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SUSSY Y SUS HISTORIAS, EL FLECHAZO VII, ME AMO MÁS A MÍ

Viene de:

https://serunserdeluz.wordpress.com/2016/11/02/sussy-y-sus-historias-el-flechazo-vi-que/

Jaime se levantó súbitamente de la mesa donde estaba desayunando con Sussy cuando ella le dijo:

-Te amo.

Iba a responderle “yo también te amo, con toda mi alma”, pero las palabras no salieron de su garganta; en realidad sí la amaba y lo más normal era que se lo dijera.

La noche anterior, en medio de la pasión desatada se lo había dicho ya, dos o tres veces, pero ahora, así, tranquilos, desayunando, significaba más, era lo real y la verdad sí la amaba, pero no podía ofrecerle nada, no podía prometerle matrimonio, quizá una vida juntos, pero Sussy no era para ser “la otra” ¡No! No, no, Sussy nunca lo aceptaría, eso lo sabía desde que la conoció y le dijeron cómo era ella, además a él también se lo había mencionado, ella “nunca andaría con un hombre casado”.

Por eso no la invitó a salir solos los dos, en una cita, durante tanto tiempo, a pesar de que se moría de ganas de hacerlo… hasta que no pudo evitarlo.

Sin pensar en que allá en Guanajuato había una mujer que era su esposa, no por gusto, sino por obligación, como consecuencia de una tarde de pasión adolescente, tuvieron que casarse porque ella resultó embarazada, ni siquiera eran novios, ni siquiera salían, sólo se dio la oportunidad y la tomaron y arrojaron sus vidas a la basura.

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Los padres de ella y de él lo exigieron, al ser adolescentes, tuvieron que aceptar y casarse. La única condición que puso el padre de Jaime fue que él, como estaba planeado, fuera a la Ciudad de México a estudiar su carrera en la Universidad Iberoamericana, que tenía más prestigio y peso que la Universidad de Guanajuato.

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Así fue, pero los padres de ella exigieron que todos los fines de semana regresara a Guanajuato para ver a su esposa e hijo. Dado que eran socios de los padres de Jaime y por cuestiones sociales también, así quedó establecido. Pensar en divorcio en esa sociedad, era algo impensable.

 .

La muchacha, Elisa, fue a vivir a la casa paterna de Jaime y la vida fue un infierno para todos: para ella, para Doña Lola, la mamá de Jaime, para Don Javier, el patriarca, y, en menor medida, porque de lunes a viernes no estaba ahí, para Jaime, el causante de todo (junto con Elisa, porque no la forzó).

 .

Así las cosas, cuando Jaime estaba en 8º semestre y su hijo tenía 4 años, Jaime empezó a trabajar en la empresa donde conoció a Sussy y todo se le complicó, desde el principio, cuando quería invitarla a salir, cortejarla, pero sabía que no debía hacerlo, pero sí se acercaba a ella y como ella esperaba más, él ponía frenos, hasta que un día salieron al mismo tiempo de la oficina y no pudo evitar invitarla, fueron al cine, se besaron y… lo demás era historia: cada vez más enamorados.

 .

Al principio ella tampoco lo podía ver los fines de semana, así que no hubo problema, pero cuando ella se fue a vivir sola, tenía que inventar lo que fuera para no verla los fines de semana o cuando no podía evitarlo, tenía que inventar algo en su casa, una situación estresante, pero no podía terminar con Sussy, ni divorciarse, por su padre, la empresa, su madre, la sociedad, su hijo, la religión, en fin, que estaba atrapado en ambos lados.

 .

Por eso había tenido que correr, cobardemente, porque no podía enfrentar a Sussy y decirle la verdad. Pero iba a tener que hacerlo, no podía dejarla así… sólo que… necesitaba tiempo para armarse de valor.

 .

Pensaba todo esto sentado un uno de los bancos de piedra del Paseo de la Reforma, a donde había llegado corriendo (como vil cobarde) y sin aliento, se había sentado, con los codos en las rodillas y el rostro entre las manos.

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Si le hubieran enseñado/permitido llorar cuando era niño, ahorita estaría llorando, pero como “los hombres no lloran”, como le había enseñado su padre, el patriarca de la familia, no sabia cómo hacerlo, ni podría tampoco.

 .

***

Sussy se quedó pasmada, literalmente con la boca abierta e inmóvil, escuchó la puerta cerrarse y siguió sin reaccionar por algunos minutos.

Sonó el timbre del horno eléctrico, indicando que los panes ya estaban tostados y eso la sacó de su estado. Parpadeó, sacudió la cabeza y fue a sacar los panes, los tiró a la basura y fue por su bolso y saco para irse a trabajar.

 .

No lloró, por alguna razón cuando algo le dolía al extremo, no salían las lágrimas por un tiempo, se quedaba como en estado suspendido, actuando “normal”, pero ausente, así fue esta vez, llegó al trabajo e hizo lo de siempre, pero como en “automático”.

Pudo llorar hasta esa noche y lo hizo todo el tiempo, desde que llegó a su casa, hasta que salió al día siguiente a la oficina.

 .

Llamó a su amigo Felipe a su antiguo trabajo, él había sido amigo de Jaime, quizá le despejara la incógnita de lo que pudo haber pasado para esa huida de su amor, después de la noche más maravillosa que habían tenido en los 3 años de ser novios.

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Felipe le dijo que la vería en la noche, saliendo del trabajo; quedaron de verse en el café de moda a unas cuadras de donde Sussy vivía y trabajaba, en Paseo de la Reforma.

 .

Ella llegó al “Rendez-Vous”, nombre muy sugestivo para Felipe: “cita”, pero no para Sussy, ella no se daba por enterada de los sentimientos de su amigo, ya que sólo lo veía así, como su mejor amigo y nada más; su físico era muy distinto del de Jaime, Felipe era blanco, rubio más alto y delgado y también (la debilidad de Sussy) tenía ojos verdes, pero sus ojos no tenían lo pícaro de la mirada de Jaime y, más importante, Felipe no era Jaime.

 .

Ella se sentía que aparentaba normalidad, pero era todo lo contrario, a Felipe le dolió verla con los ojos hinchados por llorar, caminando con los hombros caídos, casi arrastrando los pies, ella, que caminaba como una reina (o como Sophia Loren, decían algunos en la oficina), él no podía entender que alguien le causara  a esa mujer, tan segura de sí misma, una pena que resultara en un cambio tan drástico.

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Sussy le platico todo (sin detalles de la noche) y le preguntó angustiada.

 .

-¿Por qué son así los hombres? No sólo a mí, no sólo esta vez, es lugar común, entre las mujeres, decir que cuando más cercano sentimos a nuestro novio, se da la vuelta y huye, quizá no tan aparatosa y literalmente como Jaime, pero dejan de llamar o de ir y se esfuman, al menos por un tiempo y luego (algunos) pretenden regresar como si nada.

 .

Felipe no sabía qué contestar. Tomó un largo sorbo de su café para pensar qué decir.

 .

-Ya sabes que yo no soy como todos y aunque conozco a Jaime, no te podría decir qué pasó por su mente, eso, si es que estaba pensando – No podía abiertamente hablarle mal de Jaime, era su amigo, pero ella también, además de… su amor imposible ¿o posible?… quizás…

 .

-No, en serio, Felipe, dime cómo funciona la mente masculina, nosotras no los podemos descifrar en actitudes como éstas.

 .

-Bueno, mira, ¿te puedo ser franco?

 .

-Eso te estoy pidiendo.

 .

-Mira, todos los hombres queremos llevar a la cama a todas las mujeres- se detuvo porque Sussy abrió los ojos como platos.

 .

-¿Ya ves?, mejor no sigo.

 .

-Sussy tragó saliva – no, sigue por favor, aguanto lo que me digas (se preguntó mentalmente ¿Felipe… pensaría así de ella?

 .

-La mayoría sólo quieren acostarse, sin compromiso, le huyen al compromiso, pocos, como yo, buscamos una mujer con quien amanecer y tenerla en nuestra vida no sólo por sexo, una plática inteligente a veces cuenta más que un acostón (pensó en todas las pláticas interesantes que tenía con Sussy).

 .

Sussy lo observaba con los ojos entrecerrados, pensando.

 .

-Pero Jaime pasaba las noches conmigo, se iba en la mañana junto conmigo cuando salía yo al trabajo, no se despedía a media noche, como hacen muchos.

 .

-Contigo tal vez fuera así, porque quería algo más, algo más serio, pero no te puedo decir otra cosa, lo que te dijera serían elucubraciones y no quiero que tomes una mala decisión por algo que yo te diga.

 .

-Jajajaja, -se echó hacia atrás en su silla, su risa era medio histérica y sarcástica – ¿Tomar una decisión? Pero si ya se fue, ¿ya qué puedo decidir yo?

 .

-Va a regresar, te lo aseguro.

 .

Ella lo miró dubitativa – ¿tú crees?

 .

-Claro, ¿no regresó después de renunciar? Viene sólo a verte, ten paciencia va a regresar, pero piensa qué vas a hacer ¿seguir o no seguir? ¡esa es la cuestión!

 .

-No lo sé, a veces pienso que ya no quiero saber nada de él y cinco minutos después lloro y pienso que no puedo vivir sin él.

 .

-Pues decídete mujer.

 .

Suspiro – Sí, tienes razón, gracias por escucharme y ya me voy, ya es tarde.

 .

-Te acompaño a tu casa.

 .

Se levantaron y ella caminó delante de él, al salir la tomó del brazo y le dijo:

 .

-No es justo que una persona le cambie a otra hasta el modo de andar, mujer, tú eres TÚ, sigue siéndolo, ¿de dónde sacas ese arrastrar de pies? ¿y esos hombros caídos? Si tu modo de andar nos traía locos a todos, sigue igual, no lo cambies, no te derrumbes y si lo haces, que el orgullo te levante.

 .

Ella se detuvo, lo vio a los ojos, echó los hombros atrás, levantó la barbilla, respiró profundo y contestó.

 .

-Tienes razón, nadie puede cambiarme, muchas gracias ¿vamos?

 .

Y caminó como siempre, altiva, segura, sexy, derramando sensualidad. Felipe la miró, sonrió y le pasó el brazo sobre los hombros.

.

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.

Como lo sospechaba, no lo invitó a pasar, pero ya se lo esperaba, ni modo, seguiría siendo el “amigo”, algo era algo.

 .

Al día siguiente, ella estaba leyendo el periódico y desayunando unos huevos rancheros, rompió la yema de uno y tuvo una especie de déjà vu, recordó que casi en los últimos días que vivió con su madrina, un domingo estaba haciendo exactamente lo mismo cuando vio un anuncio de viajes a Europa, igual que en ese momento, y le había comentado a su madrina.

 .

-Voy a ir a Europa.

 .

La risa burlona de su madrina la ofendió mucho.

 .

-¿No me crees?, pues ¡te aseguro que antes de cumplir 40 años voy a ir por mi cuenta! y vas a ver que sí.

 .

La madrina se siguió riendo y enojándola cada vez más.

.

Ahora tenía 25 años, un trabajo donde ganaba un excelente sueldo, ahorraba un buen porcentaje de él cada mes en la caja de ahorros de la compañía; ya podía pedir vacaciones (2 semanas)…  ni acabó de desayunar, salió corriendo a la oficina para llamar a la agencia de viajes y solicitar todos los folletos de viajes a Europa.

.

Así lo hizo y como ella era la que organizaba los viajes de todos los ejecutivos, era la consentida de la agencia de viajes, cuando llamó y pidió hablar con el gerente, éste de inmediato se puso al teléfono. Le solicitó todos los folletos que tuviera sobre viajes a Europa y en 10’ los tenía en su escritorio, ya que la agencia estaba en el mismo edificio que su oficina.

 .

Los extendió todos, eliminó a la primera los más caros y los de 4 semanas, buscó de 2 semanas, que era lo que tenía de vacaciones, no había ni uno, lo mínimo eran 3, humm, un contratiempo.

 .

Siguió eliminando los que estaban fuera de su alcance y sólo quedaron 4, quitó otros 2 dado que acababan de salir y la siguiente fecha de salida era hasta el siguiente mes.

 .

Quedaron 2, eligió sin pensarlo el que incluía Venecia, que tantas ganas tenía de conocer. Lo que tenía en la caja de ahorros le alcanzaba, pero necesitaba 2 cosas: una semana extra de vacaciones y un préstamo, sabía que su jefe se los concedería.

.

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Justo estaba pensando eso cuando él llegó, vio los folletos y preguntó.

.

-¿Quién se va de viaje? No me he enterado.-

.

Sussy sonriendo le contestó

 .

-Yo, si usted me lo permite.

 .

Mr. Latimer ya había entrado a su oficina, ella entró tras él.

 .

Él ya hablaba un poco de español, pero siempre se comunicaba con ella en inglés.

 .

-A ver, cuénteme.

 .

-Ya tengo derecho a vacaciones.

 .

-Por supuesto, ya cumplió un año aquí.

.

-Y tengo 2 semanas de vaciaciones.

 .

-Sí.

 .

-Para este viaje necesito 3 ¿me daría permiso de una semana extra, sin goce de sueldo?

.

Mr. Latimer se rascó la barbilla pensativo – Hummm

.

Sussy en tono de súplica -Por favor…

 .

-No, no le concedo una semana extra sin goce de sueldo, si le doy la semana, será con goce de sueldo.

 .

Sussy casi brinca del gusto – Y… también necesito un préstamo…

 .

-Llene el formato y me lo trae a firmar. ¿Qué tenemos para hoy?

 .

Sussy salió encantada, a hacer los preparativos para su viaje a ¡Europa!, uno de sus sueños más preciados desde hacía años.

 .

Por más que amara a Jaime, se amaba más a ella misma y las próximas semanas él dejaría de ser su prioridad, al menos hasta que regresara del viaje, después… ya vería qué hacer…

 .

Próxima historia de Sussy:

.

“En Madrid”.

.

***

Ciudad de México, 8 de noviembre de 2016.

 

Los hechos y personajes de esta historia son ficticios, cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Puedes copiar y publicar este artículo, siempre y cuando incluyas el enlace al artículo, no lo uses con fines comerciales, no lo modifiques, no quites el © ni este último párrafo que le sigue, enlaces incluidos.

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Imágenes tomadas de internet, Pinterest

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Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Autora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación y regresiones a vidas pasadas.

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SUSSY Y SUS HISTORIAS 3, EL FLECHAZO IV, DANIELLE

Sussy, con él inerte en su regazo, los ojos derramando lágrimas, la mente en shock, se preguntaba una y otra vez ¿cómo era posible que ahora estuviera… o ya no estuviera con ellos? Su calorcito, su respiración, sus movimiento, su sonrisa…

Un bebé, ayer sonriente, ahora, inerte.

Su mente estaba en blanco, pero por ahí surgió un recuerdo, de cómo la conoció a ella, a la madre del bebé que tenía en brazos.

 *

,Cuando Sussy trabajaba en una gran empresa, como secretaria del Director General, había sabido que el contador tenía una nueva secretaria, pero ni la conocía ni tenía más datos, puesto que no tenía amigas en la oficina, no se enteraba de los chismes.

 Regresando de comer fue al tocador a lavarse los dientes y refrescar su maquillaje. Vio que “la nueva” se estaba lavando las manos, la observó de reojo: muy blanca, pelo negro, largo y ondulado, bonita cara, buen cuerpo, bien formado, pero bastante pasada de peso. No le hizo más caso, seguro iba a ser como las otras, envidiosas, que no querían ninguna amistad con ella, Sussy ya se había acostumbrado a eso.

Un grupito de las secretarias segundonas se acercó a la nueva.

 -¿Cómo te llamas?

 Ella con una sonrisa y con un leve acento francés respondió:

 -Mi nombre es Danielle.

 Eso llamó la atención de Sussy, nombre y acento francés.

 Las otras soltaron la carcajada, la más desagradable de todas le soltó:

 -Jajaja, nombre de hombre ¿eres hombre? ¿O lesbiana?

 Danielle se puso roja y sólo pudo mover la cabeza negativamente, con las lágrimas a punto de escaparse de sus ojos.

 Las demás siguieron riéndose y haciéndole bromas de mal gusto.

 Sussy no pudo aguantar más y se acercó a ella, que la recibió temerosa, pensando que le iba a hacer algo malo.

 Sussy se volteó, enfrentando al corro de muchachas agresivas y burlonas y con voz firme y enojada, les dijo.

 -Si por ignorantes, no lo saben, Danielle es un nombre femenino francés (aunque de origen hebreo) y además muy hermoso. Ya déjenla en paz, o se las entienden conmigo (no tenía idea de qué haría en caso de que la retaran, pero la frase sonaba amenazadora).

 Volteó de nuevo al espejo y le puso una mano en el hombro a la chica que la veía con admiración.

 -No les hagas caso, ignorantes y envidiosas – por el espejo les lanzó una mirada de enojo y ellas fueron saliendo del tocador casi en tropel.

 Danielle y Sussy se quedaron solas, se miraron a través del espejo y soltaron la carcajada. Desde ese momento fueron amigas y se enteró que Danielle era hija de mexicana y francés, por eso su nombre y el acento, pues en su casa sólo se hablaba francés, también supo que su nueva amiga tenía un novio, Arturo, al que adoraba.

 Cuando Sussy no iba a comer con Jaime, a solas o en grupo, iba con Danielle, era una chica muy agradable, simpática y noble, ahí se platicaban sus vivencias con sus respectivos novios,  Danielle adoraba a Arturo y podía expresar ese amor en palabras muy profundas, escribía unos poemas hermosos, Sussy sentía igual o más amor por Jaime, pero sentía que no lo podía expresar en toda su extensión, que las palabras no le alcanzaban, que lo que decía de sus sentimientos se quedaban cortos.

 Un día Danielle le mostró una foto en la que ella usaba un vestido verde esmeralda, muy sexi (tan sexi como se podía a finales de esa década de los 60’s), que le quedaba súper bien y comentó.

 -Este vestido sólo me lo ha visto puesto Arturo, porque dice que es muy llamativo.

 Una alarma sonó en la mente de Sussy.

 -¿Cómo? ¿sólo te lo ha visto Arturo? No entiendo.

 Danielle se turbó toda y no sabía cómo contestar, se ruborizó y al final dijo.

 -A veces estamos a solas… –al buen entendedor, pocas palabras. Sussy entendió, asintió con una sonrisa.

 -También a veces estoy a solas con Jaime – ya estaba, lo había dicho, ambas tenían relaciones con sus novios antes de casarse, en una época en que la mujer debía llegar virgen al matrimonio.

 Desde entonces ya tenían la libertad de contarse todo lo que pasaba con sus adorados tormentos, incluso que Arturo era casado y los problemas que eso traía a a la relación, también Sussy le contó lo que había pasado cuando Jaime se fue y cuando volvió.

 Un día de tantos, Sussy vio a Danielle pálida y ojerosa, le preguntó el motivo y su amiga se soltó llorando.

 -Estoy embarazada.

 Sussy se asombró, aunque no mucho, sabía que Danielle no se cuidaba “porque era pecado”, pero sí tenía relaciones con Arturo (casado), eso era algo que Sussy no entendía, ¿no era más pecado? pero era su amiga y la apoyaba en todo. Ella cuando empezó a tener relaciones íntimas con Jaime empezó a cuidarse con el método del ritmo y él sabía en qué días podía venir a verla, así que no había mayor problema.

 Abrazó a su amiga y consternada le preguntó.

 -¿Ya lo sabe Arturo?

 -Sí – empezó a sollozar.

 -¿Y no te apoya?

 – Sí, al principio no le gustó, se enojó, pero al día siguiente, después de pensarlo me dijo que me va a poner un departamento para que tenga al bebé… voy a tener que salirme de mi casa y dejar de trabajar.

 Sussy, sin querer recordó algo de su pasado.

 -Al menos tienes su apoyo, créeme que es lo más importante.

 Danielle la miró interrogativamente, pero Sussy no dijo más, empezó a hacer planes para el bebé como lo más natural y alejó la tristeza de su amiga.

 Un viernes, a los 4 meses de embarazo, Danielle se veía como de costumbre, no se le notaba el embarazo. El lunes siguiente, era imposible ocultarlo. Su jefe habló con ella y le dijo que no podían aceptar mujeres embarazadas en la empresa, que le presentara su renuncia. Danielle llamó a Sussy y le pidió que se vieran en el tocador.

 – ¡Me corrió! ¡El Sr. Landa me corrió! – las lágrimas le salían a borbotones y empezó a sollozar.

 Sussy se indignó – ¡no puede correrte por eso!, ¿al menos te dio todo lo que exige la ley?

 -¿Qué? ¡no! ¡por supuesto que no! Me pidió mi renuncia y me dijo que me dará una buena carta de recomendación en caso que quiera trabajar después.

 Sussy estaba indignada y dispuesta a ir a hablar con su jefe, pero Danielle se lo impidió, diciéndole que eso sucedía todo el tiempo, que era lo común y que lo dejara así.

 Pasaron los meses, Sussy iba a visitar a Danielle con frecuencia y le dolía verla encerrada, sin más plática que la telenovela de moda, el mercado, las vecinas, ¡tan interesante plática que tenía antes! Tan bien arreglada que siempre estaba y ahora se había descuidado mucho, o era que no podía hacer más con lo que Arturo le daba.

 Nació el bebé, por supuesto que Sussy fue la madrina de bautizo, le pusieron Arturo como su padre, aunque Arturo ni se presentó, no había reconocido al bebé legalmente, sólo pagaba el departamento, le daba dinero a Danielle para vivir apenas al límite y la visitaba de cuando en cuando, cada vez menos frecuentemente.

 Danielle no se quejaba, pensaba que era el pago por su pecado de enamorarse de un casado y ceder ante sus requerimientos, ¡como si él no tuviera ninguna culpa!

 Sussy adoraba a Arturito, siempre estaba comprando algo para él o tejiéndole chambritas.

 Una vez, cuando Jaime la llamó cuando vino a verla, él preguntó:

 -¿Qué estás haciendo?

 -Tejiendo una chambrita.

 Silencio y después -¡¿Qué?!

 -No te asustes, es para el bebé de Danielle – suspiro de alivio del otro lado de la línea.

 Ese día después de hacer el amor, en esos momentos ricos de intimidad, él le dijo muy serio.

 -Creo que deberíamos de cuidarnos más, ¿por qué no tomas pastillas? Así vendría cualquier día si tengo la oportunidad.

 Sussy se sintió lastimada ¿así que él sólo venía cuando podían hacer el amor? De otro modo no valía la pena? Se lo preguntó.

 -¿Sólo para eso vienes a verme?

 -Mira, linda, hago 4 horas y media o más en la carretera, más casi 2 horas para llegar a verte y lo mismo de regreso, son 13 horas de viaje (eso si yo manejo, si vengo en autobús es más tiempo) y por las reglas de tu bendita madrina , que te exige llegar a las 9, sólo puedo verte 3 horas y media, ¡al menos que sea para hacerte el amor! ¿no crees?

La observó atentamente y conitnuó:

-Si no vivieras con tu madrina, me quedaría toda la noche contigo, sería muy bonito pasar las noches juntos cuando venga ¿no crees?

 Puesto de esa manera, Sussy no pudo poner objeciones, aceptó tomar pastillas, no quería que le pasara lo que a Danielle con Arturo, que estando en la misma ciudad ya se estaba alejando… ¡no! Ni pensar que Jaime se alejara más. En cuanto a pasar toda la noche con él cuando viniera ¡sería maravilloso!, pero imposible.

 Mientras se acurrucaban por un momento, recordó lo que había ocurrido en sus relaciones:

 Cuando Jaime se fue casi sin despedirse, ella había quedado devastada, en shock por semanas; hacía todo lo que tenía que hacer de manera “normal”, pero como autómata, con la mirada perdida, distraída, no podía pensar en nada, ni siquiera en Jaime. Hacía unos años, con su primera decepción, en la adolescencia, lloraba todos los días, dejó de comer y bajó 8 kilos en 2 semanas, pero cuando se repuso, juró nunca más derrumbarse por un amor y ahora no se permitía demostrar sus sentimientos rotos, no había llorado, ni una lágrima, ¡nunca volvería a llorar por un amor perdido!

 Así vivió como en penumbras por 6 semanas, hasta que un día, casi a la hora de la salida, sonó el teléfono directo de la Dirección, ella contestó como siempre.

 -Dirección General, buenas tardes.

 -¿Me comunica por favor con el Director General? – voz varonil, pero fingida.

 Algo resonó en su interior, pero de momento no supo qué.

 -¿Sería tan a mable de decirme quién lo llama?

 – Alguien perdido que ya se encontró…

 -¡¡HOLAAAA!!!- se tuvo que sentar con una expresión de felicidad que no le cabía ¡era Jaime!

 -¿Cómo estás, preciosa?

 Se recompuso –Bien ¿y tú? ¿estás en México?

 -Sí, corazón ¿te espero a la salida?

 -Sí, claro –feliz, incrédula, ella creía que nunca volvería a verlo.

 -Nos vemos en la calle de atrás del estacionamiento, traigo el carro de mi hermano.

 Y así se habían estado viendo, ya llevaban un año de esa manera, él venía una o dos veces al mes, ella soportaba esa semi-ausencia porque se pasaba los días entre el recuerdo y el anhelo,  reviviendo lo ocurrido en su última entrevista, detalle a detalle, y luego soñando en lo que pasaría en la siguiente, así, con sus sueños entre una y otra visita, ella había logrado ser feliz.

 No pedía más, se atenía al refrán de que es feliz quien tiene lo que quiere y quiere lo que tiene, ella lo tenía a él, aunque fuera sólo una vez al mes, dos, si tenía suerte y él podía escaparse otro día entero de la empresa, era el jefe, pero por lo mismo, tenía más responsabilidades, y aún así, venía a verla, ella no necesitaba más, no exigía más, no preguntaba nada, vivía el hoy (los otros días recordaba el ayer y soñaba con el mañana), disfrutaba lo que tenía, no quería sufrir por lo que le faltaba…

 Jaime salió de su somnolencia y le acarició un hombro, ella respondió de inmediato, como siempre y nuevamente hicieron el amor.

*

 Entretanto, los días que no tenía clases de inglés iba a ver a Danielle, porque estaban solas las dos, Danielle porque su familia la había repudiado y Arturo ya sólo iba a dejarle dinero cada quincena, ella porque Jaime sólo venía una o dos veces al mes.

 Cómo disfrutaban a Arturito, cuando tenía 6 meses y ya hacía gracias,¡bueno…! las dos se las festejaban y ese bebé las hacía felices.

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Y ahora…

 Velaron al bebé en la casa, muerte de cuna, había dicho el Dr., inexplicable y ocurre a veces y con eso se tuvo que conformar Danielle, lo peor es que se sentía culpable, aunque no lo fuera.

 Sussy tampoco lo podía creer, su precioso ahijado, el bebé más preciado, su adoración, ya no estaba, sólo quedaba su cuerpecito desmadejado, sin vida, sin respirar, sin reír, sin llorar, sin…

 Al fin no pudo más, le entregó el bebé a Danielle y se metió corriendo a la recámara, se tiró a la cama y empezó a sollozar y gritar, sacó lo que traía acumulado, sacó su tristeza y frustración por la muerte de Arturito, por lo que había pasado cuando se fue  Jaime y lo que estaba pasando ahora, no, no era tan feliz como ella aparentaba y ella misma se engañaba pretendiendo serlo.

 Sabía que no debía hacerlo, que tenía que ser fuerte por Danielle, ser su fortaleza ahora que la necesitaba, pero se quebró y por un momento dejó salir todo, todo, una avalancha de emociones que ya no pudo contener.

Una hora después, salió de la recámara calmada, dispuesta a apoyar a su amiga y a ella misma.

Ya habían traído en ataúd y puesto al bebé adentro, Danielle lloraba desconsolada en una esquina de la sala, una vecina estaba tratando de reconfortarla y de que tomara un té de tila.

Sussy se acercó al pequeño féretro, contempló tristemente a Arturito, su ahijado, su bebé adorado. Pasó cariñosamente los dedos sobre el cristal, le salieron lágrimas, muchas lágrimas, pero ya sin sollozos, y ya tranquila, calmada, pensó que no quería volver a sufrir así por la pérdida de un ser amado; había cosas que no podía cambiar, como la muerte del bebé, pero otras que sí podía: ¡ella cambiaría! De alguna manera, cambiaría, renovándose de algún modo, reinventándose…

 Continuará.

***

Ciudad de México, octubre, 2016.

 © Silvia Eugenia Ruiz Bachiller.

 Todos los personajes son ficticios, cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia.

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Imágenes tomadas de internet.

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Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Autora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación y regresiones a vidas pasadas.

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