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CAPÍTULO III, DADO DE ALTA

Viene de Capítulo II, SCORPIO, EL TAROT Y SUS PREDICCIONES

Seguíamos mal en nuestro matrimonio, ya no era como antes, ya no había armonía; ya no salíamos a comer o cenar varias veces a la semana; yo me dediqué a escribir una novela que me tenía obsesionada, me levantaba directo a la máquina de escribir, la ventaja es que tenía yo quien hiciera todo en la casa, ella, ese ángel que me ayudaba, me llevaba el desayuno al escritorio donde me pasaba todo el día escribiendo, me molestaba que me interrumpiera para preguntarme qué hacía de comer; mi hijo adolescente comía en la casa, con un amigo suyo que teníamos casi viviendo con nosotros como “invitado” y yo a veces ni comía, por escribir y escribir. Tenía yo la mesa llena de libros abiertos, donde buscaba datos para la novela, el escritorio igual, no había espacio casi ni para la pila de hojas que sacaba yo, una tras otra.

Sólo en la noche, a la hora que pasaban en la televisión una serie que nos gustaba a Juan Gerardo, mi hijo, y a mí, es que merendábamos juntos, platicábamos un poco y él se iba a escuchar su música a su “baticueva” como llamaba a su recámara.

Mi marido llegaba totalmente bebido como a las 3 ó 4 de la mañana, cuando yo aún estaba escribiendo, casi no hablábamos, si yo podía evitarlo y se iba a dormir la borrachera a la recámara de los huéspedes, porque hacía tiempo que no dormíamos juntos.

En tiempos pasados ambos nos mostrábamos lo que escribíamos y nos hacíamos sugerencias o críticas constructivas, pero como estaban las cosas, esta novela no se la mostraba, aunque sabía que en las mañanas leía lo que había yo escrito el día anterior, pero no me la podía criticar (constructiva o destructivamente), porque yo no se la enseñaba. Eso generaba más tensión entre nosotros.

Cuando ya estaba a punto de terminar la novela y se acercaba la fecha límite para el envío a un concurso, llegó el día de nuestro aniversario, cayó en domingo y como todo buen matrimonio que se respete, Gerardo y yo salimos a comer, ambos pensando que no iba a ser una experiencia grata, pero teníamos que pasar por ella, afortunadamente nos equivocamos, ya que volvimos a ser como antes, platicamos muy a gusto de temas que nos interesaban a los dos y al salir, voltee a verlo y dije:

-Me la pasé muy bien, como antes, muchas gracias.

-Yo también me la pasé muy a gusto, ¿te parece que hagamos las paces?

-Por mí encantada ¿vamos a oír mariachis?

Fuimos y yo estaba muy contenta (ese día sí me tomé algunas copas) y con mucho ambiente en el bar de mariachis al que fuimos. Algunas parejas bailaban en su lugar y yo quise hacerlo también, pero él no quiso,

-Ven, vamos a bailar.

-No, no tengo ganas.

-Anda, ven, vamos a divertirnos.

-Ya te dije que no, mejor siéntate y tranquilízate.

¡Bonito anticlímax! Ya que nos habíamos contentado, pero en fin, me senté con cara de aburrimiento y enojo al mismo tiempo y en 5 minutos le dije.

-Para que estés así, mejor vámonos.

Finalmente acabamos enojados de nuevo y al llegar a la casa cada quién tomó su camino y así acabó nuestro festejo de aniversario, medio bien, medio mal, de todos modos, ya se había roto el hielo, el resultado al día siguiente, fue que estuvimos más cordiales.

El lunes siguiente desayunamos juntos y él aprovechó para decirme:

-Hoy voy a ir al cardiólogo para un nuevo chequeo, creo que todo va bien.

– Me da gusto, ¿a qué hora vas?

-Temprano, porque en la tarde tengo dos juntas.

-¿Me avisas lo que te diga?

-Claro, te llamo.

-Gracias –le di un beso de despedida, porque ya iba saliendo para la oficina, y yo me fui rápidamente a seguir escribiendo mi novela, la que ese día iba a terminar, al fin, y la iba a enviar a un concurso, la fecha límite era ese mismo día a las 5 pm.

-Por cierto, necesito algunas fotocopias ¿me las puedes sacar en la oficina?

No le gustó mucho la idea, me di cuenta.

-No, pero dámelas y mando al chofer a que las saque en alguna papelería, sé que la tienes que mandar hoy y estás atrasada.

Le sonreí –Sí, algo atrasada y me quitaría tiempo ir a la papelería a sacarlas – le di las hojas que necesitaban ser fotocopiadas. Necesito 4 copias de cada una-aprovechó para darme otro beso en la mejilla y las guardó en su portafolios.

Dos horas más tarde, él mismo me las llevó, no el chofer, y me ayudó a separarlas, como estaba yo hincada en el piso con las 4 pilas de hojas a mi alrededor, se rio y preguntó.

-¿Y ahora qué vendes?

-Jajaja, papeles, ¿cuántos quieres?

Se sentó en el suelo a ayudarme a hacer los 4 tantos que necesitaba, 3 para enviar al concurso, 1 para quedarme con él. Terminamos y me preguntó si quería que la llevara el chofer, que lo estaba esperando afuera.

-Gracias, pero no. Quiero vivir la emoción de llevarla –vi el reloj- jajaja a última hora, , nerviosa, viviendo el momento de que me den el comprobante minutos antes de la hora límite. Voy a engargolar las copias, meterlas al sobre y llevarlas a Estafeta, apenas tengo tiempo.

Él sonrió y me dijo –Buena suerte.

Envié la novela apenas a tiempo, a las 4:50 pm., mi hijo me acompañó y me quedé con ganas de celebrar haberla terminado y mandado, así que, desde un teléfono público, llamé a Gerardo, pensando que ya no sería aguafiestas.

-Listo, ya la envié, tengo ganas de celebrar ¿vamos a bailar?

Silencio al fin roto por unas palabras que no me gustaron –No, disculpa, hoy no tengo ganas.

-Tú nunca tienes ganas, está bien. Nos vemos en la noche – pensé que seguramente de nuevo iba a llegar tarde y borracho – Por cierto, no me has dicho lo que te dijo el doctor Matsumoto (un cardiólogo, recomendado por Armando, nuestro médico de cabecera).

-Me dio de alta hoy.

-¿De alta? – me extrañó que en una enfermedad cardiaca dieran de alta a un paciente que no estaba en el hospital, pero bueno ¿qué sabía yo de esas cosas?

-Ok, qué bien, bueno, nos vemos en la noche.

Llegó temprano y se acostó, yo seguía con ganas de celebrar y él me fallaba como cuando estudié mi carrera, ya casados, y quería yo celebrar haber pasado un examen difícil, nunca contaba yo con él y esta vez tampoco, pero ahora tenía yo un as en la manga, mi hijo adolescente.

-Juan Gerardo, me acompañarías a celebrar la terminación y envío de la novela?

-¡Claro mamá! Por supuesto, ¿quieres ir a bailar?

-Esa pregunta ni se pregunta, vamos a la casa para arreglarme – y diciendo y haciendo, con una última mirada a la sucursal de Estafeta donde había enviado mi novela, entramos al auto y nos dirigimos a casa.

Gerardo llegó temprano ¡milagro!, pero no me iba a echar a perder la celebración, ya casi estaba yo arreglada.

-¿Entonces, no quieres ir? Voy a ir con Juan Gerardo.

-No, diviértanse, a ver quién cansa a quién.

-Creo que todavía puedo cansar a un jovencito, jajaja – Recordé los tiempos en que cansaba yo a más de una pareja de baile, era yo incansable.

Resultó que mi hijo me heredó, ninguno se cansó, hasta que empezaron a parpadear las luces, indicando que ya iban a cerrar, salimos y fuimos a cenar a un Vip’s. Estábamos muy contentos, con la adrenalina hasta arriba. Cuando llegamos Gerardo ya había apagado la luz, no quise despertarlo.

Al día siguiente me levanté tarde y no lo vi cuando se fue. Pero a medio día me llamó.

-Mañana van a venir mi sobrina Denise con mi hermana y mi cuñado, porque van a recoger un auto en la agencia, como conozco al dueño, le conseguí buen precio, por eso vinieron acá a comprarlo.

-Ah, qué bien ¿van a venir a comer a la casa?

-No, se quieren regresar temprano, pero te voy a pedir un favor.

-Dime.

-¿Por qué no aprovechan tú y Juan (nunca le decía el nombre completo) y se van con ellos a la Ciudad de México a buscarle departamento al chamaco? Como se va a ir a estudiar allá, necesita dónde quedarse, pero no confío que él elija algo conveniente ¿lo acompañarías?

-¡Claro! ¿por qué no me lo pidió él?

-Tal vez preferiría ir solo, pero no creo que sea lo mejor, por eso si se van con mi hermana y familia, hay pretexto de que vayas tú también.

-Está bien ¿él ya lo sabe?

-Va a venir al rato y se lo voy a decir.

-Ok, mañana iremos a México.

Ese viaje…

Continúa en el Capítulo IV Era yo Feliz.

 

Ciudad de México, Siglo XXI

 

***

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Puedes copiar y publicar este artículo, siempre y cuando incluyas el enlace al artículo, no lo uses con fines comerciales, no lo modifiques, no quites el © ni este último párrafo que le sigue, enlaces incluidos.

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Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Autora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación y regresiones a vidas pasadas.

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CAPÍTULO II SCORPIO, EL TAROT Y SUS PREDICCIONES

 Viene de:

https://serunserdeluz.wordpress.com/2017/03/11/capitulo-1-el-seguro/

En las tres etapas en las que trabaje como secretaria eventual en Man Power, cuando me enviaban a una nueva empresa, siempre me preguntaba si conocería a alguien importante en mi vida futura.

Al entrar a Pol (nueva empresa multinacional con un ambiente laboral muy diferente al usual de las grandes compañías), como de costumbre, no fui muy bien aceptada por las otras secretarias, en esta vez era por lo opuesto, ya que ellas eran de más “alto nivel”, pues eran empleadas de planta y yo sólo era “eventual”; sin embargo, en mi primer día me invitaron a que las acompañara a comer, cosa que agradecí, porque no había muchas opciones, resultó que todos los días iban al Vip’s y ahí tuve que ir con ellas.

En la plática, salió un tal Scorpio y todas ellas se deshacían en alabanzas a su precisión, tanto hablaban de él, que tuve que preguntar y resultó que era un lector de tarot muy acertado, al que veían con frecuencia y el viernes anterior habían ido a consultarlo.

-Es que no creerías lo acertado que es.

-Seguramente no lo creería, porque soy escéptica.

-Mira, mi hermana también lo era, hasta que lo consultó. De veras, es increíble.

-¿Literalmente? – me di cuenta de que no iba a ganar amistades si seguía yo en ese plan, así, que bajé un poco mi tono – Bueno, díganme en qué ha acertado, al menos tener esa referencia.

-Mira a Mary le dijo que se iba a casar en 3 meses, cuando ni siquiera habían hablado de eso con su novio y luego sí, por razones que no vienen al caso, hicieron planes de casarse a los 3 meses de la consulta; luego en la siguiente vez que fuimos, cuando ya todo estaba listo para la boda, le dijo que se iban a arrepentir y tal cual, se pelearon y cancelaron la boda, nuevamente fue a verlo y le dijo que sí se iba a casar ¡y se casó!

.Y así muchas otras cosas, viajes, cambios en el trabajo, ¡todo!

-Hummm, pues tendría que verlo para creerlo.

-Escéptica tenemos – Era Marta la que hablaba, a leguas se veía que yo no le era simpática.

-Digamos que sí, pero con mente abierta, si veo pruebas fehacientes, lo creo.

-Pues no tenemos por qué probarte nada – de nuevo Marta, con tono despectivo.

Mary, la del matrimonio indeciso, me defendió – Pues a mí sí me gustaría que lo comprobaras, la próxima vez que vayamos, te invito para que veas que sí te adivina todo.

-Me parece muy bien –contesté tratando de hacer las paces, luego ellas siguieron comentando lo último que les había dicho Scorpio. Elucubrando “cuándo” iba a pasar, no si iba a pasar, lo que escuche me pareció muy incoherente dadas las condiciones del momento que yo sabía de ellas, pero como en realidad las acababa de conocer, no tenía yo la información suficiente como para juzgar.

Pasó el tiempo y yo seguía trabajando en la misma empresa, se llegó el día en que iban a consultar a Scorpio y me invitaron.

Desde que me vio entrar a la habitación en que consultaba en privado a cada quien, me dijo.

-Has sufrido mucho, tu mamá murió cuando eras pequeña, tuviste una adolescencia muy difícil, con tu madrastra, pero cambiaste tu destino ¿cierto?

Me dejó pasmada, puesto que ninguna de las otras secretarias me conocía, ni había yo hecho amistad como para contarles esas cosas de mi vida. Todo eso lo adivinó y siguió por el mismo camino, me dijo otras cosas que sólo yo sabía. Ya roto el hielo del escepticismo, empezó a decirme el futuro.

-Un jefe de la compañía te va a ayudar en buen plan, sólo por ayudarte, es un hombre de pelo cano, va a darte el trabajo de planta.

El escepticismo volvió a mí. Puesto que el único canoso de la empresa era el Director General y a él era obvio que no le era yo simpática, siempre que podía me excluía, era casi tirria la que me tenía.

-Jajaja, eso sí que no te lo creo.

-Como gustes, pero cuando ocurra, vienes y me lo cuentas ¿ok?

Y ¡pasó! El Director de la planta se apellidaba Whitehead (cabeza blanca = canoso) y por angas o mangas, de rebote, me consiguió el contrato como empleada, con contrato firmado por tiempo indefinido, sólo por considerarme buena empleada y para el puesto de su secretaria, sin más nada. Así que Scorpio tuvo razón.

Por supuesto fui a ver a Scorpio y a decirle que me retractaba y sí había pasado lo que él había dicho, sólo se rió y me dijo otras cosas igualmente extrañas, que se cumplieron.

Me hice tan adicta a sus lecturas que le organizaba sesiones en mi casa, con mis amistades de otras partes, por supuesto, también era yo su consentida.

Años después, en una sesión se puso muy serio y me dijo.

-Entre 5 y 8 años adelante, vas a quedarte viuda.

-Ya estaba yo casada y me afectó lo que me dijo, porque ya sabía que lo que decía, pasaba, aunque a veces yo podía hacerlo más leve o cambiarlo, como cuando me dijo que iba yo a tener un accidente de auto, no grave y estuve días pensando en que eso no me iba a pasar, y le sucedió a las dos chicas que me daban “aventón” cuando salíamos al mismo tiempo; a veces me iba con una a veces con la otra, y tuvieron un accidente automovilístico en días en que casi me iba a ir con una de ellas, pero por una llamada o algo fortuito, me fui con la otra, el caso es que ambas tuvieron percances, pero cuando yo no iba con ellas. Salvándome por “casualidad”, más bien “causalidad”, porque yo ya lo sabía y así lo había querido y pedido.

Dos años más tarde Scorpio volvió al tema de mi viudez.

-Vas a quedarte viuda entre 3 y 6 años en el futuro, va a estar muy feo, él alcoholizado, en carretera…ahí va a quedar, instantáneo.

Esas predicciones me dejaban muy mal por mucho tiempo y lo único que podía hacer era pensar que no iba a ocurrir así.

Una tercera vez me volvió a decir lo mismo.

-Entre 1 y 3 años…

Para ese entonces vivíamos en la Ciudad de México y él trabajaba en la misma, no salía a carretera y eso me tranquilizaba; no sabía si cuando ocurriera lo vaticinado por Scorpio yo iba a ir con él y lo más importante, si iba a ir mi hijo, pero Scorpio no me daba más datos.

Ocurrió el terremoto del 19 de septiembre de 1985 en la Ciudad de México y después de eso, nos mudamos a otra ciudad cercana.

Gerardo a veces viajaba a la Ciudad de México por razones de trabajo y regresaba tarde en la noche, bebido y manejando él. A mí me ponía mal que lo hiciera, pero él no aceptaba quedarse allá y regresar hasta el día siguiente. Yo seguía orando para que no le sucediera nada.

-Por favor, no bebas o no manejes en carretera.

-No pasa nada.

A veces estaba tentada a decirle lo que había predicho Scorpio, pero como se reía de mí por creer en esas “mafufadas”, hubiera sido peor si se lo dijera, así que me quedaba yo sola con mi angustia, además de que ya había perdido contacto con Scorpio, que también se fue a vivir a otra parte.

En una ocasión, yendo los tres en carretera, de paseo, un camión que se nos adelantó, nos lanzó una piedrita que hizo un agujero en el parabrisas, Gerardo perdió el control, el auto hizo zigzag, hasta que pudo detenerlo.

Yo me puse histérica y me enfermé del estómago, cuando al regreso fui a ver a nuestro médico y le conté lo sucedido, Armando me dijo.

-No lo dudo, eres muy sensible, por una parte y por otra, tienes el miedo de que ocurra un accidente automovilístico en que tu marido fallezca

-¿Lo sabes?

-Tú me lo dijiste en una de las primeras consultas ¿no te acuerdas?

-No, la verdad, no lo recordaba.

Me dio los chochitos para aliviar mi mal estomacal y mi vida siguió su curso.

Pasaron 2 años, yo casi no recordaba lo que me había dicho Scorpio, salvo cuando Gerardo iba a México y ahora, en ocasión de pagar el seguro, que pude haber aumentado, pero me pareció que eso quizá hubiera llamado a la mala suerte, por eso no lo hice.

Volví a orar todos los días, rogando por que no le ocurriera nada a Gerardo en carretera, manejando tomado.

Y no le ocurrió…

No iba manejando,

quizá no estaba tomado, pero…

Continúa en

https://serunserdeluz.wordpress.com/2017/03/20/capitulo-iii-dado-de-alta/

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Ciudad de México, Siglo XXI

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CAPÍTULO 1 EL SEGURO

Viene de:

https://serunserdeluz.wordpress.com/2017/03/10/autobiografia-capitulo-prohibido/

 

Todo lo que ocurrió en estos capítulos de mi vida fue antes de las PC’s, de internet, los teléfonos celulares y toda la parafernalia que los acompaña. De haber existido los celulares e internet, la historia hubiera sido muy distinta…

Como recordarás, de mi Autobiografía, que supongo ya habrás leído (y si no, ¿qué esperas?), cuando decidí retractarme de aquello de “si no puedes contra ellos ¡úneteles!” (en cuanto a beber con mi alcohólico esposo) y en las ocasiones en que salíamos juntos (varias veces a la semana) ya no bebía con él, mi matrimonio empezó con problemas, pues antes tenía un “equilibrio” desequilibrado, pero balanceado al fin (él bebiendo, yo enferma; me curé, pero él siguió bebiendo) y yo lo rompí, como consecuencia, él siempre estaba de malas, nada le parecía, todo lo criticaba, en fin, ya no había la armonía de antes y, a instancias mías, dejamos de salir a comer y a cenar solos, así como asistir a cenas de matrimonios, no tenía caso, estar como cualquier otra pareja de casados: peleando y discutiendo por todo, o mirando al horizonte, sin comunicarnos entre nosotros, sólo masticando y tragando la comida.

Estábamos en esa situación cuando un día me preguntó por qué había hecho yo un gasto en mi tarjeta de crédito, que pagaba yo con mis ingresos.

-¿Y tú, por qué abres mi correspondencia?

-¿Estamos casados, no?

-Ahh, sí, claro – No dije nada más, porque eso me daba la oportunidad que yo quería, de abrir sus estados de cuenta y cuando llegaron, abrí el de la cuenta corriente, vi una transferencia de una cantidad muy grande y me llamó la atención, tanto, que cuando llegó a comer lo encaré:

-¿En qué gastaste tanto? –dije señalando la cantidad en su Estado de Cuenta.

-¿Y tú, por qué andas abriendo mi correspondencia?

Contesté con sorna

-¿Estamos casados, no?

Se tuvo que tragar el coraje.

– Le presté a Arturo, recordarás que él nos prestó para completar el costo de la casa cuando la compramos…

-Si – interrumpí –lo recuerdo perfectamente, pero eso ya se lo pagamos.

-Claro, hace meses, pero ahora él necesitó esa misma cantidad y como podía prestársela, lo hice.

-¿Y qué paso con lo de que esa cuenta es “nuestra”? ¿por qué no me consultaste?

-Porque no – y siguió revisando el borrador de su nueva novela, dando por terminada la plática.

Como 20 años de casada me había dado la suficiente experiencia para saber que cuando uno no quiere, dos no pelean, ya no insistí, sólo pregunté.

-¿Y le pediste recibo? –yo sabía que no, sólo quería que me lo confirmara.

-Ya sabes que yo confío en la gente.

Ya ni caso tenía seguir alegando, eso ya lo sabía, que a pesar de tantos trinquetes y fraudes en su contra, mi marido nunca pedía recibos cuando él daba un dinero. Eso nunca me lo expliqué, pero “genio y figura…”

Por esa misma razón, dos meses antes le había sugerido que yo llevara las cuentas y pagos de la casa, porque él tenía muchas cosas que hacer y en ese momento, yo no estaba haciendo nada en particular, ya no iba a clases a la universidad, ni a la Casa de la Cultura, entre él y el médico de la familia me habían convencido de que dejara de vender máquinas de oficina, escribía algún cuentito de vez en cuando, pero me aburría soberanamente; llevar los pagos y las cuentas me daría algo en qué entretenerme.

Llegaron los siguientes Estados de Cuenta, había que pagar luz, teléfono, agua, las tarjetas de crédito y el trimestre del seguro de vida. De la cuenta conjunta, de donde se pagaba todo eso, después de cubrir los gastos fijos, sólo quedaba lo suficiente para pagar el seguro o el total de la tarjeta de crédito (como siempre hacíamos) y un poco más, pero no lo suficiente para ambos pagos.

En el desayuno le comenté a Gerardo.

-Ya pagué todo, pero sólo queda para pagar el pago trimestral del seguro o el pago total de la tarjeta, sigues gastando mucho en comidas fuera.

Sin contestar a mi crítica – Paga el total de la tarjeta, no quiero pagar intereses.

-Pero si no pagamos el seguro, lo pierdes.

Sólo se encogió de hombros, ni me miró.

Ya hemos perdido 3 ó 4 seguros por no pagar una mensualidad.

-No importa – y dio por terminada la discusión.

Me enfurruñé, me di la vuelta y regresé al escritorio. No sabía si hacer lo que él decía o lo que yo quería.

Recordé, sin querer, que hacía unos años, Scorpio, mi lector de tarot que nunca fallaba, me había dicho que en ese año me iba a quedar viuda… sacudí la cabeza, en negación, pero el pensamiento no se iba de mi mente ¿y si, como siempre, tenía razón Scorpio? ¿y si…? ¡no, no, no, no! ¡no! Pero.. ¿ y si…?

Casi me decidí a pagar el seguro, pero aún no estaba segura, pensé dejar la decisión para el lunes.

Hacía 3 años que vivíamos en una ciudad de provincia cercana a la capital (2 horas de carretera) y ese fin de semana iba a ir a la Ciudad de México a una reunión de feministas en casa de Amalia. Olvidaría el asunto por un tiempo y el lunes, en el banco, tomaría la decisión.

Fui a México, llegué directo a la casa de Amalia.

-¡Holaaaaaaa! –tan expresiva como siempre, me dio un gran abrazo y me llevó a la sala, ahí estaban todas las amigas de siempre y una sorpresa, una “nueva” en el grupo, pero a la vez vieja conocida.

-Mira, invité a otra amiga a las reuniones, es buena onda, se van a llevar bien.

-Ángela se levantó del cojín en que estaba sentada en el piso, como todas las demás y sonriendo me saludó de beso.

-Mira nada más, dónde venimos a encontrarnos, te iba a llamar el lunes ¿ahora podemos tutearnos, no?

-Jajaja, claro que sí, yo tampoco esperaba encontrarte a ti aquí, ¡qué coincidencia!

-¿Así que se conocen? Así es el mundo de las feministas ¡un pañuelo! –dijo Amalia, sentándose en su cojín en el suelo, después de ofrecerme una botana.

-Pero no nos conocemos del mundo de las feministas, sino por negocios – dijo Ángela, yo le vendí a su esposo un seguro de vida.

Yo sólo sonreí y asentí.

-Al rato hablamos de eso ¿sí? – me dijo ella ya con su expresión de mujer de negocios.

-Claro- contesté, pensando que si eso no era una señal ¿qué era? Seguro me iba a recordar que nuestro pago estaba por vencerse… en fin ¡ya qué!

Hablamos de los temas acostumbrados, nos reímos, comimos las deliciosas botanas preparadas por Amalia y en un momento de relajación, cuando la anfitriona iba a servir la cena, Ángela aprovecho para decirme.

-¿Podemos hablar en privado?

-Sí, claro – dije levantándome. Fuimos al pasillo y ella sacó papeles de su portafolio, que siempre traía consigo, como buena vendedora de seguros (nunca se sabe…).

-Ayer traté de comunicarme con tu esposo, pero me mandó decir con su secretaria que ahora tú manejas las cuentas…

-Sí, así es.

-¡Mejor!, porque la verdad… tu esposo no es muy fácil. Con los ingresos que tiene y sólo tomó su seguro por la cantidad mínima, igual que el tuyo un mes más tarde.

-Jajaja, dímelo a mí, en su trato es un pan, pero si quieres sacarle unos pesos, es difícil, aunque si le pides prestada una gran cantidad, te la suelta así no más.

-Cosa me has dicho, el lunes le pido prestado, jajaja

– Ni se te ocurra ¿eh? porque te las verás conmigo, jajaja- las dos soltamos la carcajada y Amalia se asomó.

-¿Qué clase de negocios tratan que son tan divertidos?

No la tomamos en cuenta, sólo le sonreímos y seguimos en lo que estábamos.

-Mira –dijo Ángela –quiero que veas este plan, si duplicas el monto del seguro, sólo te aumenta un 50% la prima, no el 100%, ahorita que se vence el trimestre es el momento de hacerlo.

-Hummm, no estaría mal, pero no tengo para ese pago.

-Lo puedes pagar con tu propia tarjeta, así ni se entera.

-Sí, podría, pero… ¿no se vería mal? –dije pensando en Scorpio y sus predicciones.

-¡Claro que no! ¿por qué se vería mal? Eso lo hace todo mundo, todo el tiempo.

-¡Muchachas, ya vénganse, ya serví la cena, se les enfría! Amalia a gritos desde la sala.

-Ya nos llaman.

-Anímate, ándale – me decía Ángela extendiéndome el formulario y la pluma para firmar – la cantidad que tienen asegurada es ridícula ¿qué harías con eso? ¡nada!

-Hablas como si yo fuera a cobrar el seguro…

-Según estadísticas, hay más viudas que viudos, así que lo más probable es que tú cobres su seguro y no que él cobre el tuyo.

Suspiré y lo pensé 2 veces antes de responderle.

-No, gracias, si quieres te pago a ti el trimestre ahorita, pero no quiero tener una discusión con mi marido por haber aumentado el monto del seguro.

-Págalo tú.

-Se vería “raro”, no, gracias, no insistas por favor.

Le di la tarjeta adicional para que la “planchara” y ella efectuara el cobro de la prima para la misma cantidad, irrisoria, del seguro de vida de Gerardo.

Me cobró, fuimos a cenar, siguió la plática y nos despedimos en la madrugada.

***

Ya en el hotel Ángela y el aumento del seguro no se apartaban de mi mente, dando vueltas en la cama recordé, cómo es que Gerardo había adquirido ese seguro.

Armando, nuestro médico de cabecera y ya amigo, le había pedido a Gerardo que recibiera a su hermana Ángela, que acababa de enviudar y estaba vendiendo seguros, Gerardo aceptó por compromiso y la recibió, resultó tan buena vendedora que, a pesar de ya no querer volver a comprar seguros, le compró uno para él, por una mínima cantidad, conmigo como beneficiaria, y al mes siguiente le compró otro para mí, con mi hijo como beneficiario.

Hasta ahí, todo normal, sólo tenía que pasar el examen médico y hacer el pago, para que entrara en vigor el seguro ¿y quién era el doctor designado por la aseguradora? Armando, nuestro médico de cabecera, quien encontró que Gerardo no pasaba el examen debido a su hipertensión.

-Resulta que tienes la presión muy alta, necesitas normalizarla por salud y para pasar el examen del seguro, si sigues mis instrucciones, tomas el medicamento que te recete, dejas el alcohol, los cigarros, el café y comes sano, sin sal, en una semana estás tan normal, que podrás pasar el examen, además, por salud te lo debes a ti mismo.

-Pues mira, no más porque mi mujer insiste y tu hermana es la que me lo vendió, me portaré bien una semana, paso el examen y lo demás no te lo prometo.

-Eres adulto, no podemos forzarte, es tu decisión, aquí está el medicamento que tienes que tomar, aunque no creas en los chochitos y regresa en una semana.

-Mira, yo no creo en los médicos y en los homeópatas menos, pero ya que has curado a mi mujer y a mi hijo, te creo, me tomo los chochos, me porto bien y nos vemos en una semana.

El siguiente examen salió bien, pagó la prima del seguro y no se habló más del asunto hasta el momento de pagar el siguiente trimestre, que era en lo que estábamos en esos días, bueno, ya había pagado el seguro, no lo había aumentado y ya sería el lunes el momento de encarar a Gerardo.

***

Llegó el lunes, cuando mi marido se enteró de que pagué el seguro y sólo el mínimo del pago de la tarjeta, como yo suponía, se molestó.

-Ya sabes que no me gusta pagar intereses y que siempre pago el total de la tarjeta.

-Sí, pero no quise perder el seguro, tirar a la basura los pagos que ya hicimos, como en todos los seguros anteriores.

Se dio la vuelta enojado, salió de la habitación y ahí quedó la cosa.

Continúa en el Capítulo 2.

 ***

Ciudad de México, Siglo XXI

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AUTOBIOGRAFÍA CAPÍTULO PROHIBIDO

INTRODUCCIÓN.

SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XXI.

Ahora a mis casi 100 años y con mi último libro (Memorias de una Escritora) con varios meses como best seller, quiero escribir este capítulo que omití en mis Memorias, no lo voy a publicar, pero te lo escribo a ti, quienquiera que seas, que algún día lo leerás, promete que será “sólo para tus ojos”

¿Por qué?

No creas que tiene algo “prohibido”, o pornográfico, no, es simplemente que una escritora como yo, con mi historial, con mi imagen, no puede darse el lujo de escribir en su autobiografía algo real, pero que parece escrito por el o la peor escritor@ de telenovelas baratas (con todo respeto para l@s escritores), parece que las Parcas, al escribir este capítulo de mi destino, estaban viendo telenovelas, de esas que tienen coincidencia tras coincidencia y los personajes sorpresivamente se encuentran a alguien en el instante preciso… muchos problemas y en el momento justo aparece el “ángel salvador” que los resuelve milagrosamente ¿ya quién se lo cree?

Si alguien me contara lo que vas a saber en un momento, le pediría que mejorara su historia, demasiado trabajada con guiños, con sucesos aparentemente sin importancia que después se vuelven relevantes, bueno, ya no te doy avances, voy a escribir y tú verás si es creíble o no, pero fueron hechos reales que recuerdo perfectamente, por ser momentos excepcionalmente emotivos y críticos y porque a mi edad, tengo una excelente memoria, como si fuera una jovencita de 60 años (recuerda que todo es relativo).

Ciudad de México, Siglo XXI

Continúa en:

CAPÍTULO 1   EL SEGURO

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© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Puedes copiar y publicar este artículo, siempre y cuando incluyas el enlace al artículo, no lo uses con fines comerciales, no lo modifiques, no quites el © ni este último párrafo que le sigue, enlaces incluidos.

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Imágenes tomadas de internet y Pinterest.

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Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Autora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación y regresiones a vidas pasadas.

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Tú y Yo Siempre

foto Angel Sosa

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