Archivo de la etiqueta: felicidad

TRISTEZA Y FELICIDAD

 

Mi mundo al revés volteas,

viniste a darme tristezas y llanto,

a hacerme sufrir,

curiosamente,

sufro porque te amo,

y porque me amas,

porque nos amamos,

pero no podemos estar juntos.

.

Cuando me demuestras que me amas

en momentos clave de mi vida,

me haces disfrutar

una enorme felicidad.

.

Logras hacerme feliz

si me dices que me amas,

en cualquier momento,

cualquier día,

cuando no me lo espero,

cuando lo estoy anhelando…

.

Si nos amamos tanto,

¿por qué tengo que llorar por tu amor?

¿por qué conspira el universo en nuestra contra?

¿por qué no estás conmigo?

.

o

.

¿Serán pruebas, obstáculos,

que debemos vencer?

¿lo fácil no es lo mejor?

¿lo difícil se disfruta más?

.

Entonces, mi vida,

¡cómo vamos a disfrutarnos!

***

Ciudad de méxico, 1º de julio de 2016

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

 

CAPÍTULO V Y DEJÉ DE SERLO…

 Viene de:

CAPÍTULO IV ERA YO FELIZ

***

Llegamos al hotel, pedí la llave y el recepcionista con cara de circunstancias me dijo, señalando a los sillones de la recepción.

-La están esperando.

Voltee extrañada y me sorprendió ver a mi cuñada y mi cuñado con unas caras de aflicción muy extrañas. me acerqué.

-¿Qué pasó?, ¿por qué esas caras?

Mi cuñada me tomó del brazo y con voz mormada, como si hubiera estado llorando mucho (lo cual ya me decían sus ojos hinchados) me dijo.

-Vamos a tu cuarto.

Me encaminó al elevador, mi cuñado hizo lo mismo con Juan Gerardo, mientras subíamos se miraban los pies sin hablar, mi hijo y yo nos miramos interrogándonos con la vista, porque no teníamos idea de que estaba pasando.

Una vez en el cuarto, directamente le pregunté a Maggy.

-Bueno ¿qué pasa?

Ella tragó saliva y me dijo con voz muy queda.

-Que a Gerardo le dio un infarto…

-¡Quéee?? – al mismo tiempo Juan Gerardo y yo. Habíamos escuchado perfectamente bien, pero no lo queríamos creer.

La tomé por los brazos y casi sacudiéndola.

-¿Y cómo está? ¿dónde está?

Roberto entró al quite, me separó de Maggy y me dijo calmado.

-Está en un hospital, llegando allá nos dan la dirección.

-¿Pero cuál? ¿dónde? – empecé a dar vueltas para rehacer mi equipaje aventando la ropa a la maleta abierta, que había echado a la cama.

-Hijo, guarda tus cosas – casi a gritos al alelado Juan Gerardo, que tampoco sabía cómo reaccionar.

Maggy y Roberto trataban de calmarme, pero yo estaba como ida, funcionando en piloto automático. Finalmente Maggy me tomó del brazo y me sacó del cuarto, me llevó a lo más lejano del pasillo y con cara angustiada me soltó:

-En realidad es peor…

No la dejé terminar, le tapé la boca con dos dedos, me di la media vuelta y caminando respondí.

-No quiero saber, no me digas nada.

Ella me siguió y cuando entramos al cuarto Roberto estaba supuestamente ayudando a Juan Gerardo, pero estorbaba más que ayudar, estaba muy lento. Luego me dijo que iba a pedir un café al servicio a habitaciones.

-Pídelo, pero ya me quiero ir, por favor tómatelo rápido.

El servicio se tardó eternidades, mientras Roberto daba vueltas por la habitación, Maggy estaba sentada contemplándose las manos y Juan Gerardo y yo no sabíamos qué hacer, revisábamos si no se había quedado nada, nos sentábamos, caminábamos, bueno, una tensión que se podía cortar con un cuchillo.

Al fin llegó el servicio a la habitación y yo le pedí a quien nos llevó el café que pidiera nos tuvieran la cuenta lista, que ya íbamos a salir.

Roberto tardó eternidades en tomarse el café, Juan Gerardo y yo lo queríamos sacudir para que se apresurara, al fin terminó y ya no hubo pretexto, bajamos, pagué y en su coche fuimos a la terminal, porque dijo que no podía manejar en carretera, estaba muy nervioso.

En el autobús me senté del lado de la ventanilla; había luna llena, la contemplé todo el camino, pensando… ¡nada! Mi mente estaba en blanco totalmente, no pensaba en el futuro, ni en cómo íbamos a encontrar a Gerardo, ni qué iba yo a hacer, mi mente estaba bloqueada, me sentía como robot. Fueron las 2 horas más largas de mi vida, no quería pensar en el futuro, ni en el presente, no sabía nada, todo estaba borroso, cualquier plan que tuviera había sido eliminado, no había nada adelante, mi próximo paso era a la nada a lo absolutamente desconocido…

Pero como no había aceptado que Maggy me dijera que era eso “peor”, aún no era irremediable, aún había esperanza de… ¿o no?

Llegamos a la casa, Roberto hizo la llamada para preguntar a dónde habían llevado a Gerardo.

Me pidió que la anotara, dijo:

Avenida Juárez…

No tuvo que decir más, lo supe, ahí no había hospitales, sólo una funeraria…

Fin

Ciudad de México, Marzo de 2017.

***

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Puedes copiar y publicar este artículo, siempre y cuando incluyas el enlace al artículo, no lo uses con fines comerciales, no lo modifiques, no quites el © ni este último párrafo que le sigue, enlaces incluidos.

***

Imágenes tomadas de internet y Pinterest.

***

¿Te gustó este post? Ponme un comentario y/o un “me gusta” eso me alienta a seguir publicando, es la única recompensa que recibo: el agrado de mis lectores, y si piensas que en verdad vale la pena,

 ¡COMPÁRTELO!

Sígueme en Twitter

Seguir a @serunserdeluz

Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Autora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación y regresiones a vidas pasadas.

tu-y-yo-siempre-novela-romantica

Tú y Yo Siempre

foto Angel Sosa

Puedes adquirirla en

http://tuyyosiempre.yolasite.com/tienda-en-l%C3%ADnea.php

O pídemela directamente a:

https://www.facebook.com/Serandra

o

serandra2@yahoo.com.mx

 

 

 

 

CAPÍTULO IV. ERA YO FELIZ

 Viene de:

https://serunserdeluz.wordpress.com/2017/03/20/capitulo-iii-dado-de-alta/

Mi cuñada Maggy, su esposo Roberto y mi sobrina Denise pasaron por mí, venían estrenando coche del año, los felicité y metí mis maletas en la cajuela, Juan Gerardo hizo lo mismo.

Platicamos intrascendencias en el camino, al llegar a la ciudad, Maggy me preguntó si me quedaría en su casa.

-No, Maggy, gracias, pero ustedes viven muy lejos de la colonia donde quiere vivir Juan Gerardo, le gusta mucho la colonia Roma, a pesar de ser vetusta, jajaja –todos rieron.

-Ay mamá, es que se está poniendo de moda otra vez, ahí están los chicos de más onda de la ciudad, ahora que si quieres que viva en la Condesa…

-Pues no estaría mal, pero las rentas están por los cielos en la colonia Condesa, así, que nos quedamos en la Roma.

-Por mí no hay problema.

-Por mí sí – intervino Maggy, yo quería echarme una larga plática contigo, cuñada.

-Yo también, pero sin auto y tan lejos, sería muy difícil.

-Sí, lo sé, bueno ni modo ¿y a donde van a llegar entonces?

– A un hotel al que he llegado otras veces que he venido sola, está en la Av. Álvaro Obregón, no es de lujo, pero está bien y justo en la zona que queremos revisar para el departamento de Juan Gerardo.

-Quien fuera tú, primo, yo quiero irme a vivir sola, pero no me dejan.

Yo iba a decirle que hiciera como yo y simplemente se saliera, pero delante de sus papás no era inteligente decirlo.

-Pues tú me dices dónde cuñis – dijo Roberto, que iba manejando.

-Pues síguete por Insurgentes hasta Álvaro Obregón y ahí das vuelta, es cerca de Av. Cuauhtémoc.

Justo al llegar a Álvaro Obregón nos tocó el alto; Juan Gerardo vio una casa antigua casi en la esquina, la señaló y dijo.

-Me gusta esa casa, aunque sea vieja y esté casi en ruinas.

Yo me asomé y vi el potencial de la casa –si, hijo, pero si no rentan cuartos, no sería posible que vivieras ahí ¿te imaginas cuánto costará la renta? ¡ufff!.

Dimos vuelta en esa hermosa avenida, llegamos al hotel, nos dejaron en la puerta y se fueron hasta su casa, en San Juan de Aragón, bastante lejos de esa zona.

Nosotros nos registramos, acomodamos nuestras cosas y salimos a comer; luego fuimos al cine a ver un maratón de las películas de Súperman en el cine Bella Época.

Al salir del cine fuimos a cenar churros con chocolate y cuando íbamos saliendo del café adonde merendamos, pensé que en ese momento de mi vida todo lo tenía bien resuelto, mi novela en un concurso, posiblemente me animara a regresar a la Ciudad de México a vivir con mi hijo, o si no, las cosas ya se estaban arreglando con Gerardo, en fin, pasara lo que pasara, todo me pintaba bien, levanté la vista y me encontré con una luna llena esplendorosa.

¡Qué feliz me sentía!

Y entonces…

Continúa en el capítulo 5.

 

Ciudad de México, marzo 2017

***

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Puedes copiar y publicar este artículo, siempre y cuando incluyas el enlace al artículo, no lo uses con fines comerciales, no lo modifiques, no quites el © ni este último párrafo que le sigue, enlaces incluidos.

***

Imágenes tomadas de internet y Pinterest.

***

¿Te gustó este post? Ponme un comentario y/o un “me gusta” eso me alienta a seguir publicando, es la única recompensa que recibo: el agrado de mis lectores, y si piensas que en verdad vale la pena,

¡COMPÁRTELO!

Sígueme en Twitter

Seguir a @serunserdeluz

Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Autora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación y regresiones a vidas pasadas.

tu-y-yo-siempre-novela-romantica

Tú y Yo Siempre

foto Angel Sosa

Puedes adquirirla en

http://tuyyosiempre.yolasite.com/tienda-en-l%C3%ADnea.php

O pídemela directamente a:

https://www.facebook.com/Serandra

o

serandra2@yahoo.com.mx