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ENÉSIMA UTOPÍA (CUENTO)

ENÉSIMA UTOPÍA

Nave espacial Columbia despegando
“abordé una nave transparente, parecida a nuestros cohetes espaciales”

Estando en el tema de “Sueños”, este cuento está basado en un sueño, de esos que llevan una historia coherente desde el principio hasta el fin y al despertar los recuerdas completos. Éste lo edité sólo con puntos y comas, está plasmado tal y como lo soñé.

Para sueños que he recordado al despertar y compartido tal cual, ver también:

https://serunserdeluz.wordpress.com/2016/07/04/anoche-te-sone-el-sendero/

https://serunserdeluz.wordpress.com/2016/03/06/los-lagartos/

Este cuento fue mi segundo post, allá hace casi 5 años (2011) no tenía seguidores todavía, pero, con el tiempo, sí hubo algunos comentarios ¡casi 1 por año!.

Eso quiere decir que mis nuevos (y no tan nuevos) amig@s/seguidores/seguid@s no lo han leído y es uno de mis favoritos, por esa razón lo vuelvo a publicar, espero les guste. ❤

nave-nodriza-y-nave-pequec3b1a

ENÉSIMA UTOPÍA

Ya ha pasado mucho tiempo (aunque creo que mi percepción de eso que llaman tiempo ha cambiado), desde que llegué; tanto, que ya me acostumbré a este estilo de vida; es cómodo, es agradable, es… diferente.

La mayoría de las cosas que no soportaba de mi país (o continente, o planeta, o sistema solar, o galaxia, o tal vez estoy en otro universo u otra dimensión) aquí no existen; por  ejemplo: aquí no hay “sufridas y abnegadas madrecitas”, no hay “machos muy machos”, ni mujeres frustradas, ni drogadictos, ni alcohólicos, ni muy ricos, ni muy pobres, ni explotadores ni explotados; no hay miseria, ni tampoco “clase media” mediatizada y enajenada.  Es más: no hay clases sociales.

La gente, al principio, trabaja en todo, pero después de un tiempo decide dónde es más feliz y, por lo tanto, más productiva (hay capacitación y educación universitaria, todo gratuito).  Por curioso que parezca (a mí me lo parece), a pesar de que no existen monopolios, ni trasnacionales, vaya, ni siquiera IP., la eficiencia y la productividad están al máximo y todos tenemos todo, aunque no lo mismo (salvo los derechos y las libertades que, aquí sí, son iguales para todos).

Todavía no sé dónde estoy; sólo recuerdo que un día, mientras efectuaba una investigación documental, sentí la imperiosa necesidad de acudir a un sitio a una hora determinada y que ahí, junto con un hindú, una cubana, un finlandés, una etíope, un aborigen australiano, una rusa y un italiano del sur, abordé una nave transparente, parecida a nuestros cohetes espaciales, pero que puede despegar como helicóptero y cuyo combustible es sal magnetizada.

Después, navegamos por el espacio exterior por sabe Dios cuando tiempo, posiblemente a la velocidad de la luz, o más rápido, y llegamos aquí.

Cuando arribamos, nuestra nave espacial, como si fuera un émbolo, entró a un túnel cilíndrico y cuando las puertas de nuestra nave y las del túnel se abrieron en perfecta sincronía, pudimos entrar a un pasillo cuyos mullidos pisos eran de luminosos colores cambiantes, vimos y olimos (además de oírla, claro) una música al mismo tiempo relajante y estimulante; vimos, olimos y escuchamos las exuberantes y frondosas plantas sembradas a lo largo del pasillo, cuyas hojas y flores emitían una cierta luz translúcida, que nunca habíamos visto en otra parte.

Sabíamos que estábamos bajo techo, pero la sensación era como si estuviéramos en campo abierto, bajo los rosados (sí, porque era una luz rosa y no dorada) rayos del ¿Sol?

Llegamos a la recepción, una especie de laboratorio de la NASA, donde entramos a unas cabinas individuales en cuyo interior una luz azul nos recorrió de cabeza a pies y en dos segundos nuestra “ID”  con todos nuestros antecedentes personales, estaba lista (el FBI,  la CIA, la KGB, la Gestapo y la SS, nos parecieron párvulos cuando vimos todos nuestros datos en las pequeñas micas que salieron de las computadoras).

Al salir de las identificadoras, nos estaban esperando varios entrevistadores, uno para cada quién, y ellos nos informaron que somos algo así como “elegidos” y que fuimos seleccionados entre nuestros congéneres porque tenemos ideas muy singulares, pero muy firmes, acerca de la sociedad, la cultura, la educación, la política, la sexualidad, la salud, el dinero, etc., etc., etc.: es decir, que allá éramos descontentos, rebeldes (algunos hasta sediciosos y revolucionarios) y aquí somos los escogidos.

Aquí nadie habla (porque no los hay) de miseria; subdesarrollo; tercer mundo; hambre; analfabetismo; desigualdad social, sexual, racial o religiosa; trasnacionales; deudas externas; devaluación; contaminación del ambiente, de los alimentos o del agua; SIDA; narcotráfico, secuestros, drogadicción, ni ninguna otra de las plagas que existen (¿o existían?, ¿es que aún existe nuestro planeta?) allá; bueno ¡ni siquiera hay guerra!

Lo que más me gusta es que el amor, mejor dicho Amor, el verdadero, no el mito romántico-erótico que conocíamos, sino el Amor Universal, el Amor al semejante, que es mezcla de respeto, cariño, interés, afecto, devoción, estimación, ternura, comprensión y aceptación, entre otras cosas; ese Amor que abarca a la humanidad entera, ése es el que sentimos todos por todos; claro que hay atracción sexual y hay “matrimonio”, pero no como allá, “por contrato”, sino sólo cuando la frecuencia de onda es la misma en los dos; es decir, sólo con el “alma gemela” (parece que todos los que venimos aquí, lo hicimos con nuestra “mitad perfecta”, sólo que nos damos cuenta únicamente hasta que ambos estamos preparados).  Por supuesto que al unirse las dos mitades no hace falta ninguna clase de contrato, puesto que esa no es una simple unión, sino una reunión de dos que antes fueron uno.

Todas las tareas domésticas que allá efectúa el ama de casa (¿o debería decir “esclava de casa”?) aquí están socializadas: hay comedores públicos con comida natural, balanceada, sabrosa nutritiva y ¡gratis!; aquí no hay basura, porque los desperdicios orgánicos van a la composta y los demás se reciclan; las habitaciones se limpian con sólo apretar un botón que pone en marcha una “aspiradora” colocada dentro de las paredes a lo largo, alto y ancho y que deja tanto muebles como pisos impecables; la ropa para la lavandería se deja fuera de la habitación y al día siguiente ya está acomodada en su lugar (a todos nos toca una vez cada seis meses trabajar en la cocina, la lavandería, los jardines, los centros infantiles, etc., lo cual ni siquiera es molesto).

No se podría llamar “guardería” a los lugares donde se quedan los niños  mientras sus padres trabajan, porque ahí no se “guarda” a los pequeños, sino que se les mima, cuida, atiende, socializa y, lo más importante, no se les condiciona a que <<los niños tienen que hacer esto y las niñas no pueden y viceversa>>; no, ahí tanto los niños como las niñas hacen lo que les nace hacer.  Podemos ver niñas subidas en los árboles y niños jugando a las muñecas, tanto como niños en los árboles y  niñas con muñecas.

Mis compañeros de viaje y yo, aún siendo de países (y continentes) tan diferentes y tener distintas culturas y lenguaje, nos entendemos perfectamente entre nosotros y con los demás; no me explico cómo, pero así es: yo hablo en mi idioma y ellos en el suyo y todos comprendemos lo que los otros dicen.  Siempre que nos encontramos en el comedor nos platicamos nuestras nuevas experiencias.

El finlandés, que es pedagogo, está en uno de los centros infantiles; el hindú, que es maestro yogui, da clases de meditación a niños y adultos; la cubana, que era coronela en la milicia, enseña educación física y artes marciales (como ejercicio físico y elevación espiritual, no para ofensa o defensa); la rusa, que es física nuclear, está en investigaciones médicas; la etíope, que se doctoró en economía en Inglaterra, está en la Comisión Económica del …¿país?, ¿nación?, ¿Estado?, ¿gobierno?… aún no sé cómo llamar a este conglomerado tan perfectamente organizado; pero ella está entre los que estudian las cuestiones económicas (como la eliminación del dinero), para que después todos, por votación decidamos lo mejor para la mayoría.

Los descontentos (aún no he conocido ninguno) tienen derecho a manifestarse durante las sesiones de votación de nuevas reglas y leyes, una vez al mes, pero nadie lo ha hecho desde que llegamos.

Continuando el recuento, el australiano – es ecólogo – enseña en la Universidad cómo viven los aborígenes australianos, enfocándose en las ventajas de vivir de acuerdo a la naturaleza; también enseña medicina natural, básicamente herbolaria, que es la que ellos utilizan.  El italiano (un moreno del sur, atractivísimo), es sexólogo y da clases de educación sexual a niños, adolescentes y adultos.

Finalmente yo, que soy mexicana y antropóloga (especializada en la situación de la mujer en las diversas épocas y culturas), tengo encomendado un estudio comparativo de las diferencias entre la condición de la mujer allá, de donde venimos, y aquí.

Nunca me había entusiasmado tanto con una investigación, ¡son tantas y tan importantes las diferencias!

Aquí no hay matrimonio en el cual la mujer pierda sus  derechos, ni amas de casa, ni roles sexuales, ni discriminación sexual, ni división sexual del trabajo, ni violaciones, ni embarazos no deseados, ni abortos, ni nada de lo que subyuga allá a la mujer.

El problema que tengo, es que para poder comparar, tendría que…

-¡Silvia!, ¡despierta!, tienes que terminar tu trabajo sobre la discriminación de la mujer en el Tercer Mundo…

***

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

***

Imágenes tomadas de internet.

***

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Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Autora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación y regresiones a vidas pasadas.

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***

Euruba

15 DE ABRIL DE 2012 A LAS 6:22 PM EDITAR

  1. También tu cuento está excelente, hasta dan ganas de ir a vivir allá.

    Me gusta

  2. MI MUY QUERIDA SILVIA, COMO ERES UN SER DE LUZ, IMAGINASTE LO QUE LOS CRISTIANOS LLAMAMOS EL CIELO, Y PARA NOSOTROS ES LA RECOMPENSA QUE OBTENEMOS DESPUES DE MORIR EN ESTADO DE GRACIA ES DECIR SIGUIENDO LOS DOS PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DE JESUCRISTO,
    NO PONDRAS OTROS DIOSES ANTES QUE YO, Y AMARAS A TU PROJIMO COMO A TI MISMO.
    PALABRAS QUE ENCIERRAN UNA FORMA DE VIDA, PARA MI PERFECTA, Y QUE ACEPTANDOLAS NO NECESITAS OTRAS FILOSOFIAS, NI DOCTRINAS, NI CREENCIAS, CON MI CARIÑO DE SIEMPRE NOS SEGUIM,OS ESCRIBIENDO, TE QUIERO MUCHO, MANUEL

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  3. Precioso sueño. Precioso relato. Precioso viaje… Pero…
    … Creo que no me gustaría vivir en ese lugar.
    Tal vez me resulta difícil hacerme a la idea de tal idílica forma de vida.
    Tal vez me resulte difícil hacerme a la idea de tener que hacer cosas en plan comunal.
    Una vez cada seis meses se hacen las cosas que en el primer mundo terrestre hacemos los de clase baja a diario.
    Lavandería, jardines, hacer zanjas, barrer las calles, limpiar alcantarillas, reciclar basura, criar vacas o pescar en alta mar.
    Espero que los meses en ese lugar tengan 1000 días en lugar de 30. Si no,… No veo el momento de hacer lo que mejor se me da… Descansar y leerte!!!
    Supongo que estoy cansado por haber dormido poco al haber estado toda la noche platicando con un ser alucinante que me desveló, y mi cerebro está ahora poco fantasioso.
    Volveré a leerlo en otro momento en el que mis endorphinas salgan por mis ojos.
    Aun así, insisto…. Precioso cuento, precioso sueño, y perfectamente descrito y narrado.
    Muchos besos desde España.

    Te gusta a ti

    1. Sé que eres único y diferente, no se te da la comunidad.
      Gracias por tu amable comentario Rosaluma, descansa y léeme (me encanta la idea), y sobre todo, recupera tu fantasía para prepararnos la grata sorpresa de tu nuevo post el próximo jueves, ¡lo espero ansiosa!
      Besos desde México

      Le gusta a 1 persona







MILEVA MARIC Y ALBERT EINSTEIN

Por Silvia Eugenia Ruiz Bachiller ver (c) abajo

Mileva Maric, colaboradora en la Teoría de la Relatividad de Einstein
Mileva Maric, colaboradora en la Teoría de la Relatividad de Einstein

EL DETERMINISMO EN EL DESTINO DE LAS MUJERES

Esposa y madre… Las pocas mujeres que podían escapar a esta especie de determinismo histórico en los albores del siglo XX y lograban acceder a una formación académica o científica estaban condenadas a desarrollar su carrera   a la sombra de sus maridos (con la quizá única honrosa excepción de Marie Curie[i]).

Tan asumido tenía su rol Mileva Maric, la única mujer de su promoción en el instituto Politécnico Federal de Zúrich, que en una carta que dirige a su amiga Helene Kaufer comenta satisfecha: “Hace poco hemos terminado un trabajo muy importante que hará mundialmente famoso a mi marido”.

El trabajo no era otro que La Teoría de la Relatividad y su compañero era Albert Einstein.

Pero solo pasará a la historia el genio de aspecto despistado de melena blanca y encrespada. Muy pocos rendirán tributo a esta matemática que puso soporte a una de las teorías que revolucionó el mundo de la Física.

BIOGRAFÍA DE MILEVA MARIC

LUGAR DE NACIMIENTO Y ESTUDIOS

Nacida a finales de 1875 en Titel (Serbia) en el seno de una familia acomodada, su paso por el Instituto de Sremsja Mitrovica, que contaba con un completo laboratorio, decantará su vocación por la Física y las Matemáticas. Sus notas le permiten ingresar en el muy elitista Colegio Real de Zagreb, donde fue la única mujer en asistir a clases de Física, y le llevará a estudiar Medicina durante un semestre en la Universidad de Zúrich.

Albert Einstein cuando trabajaba en la Oficina de Patentes
Albert Einstein cuando trabajaba en la Oficina de Patentes

Afincada en Suiza, Mileva cambiará sus intereses académicos e ingresa en el Instituto Politécnico (1896), donde conocerá a Albert Einstein y se enamorará de él.

Completará su formación con estudios de Teoría de Números, Cálculo Diferencial e Integral en la Universidad de Heidelberg, Alemania.

A pesar de su impresionante talento, no consiguió pasar el examen final de su licenciatura en Física-Matemáticas y cabe preguntarnos ¿en realidad no lo pasó o no la pasaron por ser mujer?

EINSTEIN Y MILEVA MARIC SE CONOCEN Y SE ENAMORAN

Mileva Maric y Alberto Einstein a finales de Siglo XIXl
Mileva Maric y Alberto Einstein a finales de Siglo XIXl

Mileva Maric y Albert Einstein se conocieron en la Universidad Politécnica de Zürich a finales del siglo XIX.

Maric era la única mujer que estudiaba matemáticas y física en aquella universidad. En 1896 iniciaron una relación sentimental y Einstein estaba fascinado por la intensa colaboración intelectual que recibía de parte de su compañera serbia. A la única persona que disgustaba aquella relación era a la madre del genio, una alemana misógina y xenófoba, que nunca vio con buenos ojos a la serbia: “Ella es un libro igual que tú, pero lo que tú necesitas es una mujer. Cuando tengas 30 años, ella será una vieja bruja”.

MILEVA NO PUDO TERMINAR SUS ESTUDIOS

Aunque Mileva fue una sobresaliente matemática, nunca logró terminar formalmente sus estudios, pues el matrimonio la obligó a abandonar definitivamente la universidad y la física; en cambio Albert pudo defender su tesis doctoral en 1905. Para 1908, Einstein consiguió finalmente un puesto de profesor en la Universidad de Berna. En cuanto a Mileva, se convirtió en ama de casa ¿o esclava de la casa?

Mientras ella cuidaba de sus hijos y renunciaba a la ciencia, Einstein desde su puesto académico tuvo el tiempo suficiente para concluir sus estudios y desde luego para desarrollar la teoría, de la que se sabe ahora, que el crédito no era del todo suyo. En esa pareja de físicos alguien tenía que cuidar a los niños, alguien tenía que lavar y preparar la comida; y ése fue el papel que Einstein y la sociedad patriarcal asignaron a Mileva, quien subordinó todas sus aspiraciones a las necesidades de sus hijos, a los objetivos de su esposo y puso todos sus conocimientos a su servicio.

“Mi gran Albert ha llegado a ser célebre, físico respetado por los expertos que se entusiasman por él. Trabaja incansablemente en sus problemas. Puedo decir que sólo para eso vive. Tengo que admitir, no sin vergüenza, que para él somos secundarios y poco importantes”, escribía Mileva a unos amigos. Einstein a su vez admitía: “Nuestra vida en común se ha vuelto imposible, hasta deprimente, aunque no sé decir por qué”.

MILEVA Y EINSTEIN TIENEN UNA HIJA, ÉL SE ALEJA

En enero de 1902, un acontecimiento marcaría profundamente la relación de la pareja. Mileva dio a luz a una hija, Lieserl, cuando Mileva y Albert aún no estaban casados, de esta hija se sabe muy poco, sólo que la entregaron en adopción o murió de escarlatina, según se deduce de una carta de Einstein de septiembre de 1903. Después del nacimiento de la niña, la actitud de Einstein cambia y se aleja de su compañera adoptando una actitud distante y fría.


MILEVA Y ALBERT SE CASAN

Mileva Maric y sus hijos,
Mileva Maric y sus hijos,

En 1902, Einstein se trasladó a la ciudad de Berna, Suiza, donde consiguió empleo en una oficina de patentes. Tras cinco años de convivencia, Albert y Mileva terminaron casándose en enero  de 1903 y tuvieron a su primer hijo, dentro del matrimonio,  Hans Albert Einstein, en mayo de 1904.  El segundo hijo, Eduardo, nació en Zurich en julio de 1910.

Aunque contrajeron matrimonio, la vida de pareja se centró casi exclusivamente en la colaboración profesional, y la de Mileva, además, en el cuidado de los dos hijos frutos del matrimonio, uno de ellos con problemas mentales, al que después dieron en adopción.


DIVORCIO DE MILEVA Y ALBERT.  AUTORITARISMO DE EINSTEIN

Albert_Einstein_(Nobel)
Albert_Einstein_(Nobel)

Con el paso del tiempo la relación se tornó disfuncional. Ella ya no le resultaba divertida a Einstein y tampoco contaba con el tiempo para aportar nuevas ideas ni conocimientos.

Las “Reglas de conducta” que Albert Einstein le impuso por escrito en 1914 son una cruda muestra de su autoritarismo y, a su vez, del machismo y violencia sicológica que ejerció en contra de Mileva:

REGLAS DE CONDUCTA

“A. Te encargarás de que:

1.Mi ropa esté en orden,

2.Que se me sirvan tres comidas regulares al día en mi habitación,

3.Que mi dormitorio y mi estudio estén siempre en orden y que mi escritorio no sea tocado por nadie, excepto yo.

B. Renunciarás a tus relaciones personales conmigo, excepto cuando éstas se requieran por apariencias sociales. En especial no solicitarás que:

1.Me siente junto a ti en casa,

2.Que salga o viaje contigo.

C. Prometerás explícitamente observar los siguientes puntos cuanto estés en contacto conmigo:

1.No deberás esperar ninguna muestra de afecto mía ni me reprocharás por ello,

2.Deberás responder de inmediato cuando te hable,

3.Deberás abandonar de inmediato el dormitorio o el estudio y sin protestar cuanto te lo diga.

D. Prometerás no denigrarme a los ojos de los niños, ya sea de palabra o de hecho.”

Con este tipo de imposiciones obviamente que las cosas no funcionarían nunca, por lo que los Einstein terminaron separándose en 1914.

Einstein se fue a Berlín en 1914, mientras Mileva se quedó en Zurich con sus hijos; después de vivir cinco años separados,  Einstein y Mileva se divorciaron el 14 de febrero de 1919.

EINSTEIN SE VUELVE A CASAR

Elsa Einstein, prima y segunda esposa de Albert Einstein
Elsa Einstein, prima y segunda esposa de Albert Einstein

Einstein volvió a casarse en 1915 con una de sus primas (en primer grado por lado materno y segundo grado por el lado paterno), Elsa (Löwenthal)[ii] Einstein, quien también era divorciada y tenía dos hijas.

El aún desconocido físico, un año después dio a conocer su famosa Teoría General de la Relatividad que Mileva había preparado.

Elsa fue la mujer sumisa que Einstein buscaba, pues en total sumisión supo mantenerse a prudente distancia, dedicada al hogar y facilitándole el trabajo de investigación. Su doméstica obediencia llegó hasta aceptar organizarle la agenda y restringirle el número de visitantes que aspiraban hablar con él, a medida que crecía su fama.

De los hechos se desprende que Einstein nunca necesitó una esposa sino una sirvienta, nana de sus hijos y secretaria, y que no quiso formar una pareja científica ni conceder crédito alguno en su teoría a su ex esposa Mileva. Quizá por eso, de alguna manera le pagó por su aporte, al otorgarle el dinero que ganó por el Premio Nobel de Física.

COLABORACIÓN DE MILEVA CON EINSTEIN

Hasta que abandonó los estudios en 1901 -y luego mientras duró su matrimonio-, fue una estrecha colaboradora de Einstein, como refleja una carta del propio Einstein donde afirma que espera acabar pronto su trabajo en común (con Mileva) sobre el “movimiento relativo” del éter.

MILEVA MARIC ERA MEJOR MATEMÁTICA QUE ALBERT EINSTEIN

Como sea, la pareja estaba flechada porque ambos hablaban el mismo lenguaje: ella le dio clases de matemáticas (que nunca fueron el fuerte de Einstein), preparaban juntos sus exámenes y compartían el mismo interés por la ciencia y por la música. Einstein le escribió en 1900: “Estoy solo con todo el mundo, salvo contigo. Qué feliz soy por haberte encontrado a ti, alguien igual a mí en todos los aspectos, tan fuerte y autónoma como yo”.

Los amigos de la pareja definen a esta mujer como a una diosa.  “Tanto nos impresionaban sus conocimientos matemáticos y su genialidad. Los problemas matemáticos sencillos los resolvía mentalmente en un instante, y no tardaba más de dos días en aquellos que ocupaban varias semanas a los más hábiles especialistas. Y para resolverlos siempre encontraba vías originales y propias, las más cortas. Le resolvía (a Einstein) todos los problemas matemáticos. Resultaba desconcertante lo buena matemática que era” (Dr. Ljubomir Bata Dumic).

DESARROLLO CONJUNTO DE LA TEORÍA DE LA RELATIVIDAD ESPECIAL

En sus ratos libres, Einstein desarrolló, entre otras cosas, la Teoría de la relatividad especial que habría de revolucionar la física moderna. Los frutos de su trabajo fueron publicados en 1905, en la -en aquel entonces- prestigiosa revista Annalen der Physik.

Portada de de Anales de la Física
Portada de de Anales de la Física

Un ejemplar de “Anales de la Física”

Cuando se le preguntaba a Mileva por qué no firmaba los artículos que elaboraba junto a su esposo, su respuesta era: “Wir sind ein Stein!” (Somos Einstein), que en alemán significa “somos una piedra”.

Existen varias cartas del noviazgo en las que Einstein le pide aclarar información,  debate  con ella  el por qué de sus ideas de la relatividad (de ella) e inclusive se refiere a “nuestra teoría” y le da un trato de colega.

A partir de estas evidencias hay estudiosos, como el investigador E. H. Walker, que concluyen que las ideas fundamentales de la teoría de la relatividad fueron de Mileva Maric, quien no pudo continuar con su carrera puesto que se hizo cargo del cuidado de los hijos, uno con retraso mental, lo que desde luego le exigió más cuidados maternales.

CLÁUSULA LEGAL SOBRE PREMIOS POR LA TEORÍA DE LA RELATIVIDAD

Un detalle bastante revelador aportado por la feminista alemana Senta Trömel-Plözt es que, cuando Albert y Mileva se separaron oficialmente en 1919, el documento del divorcio incluyó una cláusula de que, en caso de recibir Einstein algún premio por los artículos publicados en 1905 en los Annalen der Physik, debía entregárselo íntegramente a Mileva. ¿Tenía la esperanza Mileva que ese trabajo revolucionaría al mundo? ¿Cómo pudo saberlo si no fue parte del mismo? Es claro que ella fue la autora del mismo.  Fue en los años de su vida conjunta, hasta 1914, cuando nacieron las obras más importantes de Einstein, por lo que algunos creen que el papel de su mujer era significativo y definitivo, sobre todo en matemáticas, materia en la que alguna vez brilló en su Facultad.

EL PREMIO NOBEL, SÓLO PARA EINSTEIN

Mileva pagó con creces el destacar en un mundo de varones misóginos, pues ni la Academia Sueca, ni siquiera Einstein, compartieron los honores del Nobel. Hasta ocho años después del divorcio, el Einstein tuvo el gesto de reconocer indirectamente la coautoría o aportación de su descubrimiento, al otorgarle íntegramente la aportación económica del premio Nobel (legalmente debía hacerlo, pues había una cláusula al respecto en el acuerdo de divorcio).

Algunos biógrafos del Nobel mencionan que Einstein impuso a Mileva, por escrito, una serie de obligaciones conyugales que la marcaban definitivamente como esposa y madre sumisa y obediente al genio.

MILEVA MARIC UNA GRAN MATEMÁTICA, ADEMÁS DE ABNEGADA ESPOSA Y MADRE.

Mileva Maric, después de divorciada vivió algunos años en Berna, encerrada en su casa entregada al cuidado de su hijo.

Ella compró el departamento con el dinero del Premio Nobel que debió ganar ella junto con Einstein.

Mileva vivió hasta el último de sus días en Zúrich, en ese departamento con vista a la facultad en la que estudió junto con Einstein.

Murió sola y olvidada en Zúrich en 1948.

Este post sobre Mileva Maric es un homenaje a esas miles, millones de abnegadas esposas y madres, que han sacrificado sus sueños, carreras e ideales, porque el instinto maternal y el amor han sido más fuertes que el estatus, sus ambiciones y sus sueños.

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© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

Autora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación, regresiones a vidas pasadas, con temas como psicología, PES, sueños, tantra, kundalini, iniciaciones, brujería, esoterismo, arqueología, etc.Tu y Yo Siempre, novela romántica

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ENLACES RELACIONADOS

http://mqciencia.com/2011/05/31/mileva-maric-el-deber-y-la-devocion/

http://mqciencia.com/2011/05/31/mileva-maric-el-deber-y-la-devocion/

http://astrojem.com/mujeres/milevamaric.html

http://en.wikipedia.org/wiki/Elsa_Einstein

Algunos datos tomados de un eMail de Carlos Alberto Bassi


[i] Marie Curie (Varsovia, Zarato de Polonia, 7 de noviembre de 1867Passy, Francia, 4 de julio de 1934), fue una química y física polaca, posteriormente nacionalizada francesa. Pionera en el campo de la radiactividad, fue, entre otros méritos, la primera persona en recibir dos premios Nobel, la única persona en haber recibido dos premios Nobel en distintas especialidades, Física y Química, y la primera mujer en ser profesora en la Universidad de París.

[ii] El apellido paterno de Elsa era Einstein, pero lo cambió al casarse con su primer esposo, Max Löwenthal, luego lo recuperó al casarse con Albert Einstein

ENÉSIMA UTOPÍA (CUENTO)


Nave espacial Columbia despegando
"abordé una nave transparente, parecida a nuestros cohetes espaciales"


ENÉSIMA UTOPÍA

Ya ha pasado mucho tiempo (aunque creo que mi percepción de eso que llaman tiempo ha cambiado), desde que llegué; tanto, que ya me acostumbré a este estilo de vida; es cómodo, es agradable, es… diferente.

La mayoría de las cosas que no soportaba de mi país (o continente, o planeta, o sistema solar, o galaxia, o tal vez estoy en otro universo u otra dimensión) aquí no existen; por  ejemplo: aquí no hay “sufridas y abnegadas madrecitas”, no hay “machos muy machos”, ni mujeres frustradas, ni drogadictos, ni alcohólicos, ni muy ricos, ni muy pobres, ni explotadores ni explotados; no hay miseria, ni tampoco “clase media” mediatizada y enajenada.  Es más: no hay clases sociales.

La gente, al principio, trabaja en todo, pero después de un tiempo decide dónde es más feliz y, por lo tanto, más productiva (hay capacitación y educación universitaria, todo gratuito).  Por curioso que parezca (a mí me lo parece), a pesar de que no existen monopolios, ni trasnacionales, vaya, ni siquiera IP., la eficiencia y la productividad están al máximo y todos tenemos todo, aunque no lo mismo (salvo los derechos y las libertades que, aquí sí, son iguales para todos).

Todavía no sé dónde estoy; sólo recuerdo que un día, mientras efectuaba una investigación documental, sentí la imperiosa necesidad de acudir a un sitio a una hora determinada y que ahí, junto con un hindú, una cubana, un finlandés, una etíope, un aborigen australiano, una rusa y un italiano del sur, abordé una nave transparente, parecida a nuestros cohetes espaciales, pero que puede despegar como helicóptero y cuyo combustible es sal magnetizada.

Después, navegamos por el espacio exterior por sabe Dios cuando tiempo, posiblemente a la velocidad de la luz, o más rápido, y llegamos aquí.

Cuando arribamos, nuestra nave espacial, como si fuera un émbolo, entró a un túnel cilíndrico y cuando las puertas de nuestra nave y las del túnel se abrieron en perfecta sincronía, pudimos entrar a un pasillo cuyos mullidos pisos eran de luminosos colores cambiantes, vimos y olimos (además de oírla, claro) una música al mismo tiempo relajante y estimulante; vimos, olimos y escuchamos las exuberantes y frondosas plantas sembradas a lo largo del pasillo, cuyas hojas y flores emitían una cierta luz translúcida, que nunca habíamos visto en otra parte.

Sabíamos que estábamos bajo techo, pero la sensación era como si estuviéramos en campo abierto, bajo los rosados (sí, porque era una luz rosa y no dorada) rayos del ¿Sol?

Llegamos a la recepción, una especie de laboratorio de la NASA, donde entramos a unas cabinas individuales en cuyo interior una luz azul nos recorrió de cabeza a pies y en dos segundos nuestra “ID”  con todos nuestros antecedentes personales, estaba lista (el FBI,  la CIA, la KGB, la Gestapo y la SS, nos parecieron párvulos cuando vimos todos nuestros datos en las pequeñas micas que salieron de las computadoras).

Al salir de las identificadoras, nos estaban esperando varios entrevistadores, uno para cada quién, y ellos nos informaron que somos algo así como “elegidos” y que fuimos seleccionados entre nuestros congéneres porque tenemos ideas muy singulares, pero muy firmes, acerca de la sociedad, la cultura, la educación, la política, la sexualidad, la salud, el dinero, etc., etc., etc.: es decir, que allá éramos descontentos, rebeldes (algunos hasta sediciosos y revolucionarios) y aquí somos los escogidos.

Aquí nadie habla (porque no los hay) de miseria; subdesarrollo; tercer mundo; hambre; analfabetismo; desigualdad social, sexual, racial o religiosa; trasnacionales; deudas externas; devaluación; contaminación del ambiente, de los alimentos o del agua; SIDA; drogadicción, narcotráfico, secuestros; ni ninguna otra de las plagas que existen (¿o existían?, ¿es que aún existe nuestro planeta?) allá; bueno ¡ni siquiera hay guerra!

Lo que más me gusta es que el amor, mejor dicho Amor, el verdadero, no el mito romántico-erótico que conocíamos, sino el Amor Universal, el Amor al semejante, que es mezcla de respeto, cariño, interés, afecto, devoción, estimación, ternura, comprensión y aceptación, entre otras cosas; ese Amor que abarca a la humanidad entera, ése es el que sentimos todos por todos; claro que hay atracción sexual y hay “matrimonio”, pero no como allá, “por contrato”, sino sólo cuando la frecuencia de onda es la misma en los dos; es decir, sólo con el “alma gemela” (parece que todos los que venimos aquí, lo hicimos con nuestra “mitad perfecta”, sólo que nos damos cuenta únicamente hasta que ambos estamos preparados).  Por supuesto que al unirse las dos mitades no hace falta ninguna clase de contrato, puesto que esa no es una simple unión, sino una reunión de dos que antes fueron uno.

Todas las tareas domésticas que allá efectúa el ama de casa (¿o debería decir “esclava de casa”?) aquí están socializadas: hay comedores públicos con comida natural, balanceada, sabrosa nutritiva y ¡gratis!; aquí no hay basura, porque los desperdicios orgánicos van a la composta y los demás se reciclan; las habitaciones se limpian con sólo apretar un botón que pone en marcha una “aspiradora” colocada dentro de las paredes a lo largo, alto y ancho y que deja tanto muebles como pisos impecables; la ropa para la lavandería se deja fuera de la habitación y al día siguiente ya está acomodada en su lugar (a todos nos toca una vez cada seis meses trabajar en la cocina, la lavandería, los jardines, los centros infantiles, etc., lo cual ni siquiera es molesto).

No se podría llamar “guardería” a los lugares donde se quedan los niños  mientras sus padres trabajan, porque ahí no se “guarda” a los pequeños, sino que se les mima, cuida, atiende, socializa y, lo más importante, no se les condiciona a que <<los niños tienen que hacer esto y las niñas no pueden y viceversa>>; no, ahí tanto los niños como las niñas hacen lo que les nace hacer.  Podemos ver niñas subidas en los árboles y niños jugando a las muñecas, tanto como niños en los árboles y  niñas con muñecas.

Mis compañeros de viaje y yo, aún siendo de países (y continentes) tan diferentes y tener distintas culturas y lenguaje, nos entendemos perfectamente entre nosotros y con los demás; no me explico cómo, pero así es: yo hablo en mi idioma y ellos en el suyo y todos comprendemos lo que los otros dicen.  Siempre que nos encontramos en el comedor nos platicamos nuestras nuevas experiencias.

El finlandés, que es pedagogo, está en uno de los centros infantiles; el hindú, que es maestro yogui, da clases de meditación a niños y adultos; la cubana, que era coronela en la milicia, enseña educación física y artes marciales (como ejercicio físico y elevación espiritual, no para ofensa o defensa); la rusa, que es física nuclear, está en investigaciones médicas; la etíope, que se doctoró en economía en Inglaterra, está en la Comisión Económica del …¿país?, ¿nación?, ¿Estado?, ¿gobierno?… aún no sé cómo llamar a este conglomerado tan perfectamente organizado; pero ella está entre los que estudian las cuestiones económicas (como la eliminación del dinero), para que después todos, por votación decidamos lo mejor para la mayoría.

Los descontentos (aún no he conocido ninguno) tienen derecho a manifestarse durante las sesiones de votación de nuevas reglas y leyes, una vez al mes, pero nadie lo ha hecho desde que llegamos.

Continuando el recuento, el australiano – es ecólogo – enseña en la Universidad cómo viven los aborígenes australianos, enfocándose en las ventajas de vivir de acuerdo a la naturaleza; también enseña medicina natural, básicamente herbolaria, que es la que ellos utilizan.  El italiano (un moreno del sur, atractivísimo), es sexólogo y da clases de educación sexual a niños, adolescentes y adultos.

Finalmente yo, que soy mexicana y antropóloga (especializada en la situación de la mujer en las diversas épocas y culturas), tengo encomendado un estudio comparativo de las diferencias entre la condición de la mujer allá, de donde venimos, y aquí.

Nunca me había entusiasmado tanto con una investigación, ¡son tantas y tan importantes las diferencias!

Aquí no hay matrimonio en el cual la mujer pierda sus  derechos, ni amas de casa, ni roles sexuales, ni discriminación sexual, ni división sexual del trabajo, ni violaciones, ni embarazos no deseados, ni abortos, ni nada de lo que subyuga allá a la mujer.

El problema que tengo, es que para poder comparar, tendría que…

-¡Silvia!, ¡despierta!, tienes que terminar tu trabajo sobre la discriminación de la mujer en el Tercer Mundo…

(c) Silvia Eugenia Ruiz Bachiller