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EL TIEMPO PERDIDO

Después de más de una semana sin publicar (por gripa) ahora voy a compartirte un cuento que escribí hace años, está basado en hechos reales, cualquier semejanza con la vida real ¡es cierta!, los lugares y las fechas son casi todas exactas, aunque sí añadí algo de ficción y los nombres de los personajes fueron cambiados.

Espero lo disfrutes.

I

Hubo muchísima gente presente en la apertura del “Portal 11-11″ el 11 de enero de 1992 a las 11:11 am., hora local. El sitio principal era la pirámide de Keops, en la llanura de Gizéh, a unos minutos de la ciudad de El Cairo, en Egipto. El lugar que le siguió en importancia, fue Chichen Itzá, en Yucatán, México.

Cada uno de los “llamados” se dirigió al lugar que se le indicó. ¿que cómo se les indicó?. Bueno, eso cada cual lo “supo” de diferente manera: algunos en sueños, otros al estar en meditación, otros simplemente “lo supieron”.

Eso fue lo que les ocurrió a Pedro y Natasha, dos jóvenes recién casados, originarios de la ciudad de México, ellos simplemente supieron que tenían que ir a Chichén Itza y estar ahí el 11 de Enero, a las 11:11 de la mañana, aunque no sabían para qué.

La buena nueva se esparció por todo el mundo. A Chichén Itzá, se dirigieron viajeros procedentes de lugares tan diversos y alejados como Quebec o Buenos Aires; llegaron grupos de Florida, Barcelona, Japón y ¡hasta de Israel!, sin contar, claro a los turistas normales que llegan de todo el mundo a admirar las fantásticas zonas arqueológicas de México.

            II

En cuanto Pedro y Natasha sintieron el llamado, en la madrugada del día 6 de enero; casi sin darse cuenta de cómo lo lograron, arreglaron todos sus asuntos, cobraron cuentas “incobrables”, empacaron maletas y el 9 de enero a la 1 de la tarde, partieron hacia Mérida en el único autobús que salía ese día; por poco no lo logran, ya que cuando llegaron (tarde, por supuesto, gracias a Pedro) había sólo un asiento, pero Pedro habló con los choferes y consiguió que le vendieran (al doble del precio) el asiento que el chofer auxiliar debía ocupar mientras el otro manejaba y el pasajero que iba junto a Natasha le cambió el asiento a Pedro, para que pudieran viajar juntos. Todo se arregló de manera asombrosa.

Nunca se imaginaron lo incómodo que les resultarían 22 horas de viaje en un camión medio destartalado; pero como sentían que valía la pena, en cuanto llegaron a Mérida se olvidaron de todas las molestias.

Cuando les informaron que sólo había salidas de autobuses a Chichén Itzá el día siguiente, 11 de enero, a las 9 de la mañana y que el viaje de Mérida hacia allá duraba “más o menos” dos horas, decidieron gastarse en alquilar un auto barato, un Vochito (Volkswagen Sedán) rojo, lo que se habían ahorrado al no haber viajado en avión; no fuera que hubiera alguna demora y no pudieran estar en Chichén antes de la hora: las 11:11, de enero 11.

Cuando llegaron a Chichén Itzá, todos los hoteles del pueblo estaban llenos, caminaron probando uno por uno y no conseguían nada, en el último del camino (cerca de la Pirámide de Kukulkán), les informaron que sólo había una habitación disponible, que por una u otra razón no se había ocupado; y también les comentaron que en esa época del año, aunque aún es temporada alta, nunca se llenaban los hoteles, pero en esta ocasión, por alguna circunstancia desconocida (para el administrador del hotel), ya todos los hoteles estaban completos.

Se instalaron y se dirigieron al restaurante para cenar; pidieron un aperitivo y estaban platicando tomados de la mano y mirándose a los ojos, cuando escucharon a una mujer con inconfundible acento argentino preguntarle al capitán de meseros.

-¿Vos sabés si el evento de mañana a las 11:11 va a ser aquí, o en Uxmal?

Ambos voltearon a ver a la huésped, una mujer madura, rubia, alta y esbelta, que había hecho la pregunta y no pudieron evitar sonreír al ver la cara de desconcierto de pobre capitán.

Seniora, le ruego me disculpe, pero no sé qué es lo que está pasando o lo que va a pasar- respondió obsequioso, con su inconfundible acento yucateco -sólo sé que por estas fechas nunca estamos tan llenos, como hoy…¡ja!

Pedro se levantó de inmediato para hablar con la señora argentina.

-Buenas noches -le sonrió – si gusta sentarse con mi esposa y conmigo, nos encantaría platicar con usted sobre lo que va a ocurrir mañana -hizo un ademán con la mano, indicándole la mesa donde los esperaba Natasha.

Sorprendida, Stella le devolvió la sonrisa, agradeció al capitán y aceptó la invitación.

Una vez acomodada junto a Natasha y habiendo ordenado un “Margarita” y la cena, empezaron a platicar de la Apertura del Portal 11:11.

Pedro le explicó, mientras ella saboreaba su coctel.

-Nos atrevimos a invitarla, porque parece que usted sabe qué es lo que va a ocurrir, aunque no sabe exactamente adónde- la miró, interrogándola con los ojos.

-Así es, pero, por favor, hablémonos de tú, en Argentina casi no usamos el usted, preferimos el “vos” -todos se sonrieron y la argentina continuó – Lo que yo sé, es que mañana, a las 11:11 hora local, una nave extraterrestre, llamada “La Nueva Jerusalén“, tripulada por nuestros hermanos mayores va a estar posada (en otra dimensión y, por lo tanto, invisible a los ojos humanos, pero perceptible energéticamente) sobre determinados puntos del planeta. A algunos, que podríamos llamar “elegidos”, se nos llamó para estar en uno de esos puntos predeterminados – los miró dubitativa, no sabía si ellos le estaban creyendo, la expresión de sus rostros la tranquilizó y prosiguió:

-Yo me sentí llamada a Yucatán e hice un viaje de 22 horas en avión, pero no estoy segura de si va a ser aquí o en Uxmal.

Pedro y Natasha se miraron: ellos habían hecho ese mismo tiempo desde la capital de México, sólo que en camión; la argentina siguió explicándoles.

-Sé que si es allá, estoy muy lejos, pero en tal caso, saldría de inmediato para no perderme este maravilloso suceso. ¿Vos sabés algo al respecto?

Sus interlocutores se miraron muy serios después de que Natasha le explicara.

-Nosotros estamos seguros de que, en México, la zona principal estará ubicada aquí en Chichén Itzá, justo sobre la pirámide llamada El Castillo, pero – sonrió tímidamente levantando los hombros, como disculpándose – por extraño que te parezca, sentimos la urgencia de venir aquí, aunque no sabíamos exactamente a qué; sí habíamos oído del Portal 11:11, pero no sabíamos de qué se trataba.

Los tres rieron nerviosos y divertidos.

-Bueno, pues ya nos complementamos, vosotros me habéis dicho dónde debo estar y yo les he explicado a qué vinieron -nuevas risas -¡salud! -de un trago se termino la “margarita” y pidió otra – allá no se puede tomar mucho tequila… es muy caro.

La cena transcurrió entre risas y confidencias, salpicadas de orientaciones turísticas sobre la zona y, ¿por qué no?, también sobre Argentina.

Al despedirse Stella les confió una inquietud – Sé que mañana debemos estar en grupos de 4 personas, previamente determinadas; yo supuse que al llegar aquí me encontraría a los otros tres y me encontré con vosotros, pero falta uno…

-No te preocupes, recuerda que “Dios proveerá” – la tranquilizó Natasha – Nos vemos mañana a las 7 para desayunar.

-Ninguno de los tres durmió más de una hora esa noche y, durante el sueño, Natasha vio al 4° miembro de su grupo: era un hombre maduro, de bigote y pelo negros, aunque con calva incipiente, e iba vestido con pantalón gris, camisa blanca, suéter color vino y en la muñeca llevaba un reloj con extensible de oro; en el sueño, Natasha “supo” que él se dedicaba a algo relacionado con la salud.

III

A la mañana siguiente después de desayunar con su nueva amiga, se dirigieron a la zona arqueológica de Chichén Itzá (cruzando la carretera y a unos pasos más, había una entrada secundaria a la zona), para encontrarse, como ya lo esperaban, con una multitud, pero no habían supuesto que fuera de esa magnitud. En su camino a la entrada, se toparon con dos largas filas de autos (una procedente del rumbo de Mérida y la otra del lado contrario); Pedro comentó que parecía el periférico a Satélite a las 3 de la tarde; Natasha rió, Stella no entendió con exactitud a qué se refería, pero comentó que no se esperaba tal cantidad de peregrinos. También vieron a muchísimos grupos de gente vestida de blanco, que venían caminando desde Dios sabe dónde.

Al llegar a la entrada, descubrieron con desánimo que las filas frente a las taquillas para comprar los boletos   eran interminables. Ya eran casi las 9 y no parecía haber esperanza de poder entrar antes de las 11, pero Natasha observó que en la última taquilla, la que estaba junto al rincón, tenía una fila de menos de 12 personas.

-En seguida regreso – sin más explicaciones se cambió de fila, vio que, efectivamente, estaban vendiendo boletos, cuando le llegó su turno los compró y llegó enarbolándolos triunfantemente; Pedro y Stella la miraron con asombro y gran contento, pues si hubieran seguido en esa fila, hubieran entrado después de las 12; los tres, felices, se dirigieron a la entrada tomados del brazo.

Subieron a la Pirámide de Kukulkán, llamada “El Castillo” y se sentaron en lo alto de la escalinata a observar a un grupo de “chamanas” canadienses, que estaban organizando grupos de gente que se tomaba de la mano y formaban círculos que se movían hasta formar una espiral.

Stella estaba aún preocupada y preguntándose si debía estar con ellos, porque sabía que, a las 11:11, tenían que formar grupos de 4 y ellos eran 3. Cuando nuevamente estaba comentando eso con Natasha, se les acercó un hombre maduro, de bigote y pelo negros, aunque con calva incipiente… Natasha se fijó en su muñeca izquierda y sí, llevaba el mismo reloj de oro que ella había visto en sueños, además iba vestido como ella lo había soñado. Sonriendo le dijo a Stella.

-Aquí tienes al compañero que faltaba – se dirigió al caballero yucateco – disculpe, ¿usted se dedica a algo relacionado con la salud?

Él la miró un tanto divertido y extrañado -soy médico.

-¿Viene con otras personas? -Pedro abrazó a Natasha, para evitar que el desconocido supusiera que ella le estaba coqueteando.

-No, vengo solo, pero sé que aquí voy a encontrar a los otros tres con los que voy a hacer grupo.

Ella rió alegremente -pues nos acabas de encontrar, él es Pedro, mi esposo, y ella es Stella, que vino desde Argentina; anoche te soñé, como nuestro compañero N° 4. El yucateco saludó encantado a los tres y, sin esperar más, se metieron al templo de lo alto de El Castillo (muy pocos pudieron hacerlo ellos fueron algo así como “elegidos entre los elegidos”, entre los pocos que estuvieron en el Templo, estaban las dos “chamanas” canadienses, sus seguidores se quedaron abajo). Ahí se unieron a un pequeño grupo de Tamaulipas que estaba orando y cantando mantras.

IV

Nave espacial

A la hora “cero”: las 11:11, todos los asistentes entraron en meditación y pudieron percibir la Energía que venía de arriba; sintieron lo que nunca antes habían sentido y se integraron al UNO.

Pedro y Natasha, con los ojos cerrados, tuvieron la misma visualización: una flor de loto muy brillante, color rosa, violeta y verde; también vieron cómo se dirigía hacia ellos una paloma blanca y luminosa, que salió de la gran nave, también luminosa, posada sobre El Castillo.

Cuando todo terminó, Pedro se sentía como caminando entre nubes y una de las “chamanas” canadienses le ayudó a “aterrizar”, le sugirió ejercicios y meditaciones y sólo después de llevarlos a cabo Pedro pudo sentirse nuevamente en la tierra.

Stella se fue con Fernando, el médico yucateco, a conocer la zona y Natasha, que se sentía como pez en el agua, porque todo le parecía maravillosamente natural y normal, esperó que Pedro hiciera sus ejercicios, aprovechando para admirar el paisaje hacia los cuatro puntos cardinales, desde lo alto de la pirámide; cuando Pedro terminó, bajaron de la pirámide y regresaron al hotel, donde se encontraron con la agradable sorpresa de que ahí se alojaban las “chamanas“, canadienses, Renae y Lorena, quienes los invitaron a una meditación esa noche, en su habitación.

V

Durante la meditación varios de los participantes, entre ellos Natasha, tuvieron una regresión a una vida pasada, que ocurrió en Egipto; sin saber que Renae, la chamana mayor, fue hija de Nefertiti, vieron un pasaje de esa vida en la que estuvieron juntos; al salir de la meditación todos los que tuvieron la regresión describieron un gran palacio con pisos y columnas de mármol, pero cada quién narró situaciones diversas, como era de esperar, pues cada quién había sido un personaje diferente y sus vidas eran distintas, aunque todos vivieran o trabajaran en el mismo palacio, en el mismo tiempo.

Cuando todos hubieron platicado sus experiencias, Renae les explicó que ella fue hija de la famosa reina Nefertiti y que todos los presentes habían estado con ella en esa época; desde que los vio en la pirámide lo sabía, y sólo estaba esperando que todos se reunieran, para compartir con ellos esa regresión durante la meditación. Después, se dirigió a su tocador y les mostró un collar que ellos creyeron era una réplica exacta del que lucía la escultura de Nefertiti que la canadiense tenía en su altar; pero Renae les explicó que era ¡el original!, que un anticuario se lo había regalado en Roma en cuanto ella entró a su tienda, diciéndole que le pertenecía por herencia; después de eso, Renae tuvo una regresión y averiguó que había sido hija de la tan famosa reina egipcia. Ese día, en la Apertura del Portal 11:11, se había encontrado con algunos de los habitantes de su palacio en aquella época y había querido que todos tuvieran el conocimiento de esa encarnación, en la que habían vivido con ella en Egipto.

VI

Todo lo sucedido fue demasiado para Pedro y Natasha y no pudieron dormir esa noche, por lo que se llevaron unas cobijas al jardín del hotel, las extendieron sobre el pasto y se la pasaron tumbados boca arriba, contemplando las estrellas; sobre todo a Sirio, su lugar de origen; ellos desde hacía tiempo tenían esa certeza, pero nunca se lo habían comentado a nadie, por temor a que los creyeran locos, pero cuando Lorena, la chamana menor ayudó a Pedro arriba de la pirámide, les había preguntado, en su español champurrado.

-¿Ustedes, de dónde venir?

Sin dudar un segundo, ambos contestaron -de Sirio.

-¡Qué bien!, mí también venir de allá.

Cuando empezó a amanecer, se fueron a su habitación a dormir un poco, pero se levantaron tardísimo y en lo que arreglaron sus maletas y comieron, partieron hacia Tulúm casi a las 6 de la tarde, tratando de llegar, tras 2 horas de viaje, a las 8 pm al hotel, hora límite para que les respetaran su reservación.

El Volkswagen que habían alquilado era magnífico para esas carreteras, como la que sale de Nueva X-can hacia Tulum, la zona arqueológica que querían visitar.

En cuanto salieron de ese pueblo y dieron la vuelta a la derecha, entraron a un camino que no parecía carretera, era totalmente recto, angosto, estaba cercado por setos y arbustos y no tenía raya divisoria ni cuneta, así que ambos tenían la impresión de que era un camino privado hacia una hacienda, casi como un corredor o pasadizo hacia un caserón antiguo o algo semejante, además, les pareció interminable a pesar de que tenía una especie de luminosidad tenue, porque no era oscuro como a esa hora del anochecer sería cualquier carretera.

Después de avanzar por ese camino, estando el cielo despejado, sin nubes ni amenaza de lluvia, de pronto empezaron a caer gotas en el parabrisas del auto, nada extraño si está lloviendo, pero esta lluvia era horizontal, no vertical, no podían ver de dónde venía, por lo tupido de las gotas, pero claramente pegaban en el auto horizontalmente, el limpiaparabrisas no lograba retirar las gotas… de pronto, así como empezó, terminó y el suelo delante de ellos se veía totalmente seco.

VII

Poco después, serían casi las 7 de la noche del 12 de Enero de 1992, cuando, a la mitad de ese camino desierto, el auto se apagó, ellos se quedaron sordos, como si hubieran metido la cabeza al agua, y en un parpadeo se encontraron en medio de una multitud de gente vestida como los mayas antes de la llegada de los españoles; estaban de nuevo justo frente al Castillo de Chichén, del lado en que están las cabezas de serpiente.

Estaban tomados de la mano, con una sensación mística, a lo cual ayudaba el olor del copal que dos sacerdotes estaban quemando, así como el sonido hueco   de un caracol y otro rumor rítmico que no identificaron. Voltearon al mismo tiempo y se miraron a los ojos profundamente, no se asombraron de verse vestidos como los mayas prehispánicos, simplemente se dejaron llevar por lo espiritual del momento.

Observaron la ceremonia con una rara emoción. Vieron al Gran Sacerdote subir lentamente la escalera llevando en su mano un pequeño brasero con copal encendido; cuando llegó a la cúspide se inclinó, volteó hacia la muchedumbre haciendo una especie de bendición con el copal y entró al templo. La música subió de volumen y unas jóvenes iniciaron una danza mística en lo alto de la pirámide.

Poco a poco la multitud empezó a seguir el ritmo con movimientos lentos, pero aumentando la intensidad de éstos conforme la música sonaba más fuerte y el ritmo se aceleraba.

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De pronto Pedro y Natasha se encontraron bailando desenfrenadamente, sintiendo un gran deleite al hacerlo; en medio de la danza se acercaron y no pudieron evitar darse un apasionado abrazo que los mareó hasta hacerlos caer desvanecidos.

 .

VIII

Natasha se desperezó en el asiento del auto estacionado a media carretera, se talló los ojos y volteó a ver a Pedro que también acababa de despertar.

 .

-¿Qué pasó? -volteó tratando de ver algo- ¿Me dormí?

 .

-No lo sé, creo que después de que se apagó el coche nos dormimos… tuve un sueño extraño ¿sabes?

 .

-Yo también. Soñé que tú y yo estábamos en una ceremonia en Chichén Itzá y…

 .

-Qué curioso yo también soñé eso, pero era en tiempos prehispánicos, no ahora… -Natasha no lo dejó terminar – yo también, ¡qué raro!, al final bailamos hasta caer desmaya…

.

-!No sigas!, yo soñé exactamente lo mismo ¿Sería otra regresión?

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-No lo creo, yo sentí que estaba viviendo esto… en las regresiones siempre tengo conciencia de mí aquí, en esta vida y lo que me acaba de pasar fue muy diferente.

 .

-Sí… tienes razón, yo también lo sentí muy distinto a cualquier otra cosa que me haya sucedido antes.

 .

Callaron, cada cual sumido en sus pensamientos y recuerdos.

.

Pedro arrancó el auto y no volvieron a abrir la boca hasta que llegaron al hotel cercano a Tulum donde habían hecho reservación desde la agencia de viajes en Mérida.

 .

-Mira, cariño, ahí está el hotel Acuario, me gusta su nombre, como la Era que está empezando.

 .

Pedro no le contestó, se sentía molesto por no poder explicar lo que les había sucedido en la carretera.

 .

-Ojalá aún podamos cenar… ya es muy tarde- él salió del coche sin responder a su esposa, ésta se peinó y bajó sin dejar de pensar que tenía mucha hambre.

 .

El restaurante, que servía de administración, estaba desierto a no ser por el gerente del hotel (según se leía en su gafete) que estaba haciendo corte de caja. Pedro se alegró de haber llegado cuando aún estaba el gerente, porque no quería tener problemas con su reservación.

 .

-Buenas noches, soy Pedro Álvarez, tengo una reservación para hoy.

 .

El gerente lo miró asombrado -¿para hoy?, no puede ser, el hotel está lleno, hay lista de espera, es plena temporada, déjeme ver – tomó el papel que le extendía el joven y lo leyó atentamente.

 .

-Lo siento señor Álvarez, dijo señalando con el dedo índice la fecha, pero su reservación era para el 12 de enero de 1992 y …

 .

Pedro estaba muy cansado y se molestó por la ineptitud del gerente -precisamente, estamos a 12 de enero, y aunque son -vio su reloj para confirmar la hora- las 10 de la noche y sólo nos podían conservar la reservación hasta las 8 pm, no creo que 2 horas…

 .

Asombrado, el gerente lo interrumpió -discúlpeme, pero son las 4 de la mañana del 13 de enero; no entiendo… – lo observaba pensando que el joven estaba borracho o drogado.

 .

Natasha se acercó a ellos después de examinar las postales en el otro extremo del mostrador

 .

-¿Qué pasa?

 .

-Que hoy es 13 de enero y son las 4 de la mañana ¡tardamos 8 horas en llegar y no 2!

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Se miraron extrañados a los ojos y al mismo tiempo exclamaron: ¡6 horas en la ceremonia!…

 .

***

.

Ciudad de México, D. F., enero de 1992.

 .

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Puedes copiar y publicar este artículo, siempre y cuando incluyas el enlace al artículo, no lo uses con fines comerciales, no lo modifiques, no quites el © ni este último párrafo que le sigue, enlaces incluidos.

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Imágenes tomadas de internet, Pinterest  o de los enlaces relacionados.  Creo que no es necesario advertir que algunas fotos, son imágenes actuales, sólo para dar una idea de cómo fueron en aquellos tiempos y lugares.

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Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Autora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación y regresiones a vidas pasadas.

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LAS TRES SIRENAS DE LA ISLA.

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En las primeras horas de una mañana luminosa, el mar está plácido y de un azul turquesa, pequeñas crestas se mueven en su superficie, aparentando una calma casi total; sin embargo, a lo lejos se divisan un velero y un galeón español de los cuales se desprenden pequeñas volutas de humo y, segundos después de cada una, se escucha un ruido sordo.

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Hacia el oeste se puede ver una pequeña isla, rodeada de blanquísima arena, lamida por apacibles y calmosas olas color turquesa.

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Dos horas después ya no se ven los dos barcos, ni las pequeñas volutas de humo blanco, sino sólo el velero y, muy cerca, una pira de humo negro, donde debía encontrarse el otro barco.

Mientras los piratas ingleses apresuradamente saquean el tesoro del galeón español incendiado, antes de que se hunda por completo en el agua, bajo el barco en llamas se pueden percibir algunos pequeños círculos dorados que centellean cuando los toca el sol a través de las aguas transparentes, en su lento descenso hacia el fondo.

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Un poco más allá, varias sirenas llevan hacia lo más profundo del mar un gran cofre, que va dejando caer monedas de oro por dos o tres aberturas; todas ríen alegremente por su travesura, pues cuando vieron caer al mar uno de los cofres que los piratas trataban de llevar a su barco, se apresuraron a hundirlo y ellos tuvieron que darlo por perdido. Ahora, sin saber realmente para qué, lo llevan a esconder a una gruta submarina, de las muchas que rodean la isla.

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Poco después, del lugar del naufragio se desprende el maltrecho velero que lastimosamente se dirige a la isla viento en popa.

Las sirenas no saben para qué sirven los circulitos dorados que hay en el cofre, pero les agradan y, ahí en el fondo del mar, se ponen a jugar con ellos, divirtiéndose por un rato.

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Cuando se aburren, van a buscar a sus compañeras para informarles de lo ocurrido y unos momentos después, vuelven con ellas a jugar con las monedas de oro que sacan por los hoyos del cofre que los piratas ingleses no pudieron salvar del naufragio del galeón que, desde las costas de la Nueva España, conducía el tesoro a la Metrópoli.

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Las sirenas nuevamente se cansan del juego y regresan a asolearse a su lugar favorito en la playa, cercano a donde, casi en la orilla del plácido mar azul turquesa, un tritón y una sirena se hacen el amor loca y apasionadamente, tirados en la blanca y fina arena, que les sirve de suave lecho. De vez en vez, las olas los cubren, lo que los hace reír; otras veces, en suave caricia, el agua sólo lame sus colas de pez.

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Él es mitad pez: a partir de las caderas, haciendo una curva, en lugar de piernas, tiene una gran cola, que ondula poderosamente en cada movimiento de su unión amorosa con la sirena; en su mitad de hombre, es fornido, musculoso, su pecho, vientre y brazos denotan una gran fuerza; el pelo de su cabeza, que le llega a los hombros, su luenga barba y el vello de su pecho, son rubios; lleva una corona dorada en la cabeza; es el rey de esa zona marina.

La sirena, en su mitad humana (de las caderas a la cabeza), tiene una fina y cimbreante cintura; pechos enormes, firmes, enhiestos; su rubio y ondulado pelo le llega a la cintura.

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Hacen el amor por un buen rato, mientras los acarician el sol, el viento y el mar. La sirena, llamada Andrena, también disfruta de la caricia de la arena bajo su cuerpo y de las olas que de cuando en cuando rozan su hermosa cola de pez.

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Cuando terminan de amarse y Tylón se acuesta junto a ella en la blanca arena, escuchan un ruido proveniente del agua y una algarabía inusitada de las otras sirenas que, aburridas de jugar con las monedas de oro, ahora están jugando en la playa, un poco mas allá de las rocas que protegen a Tylón y Andrena de su vista.

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El escándalo es un tanto extraño y, para ver de qué se trata, Tylón se eleva, recargándose en las manos y Andrena levanta el torso, sosteniéndose en un codo para poder observar a sus amigas por encima de las rocas; se dan cuenta de que todas son presa de una gran excitación y señalan hacia el mar; ambos vuelven su vista hacia allá y a lo lejos alcanzan a ver un barco de velas, que de inmediato identifican como de piratas.

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Pero la algarabía de las sirenas no se debe al barco, sino de una de sus lanchas que se aproxima.

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Como el velero no puede acercarse mucho, porque el agua que rodea la isla es poco profunda, después de anclarlo a cierta distancia, los hombres decidieron bajar una lancha con toneles de ron y varios cofres cerrados con candados.  Están sin capitán, pues murió en el combate con los españoles, James ha tomado el mando.

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Se dirigen a la isla remando y cantando alegremente, aunque lamentando haber perdido el último de los cofres que robaron del otro barco y que cayó al mar hundiéndose pesadamente. Cuando la lancha se encuentra cerca de la playa, las sirenas se acercan nadando a recibirlos.

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Los piratas se sorprenden, pero por supuesto, se sienten maravillados y felices de que un grupo de hermosas sirenas se acerquen a darles la bienvenida. Todos han escuchado los relatos de estos míticos seres, pero ninguno las había visto antes de ese día.

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Como temen que una flota española los persiga, necesitan acercar el barco lo más posible a la playa y ahí decidir qué hacer. Pero a la vista de las bellas sirenas, puesto que aún no tienen un plan bien definido, apenas se toman el tiempo necesario para desnudarse y echarse al agua a jugar con ellas. Ya verán que hacer con el barco después.

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Andrena y Tylón observan todo desde detrás de las rocas, y el tritón le advierte a su sirena mirándola fijamente y entrecerrando los ojos.

-Ni por un momento pienses que vas a ir a jugar con esos hombres.

Andrena, echando la cabeza hacia atrás y permitiendo que su largo y hermoso cabello toque la arena, ríe coquetamente, porque no había pensado en ello, no se le había ocurrido; pero le agrada que Tylón se ponga celoso (todas las sirenas son para el, pero ella siempre ha sido la “preferida” y ella considera eso como un honor).

-¿Y para qué quiero jugar con ellos, si puedo hacerlo contigo?- con el dedo índice recorre el pecho de Tylón desde el cuello hasta donde empieza la cola de pez, excitándolo para tener una nueva unión.

Una vez tranquilizado en sus celos e incitado en su pasión, Tylón la acaricia y, mientras escuchan la algazara de sirenas y piratas, vuelven a enlazarse en amoroso abrazo.

Cuando terminan, ven   que las sirenas van jalando el velero con una cuerda, guiándolo por entre los bancos de arena.

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Se acercan nadando a curiosear y ven que bajo las órdenes (a señas) de los piratas, entre todas las sirenas conducen el pesado barco poco a poco y con mucho cuidado, para que no encalle en la arena. Lo meten dentro de una gruta en la cual penetra el agua, pero que no es visible desde alta mar; lo dejan amarrado a una roca y salen a seguir nadando y jugando con los piratas, que se arrojan desde la borda.

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Sólo un sombrío y melancólico hombre permanece en el barco, observando a sus amigos tristemente; es Peter, el joven cocinero que no sabe nadar y que se unió a la tripulación para huir de la policía, allá en el lejano puerto de Plymouth.

Cuando se cansan de jugar con las sirenas, en una de las playas de la isla, los piratas se dedican a algo más urgente.

A pesar de haber nadado desnudos un buen rato, tienen un aspecto mugroso y desagradable, visten sucias ropas hechas girones y el que no tiene un ojo parchado, tiene una pata de palo, o le falta un brazo; sólo los más jóvenes aún están completos. Todos sudan copiosamente por el esfuerzo de cavar un gran hoyo largo y profundo, no muy lejos de la orilla, junto a un conjunto de tres grandes rocas, que les servirá como referencia.

De vez en vez, se limpian el sudor de la frente con un brazo o con sus sucias camisas y siguen cavando. Cuando se dan por satisfechos de las dimensiones del hoyo, van hacia la línea donde empieza la vegetación y se internan unos diez metros; hacen a un lado algunos arbustos debajo de los cuales dejaron escondidos los grandes cofres que robaron del galeón español, toman aliento para acrecentar su fuerza y, en 3 grupos, empiezan a arrastrar pesadamente uno a uno los cofres hacia el hoyo abierto en la playa.

Cuando llegan con los 3 primeros, los colocan en fila en un extremo y regresan por los demás, repitiendo la operación 12 veces. una vez que hubieron arrastrado, acomodado y cubierto con arena todos los cofres, se sientan a descansar bajo las palmeras; unos minutos después, uno de ellos se levanta de nuevo y se dirige hacia un tonel que está junto adonde se encontraban los cofres; lo abre, hace un cuenco con las manos y lo llena del ambarino líquido, que destella con el sol, se lo lleva a los labios y bebe ávidamente.

-¡Ah! es el mejor ron que he bebido en mi vida- exclama antes de limpiarse la boca con la sucia manga de su camisa hecha girones.

-¡Eh!, ¡John!, trae el ron- vocifera James, quien quedó como jefe de la banda al morir el capitán.

-No puedo, no tengo en qué, venga cada quién por lo suyo- responde entre risotadas el aludido.

En vista de que no hay más remedio, los demás hombres se levantan pesadamente y se dirigen al tonel para su merecida dotación de ron.

Después de beber copiosamente, algunos se quedan tirados junto al casi vacío tonel y los más responsables se dirigen a la playa para planear qué hacer con su maltrecho barco que, a diferencia del otro, sí se salvo del naufragio; aunque por el momento está a salvo, pues no es posible verlo desde el mar, no puede quedarse ahí, más bien, ellos no pueden quedarse en la isla, por muy paradisíaca que sea.

Por un buen rato todos tienen opiniones, pero gritan al mismo tiempo y nadie escucha a los otros. Cuando finalmente James retoma el mando, ordena estentóreamente que hablen uno por uno, pero después de escuchar a todos, ven que ninguna de las sugerencias es viable.

Entretanto, William, uno de los más jóvenes (aún sin taras físicas recuerdo de heridas en batalla) y el único que sabe leer y medio escribir, está dibujando en su propia camisa, en el revés de una de las mangas, un mapa de la isla y del sitio donde enterraron el tesoro; como no tiene otros elementos, utiliza su propia sangre, que brota de una pequeña herida en su muslo derecho y la punta de una delgada vara que ahuecó con su cuchillo para tal efecto.

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Casi al anochecer, la flota que persigue a los piratas se recorta en el horizonte y al llegar cerca de la isla anclan los barcos y arrían las velas, para pasar ahí la noche e inspeccionar la isla por la mañana.

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Se trata de enormes barcos cañoneros españoles, que patrullan el mar Caribe en busca de barcos piratas de otros países y que descubrieron los restos del naufragio del galeón español atacado por los ingleses.

A la mañana siguiente, los españoles desembarcan en lanchas para buscar piratas sobrevivientes del naufragio para castigarlos y con la esperanza de recuperar aunque sea parte del botín, si es que algo pudo ser salvado por los náufragos; no suponen que se haya salvado el barco de los piratas, porque la tarde anterior rodearon la isla y no lo vieron; no se imaginan que pueda estar escondido en una gruta de la isla.

Todos los perseguidores van armados, los que no llevan mosquetes, portan arcabuces. Se acercan lentamente a la línea de vegetación escudriñando y cubriéndose los ojos con una mano, porque el brillante sol no les permite ver entre la tupida red de palmeras, árboles, enredaderas y arbustos.

Se mueven cautelosamente, porque temen ser atacados por los piratas, pero éstos prefirieron esconderse entre la tupida y exuberante selva tropical de una colina cercana, desde donde pueden observarlos sin ser vistos.

James y Peter están escondidos tras de un platanero enano rodeado de helechos, riéndose a mandíbula batiente de sus enemigos.

Los españoles, a diferencia de los ingleses, visten elegantemente, usan zapatillas negras, medias hasta la rodilla (adonde terminan los pantalones), trajes con largos sacos de brocado, con pliegues en la espalda a partir de la cintura, para darles vuelo; camisas con holanes en la pechera y en las mangas y sombreros de tres picos, que cubren sus largas y ensortijadas pelucas; la vestimenta es muy elegante, pero bastante inadecuada para el calor, la humedad y la arena.

Los hispanos buscan infructuosamente toda la mañana y al fin se van sin descubrir a los piratas, que todo ese tiempo se lo han pasado riéndose a sus costillas, e imitando su forma de caminar con esos ropajes más dignos de un salón que de una playa en el Caribe.

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Cuando constatan que los barcos de la patrulla se alejan lo suficiente, como para que no los puedan descubrir ni con catalejos, salen de su escondite y corren a la playa y se meten al agua para seguir divirtiéndose con las sirenas, a quienes habían advertido, a señas, que no salieran a recibir a los recién llegados.

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Todos se burlan de Peter, que no puede nadar y sólo se arriesga a meterse al mar hasta donde el agua le llega a las rodillas. Una de las más bellas sirenas se compadece de él y se acerca a la playa para convencerlo de nadar, él a señas, le explica que no sabe. Nadier se ríe de él, lo tira al agua y lo jala hasta lo hondo; el pobre Peter se asusta, traga agua y quiere salir, pero Nadier lo tranquiliza y lo sostiene mientras lo lleva mar adentro.

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Todos los compinches de Peter se desternillan de la risa, pero luego de una hora, se asombran de verlo nadar solo, como el mejor; la sirena es una buena instructora, no cabe duda. A partir de entonces, nadie se queda en la playa por las mañanas, cuando se reúnen sirenas y piratas para divertirse.

Tylón y Andrena los observan alejados, ora en la playa, ora en el mar. El no quiere que su favorita se acerque a los hombres, pero no le importa que las demás se diviertan; después de todo, tal vez tengan hijos humanos que puedan poblar la isla, un sueño que él siempre ha acariciado: no sólo reinar en el mar que los españoles bautizaron como Caribe, sino poblar y regir las islas de la zona; pero, siendo tritón y apareándose sólo con sirenas, no podía tener descendencia humana.

Ahora, a través de sirenas y piratas, tal vez tendría la oportunidad de adoptar a los hijos de sirenas y humanos y reinar también en las islas.

II

Ya ha pasado un año desde que los piratas llegaron a la isla y han convivido tanto con las sirenas, que ya les enseñaron muchas palabras de inglés, pero ellos no han aprendido a hablar como ellas, pues el lenguaje que ellas usan es a base de pequeños gritos, aullidos e inflexiones que los piratas no entienden, ni pueden reproducir.

Lo que disgusta grandemente a la mayoría de la tripulación, es que James, que aún funge como jefe, William, el “intelectual” del grupo y Peter, el cocinero, se han enamorado locamente de tres de las sirenas y no sienten la necesidad de arreglar el barco para seguir en sus correrías, aunque los otros 23 hombres insistan en hacerlo.

Finalmente, ante lo inútil de sus peticiones, deciden arreglar el barco y pasan un mes dedicados a repararlo, sin que los otros se den cuenta; lo hacen como pueden con los pocos elementos que encuentran en la isla, pero usando todas sus mañas; finalmente logran hacerlo porque la necesidad es la madre del ingenio.

Cuando el velero está en condiciones de volver a navegar, se ponen de acuerdo para secuestrar a sus tres compañeros que no quieren dejar la isla, y zarpar en cuanto la marea les sea propicia; como saben que no podrán sacar el barco sin el auxilio de las sirenas, convencen a varias de las que se quedaron sin “pareja”, cortejándolas y persuadiéndolas para que los ayuden a sacar el velero sorteando los escollos y los bancos de arena.

Para poder sacar el barco sin que los renegados se den cuenta, necesitan que sea en una noche oscura, pero para poder dirigirlo, necesitan de la luz de la luna llena; aunque para secuestrarlos, necesitarían la oscuridad de una noche sin luna; por fin, en asamblea, deciden emborracharlos en una noche de luna llena, golpearlos en la cabeza, amarrarlos, llevarlos al barco y zarpar.

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Entre todos convencen a James, que todavía la hace de capitán, para tener una celebración de aniversario, en la próxima noche de luna llena, sugiriendo que el lugar ideal es en la pequeña bahía que entre hombres y sirenas han acondicionado como especie de alberca, amontonando arena y pedazos de troncos, para formar pequeños muros, de manera que las sirenas estén en su elemento y los hombres puedan estar de pie, sentados o hincados dentro del agua.

La razón que tiene la tripulación para elegir ese lugar, más que departir con las sirenas, es que esa pequeña bahía queda en el lado opuesto al lugar donde está la gruta en la que se esconde el barco; estando ahí, los enamorados no se darán cuenta cuando los encargados de la misión lo saquen de su escondite.

Sin sospechar nada anormal, al capitán le agrada la idea de la celebración y ordena traer del barco dos barriles de ron; a los amotinados pacíficos, como ellos se autonombran, no les hace gracia deshacerse de dos barriles, pero obedecen a James; todo, con tal de volver a la aventura.

El día de la fiesta, Peter se pasa el día cocinando lo que algunos hombres pescaron y lo que otros cazaron y al crepúsculo, empieza el festejo.

Los amotinados tienen la consigna de no beber más de un “coco” (para entonces ya habían ideado la manera de beber ron, en cáscaras de coco preparadas para tal efecto), pero tratar de que los tres hombres enamorados beban hasta perder el sentido, lo cual no es difícil, pues éstos se pasan la noche sentados en la “alberca”, abrazando, besando y acariciando a sus amadas sirenas, mientras los otros se turnan para traerles cocos rebosantes de ron.

James y William pronto están tan borrachos, que los otros no tienen dificultad para sacarlos del agua casi sin sentido, y no hay necesidad de golpearlos, pues al depositarlos en la arena, ambos caen en un profundo sueño; pero Peter, como está encargado de la comilona, no se ha estado quieto, pues va y viene de la “alberca” a la hoguera, atendiendo por igual a sus compañeros y a Nadier (ella sólo come pescados crudos, pero él se los presenta en “platos” de hojas de plátano, adornados con flores).

Los hombres, cuando la marea va a llegar al punto culminante, se miran significativamente y le hacen una seña a Joe, que es el más cercano a Peter, para que le dé un golpe; el pobre Joe, no se anima a golpear a su mejor amigo, pero su deseo de regresar al mar lo vence y cuando Peter está aderezando un pedazo de carne en una hoja de plátano, Joe lo golpea tímida, pero suficientemente fuerte como para que Peter caiga al suelo medio atarantado.

En el mismo instante que Peter cae, se arma una algarabía, pues todos los hombres quieren mandar al mismo tiempo; finalmente, Art, toma el mando y ordena que primero se ocupen de amarrar a los tres; James y William son debidamente amarrados, pero Joe, que es el encargado de hacer lo mismo con Peter, se siente tan mal por haberlo golpeado, que sólo se lo echa al hombro, como si fuera un fardo, y lo lleva a la lancha que los conducirá al barco que ya viene en camino, rodeando la isla.

Las sirenas se asombran al ver a los piratas tan excitados correr de un lado a otro, y las amadas de James, William y Peter se asustan al ver que los otros meten a sus hombres a la lancha.

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Al principio no saben qué hacer, pero Nadier las organiza y se pone al frente de un grupo que nadará exactamente abajo de la lancha, para seguir a sus hombres y ver a dónde los llevan y para qué y envía a otro grupo más numeroso a nadar debajo del gran velero que se viene acercando.

Los oídos de las sirenas captan sonidos inaudibles para los humanos y ellas oyen, a pesar de estar bajo el agua, la conversación de los piratas.

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Cuando Nadier se percata de que los otros se llevarán sin su consentimiento a James, William y su amado Peter, rápidamente urde un plan: coloca a Gárama, la novia de James, junto con otras tres sirenas en un lado de la lancha y ella, Lotimar (novia de William) y otras dos, se sitúan en el lado opuesto; cuando se encuentran justamente a la mitad del trayecto entre la playa y el barco, a una señal de Nadier, vuelcan la lancha y mientras las otras juguetean alrededor de los amotinados, sin dejarlos recuperar la lancha volcada, las tres sirenas se dirigen con sus respectivos galanes de regreso a la isla.

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Los amotinados de la lancha, aunque son 10, no pueden contra las cinco sirenas que los hunden y los sacan a la superficie aparentemente jugando. Cuando ellas ven que las tres sirenas y sus novios están cerca de la playa, entre todas conducen a los 10 hombres hasta su barco, junto al que se encuentran en fila todas las demás camaradas.

Los llevan nadando hasta la escala de cuerda y les advierten que si se quieren ir, se vayan sin sus tres compañeros, y no regresen nunca, so pena de que ellas hundan su barco.

Los diez hombres, humillados, suben uno a uno a su nave, notifican a los que ya están ahí lo sucedido y cada cual se coloca en el lugar que le corresponde para desplegar las velas y conducir el velero a nuevas peripecias.

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Las tres sirenas conducen a sus amados a la alberca, donde tratan de volverlos en sí; Peter, que no estaba del todo desmayado, es el primero en recuperarse y preguntar lo que ha sucedido; Nadier se lo explica, aclarándole que si él y sus amigos se quieren ir, ellas mismas los llevarán a su barco.

Por su parte, Peter decide quedarse y cuando se recobran los otros dos, toman la misma decisión; así que, para beneplácito de Tylón, se quedan a formar familias de sirenas-humanos, en esa pequeña isla perdida en el Caribe, donde aún se siguen reproduciendo humanos con ascendencia de sirenas, en ese bello lugar que ahora es un famoso destino turístico.

Si vas allá y te enamoras de algún@ nativ@, podrías tener descendencia con genes de una de las tres sirenas de la isla…

***

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, todos los derechos reservados.

Puebla, Pue., julio, 1994.

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© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

Imágenes tomadas de internet, Pinterest  o de los enlaces relacionados.  Creo que no es necesario advertir que algunas fotos, son imágenes  sólo para dar una idea de cómo fueron en aquellos tiempos y lugares.

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LOS LAGARTOS

 

-¡Mira Jaime! Ahí está la tienda que busco. Entra al estacionamiento y me esperas en el quinto piso. No me tardo.

 -Pero querida, tú sabes que no me gusta esperar…

 -Ya lo sé, pero éste es un estacionamiento muy especial. Hay cafetería que tiene servicio de drive in, además, las meseras son muy jóvenes y guapas. ¡Anda! No seas malo- Sin esperar respuesta bajó del auto y se metió a la tienda.

 Maniobró él para entrar al estacionamiento. Subió cinco pisos por la rampa de caracol, notando una luz verde muy extraña y cierto olor… Pero lo más raro era que las paredes parecían como cubiertas de escamas también verdosas, o tal vez sería la luz. Vio el letrero “5° Piso” y salió de la rampa a buscar dónde estacionarse. Mientras encontraba lugar, observó varias meseras caminando entre los coches.

 -¡Vaya!- pensó –Sí que están preciosas y saben cómo lucir esos bikinis verdes, esto más parece un drive in del club Playboy.

Por ver a una rubia frondosa, casi choca con un Buick azul metálico, último modelo, con placas de Estados Unidos -¡Vaya! Por poco choco por contemplar esa belleza.

 Se estacionó y no esperó a que llegara alguna mesera. Se bajó y fue a buscar a la rubia.

 -¿Qué le sirvo, señor?

 -Tráeme una Cuba.

 -A sus órdenes, señor. ¿Nunca le han dicho que es usted muy guapo?

 Él se quedó mudo, pero logró ponerse en movimiento y dio un paso hacia la muchacha; ella lo invitaba con la mirada. Pero antes de que pudiera dar otra paso y quedar realmente junto a la bella mesera, escuchó un ruido metálico muy fuerte y miró hacia el lugar de donde procedía. Vio que de una ventana muy alta, situada en el muro a su derecha, asomaba una criatura semejante a un lagarto, pero vestida de mujer. Se oyó una voz extraña, como con eco y reverberaciones.

Mujer reptil

 -¡Julio! ¡vas a pagar cara tu infidelidad!

 De la ventana salió una mano de lagarto y de uno de sus dedos, un rayo verde que fulminó al hombre canoso que estaba a unos 5 metros a la izquierda de Jaime, abrazando a una hermosa mesera de pelo negro como ala de cuervo. Jaime no lo pensó más de un segundo y corrió hacia la salida del estacionamiento. Lamentó haber estacionado su Mustang más allá de donde el rayo había fulminado a aquel hombre. Dejó de lamentarse por su auto y bajó los cinco pisos lo más rápido que pudo.

 Al llegar al nivel de la calle, sintió los síntomas de otro infarto (ya había tenido tres) y trató de calmarse. Entonces ¡lo vio!: su coche estaba ahí, esperándolo con la portezuela abierta. Por la ventanilla de atrás vio que su esposa estaba frente al volante, es decir, supo que era ella porque alcanzó a ver su abrigo verde. Respiró tranquilo y se dirigió al Mustang, su corazón todavía lo molestaba, pero suspiró con alivio porque su automóvil estaba a salvo y su esposa esperándolo.

 Subió y volteó a agradecerle a su mujer que sacara el coche y que lo esperara…

 Su corazón dejó de latir. Sí. Ahí estaba su esposa con su abrigo verde. Sí. Ahí estaba esperando a que él subiera. Sí… Ahí estaba… ¡una mujer lagarto!

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 © Silvia Eugenia Ruiz

Puebla, Pue.

PD. Este cuento está basado en un sueño, si el lector quiere relacionarlo con los ahora llamados reptilianos, es su elección, cuando lo escribí me faltaban varios años para encontrarme con ese concepto, pero a algunos lectores les ha parecido que tiene relación.  Está sujeto a interpretación de quienes lo leen.

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Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Autora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación y regresiones a vidas pasadas.

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Tú y Yo Siempre

foto Angel Sosa

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EL RETORNO DE LOS BRUJOS, RESUMEN

EL RETORNO DE LOS BRUJOS RESUMEN

El Retorno de los Brujos, Pauwels y Bergier
El Retorno de los Brujos, Pauwels y Bergier

Un excelente resumen de “El Retorno de los Brujos”, por esta vez republico de otro autor (con la debida atribución), en un futuro no muy lejano espero hacer uno propio, ya que este libro marcó mi vida, creo que mucho de los que pienso ahora lo tomé de este libro, que leí en su 3ª edición en español (aunque varios temas ya los había leído anteriormente).

***

Una introducción al realismo fantástico“, así reza el subtítulo de El retorno de los brujos, que, en un principio, fue pensado como punta de lanza para una revolución cultural. En apenas una década vendió más de 2 millones de copias, y luego se diluyó en el olvido. En 1953, Louis Pauwels pensó en escribir un ensayo sobre sociedades secretas y misticismo. Jacques Bergier lo convenció, sin mucho trabajo, de expandir la obra por otros canales. Luego de varios años de estudio y recopilación de datos, El retorno de los brujos incluyó diversos temas. Demoliendo el reduccionismo del siglo XIX, El retorno de los brujos explica la alquimia como muestra de un saber técnico, alternativo, que no es opuesto a la ciencia. incluye interesantes apariciones de Gustav Meyrink, autor de El Golem (Der Golem), y de Jorge Luis Borges. El Golem (Der Golem) es una novela del austríaco Gustav Meyrink, publicada en 1915. Está basada en la leyenda judía del Golem, un ser creado artificialmente por un cabalista. El Golem recoge una antigua leyenda relacionada con el gran rabí Loew de Praga (1512-1609) y con imágenes vigorosas evoca los misterios del gueto de Praga. El Golem es una figura de arcilla animada por obra de la cábala, para defender a los judíos, pero que se escapa fácilmente del control y provoca catástrofes. Lo que podría ser sólo una extravagancia gratuita, sin más interés que el de un relato bien contado, adquiere significado simbólico: el Golem personifica a los autómatas humanos, que crean la sociedad moderna. Lo mismo que el Golem, el hombre moderno realiza la parte a él asignada contra su propia voluntad y con un rigor atroz. A este pesimismo fundamental, la novela añade un continuo misterio, una atmósfera de errores trágicos en los que juegan enigmáticos cabalistas, una metafísica expedita pero dramática: “la boca de cada hombre se convierte en la boca de Dios si creéis que sea la boca de Dios“. Esta habilidad para crear una visión turbulenta y grandiosa tiene su mejor realización en El Golem. Meyrink se inspiró en las descripciones de la gran ciudad de Charles Dickens, a quien había traducido, para recrear la atmósfera urbana de Praga. Ha sido objeto de múltiples estudios que exceden la literatura, tales como la filosofía, religión, ocultismo, alquimia, magia y cábala. El mismo año de su publicación fue adaptada al cine por el expresionista Paul Wegener. Desde su publicación, no ha habido una generación de lectores que no se haya visto cautivada por esta enigmática obra. Entre 1915 y 1920 se vendieron más de 150.000 ejemplares, encabezando Meyrink la lista de autores más vendidos entre 1915 y 1940, contribuyendo al éxito de la novela la edición de bolsillo destinada a los soldados del frente. Como la mayoría de las novelas de Meyrink, la obra está vinculada a la tradición de  Hoffmann y de los cuentos fantásticos, complaciendo el gusto alemán por las “historias raras“.

Inspirados en El libro de los condenados (The book of the damned), de Charles Fort, El retorno de los brujos analiza la posibilidad de que otras civilizaciones hayan florecido y caído sobre la Tierra, exponiendo datos e indicios que el tiempo transformó en mitos. Incluye un largo debate sobre las pirámides egipcias, la Isla de Pascua, las líneas de Nazca, los mapas de Piri Reis, o textos hindúes, entre otros. Hay notas sobre las civilizaciones demenciales vislumbradas por el escritor H.P. Lovecraft, y el mundo de la Tierra Media imaginado por J.R.R. Tolkien. Incluye una crítica ácida sobre la Alemania nazi como transformación de la base cultural y moral que permite explicar lo inexplicable. Se analizan los vínculos entre la elite nacionalsocialista y diversos cultos esotéricos, así como la creencia en mitologías y cosmogonías abominables que, en determinado punto, se transforman en la ciencia oficial. Valiéndose de El pueblo blanco (The white people) de Arthur Machen, miembro del Alba Dorada (Golden Dawn), donde se diferencia el mal absoluto de las pequeñas maldades castigadas por la ley, ilustran su posición. Los experimentos telepáticos organizados por la marina norteamericana en 1958 dan comienzo a un capítulo sobre parapsicología. Más allá de las curiosidades del libro, El retorno de los brujos plantea un cambio de paradigma, señalando que la realidad es mucho más compleja y sutil de lo que suponemos, y que nuestra percepción de los hechos está afectada por el reduccionismo racionalista, dejando poco margen a la imaginación. Lo fantástico es lo que subyace tras el mecanismo del sentido común, hijo del saber oficial. El “realismo fantástico” pretendía ser una especie de superrealismo, una integración de la poesía y de la ciencia, capaz de penetrar en las sombras de todos los misterios. Antes, en 1961, el éxito de El retorno de los brujos había llevado a Bergier y a sus colaboradores a editar una revista mensual sobre los mismos temas, llamada Planète, de cuyo primer número se publicaron 5000 ejemplares y tuvo cinco reediciones. En el momento de mayor venta, cada número sobrepasaba las 100 000 copias. No obstante el éxito inicial, la revista dejó de publicarse en 1968. Bergier fue un personaje público y notorio en su momento, que incluso llegó a ser caricaturizado por Hergé en el álbum de Tintín “Vuelo 714 para Sydney”, encarnando a Ezdanitoff, el estrambótico director de la revista Comète, supuestamente contactado por extraterrestres. En 1953, un amigo común puso en contacto a Jacques Bergier con Louis Pauwels, periodista y escritor humanista de tendencias místicas. Aunque aparentemente no tenían mucho en común, pronto surgió la amistad, y de ahí el proyecto de un libro en colaboración. Tal como ya he indicado, inicialmente la idea de Pauwels era escribir sobre la historia y la realidad de las sociedades secretas, pero Bergier lo convenció para ampliar los contenidos. Trabajaron juntos durante varios años. El material de trabajo era proporcionado por Bergier y la redacción final correspondía a Pauwels. El resultado final fue El retorno de los brujos, subtitulado Una introducción al realismo fantástico, que fue publicado por Gallimard en 1960.

(El resumen es tan interesante y amplio, que voy a compartir por temas, ya que el mismo libro cubre varios, empiezo por la

ALQUIMIA)

“Enlazando con una crítica al positivismo y reduccionismo científico, heredados del siglo XIX, los autores exponen el procedimiento alquímico como muestra de un saber técnico alternativo pero no forzosamente opuesto a la ciencia moderna. En la historia de la ciencia, la alquimia es una antigua práctica protocientífica y una disciplina filosófica que combina elementos de la química, la metalurgia, la física, la medicina, la astrología, la semiótica, el misticismo, el espiritualismo y el arte. La alquimia fue practicada en Mesopotamia, el Antiguo Egipto, Persia, la India, China, la Antigua Grecia, el Imperio romano, el Imperio islámico y, después, en Europa hasta el siglo XIX, en una compleja red de escuelas y sistemas filosóficos que abarca, al menos, 2500 años. La alquimia occidental ha estado siempre estrechamente relacionada con el hermetismo, un sistema filosófico y espiritual que tiene sus raíces en Hermes Trimegisto, una deidad sincrética greco-egipcia y un legendario alquimista. Estas dos disciplinas influyeron en el nacimiento del rosacrucismo, un importante movimiento esotérico del siglo XVII. En el transcurso de los comienzos de la época moderna, la alquimia dominante evolucionó hacia la actual química. Actualmente es de interés para los historiadores de la ciencia y la filosofía, así como por sus aspectos místicos, esotéricos y artísticos. La alquimia fue una de las principales precursoras de las ciencias modernas, y muchas de las sustancias, herramientas y procesos de la antigua alquimia han servido como pilares fundamentales de las modernas industrias químicas y metalúrgicas. Aunque la alquimia adopta muchas formas, en la cultura popular es citada con mayor frecuencia como el proceso usado para transformar plomo (u otros elementos) en oro. Otra forma que adopta la alquimia es la de la búsqueda de la piedra filosofal, con la que se era capaz de lograr la habilidad para transmutar metales en oro o para alcanzar la vida eterna. En el plano espiritual, los alquimistas debían transmutar su propia alma antes de transmutar los metales. Esto quiere decir que debían purificarse, y prepararse mediante la oración y el ayuno. La percepción popular y de los últimos siglos sobre los alquimistas es que eran charlatanes que intentaban convertir plomo en oro, y que empleaban la mayor parte de su tiempo elaborando remedios milagrosos, venenos y pociones mágicas.

Fundaban su ciencia en que el universo estaba compuesto de cuatro elementos  a los que llamaban por el nombre vulgar de las sustancias que los representan, a saber: tierra, aire, fuego y agua, y con ellos preparaban un quinto elemento que contenía la potencia de los cuatro en su máxima exaltación y equilibrio. La mayoría eran investigadores cultos e inteligentes, e incluso distinguidos científicos, como Isaac Newton y Robert Boyle. Estos innovadores intentaron explorar e investigar la naturaleza misma. La base es un conocimiento del régimen del fuego y de las sustancias elementales del que, tras profundas meditaciones, se pasa a la práctica, comenzando por construir un horno alquímico. A menudo las carencias debían suplirse con la experimentación, las tradiciones y muchas especulaciones para profundizar en su arte. Para los alquimistas toda sustancia se componía de tres partes: mercurio, azufre y sal, siendo estos los nombres vulgares que comúnmente se usaban para designar al espíritu, alma y cuerpo, partes que eran llamadas principios. Mediante la manipulación de las sustancias y a través de diferentes operaciones, separaban cada una de las tres partes, que luego debían ser purificadas individualmente, cada una de acuerdo al régimen de fuego que le es propicia, la sal con fuego de fusión y el mercurio y el azufre con destilaciones recurrentes y suaves. Tras ser purificadas las tres partes en una labor que solía conllevar mucho tiempo, y durante el cual debían vigilarse los aspectos planetarios, las tres partes debían unirse para formar otra vez la sustancia inicial. Una vez hecho todo esto, la sustancia adquiría ciertos poderes. A lo largo de la historia de esta disciplina, los aprendices de alquimista se esforzaron en entender la naturaleza de estos principios y encontraron algún orden y sentido en los resultados de sus experimentos alquímicos, si bien, a menudo, eran socavados por reactivos impuros o mal caracterizados, falta de medidas cuantitativas y nomenclatura hermética. Esto motivaba que, tras años de intensos esfuerzos, muchos acabaran arruinados y maldiciendo la alquimia. Los aprendices, por lo general, debían empezar por trabajar en el reino vegetal hasta dominar el régimen del fuego, las diversas operaciones y el régimen del tiempo. Para diferenciar las sustancias vulgares de aquellas fabricadas mediante su arte, los alquimistas las designaban de acuerdo a alguna de sus propiedades.

La «iluminación» sólo se alcanzaba tras arduos años de riguroso estudio y experimentación. Una vez que el aprendiz lograba controlar el fuego, el tiempo de los procesos y los procesos mismos, estaba listo para acceder a los arcanos mayores. Sostenían que la potencia de los remedios era proporcional a cada naturaleza. Los trabajos de los alquimistas se basaban en la naturaleza, por lo que a cada reino le correspondía una meta: al reino mineral la transmutación de metales vulgares en oro o plata, al reino animal la creación de una «panacea», un remedio que supuestamente curaría todas las enfermedades y prolongaría la vida indefinidamente. Todas ellas eran el resultado de las mismas operaciones. Lo que cambiaba era la materia prima, la duración de los procesos y la vigilancia y fuerza del fuego. Una meta intermedia era crear lo que se conocía como menstruo, que era una multiplicación de sí mismo por inmersión de otras substancias semejantes en fusión/disolución. De modo que se conseguía tanto la generación como la regeneración de las substancias elementales. Estos no son los únicos usos de esta ciencia, aunque sí son los más conocidos y mejor documentados. Desde la Edad Media, los alquimistas europeos invirtieron mucho esfuerzo y dinero en la búsqueda de la piedra filosofal. Los alquimistas sostenían que la piedra filosofal amplificaba místicamente el conocimiento de la alquimia por parte de quien la usaba. Muchos aprendices y falsos alquimistas, tenidos por auténticos alquimistas, gozaron de prestigio y apoyo durante siglos, aunque no por su búsqueda de estas metas ni por la especulación mística y filosófica que se desprendía de su literatura, sino por sus contribuciones mundanas a las industrias artesanales de la época, tales como la obtención de pólvora, el análisis y refinamiento de minerales, la metalurgia, la producción de tinta, tintes, pinturas y cosméticos, el curtido del cuero, la fabricación de cerámica y cristal, la preparación de extractos y licores, etc. La preparación del aqua vitae, el «agua de vida», era un experimento bastante popular entre los alquimistas europeos.

Los alquimistas nunca tuvieron voluntad de separar los aspectos físicos de las interpretaciones metafísicas de su arte. La falta de vocabulario común para procesos y conceptos químicos, así como también la necesidad de secretismo, llevaba a los alquimistas a tomar prestados términos y símbolos de la mitología bíblica y pagana, la astrología, la cábala y otros campos místicos y esotéricos, de forma que incluso la receta química más simple terminaba pareciendo un obtuso conjuro mágico. Más aún, los alquimistas buscaron en esos campos los marcos de referencia teóricos en los que poder encajar su creciente colección de hechos experimentales inconexos. A partir de la Edad Media, algunos alquimistas empezaron a ver cada vez más estos aspectos metafísicos como los auténticos cimientos de la alquimia y a las sustancias químicas, estados físicos y procesos materiales como meras metáforas de entidades, estados y transformaciones espirituales. De esta forma, tanto la transmutación de metales corrientes en oro como la panacea universal simbolizaban la evolución desde un estado imperfecto y efímero hacia un estado perfecto y eterno. Y la piedra filosofal representaba alguna clave mística que haría posible esta evolución. Aplicadas al propio alquimista, esta meta simbolizaba su evolución desde la ignorancia hasta la iluminación, y la piedra filosofal representaba alguna verdad o poder espiritual oculto que llevaría hasta esa meta. En los textos escritos, los crípticos símbolos alquímicos, diagramas e imaginería textual de las obras alquímicas tardías contienen típicamente múltiples capas de significados, alegorías y referencias a otras obras igualmente crípticas; y deben ser laboriosamente «descodificadas» para poder descubrir su auténtico significado”.

Tomado de: http://oldcivilizations.wordpress.com/2013/08/24/el-retorno-de-los-brujos-el-libro-que-marco-toda-una-epoca/

Cover of "The Book of the Damned"
Cover of The Book of the Damned
Русский: Постер фильма "Голем" (1920...
Русский: Постер фильма “Голем” (1920) Français : Affiche de 1920 d’un film muet en noir et blanc allemand : “Der Golem, wie er in die Welt kam” (Photo credit: Wikipedia)
Deutsch: Golem vor der Manufaktur GOLEM in Sie...
Deutsch: Golem vor der Manufaktur GOLEM in Sieversdorf (Photo credit: Wikipedia)
Polski: Zdjęcie z filmu "Der Golem" ...
Polski: Zdjęcie z filmu “Der Golem” (1915) (Photo credit: Wikipedia)
Español: Jorge Luis Borges
Español: Jorge Luis Borges (Photo credit: Wikipedia)
English: reproduction of the Prague Golem Česk...
English: reproduction of the Prague Golem Česky: reprodukce pražského Golema Português: Reproducción del golem de Praga (Photo credit: Wikipedia)

Bibliografía

Jacques, Pawels Louis y Bergier. El Retorno de los Brujos. Tercera. Barcelona: Plaza & Janes, S. A. Editores, Barcelona, 1963.