico, pero aún así Sussy le dijo.

-Te tengo una gran noticia…

-¿Sí? – sin despegar la vista del diario.

-Sí, me ofrecen el puesto de Gerente Administrativo de la planta.

Él le prestó atención -¿Cómo dijiste? ¿gerente?

-Sí, Gerente, en la planta.

Él se tardó unos segundos en asimilarlo – ¿En Morelia?

Ella se mordió el labio – Sí, en Morelia, nos pagarían los gastos de la mudanza y…

-No, yo no voy a dejar mi trabajo, recuerda cuánto me tardé en conseguirlo y ahora que ya estoy empezando a subir y colocarme, no, no voy a dejarlo.

Ella vio que él estaba decidido a no aceptar irse a vivir a Morelia para que ella aceptara esa oportunidad.

-Bueno ¿y si yo me voy en la semana y regreso los fines de semana, me vendría los viernes en la tarde y saldría los lunes en la madrugada…?–lo miró con la interrogación en la mirada.

-No ¿y el niño? ¿No te vería en toda la semana?

-¿Y si me lo llevo y venimos los fines de semana?

-No.

Ella se engalló -¿Y por qué no? yo te seguí a Guadalajara, donde nos fue tan mal que yo tuve que sacar adelante a la familia ¿recuerdas? Te acuerdas que me puse a vender cosméticos de puerta en puerta y así tuvimos dinero para regresarnos, porque ni para eso teníamos? No se te olvide que yo mantuve a la familia con mi sueldo de eventual mientras tú entraste a trabajar al gobierno, los 4 primeros meses en que no te pagaron ¿y ahora que yo tengo la oportunidad de mi vida, te niegas?

Él vio a Sussy totalmente decidida, pero no cedió.

-Pues no voy a dejar mi empleo, ¿mientras consigo otro, de nuevo tú nos mantendrías?

-Puedes pedir tu cambio a Morelia.

-No lo creo factible y no me conviene, bajaría mi estatus.

Ella entrecerró los ojos y apretó los labios, él conocía ese gesto, no presagiaba nada bueno.

-Pues el niño y yo nos vamos, podemos venir o tú puedes ir los fines de semana, pero esta oportunidad no me la pierdo.

Su marido se levantó furioso de la mesa, fue al mueble cantina que tenían en la sala y sacó una botella de tequila llena, la abrió y se echó un trago a pico de botella.

-¿Y así lo vas a solucionar? – dijo ella más enojada.

-No te vayas – le dijo en tono más amigable después de tomar otros tres tragos.

-¿Tú crees que es muy agradable vivir con un alcohólico?

-No soy alcohólico, me gusta beber, pero lo hago socialmente.

-¿Cómo ahorita? – su tono era sarcástico.

Siguió bebiendo de la botella mientras se acercaba a ella -No te vayas.

-Es mi gran oportunidad – lo miró con la determinación en la mirada.

Su tono ahora era de ruego -No te lleves al niño – se acercó a ella, tomó otros tragos, la miró con ojos inyectados,.

-Yo lo cuidaría mejor, si tú llegas en la madrugada y borracho ¿qué futuro le espera contigo?

-Por eso no te vayas – más tragos, llevaba más de media botella ingerida. Se dejó caer de rodillas a sus pies –por favor, no te vayas, te lo ruego – le abrazó la cintura y comenzó a sollozar.

Era demasiado para Sussy, ella lo quería, era su esposo, su mejor amigo, su pareja, el padre de su hijo, tenía muchas fallas, pero ella lo quería. No sabía qué hacer, trató de zafarse del abrazo, pero él no la dejó y siguió rogándole.

Consideró irse de cualquier modo, llevarse al niño y verse los fines de semana, pero también pensó, ¿qué sería de él, solo y con su alcoholismo? Por otro lado, lo que él hiciera era su decisión, no la de ella.

Ella tenía la oportunidad de su vida, saltar de secretaria a Gerente Administrativo, una enorme, gran oportunidad, de las que se dan una sola vez en la vida y su marido alcohólico se la obstaculizaba.

Su cerebro le decía que debía pensar en ella, incluso en beneficio de su hijo, si ella hacía carrera en puestos gerenciales, tendría mejor sueldo, podría tener quien lo cuidara, en las tardes, como ahora en la Capital, y en ciudades de provincia se encuentran mejores elementos, más confiables como nanas o podía encontrar una escuela en la que se quedara a comer y tuviera actividades por la tarde, de todos modos era algo que, como estaban ahora, tenía que ser resuelto de un modo u otro, porque los dos trabajaban y él nunca estaba en las tardes de entre semana en la casa, en la noche tampoco veía al niño, porque llegaba en la madrugada… así que Arturito no lo echaría de menos y si veía a su papá los fines de semana sería casi igual que ahora…

-No te vayas – Sergio seguía llorando rogándole que no se fuera.

Su corazón no pudo resistir verlo así, no quería pensar que se tirara más al alcohol y hasta perdiera el empleo que ahora se resistía a dejar.

Lo pensó durante una eternidad, sopesando las alternativas, mientras él lloraba y le rogaba.

El corazón pudo más que el cerebro, aunque no tenía buenos argumentos, ella midió las posibilidades y no pudo pensar en ella, cedió, pensó en él y en seguir como estaban, con sus borracheras, pero juntos, no separados y creyó que eso, el no separar a la familia, sería bueno para su pequeño Arturo.

Levantó a su ya borracho esposo. Con todo el dolor y la frustración que podían caberle en el alma le dijo cariñosamente.

-Está bien, levántate… no me voy – Las lágrimas de Sussy brotaban de sus ojos como una cascada, sin sollozos, sin sonido, lágrimas silenciosas y amargas, muy amargas.

Él la abrazó llorando más, sus lágrimas se mezclaron, ella hacía lo posible por abrazarlo también, pero en ese momento no le nacía.

¿Por qué es tan difícil ver llorar a un hombre? – se preguntó Sussy- Como los enseñan a a no hacerlo, no estamos acostumbradas a que dejen salir sus sentimientos; me doblegué por la ternura que sentí al verlo así y cedí, dejé ir mi sueño, la oportunidad de mi vida .

El lunes se presentó a renunciar, había elegido a la familia y perdido su oportunidad.

Douglas se molestó, ya contaba con ella y no pudo menos que decirle

-Por eso no se les dan empleos de responsabilidad a las mujeres casadas, todavía están acostumbradas a renunciar a ellas mismas en aras de la familia. Se necesita otra educación para todos, hombres y mujeres, con el objetivo de que las mujeres no tengan que resignarse a dejar de existir al momento de casarse y ser madres; para que no ahoguen sus sueños.

Ella, bajando la cabeza se preguntaba si había hecho una buena elección, pero ya estaba hecho.

Su marido siguió bebiendo, la familia se fue a pique…

Estaba llorando y sudando, con la respiración agitada; eran las 5 am, extendió el brazo y buscó en la cama, estaba sola, se levantó aún entre sueños, temblorosa, lo fue a buscar a las otras habitaciones… nada… no había nadie, no estaba él, ni su ropa, ni sus cosas, nada, ni esposo ni hijo, Sussy estaba sola…

¿Todo fue sólo un sueño, una pesadilla?

Continuará…

 

Ciudad de México, octubre de 2016

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller.

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Imágenes tomadas de internet.

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