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SUSSY Y SUS HISTORIAS, EL FLECHAZO VII, ME AMO MÁS A MÍ

Viene de:

https://serunserdeluz.wordpress.com/2016/11/02/sussy-y-sus-historias-el-flechazo-vi-que/

Jaime se levantó súbitamente de la mesa donde estaba desayunando con Sussy cuando ella le dijo:

-Te amo.

Iba a responderle “yo también te amo, con toda mi alma”, pero las palabras no salieron de su garganta; en realidad sí la amaba y lo más normal era que se lo dijera.

La noche anterior, en medio de la pasión desatada se lo había dicho ya, dos o tres veces, pero ahora, así, tranquilos, desayunando, significaba más, era lo real y la verdad sí la amaba, pero no podía ofrecerle nada, no podía prometerle matrimonio, quizá una vida juntos, pero Sussy no era para ser “la otra” ¡No! No, no, Sussy nunca lo aceptaría, eso lo sabía desde que la conoció y le dijeron cómo era ella, además a él también se lo había mencionado, ella “nunca andaría con un hombre casado”.

Por eso no la invitó a salir solos los dos, en una cita, durante tanto tiempo, a pesar de que se moría de ganas de hacerlo… hasta que no pudo evitarlo.

Sin pensar en que allá en Guanajuato había una mujer que era su esposa, no por gusto, sino por obligación, como consecuencia de una tarde de pasión adolescente, tuvieron que casarse porque ella resultó embarazada, ni siquiera eran novios, ni siquiera salían, sólo se dio la oportunidad y la tomaron y arrojaron sus vidas a la basura.

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Los padres de ella y de él lo exigieron, al ser adolescentes, tuvieron que aceptar y casarse. La única condición que puso el padre de Jaime fue que él, como estaba planeado, fuera a la Ciudad de México a estudiar su carrera en la Universidad Iberoamericana, que tenía más prestigio y peso que la Universidad de Guanajuato.

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Así fue, pero los padres de ella exigieron que todos los fines de semana regresara a Guanajuato para ver a su esposa e hijo. Dado que eran socios de los padres de Jaime y por cuestiones sociales también, así quedó establecido. Pensar en divorcio en esa sociedad, era algo impensable.

 .

La muchacha, Elisa, fue a vivir a la casa paterna de Jaime y la vida fue un infierno para todos: para ella, para Doña Lola, la mamá de Jaime, para Don Javier, el patriarca, y, en menor medida, porque de lunes a viernes no estaba ahí, para Jaime, el causante de todo (junto con Elisa, porque no la forzó).

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Así las cosas, cuando Jaime estaba en 8º semestre y su hijo tenía 4 años, Jaime empezó a trabajar en la empresa donde conoció a Sussy y todo se le complicó, desde el principio, cuando quería invitarla a salir, cortejarla, pero sabía que no debía hacerlo, pero sí se acercaba a ella y como ella esperaba más, él ponía frenos, hasta que un día salieron al mismo tiempo de la oficina y no pudo evitar invitarla, fueron al cine, se besaron y… lo demás era historia: cada vez más enamorados.

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Al principio ella tampoco lo podía ver los fines de semana, así que no hubo problema, pero cuando ella se fue a vivir sola, tenía que inventar lo que fuera para no verla los fines de semana o cuando no podía evitarlo, tenía que inventar algo en su casa, una situación estresante, pero no podía terminar con Sussy, ni divorciarse, por su padre, la empresa, su madre, la sociedad, su hijo, la religión, en fin, que estaba atrapado en ambos lados.

 .

Por eso había tenido que correr, cobardemente, porque no podía enfrentar a Sussy y decirle la verdad. Pero iba a tener que hacerlo, no podía dejarla así… sólo que… necesitaba tiempo para armarse de valor.

 .

Pensaba todo esto sentado un uno de los bancos de piedra del Paseo de la Reforma, a donde había llegado corriendo (como vil cobarde) y sin aliento, se había sentado, con los codos en las rodillas y el rostro entre las manos.

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Si le hubieran enseñado/permitido llorar cuando era niño, ahorita estaría llorando, pero como “los hombres no lloran”, como le había enseñado su padre, el patriarca de la familia, no sabia cómo hacerlo, ni podría tampoco.

 .

***

Sussy se quedó pasmada, literalmente con la boca abierta e inmóvil, escuchó la puerta cerrarse y siguió sin reaccionar por algunos minutos.

Sonó el timbre del horno eléctrico, indicando que los panes ya estaban tostados y eso la sacó de su estado. Parpadeó, sacudió la cabeza y fue a sacar los panes, los tiró a la basura y fue por su bolso y saco para irse a trabajar.

 .

No lloró, por alguna razón cuando algo le dolía al extremo, no salían las lágrimas por un tiempo, se quedaba como en estado suspendido, actuando “normal”, pero ausente, así fue esta vez, llegó al trabajo e hizo lo de siempre, pero como en “automático”.

Pudo llorar hasta esa noche y lo hizo todo el tiempo, desde que llegó a su casa, hasta que salió al día siguiente a la oficina.

 .

Llamó a su amigo Felipe a su antiguo trabajo, él había sido amigo de Jaime, quizá le despejara la incógnita de lo que pudo haber pasado para esa huida de su amor, después de la noche más maravillosa que habían tenido en los 3 años de ser novios.

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Felipe le dijo que la vería en la noche, saliendo del trabajo; quedaron de verse en el café de moda a unas cuadras de donde Sussy vivía y trabajaba, en Paseo de la Reforma.

 .

Ella llegó al “Rendez-Vous”, nombre muy sugestivo para Felipe: “cita”, pero no para Sussy, ella no se daba por enterada de los sentimientos de su amigo, ya que sólo lo veía así, como su mejor amigo y nada más; su físico era muy distinto del de Jaime, Felipe era blanco, rubio más alto y delgado y también (la debilidad de Sussy) tenía ojos verdes, pero sus ojos no tenían lo pícaro de la mirada de Jaime y, más importante, Felipe no era Jaime.

 .

Ella se sentía que aparentaba normalidad, pero era todo lo contrario, a Felipe le dolió verla con los ojos hinchados por llorar, caminando con los hombros caídos, casi arrastrando los pies, ella, que caminaba como una reina (o como Sophia Loren, decían algunos en la oficina), él no podía entender que alguien le causara  a esa mujer, tan segura de sí misma, una pena que resultara en un cambio tan drástico.

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Sussy le platico todo (sin detalles de la noche) y le preguntó angustiada.

 .

-¿Por qué son así los hombres? No sólo a mí, no sólo esta vez, es lugar común, entre las mujeres, decir que cuando más cercano sentimos a nuestro novio, se da la vuelta y huye, quizá no tan aparatosa y literalmente como Jaime, pero dejan de llamar o de ir y se esfuman, al menos por un tiempo y luego (algunos) pretenden regresar como si nada.

 .

Felipe no sabía qué contestar. Tomó un largo sorbo de su café para pensar qué decir.

 .

-Ya sabes que yo no soy como todos y aunque conozco a Jaime, no te podría decir qué pasó por su mente, eso, si es que estaba pensando – No podía abiertamente hablarle mal de Jaime, era su amigo, pero ella también, además de… su amor imposible ¿o posible?… quizás…

 .

-No, en serio, Felipe, dime cómo funciona la mente masculina, nosotras no los podemos descifrar en actitudes como éstas.

 .

-Bueno, mira, ¿te puedo ser franco?

 .

-Eso te estoy pidiendo.

 .

-Mira, todos los hombres queremos llevar a la cama a todas las mujeres- se detuvo porque Sussy abrió los ojos como platos.

 .

-¿Ya ves?, mejor no sigo.

 .

-Sussy tragó saliva – no, sigue por favor, aguanto lo que me digas (se preguntó mentalmente ¿Felipe… pensaría así de ella?

 .

-La mayoría sólo quieren acostarse, sin compromiso, le huyen al compromiso, pocos, como yo, buscamos una mujer con quien amanecer y tenerla en nuestra vida no sólo por sexo, una plática inteligente a veces cuenta más que un acostón (pensó en todas las pláticas interesantes que tenía con Sussy).

 .

Sussy lo observaba con los ojos entrecerrados, pensando.

 .

-Pero Jaime pasaba las noches conmigo, se iba en la mañana junto conmigo cuando salía yo al trabajo, no se despedía a media noche, como hacen muchos.

 .

-Contigo tal vez fuera así, porque quería algo más, algo más serio, pero no te puedo decir otra cosa, lo que te dijera serían elucubraciones y no quiero que tomes una mala decisión por algo que yo te diga.

 .

-Jajajaja, -se echó hacia atrás en su silla, su risa era medio histérica y sarcástica – ¿Tomar una decisión? Pero si ya se fue, ¿ya qué puedo decidir yo?

 .

-Va a regresar, te lo aseguro.

 .

Ella lo miró dubitativa – ¿tú crees?

 .

-Claro, ¿no regresó después de renunciar? Viene sólo a verte, ten paciencia va a regresar, pero piensa qué vas a hacer ¿seguir o no seguir? ¡esa es la cuestión!

 .

-No lo sé, a veces pienso que ya no quiero saber nada de él y cinco minutos después lloro y pienso que no puedo vivir sin él.

 .

-Pues decídete mujer.

 .

Suspiro – Sí, tienes razón, gracias por escucharme y ya me voy, ya es tarde.

 .

-Te acompaño a tu casa.

 .

Se levantaron y ella caminó delante de él, al salir la tomó del brazo y le dijo:

 .

-No es justo que una persona le cambie a otra hasta el modo de andar, mujer, tú eres TÚ, sigue siéndolo, ¿de dónde sacas ese arrastrar de pies? ¿y esos hombros caídos? Si tu modo de andar nos traía locos a todos, sigue igual, no lo cambies, no te derrumbes y si lo haces, que el orgullo te levante.

 .

Ella se detuvo, lo vio a los ojos, echó los hombros atrás, levantó la barbilla, respiró profundo y contestó.

 .

-Tienes razón, nadie puede cambiarme, muchas gracias ¿vamos?

 .

Y caminó como siempre, altiva, segura, sexy, derramando sensualidad. Felipe la miró, sonrió y le pasó el brazo sobre los hombros.

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.

Como lo sospechaba, no lo invitó a pasar, pero ya se lo esperaba, ni modo, seguiría siendo el “amigo”, algo era algo.

 .

Al día siguiente, ella estaba leyendo el periódico y desayunando unos huevos rancheros, rompió la yema de uno y tuvo una especie de déjà vu, recordó que casi en los últimos días que vivió con su madrina, un domingo estaba haciendo exactamente lo mismo cuando vio un anuncio de viajes a Europa, igual que en ese momento, y le había comentado a su madrina.

 .

-Voy a ir a Europa.

 .

La risa burlona de su madrina la ofendió mucho.

 .

-¿No me crees?, pues ¡te aseguro que antes de cumplir 40 años voy a ir por mi cuenta! y vas a ver que sí.

 .

La madrina se siguió riendo y enojándola cada vez más.

.

Ahora tenía 25 años, un trabajo donde ganaba un excelente sueldo, ahorraba un buen porcentaje de él cada mes en la caja de ahorros de la compañía; ya podía pedir vacaciones (2 semanas)…  ni acabó de desayunar, salió corriendo a la oficina para llamar a la agencia de viajes y solicitar todos los folletos de viajes a Europa.

.

Así lo hizo y como ella era la que organizaba los viajes de todos los ejecutivos, era la consentida de la agencia de viajes, cuando llamó y pidió hablar con el gerente, éste de inmediato se puso al teléfono. Le solicitó todos los folletos que tuviera sobre viajes a Europa y en 10’ los tenía en su escritorio, ya que la agencia estaba en el mismo edificio que su oficina.

 .

Los extendió todos, eliminó a la primera los más caros y los de 4 semanas, buscó de 2 semanas, que era lo que tenía de vacaciones, no había ni uno, lo mínimo eran 3, humm, un contratiempo.

 .

Siguió eliminando los que estaban fuera de su alcance y sólo quedaron 4, quitó otros 2 dado que acababan de salir y la siguiente fecha de salida era hasta el siguiente mes.

 .

Quedaron 2, eligió sin pensarlo el que incluía Venecia, que tantas ganas tenía de conocer. Lo que tenía en la caja de ahorros le alcanzaba, pero necesitaba 2 cosas: una semana extra de vacaciones y un préstamo, sabía que su jefe se los concedería.

.

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Justo estaba pensando eso cuando él llegó, vio los folletos y preguntó.

.

-¿Quién se va de viaje? No me he enterado.-

.

Sussy sonriendo le contestó

 .

-Yo, si usted me lo permite.

 .

Mr. Latimer ya había entrado a su oficina, ella entró tras él.

 .

Él ya hablaba un poco de español, pero siempre se comunicaba con ella en inglés.

 .

-A ver, cuénteme.

 .

-Ya tengo derecho a vacaciones.

 .

-Por supuesto, ya cumplió un año aquí.

.

-Y tengo 2 semanas de vaciaciones.

 .

-Sí.

 .

-Para este viaje necesito 3 ¿me daría permiso de una semana extra, sin goce de sueldo?

.

Mr. Latimer se rascó la barbilla pensativo – Hummm

.

Sussy en tono de súplica -Por favor…

 .

-No, no le concedo una semana extra sin goce de sueldo, si le doy la semana, será con goce de sueldo.

 .

Sussy casi brinca del gusto – Y… también necesito un préstamo…

 .

-Llene el formato y me lo trae a firmar. ¿Qué tenemos para hoy?

 .

Sussy salió encantada, a hacer los preparativos para su viaje a ¡Europa!, uno de sus sueños más preciados desde hacía años.

 .

Por más que amara a Jaime, se amaba más a ella misma y las próximas semanas él dejaría de ser su prioridad, al menos hasta que regresara del viaje, después… ya vería qué hacer…

 .

Próxima historia de Sussy:

.

“En Madrid”.

.

***

Ciudad de México, 8 de noviembre de 2016.

 

Los hechos y personajes de esta historia son ficticios, cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Puedes copiar y publicar este artículo, siempre y cuando incluyas el enlace al artículo, no lo uses con fines comerciales, no lo modifiques, no quites el © ni este último párrafo que le sigue, enlaces incluidos.

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Imágenes tomadas de internet, Pinterest

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Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Autora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación y regresiones a vidas pasadas.

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SUSSY Y SUS HISTORIAS. LA ELECCIÓN DE SUSSY

© condiciones al final

“…Pero tuve miedo de amar con locura,

de abrir mis heridas, que suelen sangrar,

¡y no obstante toda mi sed de ternura,

cerrando los ojos, la dejé pasar!”

“Cobardía”,  Amado Nervo[i].

***

Ahora vamos a viajar con Sussy desde el siglo pasado hasta nuestra época, segunda década del siglo XXI, cuando ya hay computadoras personales, internet teléfonos celulares, redes sociales donde se puede uno enamorar en la distancia y mucho más.

***

Sussy ya no es una jovencita, ya ha tenido vivencias y experiencias de todo tipo y ahora está enamorada y tiene una relación amorosa virtual, como tantas personas en el mundo.

Parece raro, pero siente que nunca había amado así, sin embargo, no quiere asomarse a su propio corazón para ver y sentir más ese amor, percibirlo en toda su plenitud.

Amigas ha tenido pocas, ahora tiene una que vive para el amor, ama incondicionalmente, ama totalmente y lo reconoce y lo dice abiertamente, aunque su amor ya no esté con ella, está distante, no importa, Denisse lo ama igual.

Esto hace pensar a Sussy en su vida y su forma de ser. En que muchas veces al tener que (o poder) tomar una decisión relacionada con el amor, el temor es el que ha prevalecido y ella se ha paralizado al momento de tener al alcance lo que anhelaba, y lo ha dejado pasar, como Amado Nervo en su poema “Cobardía”, cobardía, eso es lo que ella ha tenido en los momentos cruciales de su vida.

¡Cuántas oportunidades de amar ha dejado pasar! Bueno, no muchas, pero muy importantes, el Sr. H. y luego Jaime, aunque este amor sí floreció; quizá fue un acierto no darse del todo a él, de todos modos, el miedo fue el que habló por ella.

Cómo quisiera ser como Denisse y asomarse a su propio corazón y aceptar que está lleno de amor, un amor avasallador que ha arrasado con todo.

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Leinad llegó tarde a su vida, pero ¡llegó! Y ya no es tiempo de tener miedo.

Aunque… un amor lejano a veces sólo causa frustración por anhelos insatisfechos, por deseos que nunca se verán cumplidos ¿nunca? ¡y ahí está el miedo! ¿la esperanza no es lo último que muere?

 ***

Sussy pensaba todo esto debido a que la iban a operar del corazón, cirugía de las coronarias, le había dicho el Dr. Ramos.

-No le estoy preguntando si quiere o cuándo puede, mañana se interna en el hospital y no hay discusión.

-Pero…

-No hay peros que valgan ¡mañana! –se levantó para despedirse y Sussy no tuvo más remedio que aceptar la operación.

Al darle la mano le dio las últimas recomendaciones – la enfermera le dará las instrucciones para cómo prepararse y presentarse en el hospital.

***

Sólo por eso esta noche estaba tratando de asomarse a su corazón emocional, sentimental, metafórico; el otro, el físico se lo iban a arreglar al día siguiente.

Le avisó a su hijo, a su hermana, a su cuñada y algunos sobrinos.

No sabía si decirle a Leinad ¿para qué preocuparlo? Si hasta ahora le había sido imposible venir a verla, a conocerla, para qué inquietarlo allá, tan lejos? Por otro lado, si dejara de contestar sus mensajes o el teléfono quizá sería peor, no saber qué estaba pasando, se lo debía, le avisaría.

Media hora después, cuando la llamó se lo dijo, él se preocupó y le dijo que vería qué hacer, pero que iba a estar con ella.

-Pero si la semana pasada lo hablamos por enésima vez y me dijiste que no había manera.

-Sí, pero ésta es una situación especial.

-¿Y qué vas a hacer?

-¡No tengo idea!, ya se me ocurrirá algo

Sussy no pudo más que reírse, siempre decía lo mismo y él si lo cumplía, algo se le ocurría, ¿éste sería el costo para poder conocerse? Sacudió la cabeza, ¡no! Claro que no.

En toda la noche no durmió, quiso asomarse a su corazón y ver y admitir lo que sentía por Leinad, pero no lo logró, no quería abrir su corazón por temor (¡otra vez el temor!) de la avalancha que podría venírsele encima; sabía, sí, que sus sentimientos por él eran muy profundos, muy tiernos, apasionados y más, mucho más, pero nunca se había detenido a meterse en ellos y reconocerlos a plenitud, le gustaría poder sacarlos a la luz, escribirlos, vivirlos, sin esconderlos o tratar de ahogarlos.

 

Pero no, no pudo, no entró, no abrió la caja de Pandora ¿y si luego no la podía cerrar? aunque sólo fuera amor lo que encontrara, quizá no lo podría controlar quizá se le fuera de las manos, quizá….

***

Ya casi la iban a llevar a la sala de operaciones y Leinad ni llegaba ni se había comunicado, se empezó a angustiar, la enfermera lo notó y le puso otro calmante a través del catéter, Sussy se adormiló un poco, pero seguía pensando en qué habría pasado con Leinad ¿y si llegaba y ella ya no lo pudiera ver? ¡no! No quería pensar en eso, aún tenía muchas cosas que hacer en esta vida, una de ellas amarlo.

Cuando la llevaban ya al quirófano, oyó entre sueños una carrera, los pasos se acercaban, alguien le tomó la mano, sintió una paz inmensa al contacto, un calorcito que le llegó literalmente al corazón, a ese corazón que iban a operar.

Abrió los ojos entre los vapores del calmante y ¡lo vio! ¡era él! Su Leinad, sí había llegado a tiempo de verla, un hilito de lágrimas salió de sus ojos.

-No, no llores, si vas a llorar me voy – le dijo él cariñosamente.

Ella sonrió -¡qué manera de conocernos! Camino al quirófano.

-Señor, tiene que retirarse, ya tenemos que llevarla…

Leinad le soltó la mano y la contempló mientras la conducían a la sala de operaciones.

Se acercó al grupo familiar.

-Buenos días, soy Leinad, novio de Sussy.

Sólo Carlota, su futura cuñada, lo saludó con una sonrisa y le tendió la mano, los demás, por cortesía, le devolvieron el saludo, pero fríamente.

***

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La operación transcurrió sin ningún problema… hasta que ya casi al terminar, el corazón de Sussy se detuvo.

Sussy se vio desde arriba, observó cómo los médicos y enfermeras hicieron lo que tenían que hacer, todo organizado; el personal no necesario les dio espacio al cirujano en jefe y a los otros dos, uno de ellos puso algo a través del catéter, el jefe tomó su corazón, lo tuvo en sus manos y procedió con toda seguridad y cuidado a reanimarlo, darle masaje para reiniciar sus latidos y el otro cirujano observaba los monitores con atención.

Ella lo observaba todo, curiosa. Estaba en algún lugar junto a la lámpara del techo.

Entonces todo se oscureció e instantes después apareció el famoso túnel de luz ella lo tenía a su derecha, hacia arriba, a su izquierda y abajo estaba su cuerpo, que estaban tratando de reanimar todo el equipo médico actuando con absoluta seguridad de lo que cada uno debía hacer.

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Dejó de escuchar lo que ellos decían y percibió una voz muy dulce que le decía:

-Pocas veces se les permite a las almas decidir si se van o se quedan, tú tienes ese privilegio, puedes elegir si irte a la Luz, al Amor Universal, hasta que vuelvas a encarnar y revivir todos los amores que no quisiste en esta vida, que no has aceptado en varias ocasiones por miedo, o quedarte y vivir ese Amor Total que tienes ahora por ese ser único y que permea todo en tu vida.  puedes regresar y vivirlo, pero en plenitud, sin miedos o irte y dejarlo pendiente para una próxima vez. Tu decisión.

 

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Sussy veía la luz cegadora al final del túnel y luego hacia abajo veía su cuerpo exánime. Recordó la sensación de paz, calidez y amor cuando Leinad tocó su mano.

Se quedó en suspenso un lapso que no supo cuánto duró, pero se dio cuenta que abajo el tiempo sí contaba, si se decidía a regresar, tenía que ser ya, tuvo en cuenta lo que le advirtió la voz: si se quedaba era para vivir el amor en plenitud, con todo lo que ella era, sin restricciones, sin miedos.

La luz hermosa la llamaba, que agradable sería ya descansar de tantas emociones y sentimientos dolorosos, de frustraciones; irse… y ya…

Suspiró, cerró los ojos y tomó la decisión

.

.

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Continuará.

 

***

CDMX Septiembre, 2016

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, todos los derechos reservados

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Imágenes tomadas de internet.

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NOTAS AL PIE DE PÁGINA 

[i] Cobardía – Poemas de Amado Nervo http://www.poemas-del-alma.com/cobardia.htm#ixzz4L7i3vSIW

 

EL FLECHAZO. SUSSY Y SUS HISTORIAS (2)

 

(Voy a hacer una presentación de Sussy, por si aún no han leído https://serunserdeluz.wordpress.com/2016/09/10/sussy-y-el-sr-h/

Los que ya leyeron esa historia, no crean que es la misma, aunque empiece muy parecida.

***

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Sucedió hace muchos años, antes de las computadoras personales, los teléfonos celulares e internet. Sussy, nuestra protagonista, trabajaba en una gran empresa trasnacional, era una muchacha muy atractiva, secretaria del Director General, por lo tanto, todos los empleados, jóvenes recién recibidos o a punto de serlo, la rondaban, pero no se atrevían a acercarse demasiado. Sólo la observaban de lejos.

En la oficina había un chiste con Sussy como protagonista, debido a sus exuberantes atributos femeninos; se decía que cuando veías a todos los muchachos de contabilidad, auditoría, contraloría y presupuestos (unos 250 jóvenes) mover la cabeza de arriba abajo al unísono, era que Sussy pasaba corriendo por el pasillo. Cuando ella se enteró, trataba de no correr por el pasillo,  pero su jefe todo lo quería “para ayer”, copias fotostáticas incluidas y para ir sacarlas, tenía que pasar por el pasillo y si no correr, al menos caminar muy rápido, eso sí, con la vista al frente nunca volteando hacia donde estaban los muchachos que la observaban al pasar.

Había estado enamorada platónicamente de su jefe, pero eso ya había pasado, al ver y saber que nunca iba a suceder nada entre ellos, debido a que él era casado. Luego tuvo un novio que le resultó casado, así que no quería saber nada de romances.

Ella siempre iba a comer sola, porque las otras secretarias la envidiaban y odiaban, estaba acostumbrada a no tener amigas. Por otro lado los muchachos no se atrevían a hacer nada más que saludarla y despedirse amablemente de ella; sólo hablaban cuando había algún asunto de trabajo que tratar.

Uno de tantos días en que tenía que ir a sacar copias, la vista al frente, como siempre, no pudo evitarlo, algo la hizo voltear y se encontró con unos ojos verdes mirándola fijamente directo a sus ojos, no como todos los demás; quizá por eso tuvo que voltear, sintió la mirada directa.

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El dueño de esos “Ojazos” verdes le sonrió con la vista y con los labios, una pícara pero respetuosa sonrisa, y bajó la cabeza en un saludo. Ella hasta el paso perdió y respondió de la misma manera, se recompuso y siguió rápidamente su camino simulando ver los papeles que iba a copiar.

Varios compañeros le informaron al “nuevo” que ella era la secretaria del Gran Jefe, muy seria y ni caso había de pretenderla, él les agradeció el consejo y siguió su trabajo, con la intención de que ella fuera su novia o algo más… se vale soñar.

Sussy, al regreso, no pudo evitar mirar de reojo a los ““Ojazos” verdes”, otra sonrisa y saludo, otra respuesta, ahora con una sonrisa incluida. Él quedó satisfecho y los otros admirados y envidiosos.

““Ojazos”” fue haciendo amistades, era un chico muy agradable, desde el primer día un grupo de los compañeros lo invitaron a ir a comer con ellos. Al siguiente día de quincena, fueron a un mejor restorán que la fonda de costumbre y vieron a Sussy sentada sola en un rincón.

“Ojazos” no lo pensó y se dirigió a ella.

-Hola ¿esperas a alguien?

Ella trató de que no le temblara la voz –No, a nadie, voy a comer sola, como siempre.

-¡Pero cómo! No puede ser que comas sola, por favor ven, únete al grupo.

Ella no sabía qué hacer, no sabía si era bueno o malo que en el grupo estuviera la secretaria de Contabilidad, tomó una respiración profunda y se levantó, él separó la silla, la dejó pasar primero y puso su mano en su espalda, el choque eléctrico lo sintieron ambos.

“Ojazos” se aclaró la garganta y quitó la mano, llegaron a la mesa del grupo, él por supuesto puso una silla junto a la de él, esperó a que se sentara y arrimó la silla a la mesa. Risitas disimuladas de todos.

-Uy, que caballero me saliste- la secre de Contabilidad dijo con sorna.

Ambos la ignoraron. Vino la mesera, ordenaron y la plática era general, “Ojazos” (se le quedó ese nombre en la mente de Sussy, aunque su nombre era Jaime) sólo le prestaba atención a ella.

Regresaron a la oficina, todo siguió normal, pasaron los días y “Ojazos” a veces iba a platicar con ella, en ocasiones la invitaba a ir a comer o a tomar café a la salida, siempre en grupo, pero nada más y Sussy ya estaba ansiosa que la invitara a salir en una cita, solos ellos dos, pero ¡nada! Ella sabía que le gustaba a Jaime, pero el chico no se decidía, ella se preguntaba por qué, ya que era evidente que iba a ser aceptado.

Ya había ido, en su calidad de secretaria del Gran Jefe, al Departamento de Personal y revisado el expediente de “Ojazos”/Jaime, vio que era de Guanajuato, soltero, un año menor que ella, estudiaba contabilidad, y tenía ya su carta de pasante. Soltero, eso era lo que más le interesaba, no quería otra decepción con un casado, aunque no llevaba anillo, ni marcas de haberlo llevado, eso no era garantía, bien lo sabia por amarga experiencia propia.

Finalmente un día, después de la hora de salida, ya que la puerta de la calle se había cerrado con llave y había que llamar a Seguridad para que la abrieran, esperando en un pequeño espacio, Jaime vio que Sussy estaba lista para salir, él se apresuró, pasó por su cubículo y se despidió, a ella le saltó el corazón, iban a salir juntos.

Él se tardó un poco para pedir que le abrieran, cuando la vio por el pasillo, llamó y la esperó para bajar juntos por la escalera. Esperaron al pie y cuando el guardia abrió, tuvieron que apretarse contra la pared, él le respiró en el cuello, ella se estremeció.

Salieron, ella se dirigió a tomar su transporte, él iba hacia el estacionamiento.

-¿A dónde vas?

-A mi casa.

-¿Tan temprano y ya a encerrarte?

-Puessss, sí, no tengo a dónde más ir, hoy no tengo clase de inglés.

Con una sonrisa pícara de las que sólo él podía tener -¡Falta de confianza! Te invito un café o al cine… –la miró expectante.

Ella había esperado este momento desde hacía semanas.

-No ssée…

Él se lanzó, la tomó del brazo, cambiando la dirección en la que ella iba.

-Vamos al cine, están estrenando una película buenísima.

-¿Sí? ¿cuál?- ya no lo pensó, caminó con él y de hecho aceptó ir al cine.

-Ehhh, no recuerdo el nombre, pero llegamos y si no te atrae elegimos otra.

Sussy no pudo menos que soltar la carcajada y “dejarse convencer” (nada difícil, puesto que era lo que ella esperaba).

-Jajaja, vamos pues.

Llegaron a su auto, él, todo caballeroso, le abrió la puerta y la cerro una vez que ella se acomodó en el asiento, cuando estuvo frente al volante la miró con “esa mirada” entre pícara y cariñosa que ella adoraba tanto.

-¿Vamos al Cine México?

-Sí, está bien- ella se estaba poniendo nerviosa, notó que él también lo estaba.

Al entrar a la sala ya oscura él la guió (ella sentía la calidez y el ligero temblor de su mano en su brazo) a los asientos de arriba y atrás, ella se dejó llevar.

Se sentaron en medio de la fila, él la ayudó a quitarse el saco e hizo lo mismo

-¿Quieres un refresco, chocolates, palomitas, algo?

Sussy sólo pudo negar con la cabeza, estaba nerviosa, él lo estaba más, la tensión crecía, ella esperando… algo, él deseando besarla y no atreviéndose, los dos mirando a la pantalla, pero de reojo viendo al otro.

Finalmente Jaime levantó el brazo para ponerlo sobre el hombro de Sussy, a ella se le cortó la respiración.

Jaime lo retiró antes de tocarla, deseando que el piso se lo tragara.

–Te voy a marear.

Sussy no podía regular su agitada respiración, quería gritarle:

-¡Abrázame! No me dejes así… el olor de tu sudor me excitó más ¡¡¡quiero que me beses!!!

A Jaime, odiándose por no haberse puesto desodorante al salir de la oficina, le temblaban las manos, le sudaba la frente, y todo el cuerpo, haciendo más fuerte ese aroma de sudor que Sussy percibía y disfrutaba, pues la excitaba mucho.

Finalmente él no soportó más la tensión de ambos y la urgencia de besarla, la abrazó con el brazo izquierdo y su mano derecha la colocó en sus mejillas, aunque se resistiera por su olor, no iba a dejarla ir sin al menos besarla, aunque lo abofeteara, ¡tenía que besarla! Aunque fuera una sola vez..

Sussy percibió el aroma del sudor masculino, el brazo sobre sus hombros, la mano apretándole las mejillas ¡cómo si fuera necesario! Su cuerpo temblaba su respiración se dificultaba, esperó esos labios que tanto había deseado.

Se dieron el beso más tierno y apasionado, Jaime al ver que ella no se resistía, sino por el contrario le devolvía el beso apasionadamente, le soltó la cara y puso la mano sobre su hombro, ella interpuso su brazo para poder acariciarle la cara y no permitirle bajar la mano a dónde ésta iba dirigida.

El beso pasaba de la ternura más dulce a la pasión más desatada, Jaime introdujo su lengua en la ansiosa boca de Sussy, ella gimiendo se entregaba toda en ese beso que prácticamente duró todo lo que restaba de la película con pequeñas interrupciones porque las manos de Jaime estaban muy inquietas y Sussy tenía que detenerlas, le decía

– No, no.

Él se detenía unos segundos, pero en seguida volvía a buscar esa boca deliciosa que lo estaba volviendo loco y a tratar de acariciarla más íntimamente, hasta pensó pedirle que fueran a otra parte, pero se veía que ella no era “de ésas”, así que se abstuvo, sólo trataba de acariciarla, pero ella no se lo permitía.

La película se terminó, se encendieron las luces y ellos aún seguían en el apasionado beso y la lucha entre él que la quería acariciar toda y ella, que no lo dejaba hacerlo.

Finalmente se dieron cuenta de que ya había luz, se separaron ella se acomodó la blusa y la falda que en la lucha habían quedado torcidas. No quería levantar la vista, pero él la tomó de la barbilla y le levantó cariñosamente la cara.

-Oye, me gustas mucho, me tienes loco desde la primera vez que te vi.

Ella se sonrojó y bajó la vista –Tú también me gustas desde esa vez.

Recuperaron el aliento y salieron los últimos.

Sussy vio su reloj y se angustió – ¡Mi madrina me mata!

-¿Por qué?

-Porque ya casi son las 10 y tengo que llegar a las 9 a más tardar.

-Pues vamos rápido – él manejó lo más rápido que era permitido y la pensaba dejar frente a su casa.

-No, por favor, déjame en la esquina, si mi madrina me ve llegar en coche y a estas horas, me mata.

-Como quieras, te espero por si tienes problemas, aquí estaré una media hora.

-No, no es necesario, tampoco me va a correr, sólo va a hacer drama y me va a gritar, pero nada más, gracias.

Él la besó en la boca, pero ya sin pasión para no volver a agitar las aguas.

-Hasta mañana.

-Hasta mañana hermosa – él se iba a bajar para abrirle la portezuela, pero ella lo detuvo.

-No por favor, no quiero que alguien nos vea.

Sussy iba a abrir la portezuela, se iba a bajar, pero su mano temblaba, no la abría, su respiración volvió a agitarse, pero esta vez por una razón muy distinta. Empezó a mover la manija…

Se detuvo,

pensó en irse no más

o…

No podía decidirse,

su mano se detuvo a medio camino,

luego, de golpe, se decidió;

abrió la portezuela

y de espaldas a Jaime,

le dijo de golpe:

-Esto no es serio.

Jaime se asombró, seguro que no había oído bien.

-¿Cómo? Te juro que…

-Que esto no es serio, tú puedes salir con quien quieras y yo lo mismo… sin pleitos ni celos, si quieres que volvamos a salir y yo también, saldremos, pero sin compromiso.

Salió rápidamente y cerró la portezuela. Corrió a su casa, llegó llorando, sollozando amargamente, pero fue algo que tuvo que hacer para proteger su herido corazón, Jaime era muy atractivo, muchas chicas andaban tras él y ella no iba a soportar que él coqueteara o saliera con otras a escondidas, así que mejor que lo hiciera abiertamente, ya no quería tener una relación exclusiva, porque nunca lo eran, porque los hombres son infieles por naturaleza y ella lo amaba profundamente, estaba apasionadamente enamorada de él, pero ya no quería sufrir otra decepción…

Jaime se había quedado sin palabras, no le pudo decir nada antes de que cerrara la portezuela y echara a correr. Tardó un rato en poder cerrar la boca, dio un arrancón y casi choca 3 veces en su camino a casa.

-¡¡No es serio!! ¡¡puedo salir con quien quiera!! ¡¡y ella también!! ¡de qué se trata?

Sussy pasó la mitad de la noche llorando y la otra mitad soñando despierta que vivía un gran romance con Jaime, el amor de su vida…

Continúa en:  https://serunserdeluz.wordpress.com/2016/09/20/sussy-y-sus-hi-storias-3-el-flechazo-ii/  UNA LARGA NOCHE

***

CDMX Septiembre, 2016

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller. Todos los derechos reservados.

***

Imágenes tomadas de internet.

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Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Autora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación y regresiones a vidas pasadas.

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COSAS DE LA VIDA

 Maru salió de la óptica un poco desconcertada; le entregarían sus anteojos arreglados en tres horas, pero ella nunca salía sin ellos; le daba miedo hasta atravesar la calle. Se detuvo en la puerta sin saber a dónde dirigirse y casi se da la vuelta para esperar las tres horas dentro del establecimiento, pero recordó que a media cuadra había un Sanborn’s y decidió ir a comer ahí, ya que así no tendría que atravesar la avenida Insurgentes de la Ciudad de México.

Se dirigió un poco torpemente al restorán, lleno a esa hora, y se sentó en la única mesa vacía para dos; como estaba en un rincón, casi se sienta mirando a la pared, pero, olvidando su timidez, se atrevió a mirar de frente a todo el restorán. Después de ordenar, se levantó, para quitarse el saco y colocarlo en el respaldo de la otra silla, al hacerlo sus movimientos permitieron que sus pechos lucieran en todo su esplendor y un hombre joven sentado un poco más allá de su mesa, casi se la comió con los ojos, pero ella (sin anteojos) no se dio cuenta y regresó inocentemente a su silla.

Para “despistar” había comprado una revista y se entretuvo hojeándola, más o menos viendo las fotos, porque no podía leer los textos, pero así aparentaba estar muy interesada en lo que “leía”.

De vez en cuando levantaba la vista y su mirada se cruzaba con la del joven y atractivo vecino de mesa, que al principio medio le sonreía, después le sonreía francamente y al final le guiñó un ojo, pero como ella no se daba cuenta, él creía que estaba siendo discretamente aceptado y empezó a fantasear. Ella no se había enterado de nada, sin lentes no veía de lejos. Cuando terminó y le dieron la cuenta, se levantó, caminó unos pasos y volteó a la mesa para asegurarse de no haber dejado nada, pero él interpretó que le estaba enviando el mensaje de “sígueme”.

Maru fue a hablarle a su marido para que pasara a recogerla a casa de una amiga, e irse juntos a Cuernavaca, donde vivían desde hacía unos meses, porque no le gustaba tener que viajar por carretera en autobús. Arturo la siguió discretamente y se colocó en el otro teléfono, aprovechando para reportarse a su nuevo trabajo.

-Alcalá y Asociados, buenas tardes.

-Habla Arturo López, reportándome ¿a qué hora me necesita el licenciado?

-Hoy no lo necesita, tiene la tarde libre- Arturo fingió hacer otra llamada, esperando que Maru terminara.

Mientras, Maru colgó la bocina porque a donde estaba llamando daba el tono de “ocupado”, buscó la agenda en su bolso y llamó al nuevo número del teléfono directo de su marido. La llamada de Maru por fin entró y la secretaria le informó que su esposo tendría una junta a las 9, y que le pedía que se regresara a Cuernavaca en autobús; si hubiera hablado un poco antes, hubieran podido haberle enviado al chofer. Enfurruñada Maru colgó la bocina y al tomar sus cosas, se le cayó el saco, Arturo, que observaba sus movimientos, lo levantó de inmediato y cuando se lo entregó, se miraron a los ojos; como ahora sí estaba cerca (tal vez demasiado) ella notó “algo”, se sonrojó, dio media vuelta y se dirigió al tocador.

Le impactó esa mirada de un hombre joven y guapo “¡qué ojos! parecen de árabe, y el bigote mmm debe hacer cosquillitas” y un poco alterada, terminó de lavarse las manos y levantó la vista al espejo, lo que le recordó quién era, de quién era esposa y también que estaba un poco pasada de peso; así que sacudió la cabeza para ahuyentar esos pecaminosos pensamientos, y salió del tocador directamente a la puerta, sin voltear, pero con unas ganas enormes de echar una miradita y ver si el joven aún estaba ahí, en el pasillo, pero no… sería demasiado esperar que ella le hubiera interesado tanto como para esperarla.

Cuando llegó a la puerta de la calle, él se adelantó a abrirle y Maru lo miró sorprendida… después de todo sí la esperó.

-Permítame.

-Gracias – Salió lo más dignamente que pudo (después de los dos vodkas que tomó en la comida) y se encaminó a la óptica tratando de no pensar en el “árabe”.

Ya con sus anteojos arreglados salió más segura de sí, pero sin saber qué hacer, pues era muy temprano para regresarse a Cuernavaca a estar sola en ese caserón nuevo. Decidió hablarle a Elisa para ir con ella al cine y se dirigió a uno de los teléfonos de la esquina que, cosa rara estaban desocupados.

-¿Elisa?, soy Maru, estoy en México con la tarde libre y me gustaría que fuéramos al cine…

-Lo siento, Maru, pero tengo visitas, si quieres venir a la casa, te esperamos.

Desencantada, Maru se despidió, colgó la bocina y se dio la vuelta sin percatarse de que el “árabe” estaba en el otro teléfono; lo pensó un poco y se decidió a ir aunque sea sola al cine. Caminó hasta la esquina y mientras esperaba para atravesar, escuchó algo muy cerca de su oído.

-Buenas tardes…- ¡era el “árabe”! rápidamente la balanza de su conciencia sopesa el descuido de su marido, la soledad … la aventura…

-Buenas tardes – sonrisa luminosa.

-Sin querer escuché que va a ir sola la cine… -ella no lo había dicho en palabras, pero esa era su idea – ¿me permite acompañarla?

Nuevo cuestionamiento de su conciencia, pero ahora la respuesta fue más rápida.

-Si no tiene nada mejor qué hacer.

-No encontraría nada mejor qué hacer- la tomó del brazo, ella sintió un choque eléctrico, y mientras llegaban, platicaron intrascendencias.

Se sentaron en la última fila, sin enterarse qué película estaban “viendo”. Él, aparentemente tímido, tocándole el brazo le preguntó si deseaba comer algo, ella sólo movió negativamente la cabeza y, antes de que pudiera reaccionar, sus labios quedaron apresados en los de él.

Se besaron sin descanso, él jugueteaba con la lengua dentro de la boca de ella, que se estremecía, como no recordaba haberlo hecho antes, pero Arturo era tan tímido que Maru tuvo que tomarle la mano y colocarla sobre sus pechos, después de eso, él ya no tuvo necesidad de que le indicara que le desabrochara la blusa, luego descansó la mano sobre su falda y la fue subiendo poco a poco hasta que ella gemía en sus brazos aún antes de que él tocara su tibia humedad. Parecía que estuvieran solos en el cine, no se enteraron de lo que ocurría a su alrededor hasta que se encendieron las luces. Maru bajó su falda, cerró su blusa y se arregló el pelo, él se acomodó la corbata y el pantalón, respiraron profundo y ella vio el reloj.

-Debo irme.

-¿Podemos ir a otro lado?

-Hoy no, tengo que regresar a Cuernavaca- dudó un poco -pero si quieres, podemos vernos el viernes, como ya platicamos.

-¿A dónde?

-En la cafetería de la Terminal del Sur, a las 4.

-Ahí te espero hasta las 6.

Se despidieron y Maru tomó un taxi a la terminal. Todo el camino fue recordando una por una todas las caricias y que Arturo le había dicho que quisiera que viviera en México, para poderla besar y abrazar todos los días. Cuando ella le preguntó si podía verla el viernes por la tarde, temprano, él respondió que en su trabajo no tenía horario fijo, pero que aunque ese día tuviera trabajo, se reportaría enfermo, para no dejar de verla; Maru tristemente pensó “se nota que va a ser la primera vez, ¡ojalá de verdad me espere! y que siempre sea así, pero ya sé que no va a durar mucho… en fin …”

El viernes siguiente en la mañana le dijo a Carlos, su marido, que había quedado de ver a su amiga Laura en México y que lo llamaría en la noche para ver si se regresaban juntos. Carlos apenas le contestó antes de subirse al auto. En cuanto él se desapareció avenida abajo, ella se fue al salón de belleza y se arregló como nunca, antes de salir hacia México.

Arturo la estaba esperando con un ramo de rosas rojas en la mano. A Maru le costó trabajo contener las lágrimas.

Fueron a tomar un café y ahí la convenció de ir “a otro lado”. Ella sentía que se le caía la cara de vergüenza al entrar al hotel de paso. Desde la primera vez, ella se había dado cuenta de que Arturo no era de su “clase”, pero no importaba, era joven, guapo y la hacía sentir cosas que hacía muchos años ni se acordaba que pudieran sentirse; así que ya se había hecho a la idea de que no la podía llevar a los lugares a que ella estaba acostumbrada, pero, pensó “váyase lo uno por lo otro”, en ésta su primera aventura de esposa descuidada por su marido, le había tocado alguien diferente a ella, tal vez eso la atraía más.

En la modesta y casi vulgar habitación, pasó los momentos más emocionantes de su vida; ni siquiera en su luna de miel en París recordaba haber tenido esas sensaciones, haber sentido esa felicidad y plenitud.

Salieron apresuradamente cuando ella se dio cuenta de que ya eran las 7 y tenía que llegar a casa de Laura para que ahí la recogiera Carlos;   por supuesto su amiga ya estaba enterada de todo y estaba encantada de participar en la aventura, aunque solo fuera como “alcahuete”. Arturo le dijo que él también tenía que reportarse a su empleo, porque había pedido permiso sólo hasta las 8 de la noche.

No quiso que Arturo la acompañara, no quería arriesgarse a que él tuviera la manera de localizarla si ella no quería; ni siquiera le había dicho su apellido, para evitar un posible chantaje “una nunca sabe…”, le había dicho a Laura cuando la llamó por teléfono.

Después de contarle todo a Laura (bueno, casi) frente a un vodka Martini, llamó a Carlos, después de las 8:30, como habían quedado, para que pasara por ella. Como de costumbre, la secretaria le informó que estaba en una junta y que no sabía a qué hora se desocuparía, pero que, para que ella no se fuera en autobús tan tarde, le iba a mandar al nuevo chofer a donde ella le indicara. Tristemente le dio la dirección de Laura a la secretaria y cuando colgó la bocina pensó que su romance con Arturo podría justificarse por la actitud de su marido, quiso comentarlo con su amiga, pero Laura ya le estaba platicando sobre otra cosa y prefirió olvidar el asunto por el momento.

Media hora después tocaron el claxon (¡qué descortesía, pero no se puede esperar más de un chofer, y nuevo, para empeorar las cosas).

Salió despacio, porque el foco de la entrada de la casa de Laura se había fundido y casi no podía ver por dónde caminaba; el chofer, eso sí, con uniforme y quepí, ni siquiera se molestó en bajarse a abrirle la portezuela; Maru pensó decirle a su marido que lo despidiera. Se subió dificultosamente y se arrellanó en el mullido asiento trasero. Como no le indicaba al chofer a dónde quería ir, éste volteó para preguntarle y se quedó mudo, mientras ella lo miraba con la boca abierta, hasta que recuperaron la voz.

-¡ARTURO! / -¡MARU!

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© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Ciudad de México, Junio 26 de 1990.

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Imágenes tomadas de internet.

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Tú y Yo Siempre

foto Angel Sosa

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