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Nican Mopohua Documento histórico sobre Guadalupe

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LAS APARICIONES DE LA VIRGEN DE GUADALUPE A JUAN DIEGO EN 1531

“Éste es el documento histórico en el que se relata las Apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe al Beato Juan Diego, indígena azteca, ocurridas del 9 al 12 de diciembre de 1531.

Es un escrito originalmente en lengua náhuatl “lingua franca” en Mesoamérica, y todavía en uso en varias regiones de México. A pesar de que muchos documentos indígenas comienzan con el Nican Mopohua, estas dos palabras iniciales han permanecido por antonomasia para identificar este relato. El título completo es: “Aquí se cuenta se ordena como hace poco milagrosamente se apareció la Perfecta Virgen Santa María, Madre de Dios, nuestra Reina; allá en el Tepeyac, de renombre Guadalupe”.

Este relato es la principal fuente de lo que sabemos sobre el Mensaje de la Santísima Virgen al Beato Juan Diego, a México y al Mundo. La copia más antigua se halla en la Biblioteca Pública de Nueva York Rare Books and Manuscripts Department. The New York Public Library, Astor, Lenox and Tilden Foundation.

El autor del documento fue Don Antonio Valeriano (1520-1605), sabio indígena y aventajado discípulo de Fr. Bernardino de Sahagún. Valeriano recibió la historia por el mismo Juan Diego, quien murió en 1548.

En cuanto al argumento del documento: es la narración de la evangelización de una cultura donde la ayuda de Dios y de la Virgen fue evidente. Por medio de un estilo correcto, digno y sólido uno se da cuenta que esta evangelización llegó hasta la más profunda raíz de la cultura pre-hispánica, llevándose a realizar la de dos pueblos irreconciliables.

En la plenitud de los tiempos para América aparece María Santísima portadora de Cristo. Hay una identificación de lo esencial de la Biblia: -Cristo, centro de la Historia- (Juan 3,14-16) con lo esencial del Nican Mopohua (vv.26-27) y con lo esencial del mensaje glífico de la Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe: el Niño Sol que lleva en su vientre Santísimo.

Finalmente, entre los protagonistas del relato están:

· La Santísima Virgen que pide un templo para manifestar a su Hijo. 
· El Beato Juan Diego, vidente y confidente de la Sma. Virgen. 
· El Obispo Fr. Juan de Zumárraga a cuya Autoridad se confía el asunto. 
· El Tío del Beato Juan Diego, sanado milagrosamente. 
· Los criados del Obispo que siguen al Beato Juan Diego. 
· La ciudad entera que reconoce lo sobrenatural de la imagen y entrega su corazón a Nuestra Señora de Guadalupe.

Nican Mopohua (Texto en Español)

Aquí se narra se ordena, cómo hace poco, milagrosamente se apareció la perfecta virgen santa maría madre de dios, nuestra reina, allá en el Tepeyac, de renombre Guadalupe.

Primero se hizo ver de un indito, su nombre JuanDiego; y después se apareció su Preciosa Imagen delante del reciente obispo don fray Juan de Zumárraga. (…)

Diez años después de conquistada la ciudad de México, cuando ya estaban depuestas las flechas, los escudos, cuando por todas partes había paz en los pueblos, así como brotó, ya verdece, ya abre su corola la fe, el conocimiento de Aquél por quien se vive: el verdadero Dios.

En aquella sazón, el año 1531, a los pocos días del mes de diciembre, sucedió que había un indito, un pobre hombre del pueblo.
Su nombre era Juan Diego, según se dice, vecino de Cuauhtitlan, y en las cosas de Dios, n todo pertenecía a Tlatilolco.

Era sábado, muy de madrugada, venía en pos de Dios y de sus mandatos. 
Y al llegar cerca del cerrito llamado Tepeyac ya amanecía. 
Oyó cantar sobre el cerrito, como el canto de muchos pájaros finos; al cesar sus voces, como que les respondía el cerro, sobremanera suaves, deleitosos, sus cantos sobrepujaban al del coyoltototl y del tzinitzcan y al de otros pájaros finos.

Se detuvo a ver Juan Diego. Se dijo: ¿Por ventura soy digno, soy merecedor de lo que oigo? ¿Quizá nomás lo estoy soñando? ¿Quizá solamente lo veo como entre sueños? 
¿Dónde estoy? ¿Dónde me veo? ¿Acaso allá donde dejaron dicho los antiguos nuestros antepasados, nuestros abuelos: en la tierra de las flores, en la tierra del maíz, de nuestra carne, de nuestro sustento; acaso en la tierra celestial?

Hacia allá estaba viendo, arriba del cerrillo, del lado de donde sale el sol, de donde procedía el precioso canto celestial. 
Y cuando cesó de pronto el canto, cuando dejó de oírse, entonces oyó que lo llamaban, de arriba del cerrillo, le decían:

“JUANITO, JUAN DIEGUITO”. 
Luego se atrevió a ir a donde lo llamaban; ninguna turbación pasaba en su corazón ni ninguna cosa lo alteraba, antes bien se sentía alegre y contento por todo extremo; fue a subir al cerrillo para ir a ver de dónde lo llamaban.


Y cuando llegó a la cumbre del cerrillo, cuando lo vio una Doncella que allí estaba de pie, lo llamó para que fuera cerca de Ella. 
Y cuando llegó frente a Ella mucho admiró en qué manera sobre toda ponderación aventajaba su perfecta grandeza: 
su vestido relucía como el sol, como que reverberaba, y la piedra, el risco en el que estaba de pie, como que lanzaba rayos; el resplandor de Ella como preciosas piedra, como ajorca (todo lo más bello) parecía la tierra como que relumbraba con los resplandores del arco iris en la niebla. 
Y los mezquites y nopales y las demás hierbecillas que allí se suelen dar, parecían como esmeraldas. Como turquesa aparecía su follaje. Y su tronco, sus espinas, sus aguates, relucían como el oro.


En su presencia se postró. Escuchó su aliento, su palabra, que era extremadamente glorificadora, sumamente afable, como de quien lo atraía y estimaba mucho. 
Le dijo:

– “ESCUCHA, HIJO MÍO EL MENOR, JUANITO. ¿A DÓNDE TE DIRIGES?”


Y él le contestó:- “Mi Señora, Reina, Muchachita mía, allá llegaré, a tu casita de México Tlatilolco, a seguir las cosas de Dios que nos dan que nos enseñan quienes son las imágenes de Nuestro Señor: nuestros sacerdotes”.


En seguida, con esto dialoga con él, le descubre su preciosa voluntad; 
le dice:

“SÁBELO, TEN POR CIERTO, HIJO MÍO EL MÁS PEQUEÑO, QUE YO SOY LA PERFECTA SIEMPRE VIRGEN SANTA MARÍA, MADRE DEL VERDADERÍSIMO DIOS POR QUIEN SE VIVE, EL CREADOR DE LAS PERSONAS, EL DUEÑO DE LA CERCANÍA Y DE LA INMEDIACIÓN, EL DUEÑO DEL CIELO, EL DUEÑO DE LA TIERRA, MUCHO DESEO QUE AQUÍ ME LEVANTEN MI CASITA SAGRADA. 
EN DONDE LO MOSTRARÉ, LO ENSALZARÉ AL PONERLO DE MANIFIESTO: 
LO DARÉ A LAS GENTES EN TODO MI AMOR PERSONAL, EN MI MIRADA COMPASIVA, EN MI AUXILIO, EN MI SALVACIÓN: 
PORQUE YO EN VERDAD SOY VUESTRA MADRE COMPASIVA, 
TUYA Y DE TODOS LOS HOMBRES QUE EN ESTA TIERRA ESTÁIS EN UNO, 
Y DE LAS DEMÁS VARIADAS ESTIRPES DE HOMBRES, MIS AMADORES, LOS QUE A MÍ CLAMEN, LOS QUE ME BUSQUEN, LOS QUE CONFÍEN EN MÍ, 
PORQUE ALLÍ LES ESCUCHARÉ SU LLANTO, SU TRISTEZA, PARA REMEDIAR PARA CURAR TODAS SUS DIFERENTES PENAS, SUS MISERIAS, SUS DOLORES. 
Y PARA REALIZAR LO QUE PRETENDE MI COMPASIVA MIRADA MISERICORDIOSA, ANDA AL PALACIO DEL OBISPO DE MÉXICO, Y LE DIRÁS QUE CÓMO YO TE ENVÍO, PARA QUE LE DESCUBRAS CÓMO MUCHO DESEO QUE AQUÍ ME PROVÉA DE UNA CASA, ME ERIJA EN EL LLANO MI TEMPLO; TODO LE CONTARÁS, CUANTO HAS VISTO Y ADMIRADO, Y LO QUE HAS OÍDO. 
Y TEN POR SEGURO QUE MUCHO LO AGRADECERÉ Y LO PAGARÉ, 
QUE POR ELLO TE ENRIQUECERÉ, TE GLORIFICARÉ; 
Y MUCHO DE ALLÍ MERECERÁS CON QUE YO RETRIBUYA TU CANSANCIO, TU SERVICIO CON QUE VAS A SOLICITAR EL ASUNTO AL QUE TE ENVÍO. 
YA HAS OÍDO, HIJO MÍO EL MENOR, MI ALIENTO MI PALABRA; ANDA, HAZ LO QUE ESTÉ DE TU PARTE”.

E inmediatamente en su presencia se postró; le dijo:

– “Señora mía, Niña, ya voy a realizar tu venerable aliento, tu venerable palabra; por ahora de Ti me aparto, yo, tu pobre indito”.

Luego vino a bajar para poner en obra su encomienda: vino a encontrar la calzada, viene derecho a México.

Cuando vino a llegar al interior de la ciudad, luego fue derecho al palacio del obispo, que muy recientemente había llegado, gobernante sacerdote; su nombre era D. Fray Juan de Zumárraga, sacerdote de San Francisco. 
Y en cuanto llegó luego hace el intento de verlo, les ruega a sus servidores, a sus ayudantes, que vayan a decírselo; 
después de pasado largo rato vinieron a llamarlo, cuando mandó el señor obispo que entrara. 
Y en cuanto entró, luego ante él se arrodilló, se postró, luego ya le descubre, le cuenta el precioso aliento, la preciosa palabra de la Reina del Cielo, su mensaje, y también le dice todo lo que admiró lo que vio, lo que oyó. 
Y habiendo escuchado toda su narración, su mensaje, como que no mucho lo tuvo por cierto, 
le respondió, le dijo:

-“Hijo mío, otra vez vendrás, aun con calma te oiré, bien aun desde el principio miraré, consideraré la razón por la que has venido, tu voluntad, tu deseo”.

Salió; venía triste porque no se realizó de inmediato su encargo. 
Luego se volvió, al terminar el día , luego de allá se vino derecho a la cumbre del cerrillo, 
y tuvo la dicha de encontrar a la Reina del Cielo: allí cabalmente donde la primera vez se le apareció, lo estaba esperando.

Y en cuanto la vio, ante Ella se postró, se arrojó por tierra, le dijo: 
”Patroncita, Señora, Reina, Hija mía la más pequeña, mi Muchachita, ya fui a donde me mandaste a cumplir tu amable aliento, tu amable palabra; aunque difícilmente entré a donde es el lugar del gobernante sacerdote, lo vi, ante él expuse tu aliento, tu palabra, como me lo mandaste. 
Me recibió amablemente y lo escuchó perfectamente, pero, por lo que me respondió, como que no lo entendió, no lo tiene por cierto.


Me dijo: “Otra vez vendrás; aun con calma te escucharé, bien aun desde el principio veré por lo que has venido, tu deseo, tu voluntad”. 
Bien en ello miré, según me respondió, que piensa que tu casa que quieres que te hagan aquí, tal vez yo nada más lo invento, o que tal vez no es de tus labios; 
mucho te suplico, Señora mía; Reina, Muchachita mía, que a alguno de los nobles, estimados, que sea conocido, respetado, honrado, le encargues que conduzca, que lleve tu amable aliento, tu amable palabra para que le crean. 
Porque en verdad yo soy un hombre del campo, soy mecapal, soy parihuela, soy cola, soy ala; yo mismo necesito ser conducido, llevado a cuestas, no es lugar de mi andar ni de mí detenerme allá a donde me envías, Virgencita mía, Hija mía menor, Señora, Niña; 
por favor dispénsame: afligiré con pena tu rostro, tu corazón; iré a caer en tu enojo, en tu disgusto, Señora Dueña mía”. 
Le respondió la perfecta Virgen, digna de honra y veneración:

“ESCUCHA, EL MÁS PEQUEÑO DE MIS HIJOS, TEN POR CIERTO QUE NO SON ESCASOS MIS SERVIDORES, MIS MENSAJEROS, A QUIENES ENCARGUÉ QUE LLEVEN MI ALIENTO MI PALABRA, PARA QUE EFECTÚEN MI VOLUNTAD; 
PERO ES MUY NECESARIO QUE TÚ, PERSONALMENTE, VAYAS, RUEGUES, QUE POR TU INTERCESIÓN SE REALICE, SE LLEVE A EFECTO MI QUERER, MI VOLUNTAD. 
Y, MUCHO TE RUEGO, HIJO MÍO EL MENOR, Y CON RIGOR TE MANDO, QUE OTRA VEZ VAYAS MAÑANA A VER AL OBISPO. 
Y DE MI PARTE HAZLE SABER, HAZLE OÍR MI QUERER, MI VOLUNTAD, PARA QUE REALICE, HAGA MI TEMPLO QUE LE PIDO. 
Y BIEN, DE NUEVO DILE DE QUÉ MODO YO, PERSONALMENTE, LA SIEMPRE VIRGEN SANTA MARÍA, YO, QUE SOY LA MADRE DE DIOS, TE MANDO”.

Juan Diego, por su parte, le respondió, le dijo:

– “Señora mía, Reina, Muchachita mía, que no angustie yo con pena tu rostro, tu corazón; con todo gusto iré a poner por obra tu aliento, tu palabra; de ninguna manera lo dejaré de hacer, ni estimo por molesto el camino. 
Iré a poner en obra tu voluntad, pero tal vez no seré oído, y si fuere oído quizás no seré creído. 
Mañana en la tarde, cuando se meta el sol, vendré a devolver a tu palabra, a tu aliento, lo que me responda el gobernante sacerdote. 
Ya me despido de Ti respetuosamente, Hija mía la más pequeña, Jovencita, Señora, Niña mía, descansa otro poquito.

Y luego se fue él a su casa a descansar. 
Al día siguiente, domingo, bien todavía en la nochecilla, todo aún estaba oscuro, de allá salió, de su casa, se vino derecho a Tlatilolco, vino a saber lo que pertenece a Dios y a ser contado en lista; luego para ver al señor obispo. 
Y a eso de las diez fue cuando ya estuvo preparado: se había oído misa y se había nombrado lista y se había dispersado la multitud.

Y Juan Diego luego fue al palacio del señor obispo. 
Y en cuanto llegó hizo toda la lucha por verlo, y con mucho trabajo otra vez lo vio; 
a sus pies se hincó, lloró, se puso triste al hablarle, al descubrirle la palabra, el aliento de la Reina del Cielo, 
que ojalá fuera creída la embajada, la voluntad de la Perfecta Virgen, de hacerle, de erigirle su casita sagrada, en donde había dicho, en donde la quería 
Y el gobernante obispo muchísimas cosas le preguntó, le investigó, para poder cerciorarse, dónde la había visto, cómo era Ella; todo absolutamente se lo contó al señor obispo. 
Y aunque todo absolutamente se lo declaró, y en cada cosa vio, admiró que aparecía con toda claridad que Ella era la Perfecta Virgen, la Amable, Maravillosa Madre de Nuestro Salvador Nuestro Señor Jesucristo, 
sin embargo, no luego se realizó.

Dijo que no sólo por su palabra, su petición se haría, se realizaría lo que él pedía, 
que era muy necesaria alguna otra señal para poder ser creído cómo a él lo enviaba la Reina del Cielo en persona. 
Tan pronto como lo oyó Juan Diego, le dijo al obispo: 
”Señor gobernante, considera cuál será la señal que pides, porque luego iré a pedírsela a la Reina del Cielo que me envió”.

Y habiendo visto el obispo que ratificaba, que en nada vacilaba ni dudaba, luego lo despacha. 
Y en cuanto se viene, luego le manda a algunos de los de su casa en los que tenía absoluta confianza, que lo vinieran siguiendo, que bien lo observaran a dónde iba, a quién veía, con quién hablaba. 
Y así se hizo.

Y Juan Diego luego se vino derecho. Siguió la calzada. 
Y los que lo seguían, donde sale la barranca cerca del Tepeyac, en el puente de madera lo vinieron a perder. Y aunque por todas partes buscaron, ya por ninguna lo vieron. 
Y así se volvieron. No sólo porque con ello se fastidiaron grandemente, sino también porque les impidió su intento, los hizo enojar.


Así le fueron a contar al señor obispo, le metieron en la cabeza que no le creyera, le dijeron cómo nomás le contaba mentiras, que nada más inventaba lo que venía a decirle, o que sólo soñaba o imaginaba lo que le decía, lo que le pedía. 
Y bien así lo determinaron que si otra vez venía, regresaba, allí lo agarrarían, y fuertemente lo castigarían, para que ya no volviera a decir mentiras ni a alborotar a la gente.

Entre tanto, Juan Diego estaba con la Santísima Virgen, diciéndole la respuesta que traía del señor obispo; 
la que, oída por la Señora, le dijo:

“BIEN ESTÁ, HIJITO MÍO, VOLVERÁS AQUÍ MAÑANA PARA QUE LLEVES AL OBISPO LA SEÑAL QUE TE HA PEDIDO; 
CON ESO TE CREERÁ Y ACERCA DE ESTO YA NO DUDARÁ NI DE TI SOSPECHARÁ; 
Y SÁBETE, HIJITO MÍO, QUE YO TE PAGARÉ TU CUIDADO Y EL TRABAJO Y CANSANCIO QUE POR MI HAS EMPRENDIDO; 
EA, VETE AHORA; QUE MAÑANA AQUÍ TE AGUARDO”.

Y al día siguiente, lunes, cuando debía llevar Juan Diego alguna señal para ser creído, ya no volvió. 
Porque cuando fue a llegar a su casa, a un su tío, de nombre Juan Bernardino, se le había asentado la enfermedad, estaba muy grave. 
Aun fue a llamarle al médico, aún hizo por él, pero ya no era tiempo, ya estaba muy grave. 
Y cuando anocheció, le rogó su tío que cuando aún fuere de madrugada, cuando aún estuviere oscuro, saliera hacia acá, viniera a llamar a Tlatilolco algún sacerdote para que fuera a confesarlo, para que fuera a prepararlo, 
porque estaba seguro de que ya era el tiempo, ya el lugar de morir, porque ya no se levantaría, ya no se curaría.


Y el martes, siendo todavía mucho muy de noche, de allá vino a salir, de su casa, Juan Diego, a llamar el sacerdote a Tlatilolco, 
y cuando ya acertó a llegar al lado del cerrito terminación de la sierra, al pie, donde sale el camino, de la parte en que el sol se mete, en donde antes él saliera, dijo: 
”Si me voy derecho por el camino, no vaya a ser que me vea esta Señora y seguro, como antes, me detendrá para que le lleve la señal al gobernante eclesiástico como me lo mandó; 
que primero nos deje nuestra tribulación; que antes yo llame de prisa al sacerdote religioso, mi tío no hace más que aguardarlo”. 
En seguida le dio la vuelta al cerro, subió por en medio y de ahí atravesando, hacia la parte oriental fue a salir, para rápido ir a llegar a México, para que no lo detuviera la Reina del Cielo. 
Piensa que por donde dio la vuelta no lo podrá ver la que perfectamente a todas partes está mirando. 
La vio cómo vino a bajar de sobre el cerro, y que de allí lo había estado mirando, de donde antes lo veía. 
Le vino a salir al encuentro a un lado del cerro, le vino a atajar los pasos; le dijo:

“¿QUÉ PASA, EL MÁS PEQUEÑO DE MIS HIJOS? ¿A DÓNDE VAS, A DÓNDE TE DIRIGES?”:

Y él, ¿tal vez un poco se apenó, o quizá se avergonzó? ¿o tal vez de ello se espantó, se puso temeroso? 
En su presencia se postró, la saludó, le dijo:

-
”Mi Jovencita, Hija mía la más pequeña, Niña mía, ojalá que estés contenta; ¿cómo amaneciste? ¿Acaso sientes bien tu amado cuerpecito, Señora mía, Niña mía? 
Con pena angustiaré tu rostro, tu corazón: te hago saber, Muchachita mía, que está muy grave un servidor tuyo, tío mío. 
Una gran enfermedad se le ha asentado, seguro que pronto va a morir de ella. 
Y ahora iré de prisa a tu casita de México, a llamar a alguno de los amados de Nuestro Señor, de nuestros sacerdotes, para que vaya a confesarlo y a prepararlo, 
porque en realidad para ello nacimos, los que vinimos a esperar el trabajo de nuestra muerte. 
Más, si voy a llevarlo a efecto, luego aquí otra vez volveré para ir a llevar tu aliento, tu palabra, Señora, Jovencita mía. 
Te ruego me perdones, tenme todavía un poco de paciencia, porque con ello no te engaño, Hija mía la menor, Niña mía, mañana sin falta vendré a toda prisa”. 
En cuanto oyó las razones de Juan Diego, le respondió la Piadosa Perfecta Virgen:

“ESCUCHA, PONLO EN TU CORAZÓN, HIJO MÍO EL MENOR, QUE NO ES NADA LO QUE TE ESPANTÓ, LO QUE TE AFLIGIÓ, QUE NO SE PERTURBE TU ROSTRO, TU CORAZÓN; NO TEMAS ESTA ENFERMEDAD NI NINGUNA OTRA ENFERMEDAD, NI COSA PUNZANTE, AFLICTIVA. 
¿NO ESTOY AQUÍ, YO, QUE SOY TU MADRE? ¿NO ESTÁS BAJO MI SOMBRA Y RESGUARDO? ¿NO SOY, YO LA FUENTE DE TU ALEGRÍA? ¿NO ESTÁS EN EL HUECO DE MI MANTO, EN EL CRUCE DE MIS BRAZOS? ¿TIENES NECESIDAD DE ALGUNA OTRA COSA?. 
QUE NINGUNA OTRA COSA TE AFLIJA, TE PERTURBE; QUE NO TE APRIETE CON PENA LA ENFERMEDAD DE TU TÍO, PORQUE DE ELLA NO MORIRÁ POR AHORA. TEN POR CIERTO QUE YA ESTÁ BUENO”

(Y luego en aquel mismo momento sanó su tío, como después se supo): 
Y Juan Diego, cuando oyó la amable palabra, el amable aliento de la Reina del Cielo, muchísimo con ello se consoló, bien con ello se apaciguó su corazón, 
y le suplicó que inmediatamente lo mandara a ver al gobernador obispo, a llevarle algo de señal, de comprobación, para que creyera 
la Reina Celestial luego le mandó que subiera a la cumbre del cerrillo, en donde antes la veía;

Le dijo: “SUBE, HIJO MÍO EL MENOR, A LA CUMBRE DEL CERRILLO, A DONDE ME VISTE Y TE DI ÓRDENES 
ALLÍ VERÁS QUE HAY VARIADAS FLORES: CÓRTALAS, REÚNELAS, PONLAS TODAS JUNTAS; LUEGO, BAJA AQUÍ; TRÁELAS AQUÍ, A MI PRESENCIA.

Y Juan Diego luego subió al cerrillo, 
y cuando llegó a la cumbre, mucho admiró cuantas había florecidas, abiertas sus corolas, flores las más variadas, bellas y hermosas, cuando todavía no era su tiempo: 
porque de veras que en aquella sazón arreciaba el hielo; 
estaban difundiendo un olor suavísimo; como perlas preciosas, como llenas de rocío nocturno. 
Luego comenzó a cortarlas,, todas las juntó, las puso en el hueco de su tilma.


Por cierto que en la cumbre del cerrito no era lugar en que se dieran ningunas flores, sólo abundan los riscos, abrojos, espinas; nopales, mezquites, 
y si acaso algunas hierbecillas se solían dar, entonces era el mes de diciembre, en que todo lo come, lo destruye el hielo. 
Y en seguida vino a bajar, vino a traerla a la Niña Celestial las diferentes flores que había ido a cortar, 
y cuando las vio, con sus venerables manos las tomó; 
luego otra vez se las vino a poner todas juntas en el hueco de su ayate, le dijo:

“MI HIJITO MENOR, ESTAS DIVERSAS FLORES SON LA PRUEBA, LA SEÑAL QUE LLEVARÁS AL OBISPO; 
DE MI PARTE LE DIRÁS QUE VEA EN ELLAS MI DESEO, Y QUE POR ELLO REALICE MI QUERER, MI VOLUNTAD. 
Y TÚ…, TÚ QUE ERES MI MENSAJERO…., EN TI ABSOLUTAMENTE SE DEPOSITA LA CONFIANZA; 
Y MUCHO TE MANDO, CON RIGOR QUE NADA MÁS A SOLAS EN LA PRESENCIA DEL OBISPO EXTIENDAS TU AYATE, Y LE ENSEÑES LO QUE LLEVAS. 
Y LE CONTARÁS TODO PUNTUALMENTE LE DIRÁS QUE TE MANDÉ QUE SUBIERAS A LA CUMBRE DEL CERRITO A CORTAR FLORES, Y CADA COSA QUE VISTE Y ADMIRASTE, 
PARA QUE PUEDAS CONVENCER AL GOBERNANTE SACERDOTE, PARA QUE LUEGO PONGA LO QUE ESTÁ DE SU PARTE PARA QUE SE HAGA, SE LEVANTE MI TEMPLO QUE LE HE PEDIDO”.

Y en cuanto le dio su mandato la Celestial Reina, vino a tomar la calzada, viene derecho a México, ya viene contento. 
Ya así viene sosegado su corazón, porque vendrá a salir bien, lo llevará perfectamente.


Mucho viene cuidando lo que está en el hueco de su vestidura, no vaya a ser que algo tire; 
viene disfrutando del aroma de las diversas preciosas flores. 
Cuando vino a llegar al palacio del obispo, lo fueron a encontrar el portero y los demás servidores del sacerdote gobernante, 
y les suplicó que le dijeran cómo deseaba verlo, pero ninguno quiso, fingían que no le entendían, o tal vez porque aún estaba muy oscuro, 
o tal vez porque ya lo conocían que nomás los molestaba, los importunaba, 
y ya les habían contado sus compañeros, los que lo fueron a perder de vista cuando lo fueron siguiendo.

Durante muchísimo rato estuvo esperando la razón. 
Y cuando vieron que por muchísimo rato estuvo allí, de pie, cabizbajo, sin hacer nada, por si era llamado, y como que algo traía, lo llevaba en el hueco de su tilma; luego pues, se le acercaron para ver qué traía y desengañarse. 
Y cuando vio Juan Diego que de ningún modo podía ocultarles lo que llevaba y que por eso lo molestarían, lo empujarían o tal vez lo aporrearían, un poquito les vino a mostrar que eran flores.


Y cuando vieron que todas eran finas, variadas flores y que no era tiempo entonces de que se dieran, las admiraron muy mucho, lo frescas que estaban, lo abiertas que tenían sus corolas, lo bien que olían, lo bien que parecían 
Y quisieron coger y sacar unas cuantas; 
tres veces sucedió que se atrevieron a cogerlas, pero de ningún modo pudieron hacerlo, 
porque cuando hacían el intento ya no podían ver las flores, sino que, a modo de pintadas, o bordadas, o cosidas en la tilma las veían. 
Inmediatamente fueron a decirle al gobernante obispo lo que habían visto, 
cómo deseaba verlo el indito que otras veces había venido, y que ya hacía muchísimo rato que estaba allí aguardando el permiso, porque quería verlo.


Y el gobernante obispo, en cuando lo oyó, dio en la cuenta de que aquello era la prueba para convencerlo, para poner en obra lo que solicitaba el hombrecito. 
Enseguida dio orden de que pasara a verlo. 
Y habiendo entrado, en su presencia se postró, como ya antes lo había hecho. 
Y de nuevo le contó lo que había visto, admirado, y su mensaje. 
Le dijo:

-”Señor mío, gobernante, ya hice, ya llevé a cabo según me mandaste; 
así fui a decirle a la Señora mi Ama, la Niña Celestial, Santa María, la Amada Madre de Dios, que pedías una prueba para poder creerme, para que le hicieras su casita sagrada, en donde te la pedía que la levantaras; 
y también le dije que te había dado mi palabra de venir a traerte alguna señal, alguna prueba de su voluntad, como me lo encargaste.


Y escuchó bien tu aliento, tu palabra, y recibió con agrado tu petición de la señal, de la prueba, para que se haga, se verifique su amada voluntad. 
Y ahora, cuando era todavía de noche, me mandó para que otra vez viniera a verte; 
y le pedí la prueba para ser creído, según había dicho que me la daría, e inmediatamente lo cumplió. 
Y me mandó a la cumbre del cerrito en donde antes yo la había visto, para que allí cortara diversas rosas de Castilla. 
Y cuando las fui a cortar, se las fui a llevar allá abajo; 
y con sus santas manos las tomó, 
de nuevo en el hueco de mi ayate las vino a colocar, 
para que te las viniera a traer, para que a ti personalmente te las diera. 
Aunque bien sabía yo que no es lugar donde se den flores la cumbre del cerrito, porque sólo hay abundancia de riscos, abrojos, huizaches, nopales, mezquites, no por ello dudé, no por ello vacilé. 
Cuando fui a llegar a la cumbre del cerrito miré que ya era el paraíso. 
Allí estaban ya perfectas todas las diversas flores preciosas, de lo más fino que hay, llenas de rocío, esplendorosas, de modo que luego las fui a cortar; 
y me dijo que de su parte te las diera, y que ya así yo probaría, que vieras la señal que le pedías para realizar su amada voluntad, 
y para que aparezca que es verdad mi palabra, mi mensaje,, 
Aquí las tienes, hazme favor de recibirlas.”

Y luego extendió su blanca tilma , en cuyo hueco había colocado las flores. 
Y así como cayeron al suelo todas las variadas flores preciosas, 
luego allí se convirtió en señal, se apareció de repente la Amada Imagen de la Perfecta Virgen Santa María, Madre de Dios, en la forma y figura en que ahora está, 
en donde ahora es conservada en su amada casita, en su sagrada casita en el Tepeyac, que se llama Guadalupe. 
Y en cuanto la vio el obispo gobernante y todos los que allí estaban, se arrodillaron, mucho la admiraron, 
se pusieron de pie para verla, se entristecieron, se afligieron, suspenso el corazón, el pensamiento…..

Y el obispo gobernante con llanto, con tristeza, le rogó, le pidió perdón por no luego haber realizado su voluntad, su venerable aliento, su venerable palabra, 
y cuando se puso de pie, desató del cuello de donde estaba atada, la vestidura, la tilma de Juan Diego en la que se apareció, en donde se convirtió en señal la Reina Celestial,


Y luego la llevó; allá la fue a colocar a su oratorio. 
Y todavía allí pasó un día Juan Diego en la casa del obispo, aún lo detuvo. 
Y al día siguiente le dijo:

– “Anda, vamos a que muestres dónde es la voluntad de la Reina del Cielo que le erijan su templo. 
De inmediato se convidó gente para hacerlo, levantarlo,

Y Juan Diego, en cuanto mostró en dónde había mandado la Señora del Cielo que se erigiera su casita sagrada, luego pidió permiso: 
quería ir a su casa para ir a ver a su tío Juan Bernardino, que estaba muy grave cuando lo dejó para ir a llamar a un sacerdote a Tlatilolco para que lo confesara y lo dispusiera, de quien le había dicho la Reina del Cielo que ya había sanado. 
Pero no lo dejaron ir solo, sino que lo acompañaron a su casa.


Y al llegar vieron a su tío que ya estaba sano, absolutamente nada le dolía. 
Y él, por su parte, mucho admiró la forma en que su sobrino era acompañado y muy honrado; 
le preguntó a su sobrino por qué así sucedía, el que mucho le honraran; 
Y él le dijo cómo cuando lo dejó para ir a llamarle un sacerdote para que lo confesara, lo dispusiera, allá en el Tepeyac se le apareció la Señora del Cielo; 
y lo mandó a México ver al gobernante obispo, para que allí le hiciera una casa en el Tepeyac. 
Y le dijo que no se afligiera, que ya su tío estaba contento, y con ello mucho se consoló. 
Le dijo su tío que era cierto, que en aquel preciso momento lo sanó, 
y la vio exactamente en la misma forma en que se le había aparecido a su sobrino, 
le dijo cómo a él también lo había enviado a México a ver al obispo; 
y que también, cuando fuera a verlo, que todo absolutamente le descubriera, le platicara lo que había visto 
y la manera maravillosa en que lo había sanado, 
y que bien así la llamaría bien así se nombraría; LA PERFECTA VIRGEN SANTA MARIA DE GUADALUPE, su Amada Imagen. 
Y luego trajeron a Juan Bernardino a la presencia del gobernante obispo, lo trajeron a hablar con él a dar testimonio, 
y junto con su sobrino Juan Diego, los hospedó en su casa el obispo unos cuantos días, 
en tanto que se levantó la casita sagrada de la Niña Reina allá en el Tepeyac,; donde se hizo ver de Juan Diego.

Y el señor obispo trasladó a la Iglesia Mayor la amada Imagen de la Amada Niña Celestial. 
La vino a sacar de su palacio, de su oratorio en donde estaba, para que todos la vieran la admiraran, su amada Imagen.

Y absolutamente toda esta ciudad, sin faltar nadie, se estremeció cuando vino a ver a admirar su preciosa Imagen. 
Venían a reconocer su carácter divino. 
Venían a presentarle sus plegarias. 
Muchos admiraron en qué milagrosa manera se había aparecido, 
puesto que absolutamente ningún hombre de la tierra pintó su amada Imagen.

Sobre la Virgen de Guadalupe:

Tomado de:

LA MARAVILLOSA IMAGEN DE LA VIRGEN DE GUADALUPE

La maravillosa imagen de la Virgen de Guadalupe tuvo su origen en las apariciones de María al indio Juan Diego.

POR: SILVIA EUGENIA RUIZ BACHILLER, ver condiciones de (c) al final

(Algunas aclaraciones mías están en cursivas, los subtítulos y el espaciado son míos, el resto es textual, como fue escrito).

Imagen de la Virgen de Guadalupe en la tilma de Juan Diego
Imagen de la Virgen de Guadalupe en la tilma de Juan Diego

LA IMAGEN QUEDA ESTAMPADA EN LA TILMA DE JUAN DIEGO

La Virgen, para darle una prueba al obispo de que era ella quien se aparecía, le mandó a Juan Diego llevarle unas rosas que crecieron en la cima del Tepeyac en pleno diciembre, fuera de estación. Cuando Juan Diego le mostró las rosas al obispo, quedó milagrosamente impresa la imagen de María en la tilma o manto del indio.

Era el 12 de diciembre de 1531.

EL MANTO O TILMA DE JUAN DIEGO, MEDIDAS Y CARACTERÍSTICAS

El manto estaba hecho de ayate, una fibra vegetal de una de las 175 especies de agave: la llamada agave potule Zacc.

El manto actual mide 1.70 metros de largo por 1.05 de ancho. En cuanto a la imagen de la Virgen en sí, mide 1.43 m. desde la cabeza de la Virgen, hasta el ángel que aparece a sus pies.

Este manto o tilma era el que usaban normalmente los aztecas en forma de manta sencilla que se anudaba sobre el hombro derecho.

En otros escritos dice: se amarraba sobre el hombro izquierdo.  A mí me parece más lógico que se amarrara sobre el hombro derecho, dejando este brazo libre y no el izquierdo, si se amarrara sobre este hombro.

CARACTERÍSTICAS DE LA TILMA DE JUAN DIEGO Y DE LA IMAGEN

En la gente sencilla no solía pasar de las rodillas. El manto original de Juan Diego tenía y tiene una costura que le quedaba en medio a la Virgen, pero ella, para evitarla, inclinó el rostro.

La tela presenta muchas imperfecciones, principalmente nudos, pero estos fueron aprovechados para dar efectos de tercera dimensión. Es notable, especialmente, el del labio inferior que le presta, carnosidad y viveza.

ÁNGEL A LOS PIES DE LA VIRGEN DE GUADALUPE

La imagen actual de la Virgen de Guadalupe tiene un ángel a sus pies. Las alas del ángel con rostro indio son de color blanco, rojo y azul, tienen relación con el Cosmos, como si María fuera la Reina del Cosmos.

LA LUNA

Sobre el ángel está la luna. La Virgen está al centro de la luna o, como decían los indios, en el ombligo de la luna. Precisamente, la palabra México en náhuatl viene de Metzli (luna) y Xictli (ombligo o centro), lo que quiere decir que María está en México, que es el centro de la luna.

LA TÚNICA, LAS FLORES (QUINCUNCE( Y LA CINTA)

El brocado sobre la túnica de la Virgen presenta plantas de flores mexicanas. En su seno hay un jazmín de cuatro pétalos, que simboliza al Sol, como diciendo que María es una señora que lleva en su seno al Sol divino, pues se ve claramente que está encinta. Lleva un lazo en la cintura, elevado hasta el pecho, mostrando estar embarazada. La cinta negra alrededor de la cintura es una prenda que usaban las mujeres aztecas, cuando estaban embarazadas.

COLOR TURQUESA DEL MANTO

Por otra parte, el color del manto de María es turquesa, color propio y exclusivo de los emperadores (según las costumbres aztecas), porque ella es una reina.

Con relación a las estrellas del manto son 46, 22 en el lado derecho y 24 en el izquierdo. De esta manera, manifiesta a los indígenas que ella es más poderosa que las estrellas a las que adoraban los aztecas.

Más adelante se verán análisis científicos de la imagen.

RAYOS DEL SOL

Alrededor de la imagen hay 129 rayos de Sol, porque ella, al llevar al Sol divino, está radiante y brillante como el Sol. Se asemeja a la Virgen gloriosa del capítulo 12 del Apocalipsis, donde se habla de la mujer envuelta en el Sol, con la luna bajo sus pies, coronada de doce estrellas y que estaba encinta (Ap 12, 1-2).

BROCHE CON LA CRUZ

El broche con la cruz, que tiene al cuello, indica que ella nos trae a Cristo crucificado, la religión de los españoles.

Eso quisieron representar los españoles, pero les dio mejor resultado debido a las creencias anteriores de los aztecas,

ver

https://serunserdeluz.wordpress.com/2013/09/29/la-imagen-de-la-virgen-de-guadalupe-historia-pruebas-segunda-parte/

Aunque al parecer, después de varios años, los españoles sí conocían a fondo las creencias aztecas (contrario a lo que ahí menciono), más adelante se verá por qué lo digo.

ESTRELLAS

Es interesante anotar que en las 46 estrellas del manto de la Virgen se sobreponen 15 constelaciones: Boyero, Cabellera de Berenice, Perros de caza, Osa menor, Dragón, Toro, Ofiuco, Escorpión, Libra, Hidra, Lobo, Centauro, Cruz del Sur, Can menor.

CONSTELACIONES INVERTIDAS (¿COMO EN UNA FOTOGRAFÍA?)

Las constelaciones están invertidas como si alguien las viera, no desde la tierra como las vemos nosotros, poniendo la Tierra como centro. Están plasmadas como vistas por fuera de la bóveda celeste (desde qué punto de vista si no era desde la Tierra?).

Sobre la imagen de la tilma de Juan Diego, se colocó un mapa celeste invertido y el resultado fue que las estrellas del cielo invernal coinciden con la posición de las estrellas del manto. Y marcan la fecha de la última aparición del 12 diciembre, el día del solsticio del invierno.

Cuando se apareció la Virgen de Guadalupe aún se usaba el calendario Juliano, con diferencia de varios días con el calendario Gregoriano, que es el que usamos ahora y con el que el solsticio de invierno ocurre el 21 de Diciembre.

INVESTIGACIÓN ASTRONÓMICA

El doctor Hernández Illescas estudió la posición de las estrellas en el altiplano de México aquel 12 de diciembre de 1531. Y comprobó que todas las estrellas del manto de la Virgen, corresponden a las principales estrellas de las constelaciones de aquellos días. Este estudio ha sido publicado por el Doctor Hernández Illescas en su libro Las estrellas del manto de la Virgen de Guadalupe.

Sus investigaciones las realizó con el telescopio del Observatorio La Place de México con el que realizó sus observaciones en colaboración con el Instituto de Astronomía de la universidad nacional de México.

MILAGROSA CONSERVACIÓN DEL AYATE (TILMA) DE JUAN DIEGO

Por otra parte, una de las cosas que más llama la atención de los científicos es la milagrosa conservación de la tela. El tejido de ayate se desmorona normalmente en 20 años como se ha comprobado en repetidas reproducciones.

Durante los primeros 116 años, estuvo la imagen expuesta directamente a los fieles, a la humedad del ambiente, especialmente en México.

En esa zona del Valle de México, donde se encuentra el cerro del Tepeyac, donde se apareció la Virgen de Guadalupe y donde (cerca de ese lugar) se han construido las sucesivas iglesias en su honor, es una zona muy húmeda y salitrosa, lo que hace más difícil la conservación de una tela expuesta a las inclemencias del clima, aún dentro de 4 paredes y un techo.

El lienzo de ayate de la imagen estuvo mucho tiempo sufriendo la continua frotación de millares de estampas, lienzos, láminas, medallas, rosarios, muletas, bastones, distintivos, escapularios y manos que tocaban la imagen; que, aunque hubiera sido hecha de bronce, si no fuera por causa sobrenatural, ya se encontraría borrada, rota y destruida.

En el Vaticano hay una estatua de San Pedro, cuyo pie los fieles tocan y besan, de tal manera que ya está totalmente deformada ¡y es de mármol!

¡Y pensar que en nuestros días para conservar las obras maestras del arte y para que no se alteren las pinturas, el Museo británico recomienda: un 60% de humedad relativa a 60 grados Fahrenheit, salas no muy grandes para evitar la contaminación atmosférica, fumigaciones adecuadas, control continuo de la temperatura y de la ventilación, etc.

PRIMER CRISTAL PROTECTOR

Recordemos que el primer cristal para proteger la imagen llegó de España en 1647; era un cristal dividido en dos partes. En 1766, el duque de Alburquerque mandó un nuevo cristal de una sola pieza.

EL AYATE ES INCORRUPTIBLE

Algo sorprendente también es que la tela parece incorruptible, pues rechaza el polvo y otros elementos extraños, que no se encuentran en la tela, mientras que aparecen en todos los rincones, cuando se abre el cristal donde se encuentra protegida.

NICAN MOPOHUA (OTRA VERSIÓN/TRADUCCIÓN DEL NÁHUATL)

Veamos ahora cómo describe la imagen de la Virgen el Nican Mopohua, escrito hacia 1545-1550, por Antonio Valeriano:

La manta en que se apareció milagrosamente la imagen de la Señora del cielo era el abrigo de Juan Diego…

Este precioso ayate en que se apareció la siempre Virgen Nuestra Reina es de dos piezas, pegadas y cosidas con hilo blando.

Está tan alta la bendita imagen que empezando en la planta del pie hasta llegar a la coronilla tiene seis jemes y uno de mujer.

Su hermoso rostro es muy grave y noble, un poco moreno.

Su precioso busto aparece humilde: están sus manos juntas sobre el pecho, hacia donde empieza la cintura. Es morado su cinto.

Solamente su pie derecho descubre un poco la punta de su calzado color de ceniza.

Su ropaje es de color rosado, que en sombras parece bermejo y está bordado con diferentes flores, todas en botón y con bordes dorados.

Prendido de su cuello está un anillo dorado, con rayas negras alrededor de las orillas, y en medio una cruz.

Además, de adentro asoma otro vestido blanco y blando, que ajusta bien en las muñecas y tiene deshilado el extremo.

Su velo, por fuera, es azul celeste; sienta bien en su cabeza; para nada cubre su rostro y cae hasta sus pies, ciñéndose un poco por en medio. Tiene toda su franja dorada, que es algo ancha, y estrellas de oro por dondequiera, las cuales son 46.

Su cabeza se inclina hacia la derecha y encima sobre su velo está una corona de oro, de figuras ahusadas hacia arriba y anchas abajo.

A sus pies está la luna, cuyos cuernos van hacia arriba. Se yergue exactamente en medio de ellos y de igual manera aparece en medio del Sol, cuyos rayos la siguen y rodean por todas partes. Son cien los resplandores de oro; unos muy largos, otros pequeñitos y con figuras de llamas: doce circundan su rostro y cabeza; y son por todos 50, los que salen de cada lado.

Esta preciosa imagen va corriendo sobre un ángel, que medianamente acaba en la cintura, en cuanto descubre; y nada de él aparece hacia sus pies, como que está metido en la nube.

Acabándose los extremos del ropaje y del velo de la Señora del Cielo, que caen muy bien en sus pies, el ángel los coge en sus manos por ambos lados. Su ropa (del ángel) es de color bermejo, a la que se adhiere un cuello dorado y sus alas desplegadas son de plumas ricas, largas y verdes, y de otras diferentes. Las manos del ángel van llevando (a la Virgen) y al parecer está muy contento de conducir así a la Reina del Cielo.

OTROS ENLACES SOBRE LA VIRGEN DE GUADALUPE

http://aquevineadondevoy.wordpress.com/2013/09/23/virgen-de-guadalupe-visualizacion-testimonial/

http://aquevineadondevoy.wordpress.com/2013/09/12/entrevista-a-konstantine-korotov-1a-parte-videos-traducidos-al-espanol/

http://aquevineadondevoy.wordpress.com/2013/09/07/konstantin-korotkov-el-cientifico-ruso-que-fotografio-el-alma-dejando-el-cuerpo/

http://aquevineadondevoy.wordpress.com/2013/09/14/aura-halo-aureola-o-nimbo-se-conocia-desde-la-antiguedad/

http://aquevineadondevoy.wordpress.com/2013/09/26/la-imagen-de-la-virgen-de-guadalupe-historia-y-pruebas-primera-parte/

http://aquevineadondevoy.wordpress.com/2013/09/30/la-imagen-de-la-virgen-de-guadalupe-historia-pruebas-segunda-parte/

http://aquevineadondevoy.wordpress.com/2013/09/28/la-virgen-de-guadalupe-y-san-juan-diego/

http://aquevineadondevoy.wordpress.com/2013/09/26/las-maravillas-en-los-ojos-de-maria/

http://aquevineadondevoy.wordpress.com/2013/09/21/nican-mopohua-documento-historico-sobre-guadalupe/

https://serunserdeluz.wordpress.com/2013/09/30/virgen-de-guadalupe-rarezas-de-la-imagen/

http://2012profeciasmayasfindelmundo.wordpress.com/2013/09/25/el-quincunce-toltecayotl/

 

 

Querid@ Lector@:

Debido a que ésta no es una investigación para un libro  sino para ir publicando en este blog conforme se va llevando a cabo, hay algunas contradicciones o detalles planteados de manera diferente, esto se debe a que me he basado en diversas versiones, que he aceptado como válidas, porque hay mucha información sobre este tema, pero la mayoría, tanto de defensores como de detractores, no vale la pena ni leerlas.  Me he basado y he publicado las fuentes que me parecen válidas, aunque a veces no sean exactamente iguales.  Le toca al lector decidir cuál acepta.

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© Silvia Eugenia Ruiz BachillerAutora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación, regresiones a vidas pasadas, con temas como psicología, PES, sueños, tantra, kundalini, iniciaciones, brujería, esoterismo, arqueología, etc.

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LA VIRGEN DE GUADALUPE Y SAN JUAN DIEGO

Our Lady of Guadalupe.
Our Lady of Guadalupe. (Photo credit: Wikipedia)

Dentro de mi investigación acerca de las apariciones de la Virgen de Guadalupe y la autenticidad o no de su imagen, éste es un documento a favor, fragmento tomado de “bibliaytradición”, tan sólo lo comparto, aún no tengo la suficiente información como para opinar.

JUAN DIEGO ¿EXISTIÓ? DOCUMENTOS

Algunos antiaparicionistas niegan también la existencia de Juan Diego, como si todo fuera una fábula inventada por los españoles para someter a los indígenas por medio de la religión. Incluso en el siglo XX, se desató un gran escándalo, cuando el mismo abad de basílica, el abad Guillermo Schulenburg, el sacerdote Stafford Poole y algunos otros negaban todo, diciendo que no había pruebas de la existencia de las apariciones y de Juan Diego en los cien primeros años a partir de 1531.

Evidentemente, estas acusaciones eran muy graves y, por eso, antes de la beatificación de Juan Diego, el mismo Papa mandó nombrar una comisión de investigadores e historiadores para aclarar todos los aspectos de las apariciones y de la existencia de Juan Diego. Gracias a estas investigaciones, se han descubierto nuevos documentos y pruebas arqueológicas para certificar, sin ningún género de duda, la existencia de las apariciones y del mismo Juan Diego. La principal prueba es la existencia del mismo manto donde está impresa la imagen de la Virgen de Guadalupe, que ninguna persona de buena voluntad puede negar que es un milagro viviente.

iii. DATOS HISTÓRICOS.

PRIMERA CAPILLA

El obispo franciscano fray Juan de Zumárraga, después de haber visto con sus propios ojos el milagro de la impresión maravillosa de la imagen de María en el manto de Juan Diego, retuvo durante algunos días la imagen en su oratorio particular. Y mandó construir de inmediato una capilla donde colocar la imagen en el lugar de las apariciones en el cerro del Tepeyac, según era el deseo de la Señora del cielo. Esta primera capilla era de paja y adobe y, a las dos semanas de las apariciones, el 26 de diciembre de aquel año 1531, llevaron la imagen en solemne procesión, estando presentes el obispo y las principales autoridades de México.

NARRACIÓN POR ESCRITO DE LAS APARICIONES

El mismo obispo Zumárraga parece que escribió el relato de las apariciones tal como se lo oyó a Juan Diego. Esta relación de las apariciones se encontraba en el archivo arzobispal de la ciudad de México en 1601. Lo tuvo en sus manos el arzobispo de dicha ciudad, fray García de Mendoza. Y así lo asegura el licenciado Bartolomé García, informado por el Deán de la catedral de México, Don Alonso Muñoz de la Torre. El franciscano español fray Pedro de Mezquía, que llegó a México el año 1715, atestiguaba haber visto personalmente en el convento de su Orden en Vitoria (España) la relación de estas apariciones. Y esto mismo afirmó Cayetano Cabrera en su libro Escudo de armas, escrito en 1746 1.

PRIMERA CAPILLA CUIDADA POR LOS DEVOTOS

Según testimonio de Gabriel Xuárez, la primera ermita construida por Zumárraga era muy humilde, de adobe sin género de cal y canto2. Los indios del lugar la fueron arreglando y mejorando poco a poco. Iban de este pueblo de Cuautitlán muchos indios e indias a la labor de la dicha ermita y a sahumarla y barrerla con más devoción los naturales de dicho pueblo más que otros, respecto de que el dicho Juan Diego era de este pueblo y a quien se le había aparecido 3.

NUEVA IGLESIA EN 1566, MONTÚFAR 

A su llegada a México, el nuevo obispo Monseñor Alonso de Montúfar, dominico, tomó muy en serio fomentar la devoción de naturales y españoles a la Virgen de Guadalupe y construyó una nueva iglesia en 1566. Las ruinas de la primera ermita y de la nueva iglesia fueron encontradas debajo de la sacristía de la parroquia arciprestal de Guadalupe, actualmente capilla de indios.

En la primera ermita, construida por Zumárraga el año 1531, se encontró una placa de madera estofada que se conserva en el museo guadalupano y que decía: En este lugar se apareció Nuestra Señora de Guadalupe a un indio llamado Juan Diego 4.

El virrey Enríquez de Almansa, en carta del 23 de setiembre de 1575 al rey Felipe II, habla de que estaba allí una ermitilla en la cual estaba la imagen que ahora está en la iglesia. Sobre la inauguración de esta iglesia nueva, el alguacil indio Juan Bautista hizo una crónica en náhuatl en su Diario y dice así:

Domingo 15 de setiembre de 1566.

Se celebró la octava de Nuestra Madre y se celebró la fiesta en Tepeyac de santa María de Guadalupe. Estuvieron presentes las autoridades: los oidores y también el arzobispo y nosotros los indios. Villaseca (un personaje muy rico) mostró una imagen de Nuestra Madre que es toda de plata y ofreció una comida a los oidores y autoridades y les informó cómo se hizo la iglesia del Tepeyac 5.

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000_Masjd_Basilica_01.05.05_Conchiglia_MASJD_Presentacion_Basilica_GPE Official Presentation of the Movement of Love Saint Juan Diego in the Basilica of Our Lady of Guadalupe in Mexico City, on may 01, 2005, approved and blessed by the Catholic Church. (Photo credit: Wikipedia)
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La nueva Basílica de Guadalupe, Ciudad de México

RELACIÓN PRIMITIVA, 1541/1545, JUAN GONZÁLEZ, TRADUCTOR DE JUAN DIEGO

Uno de los documentos más antiguos en los que se habla de las apariciones de la Virgen de Guadalupe es el llamado Relación primitiva, escrito entre 1541 y 1545 por el padre Juan González, traductor de Juan Diego ante el obispo Zumárraga. Él estuvo presente en el momento de la impresión milagrosa de la imagen en la tilma de Juan Diego. La escribió en náhuatl con caracteres latinos.

El náhuatl sólo podía escribirse con pictogramas o ideogramas. Él conocía bien esta lengua a pesar de ser español. En esta relación se dice literalmente: La imagen de la niña reina sólo por milagro se pintó como retrato en la tilma de aquel pobre hombre aquí donde ahora está puesta como lustre de todo el universo. Aquí vienen a conocerla sus devotos que le suplican; y ella con su afecto maternal, con su piadosa maternidad, allí les ayuda y les da lo que le piden. Y en verdad que, si alguien la reconoce plenamente por su abogada y totalmente se le entrega, la amada Madre de Dios amorosamente se convertirá en intercesora. En verdad que mucho lo ayudará; se mostrará a quien la estime, a quien bajo su sombra y su resguardo vaya a ponerse 6.

Esta relación fue descubierta en 1950 por Ángel Garibay-Quintana en los archivos de la Librería (¿Biblioteca?) nacional de México (manuscrito 1475). Él creyó que había sido escrita por el historiador Juan de Tovar en 1573, pero copiándolo de otra fuente. Esta fuente, según muchos historiadores guadalupanos, fue el padre Juan González. Por ello, este documento tiene mucho valor histórico para apoyar el hecho de las apariciones y de la existencia de Juan Diego.

PUEBLO, VILLA Y CIUDAD DE GUADALUPE

Observemos por otra parte, que muy pronto en el lugar de la capilla de la Virgen del Tepeyac se fueron juntando casas para estar cerca de la Virgen. Ya en 1566, cuando llegó al puerto de Veracruz el virrey Gastón de Peralta el 17 de setiembre, se hospedó, dicen las crónicas, en el pueblo de Guadalupe, como así se llamó al nuevo poblado desde 1563 7.

En 1751 se le da el rango de villa, por cédula real, con escudo de armas, donde aparece Juan Diego con la tilma, enseñando la imagen grabada en ella.

En 1828 fue elevada al rango de ciudad.

DELEGACIÓN DE LA CIUDAD DE MÉXICO

en 1931 fue absorbida por la gran metrópoli de México, quedando desde entonces como una Delegación dentro de la gran ciudad.

OTROS DOCUMENTOS GUADALUPANOS/ DINERO PARA LA IGLESIA CATÓLICA

Pero analicemos otros documentos de los primeros tiempos.

Es muy interesante al respecto el testamento de Bartolomé López, suscrito ante el escribano Juan de la Torre el 15 de noviembre de 1537 (a los seis años de las apariciones). En él se dice en la cláusula 24: Mando que diga en la casa de Nuestra Señora de Guadalupe por mi ánima cien misas y se paguen de mis bienes. Aquí se refiere claramente a la Casa de la Virgen de Tepeyac.

El 18 de enero de 1539, María Gómez se presentó en la villa de Colima ante el alcalde Juan Pinzón, y en presencia del escribano Diego Hurtado para rendir cuentas de su administración, y dice:

1. Se pagó a la Casa de Nuestra Señora de Guadalupe 25 pesos de misas.

2. Se pagó a la Casa de Nuestra Señora de Guadalupe y a su procurador en su nombre 101 pesos de oro de minas 8.

En dos cartas del 12 de diciembre de 1574 y del 24 de marzo de 1575, fray Diego de Santa María le dice al rey Felipe II que, desde el principio de las apariciones, fueron numerosos y cuantiosos los testamentos a favor del santuario de la Virgen 9.

El mismo rey de España Felipe III, en 1602, mandó la suma de 20.000 ducados para el templo del Tepeyac.

(Para los no creyentes, eso es un argumento en contra: la Iglesia sacándole dinero a los fieles. Para los creyentes es algo perfectamente normal y aceptable, pero está en el documento del cual fue sacado y por eso lo incluyo)

DOCUMENTOS AZTECAS, COMETA HALLEY

En algunos documentos aztecas se han encontrado relatos del paso del cometa Halley en 1531 y dicen: La estrella que humeó cuando se apareció Nuestra Señora de Guadalupe 10.

ALREDEDOR DE 9 MILLONES DE AZTECAS BAUTIZADOS

Además, los historiadores españoles no podían dejar de aludir al gran impacto que las apariciones de la Virgen habían dejado entre los indios.

En 1541 escribe el famoso misionero franciscano fray Toribio de Benavente, Motolinía, que ya eran alrededor de nueve millones de aztecas bautizados y que él personalmente había bautizado unos 300.000. Ciertamente, la historia de conversiones al cristianismo en México es la más grandiosa y espectacular de la historia cristiana.

http://aquevineadondevoy.wordpress.com/2013/09/26/la-imagen-de-la-virgen-de-guadalupe-historia-y-pruebas-segunda-parte/

Bernal Díaz del Castillo

El historiador Bernal Díaz del Castillo, soldado y compañero de Hernán Cortés, escribió en su libro Historia verdadera de la conquista de la Nueva España en 1560 que el triunfo de los conquistadores se debió a la gracia y ayuda de la Virgen de Guadalupe.

(Para mí Díaz del Castillo fue un soldado, metido a “historiador” que escribió sus memorias muchos años después de la Conquista y me cuesta creerle todo lo que dice, algunas cosas tal vez, pero muy pocas; ésta, por ejemplo, no la creo, pues si la Virgen amaba a los aztecas y demás pueblos de Amércia  ¿cómo iba a ayudar a los invasores a llevar a cabo primero la masacre y luego el genocidio en contra de “sus hijos amados”?)

MAPA DE LA CIUDAD DE MÉXICO 1556/1562 (UPSALA)

En el famoso mapa de Upsala, hay una descripción cartográfica de la ciudad de México y sus alrededores entre 1556 y 1562. Este mapa, atribuido a un indio, muestra claramente la existencia de una iglesia en el lugar de las apariciones. Este mapa se encuentra en Upsala (Suecia).

OTROS DOCUMENTOS Y EX VOTOS

El 21 de noviembre de 1564, por mandato de Felipe II, se organizó la quinta expedición a Filipinas. Fue al frente Miguel López de Legazpi, pero tomó la dirección el padre agustino Andrés de Urdaneta, marino experimentado. En esta expedición fueron 380 marinos mexicanos, que atribuyeron su salvación de los peligrosos temporales a la Virgen de Guadalupe y, al regresar a México el 9 de agosto de 1565, dejaron en la capilla de Tepeyac el mástil con su desgarrado velamen así como una antorcha de cera, que pesaba tantas libras como la sonda que los rescató.

En 1567 el pirata John Hawkins se vio forzado a penetrar en el golfo de México donde tuvo un encuentro con la flota española que traía al nuevo virrey Martín Enríquez. Hawkins decidió el 8 de octubre de 1568 abandonar a 100 miembros de su tripulación en las costas del Pánuco como única vía de escape. Miles Philips, uno de los protestantes ingleses dejados en tierra, fue capturado y enviado a México. Philips menciona la existencia de un hermoso convento de frailes franciscanos y habla de una iglesia dedicada a la Virgen.

Y comenta que en ella hay una imagen suya de plata sobredorada tan grande como una mujer de alta estatura y, delante de ella y en el resto de la iglesia, hay tantas lámparas de plata como días tiene el año; encendiéndose en las fiestas solemnes. Dice que a esta imagen la llaman en español Nuestra Señora de Guadalupe 11.

BATALLA DE LEPANTO GANADA GRACIAS A LA VIRGEN DE GUADALUPE

El año 1570, el arzobispo de México Alonso de Montúfar había hecho confeccionar una copia de la imagen de la Virgen de Guadalupe y la había enviado por barco como un regalo al rey de España Felipe II. Felipe II se la había entregado a Don Juan de Austria, su medio hermano, que quedaba constituido como capitán en jefe de la Armada que iba combatir contra los turcos.

Don Juan de Austria se la entregó al almirante que dirigía las fuerzas navales de Génova, Andrea Doria, quien la llevaba en su buque insignia y quien pidió con fervor una ayuda para la victoria en los momentos más difíciles del combate, cuando parecía todo perdido debido al viento contrario. Pero, al final, con la ayuda de María, el 7 de octubre, la Armada cristiana venció a los turcos en el golfo de Lepanto. Un cambio de viento favorable a los cristianos fue como una señal del cielo.

El Papa san Pío V, que tuvo una visión en Roma de la victoria, la atribuyó a la ayuda de la Virgen, a quien en toda la cristiandad se le había invocado rezando el rosario. Allí, en Lepanto, estuvo presente María bajo la advocación de Nuestra Señora de Guadalupe. Después de la victoria, la imagen-copia, que estuvo en Lepanto, fue posesión de la familia Doria en la fortaleza de Malespina, en el interior de Génova, hasta que en 1811 el cardenal Giuseppe Doria la legó por testamento a la parroquia de san Esteban de Aveto, donde la iglesia se convirtió hasta ahora en un lugar de peregrinaciones.

TESTIMONIOS DE INDÍGENAS 1666

Un documento interesantísimo para probar la realidad de las apariciones marianas y la existencia de Juan Diego es el llamado Informaciones jurídicas. Estas informaciones fueron enviadas a Roma y son una recopilación de testimonios de indígenas entre 80 y 115 años, vecinos de Cuautitlán. También se recibieron los testimonios de doce españoles, diez eclesiásticos y dos laicos, que conocieron de cerca los acontecimientos. Pero, en este caso, son especialmente importantes los testimonios de los indígenas; pues, aunque estas informaciones se realizaron el año 1666 y ninguno de ellos había conocido personalmente a Juan Diego, que había muerto en 1548; sin embargo, sus padres, abuelos, tíos y otros muchos les habían hablado de que ellos sí habían conocido a Juan Diego en persona y conocían el hecho de las apariciones desde el principio. Todos los testimonios fueron favorables y hablaban sin excepción de la santidad de Juan Diego, siendo testimonios de toda garantía. Estas informaciones jurídicas fueron enviadas en 1666 por Don Francisco de Siles, canónico lectoral de la catedral metropolitana con una carta dirigida por el cabildo, al Papa Alejandro VII.

iv. JUAN DIEGO.

Miguel Cabrera, Juan Diego
Miguel Cabrera, Juan Diego (Photo credit: Wikipedia)

Juan Diego era un indio sencillo que se mantenía del cultivo de la tierra. Nació en 1474 en Cuautitlán, una de las ciudades más antiguas de América. Contrajo matrimonio en Santa Cruz el Alto (Tlacpan), cerca de San Pedro, con la joven Malitzin, quien, al bautizarse, tomo el nombre de María Lucía.

Por fuentes históricas sabemos que Juan Diego tuvo descendencia. Los descendientes que procreó parecen haber sido ignorados por el investigador Lorenzo Boturini, quien creía en la virginidad total de Juan Diego. Sin embargo, los misioneros franciscanos dan fe de esta prole tenida antes de que fuera bautizado. Así habla la religiosa clarisa Gertrudis de Torres Vásquez, bautizada en 1703 y muerta en 1774, que era tenida como descendiente del dicho Juan Diego. El 24 de mayo de 1739 recibió el hábito religioso en el mismo convento de clarisas Doña María Micaela Antonia de Escalona y Rosas, quinta nieta del venerable Juan Diego 12.

En 1528 Juan Diego entró en contacto con los misioneros franciscanos y solicitó el bautismo. Cuando contaba con 57 años, comenzó a ser conocido por los hechos de las apariciones, habiendo ya muerto su esposa. Al final de su vida, todos lo tenían por santo.

El padre jesuita Francisco de Florencia, nacido en Florida en 1619, dice en su libro La estrella del Norte de México, que los religiosos le habían dado permiso para comulgar tres veces por semana, algo insólito en aquellos tiempos en que hasta los religiosos y religiosas no sacerdotes, normalmente, sólo comulgaban una vez por semana.

NICAN MOTECPANA[i]

Uno de los escritos más interesantes y complementarios de la vida de Juan Diego es el Nican Motecpana donde se dice: Estando ya en su santa casa la purísima y celestial Señora de Guadalupe, son incontables los milagros que ha hecho para beneficiar a estos naturales y a los españoles y en suma a todas las gentes que la han invocado. A Juan Diego, por haberse entregado enteramente a su ama, la Señora del cielo, le afligía mucho que estuviera tan distante su casa y pueblo, para servirle diariamente y hacerle el barrido. Por lo cual, suplicó al señor obispo poder estar en cualquier parte que fuera junto a las paredes del templo y servirle; el prelado accedió a su petición y le dio una casita junto al templo de la Señora del cielo, porque le quería mucho el señor obispo. Inmediatamente, se cambió y abandonó su pueblo, dejando su casa y su tierra a su tío Juan Bernardino. A diario se ocupaba en cosas espirituales y barría el templo, se postraba delante de la Señora del cielo y la invocaba con fervor. Frecuentemente se confesaba, comulgaba y ayunaba, hacía penitencia, se disciplinaba, se ceñía cilicio de malla y se escondía en la sombra para poder entregarse a solas a la oración y estar invocando a la Señora del cielo.

Era viudo: dos años antes de que se le apareciera la Inmaculada murió su mujer que se llamaba María Lucía. Ambos vivieron castamente, porque oyeron cierta vez la predicación de fray Toribio Motolinía, uno de los doce frailes de san Francisco que había llegado poco antes, sobre que la castidad era muy grata a Dios y a su Santísima Madre…

En el año 1544 hizo estación la peste y le dio a Juan Bernardino. Cuando se puso grave, vio en sueños a la Señora del cielo, quien le dijo que ya era hora de partir, que se consolara y no se turbase su corazón, porque ella lo defendería en el trance de la muerte y lo llevaría a su palacio celestial. Murió el 15 de mayo del año que se ha dicho y fue traído al Tepeyac para ser sepultado dentro del templo de la Señora del cielo, lo que así se hizo de orden del obispo. Tenía 86 años cuando murió.

MUERTE DE JUAN DIEGO

Después de 16 años de servir allí Juan Diego a la Señora del cielo, murió el año 1548. A su tiempo le consoló mucho la Señora del cielo, quien le vio y le dijo que ya era hora de que fuera a conseguir y a gozar en el cielo cuanto le había prometido. También fue sepultado en el templo. Andaba en los 74 años, cuando murió. La Purísima, con su precioso Hijo, llevó su alma a donde disfruta de la gloria celestial 13.

HABLAN DE LA EXISTENCIA DE JUAN DIEGO

En el documento Informaciones jurídicas de 1666, del que ya hemos hablado, Martín de san Luis afirma: Siendo de diez o doce años, en muchas y diversas ocasiones, me dijo Diego de Torres Bullón cómo había conocido, tratado y comunicado al dicho Juan Diego, indio, porque como lleva referido era natural de este pueblo del barrio de Tlayácac y que era un hombre de 56 ó 57 años, cuando se le apareció la Reina del cielo y Madre de Dios de Guadalupe. Que era un hombre temeroso de Dios y de santas costumbres, muy amigo de ir a iglesias y acudir a la doctrina y diversos oficios, causando mucho ejemplo a todos los que lo conocían, trataban y comunicaban 14.

Otro testimonio es el de Marcos Pacheco que dice: Era un indio que vivía honesta y recogidamente, que era muy buen cristiano y temeroso de Dios y de su conciencia, y de muy buenas costumbres y modo de proceder. En muchas ocasiones me decía mi tía: “Que Dios te haga como Juan Diego y su tío”, porque los tenía por muy buenos indios y muy buenos cristianos 15.

Los testigos lo llaman repetidas veces varón santo, varón santísimo y otras palabras parecidas 16.

CÓDICE ESCALADA ACTA DE DEFUNCIÓN DE JUAN DIEGO

Otro documento importante sobre la existencia de Juan Diego y la veracidad de las apariciones es el famoso códice Escalada 1548. Este códice fue descubierto en 1995 y ha sido considerado como el acta de defunción de Juan Diego. En este códice, escrito en 1550, se consigna la fecha de las apariciones: 1531. Hay un dibujo en el que se ve a Juan Diego de perfil con la vista hacia el lado derecho. Mira a una imagen de la Virgen de Guadalupe, rodeada de nubes, con la luna a sus pies y estrellas en el manto. La Virgen está posada sobre la falda de un cerro rocoso con plantas de la estepa del altiplano de México. Al pie del códice, están las firmas de fray Bernardino de Sahagún, el glifo de Antonio Valeriano como juez y la fecha de la muerte de Juan Diego, 1548.

FIRMADO POR ANTONIO VALERIANO Y FRAY BERNARDINO DE SAHAGÚN

Este documento ha sido muy estudiado y se ha confirmado la autenticidad. Las firmas de Antonio Valeriano y de fray Bernardino de Sahagún son auténticas de acuerdo a los estudios realizados al respecto por la Oficina de documentación y fotografía del Banco de México, instancia a la que acude la Procuraduría de justicia para resolver casos de posibles fraudes de firmas. También lo afirma así el mejor especialista sobre fray Bernardino, el norteamericano doctor Dibble de la universidad de Utah.

En 1997, estudió este códice la universidad Nacional Autónoma de México a través del Departamento de física aplicada. Y concluyó diciendo que no había ningún tipo de falsificación en la letra original y que toda el área del códice estaba cubierta de una platina amarillenta por lo que sería imposible haber alterado cualquier parte del mismo sin dejar huellas visibles al microscopio. Por todo ello, podemos decir que hay pruebas más que suficientes para decir que este códice es auténtico, al igual que las apariciones, y que Juan Diego existió y murió en 1548.

El 9 de mayo de 1990, el papa Juan Pablo II, en la basílica de Guadalupe de México, beatificó a Juan Diego. En su homilía dijo el Papa: No es de admirar, si no pocos fieles lo tenían por un santo, viviendo todavía, y le pedían les ayudara con su oración. Esta fama de santidad le siguió después de su muerte, de modo que no son pocos los testimonios del culto que se le daba como puede verse por los monumentos de arte, en los cuales la efigie de Juan Diego se ve adornada con aureola y otros signos de santidad.

Cierto que tales signos de culto se manifestaron, sobre todo, en el tiempo más cercano a su muerte, pero nadie puede negar que los mismos han continuado hasta nuestro tiempo de modo que, con seguridad, consta el testimonio congruente de un culto particular dado sin interrupción a Juan Diego. Habiendo instado muchos obispos y fieles de Cristo, principalmente mexicanos, la Congregación para las causas de los santos procuró que se recogieran los documentos que ilustraron la vida, virtudes y fama de santidad de Juan Diego, y mostraron el culto que se le diera, los cuales debidamente investigados, concluyeron con la “Positio” sobre la fama de la santidad de sus virtudes y culto que se le dio desde tiempo inmemorial 17.

El más importante investigador para fundamentar históricamente la existencia del indio Juan Diego es el padre Fidel González Fernández, catedrático de las universidades Pontificias Urbaniana y Gregoriana de Roma. Ha escrito el libro El encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego en colaboración con Eduardo Chávez y José Luis Guerrero. Y afirma: Guadalupe fue un acontecimiento histórico, percibido como tal, por los más antiguos documentos a nuestra disposición. Solamente la afirmación clara de la historicidad puede llenar de contenido un símbolo que hace razonable una práctica y una devoción mariana de la envergadura de Guadalupe. La obra es un acopio de rigurosa investigación en archivos mexicanos como el Archivo General de la Nación, la Curia Metropolitana, el de Guadalupe, de Viena, Vaticano, Madrid, Sevilla… así como la consulta a un centenar de historiadores, académicos y prelados especialistas en el mundo guadalupano.

De las fuentes históricas examinadas (tradición oral continua, representaciones iconográficas como las del convento franciscano de Otumba de principios del siglo XVII…) se demuestra que había una veneración creciente a Juan Diego vinculada al culto de la Virgen de Guadalupe. Las representaciones iconográficas de las apariciones y de Juan Diego siguen cánones precisos similares a los de los primeros códices indígenas de la segunda mitad del siglo XVI; en los lugares vinculados a la vida del indio se conserva una viva memoria entre los indígenas desde el siglo XVI, con signos crecientes de continua veneración.

Otros restos arqueológicos serían el ayate de Juan Diego donde se pintó Santa María de Guadalupe; los restos arqueológicos de las ermitas primitivas; la tumba y la lápida sepulcral de Juan Diego, las ruinas de una ermita edificada a finales de la primera mitad del siglo XVI junto a la casa de Juan Diego; los restos arqueológicos de la casa de Juan Diego bajo el piso de la iglesia actual de Cuahutitlán; una pintura sobre madera de las apariciones a Juan Diego, una escultura de Juan Diego en alabastro; y una serie de reproducciones contemporáneas de la imagen de Guadalupe.

En el Testamento de Juana Martín, del 11 de marzo de 1559, cuyo original se conserva en el archivo del Cabildo de la ciudad de Puebla, se lee el texto siguiente: Aquí se crió el mancebo Juan Diego… se casó con una doncella que se llamaba María… por medio de él se hizo el milagro allá en el Tepeyac, donde apareció la amada Señora Santa María cuya imagen vimos en Guadalupe, que es verdaderamente nuestra y de nuestro pueblo de Cuauhtitlán… todo se lo doy a la Virgen del Tepeyac…

En los Anales de la catedral de México, comprendidos entre los años 1519 a 1739, hay que destacar dos textos, el de 1531, en el que se lee: Los cristianos allanaron el suelo de Cuetlaxcoapan, ciudad de los Ángeles (Puebla). En ese mismo año a Juan Diego se manifestó la amada Madre y Señora de Guadalupe en México. Y el de 1548: Murió dignamente Juna Diego. A quien se le apareció esta amada Señora de Guadalupe en México.

MILAGRO DEL, AHORA, SAN JUAN DIEGO

Para aclarar las dudas de aquellos que todavía dudaban de la existencia de Juan Diego, Dios mismo quiso hacer un gran milagro por su intercesión tres días antes de la beatificación. El joven Juan José Barragán de 20 años, intentó quitarse la vida. Poco tiempo antes, había intentado reconciliarse con su padre, pero ante su rotunda negativa, él estaba muy afligido y como era drogadicto, por efecto de las drogas, se subió al pasamanos del balcón de su casa y se arrojó al vacío. Su madre Esperanza Silva de Barragán sólo pudo agarrarlo de la pierna del pantalón, pero no pudo contenerlo. Y empezó a invocar a Juan Diego: Ayúdame, Juan Diego, salva a mi hijo. El joven, con sus 70 kilos de peso, había caído 10 metros contra el suelo de cemento. Su cabeza era irreconocible. Fue llevado al hospital de Durango, donde los médicos no podían explicarse cómo pudo sobrevivir a la caída. El ángulo del impacto y el peso del joven equivalían a una presión de dos mil kilos, lo que le provocó múltiples fracturas del cráneo. Era el 6 de mayo de 1990. Al principio, quedó en coma, pero milagrosamente salió del coma, cuando ya los médicos habían ordenado quitarle todos los aparatos para que pudiera morir. Se despertó y pidió de comer. Una semana después, dejó el hospital totalmente sano. Los exámenes dieron por resultado que no habían quedado huellas de la caída.

El 20 de noviembre de ese año, el arzobispado de México inició el procedimiento para reunir las pruebas a ver si se trataba de un prodigio. En 1998, la investigación de la comisión histórica formada ex profeso por la Congregación para las Causas de los santos y la arquidiócesis de México, entregaron el resultado de sus investigaciones y lo publicaron en un libro titulado El encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego (Ed. Porrúa, México, 2000). Y después de minuciosos estudios, el 11 de mayo del 2001, la comisión médica vaticana aceptó el hecho como inexplicable para la ciencia. Juan José está ahora sano y salvo y vive en una ciudad de Estados Unidos, donde trabaja y estudia en condiciones normales. Con motivo de este milagro, el Papa Juan Pablo II canonizó a Juan Diego el 31 de julio del 2002.

Fragmento tomado de:

http://bibliaytradicion.wordpress.com/inquisicion/las-maravillas-de-la-virgen-de-guadalupe/#5


[i] Relato de Fernando de Alva Ixtlixóchitl, acerca de los milagros de la Virgen de Guadalupe y donde habla de Juan Diego