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El Dios Humeante – Viaje al interior de la Tierra

¿Ficción o hechos reales?

Grutas en el hielo
Grutas en el hielo

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El Dios Humeante, o un Viaje al interior de la Tierra es el relato de un marinero noruego que navegó a través de una entrada al interior de la Tierra en el Polo Norte.


Títulos:
El Dios Humeante
El Dios Ahumado
Viaje al interior de la Tierra
The Smoky God

Willis George Emerson(1856-1918) fue un novelista estadounidense de Chicago, periodista, abogado, político y promotor, que formó la Sociedad Norteamericana de cobre en Wyoming y fundó la ciudad de Campamento, Wyoming.

El Dios Humeante, o un Viaje al interior de la Tierra es un libro de 1908 que se presenta como el relato verdadero de un marinero noruego llamado Olaf Jansen, y explica cómo éste navegó a través de una entrada al interior de la Tierra en el Polo Norte.  Un día Olaf Jansen y su padre iban en un bote pesquero con el fin de llegar a la tierra que estaba más allá del viento del norte. Sin embargo, una extraordinaria tormenta los llevó muy lejos, a través de una apertura polar que conduce al interior de la tierra.

En el regreso, su padre perdió la vida al chocar la embarcación con un témpano de hielo, quedando su bote destruido. Olaf Jansen se salvó para posteriormente pasar veinticuatro años en un manicomio por haber contado la historia de su experiencia. Al salir del manicomio guardó su secreto.

Empezó a trabajar como pescador y logró ahorrar lo suficiente para trasladarse a Estados Unidos, estableciéndose primero en Illinois y después en California. Próximo a cumplir 90 años, Olaf conoce a Willis G. Emerson, con quien hace amistad y le relata su aventura.

A la muerte del anciano, Emerson recibe no sólo los mapas del interior de la Tierra que Jansen había dibujado, sino también el manuscrito donde el noruego describió su experiencia y que, en vida, no mostró a ninguna persona por el temor de ser tomado nuevamente por un loco y ser detenido.

Emerson (que publicó la obra en 1908) rescata en sus páginas el extraordinario viaje de Olaf; en sus páginas se habla de las gentes que el marino vio en las entrañas del planeta, y cuya lengua nativa dice haber aprendido junto a su padre durante los dos años que pasaron con ellos.

Jansen afirma que los habitantes subterráneos viven de cuatrocientos a ochocientos años, tienen una estatura media superior a los tres metros y poseen un altísimo nivel científico. Su mundo estaba iluminado por un sol central “humo”, su ciudad capital era denominada como Edén y existían cuatro grandes ríos:  el Éufrates, el Pisón, el Gihón y el Hidekel.

Trabajos posteriores de otros autores han identificado la civilización que Jansen encontró conAgartha.

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Tomado de:

EXPEDICIÓN A LA ZONA MAYA

© Condiciones al final.

Este es un fragmento de una novela aún inconclusa, que algún día terminaré y publicaré, pero les ofrezco un adelanto. Puede considerarse como cuento.

Mayas, primer trabajo de campo de Eugenia

Caminaban dificultosamente siguiendo el curso del  río Monos, los machetes volaban a derecha e izquierda abriendo una estrecha brecha en el corazón de la selva.  De vez en cuando, Mario Alonso Ruiz, el arqueólogo jefe de la expedición, dirigía la mirada hacia la cúpula  de altos árboles, cuyo tupido follaje apenas dejaba filtrar la luz, que a esa hora de la mañana se escurría entre el follaje como jade y oro líquidos.  Parvadas de loros multicolores y algunos vistosos tucanes volaban reclamando a gritos esa invasión de su hogar.

El guía se detuvo, había escuchado el crujir de una rama unos pasos adelante de él.; los demás lo imitaron y, levantando la vista,  escudriñaron la frondosa espesura de la selva  quedándose petrificados de miedo: un poderoso felino de hermosa piel manchada  los acechaba desde la frondosidad a unos dos metros sobre sus cabezas.

Ocelote Joel Sartore  NATIONAL GEOGRAPHIC BOOK RARE
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Mario recordó que su padre y sus compañeros de cacería consideraban la piel de un jaguar como uno de los más preciados tesoros y al contemplar el diseño de sus manchas, supo por qué; verdaderamente era un bellísimo ejemplar, pero tenerlo tan cerca y sin rejas de por medio era también sumamente peligroso. 

Observó los ambarinos ojos fijos en él y una carga de adrenalina corrió por sus venas; su primer impulso fue hincarse, apuntar al bello ejemplar con su rifle de alto poder y disparar, pero su mente lo detuvo; no venían a depredar especies en peligro.

-¡No disparen! -ordenó en un susurro- y no se muevan.

El  taimado y hermoso animal los observó sin mover un músculo. Al otear las armas arrugó la nariz y por unos segundos mostró sus afilados dientes, pero al no percibir señales de peligro, se lamió los bigotes y calmada y cadenciosamente se dio la vuelta en la rama y desapareció entre las hojas de su observatorio.

Tras respirar profundamente para alejar el miedo, los once hombres y Eugenia continuaron avanzando dificultosamente a través de árboles, arbustos, lianas y maleza de la selva tropical.  A veces, a lo lejos escuchaban los estentóreos chillidos de los monos aulladores, pero no pudieron ver ninguno, ya que éstos rara vez se dejan ver por los humanos que hoyan su selva, escondiéndose en lo más umbroso de los árboles más altos; a los que sí pudieron ver, fueron a los simpáticos monos araña, e incluso hasta compartieron un poco de comida con los más arriesgados, que se acercaron a ellos cuando se detuvieron a comer.

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José, uno de los  dos guías mayas, le ofreció un pedazo de fruta al monito más audaz y éste se acercó poco a poco moviendo en lo alto su larga cola prensil; unos minutos después, se vieron rodeados de ágiles y traviesos changos que alargaban sus manitas pidiendo comida.  A todos les hizo gracia, menos a Carlos, el geólogo de la expedición, que amaba las piedras, pero odiaba a los animales.  Por su parte, Eugenia,  futura arqueóloga, y  Luis, como buen biólogo, estaban fascinados con los changuitos y él les dio a sus compañeros una disertación sobre los monos araña.  Mario casi no le prestaba atención, porque su mente estaba muy lejos en el tiempo y el espacio, recordando dónde había comenzado esta expedición a la zona maya.

***

Tenía 9 años y estaba de vacaciones, cuando Alfonso, un amigo de su padre había llegado de visita a su casa en la Ciudad de México y lo había invitado a acompañarlo en varios viajes cortos a sitios arqueológicos cercanos a la capital.  Mario nunca los consideró como viajes de trabajo, sino como aventuras emocionantes, porque Alfonso, como buen arqueólogo, no lo llevaba a las zonas turísticas, sino que se dirigía directamente a los encargados de las instalaciones, museos o excavaciones, en su caso, y tenía entrada franca a lugares que los demás no podían visitar.

Además, y para Mario esto fue lo más importante, le permitían buscar y recoger pedacitos de cerámica,  obsidianas, etc., siempre y cuando los entregara a los encargados; cosa que a él no le molestaba, porque la emoción estaba en rascar la tierra con una pequeña pala que Alfonso le había regalado, y encontrar pequeños objetos o pedacería, que guardaba en una bolsa de lona  después de limpiarlos con una brocha especial (también obsequios de Alfonso), para luego ir y vaciarla enfrente de los asombrados arqueólogos que casi siempre encontraban algo que le prometían iría al museo local o, en dos ocasiones, hasta al Museo Nacional de Antropología e Historia.  Mario se había electrificado de emoción al escuchar a dónde iban a ir a parar sus hallazgos y cuando poco más de dos años después, en una de sus asiduas visitas al Museo Nacional de Antropología e Historia, efectivamente vio sus dos piezas exhibidas en una vitrina, casi se desmaya de la emoción y al siguiente fin de semana organizó una visita con algunos de sus recientes compañeros de primero de secundaria.  Para entonces ya sabía que iba a ser arqueólogo como Alfonso, con quien mantenía correspondencia, sin importar dónde se encontrara éste excavando.

***

Terminaron de comer y reanudaron la marcha; la selva se iba espesando gradualmente y Mario se decía a sí mismo que su hipótesis era correcta.

El pensaba que en la zona más rica y fértil de la selva, junto al río, en la montaña, al sureste de Bonampak, más al sur y más al este de Lacantum, en una zona fértil, con agua dulce y muy rica en minerales, debería haber asentamientos mayas aún no descubiertos; quizá muy anteriores a los conocidos hasta ahora y, al menos hasta el momento, todo parecía indicar que estaba en lo cierto.  Recordó sus viajes a la zona maya, siendo aún estudiante de arqueología en la ENAH; primero, naturalmente fue a Chichen Itzá y  Uxmal, después a Palenque, Cobá, Tulum, kabáh, Labná, Dzibil Chaltún y, por supuesto, a Bonampak, después de lo cual las otras zonas arqueológicas dejaron de interesarle y se especializó en los sitios mayas; no se arrepentía, era lo más fascinante que conocía, aún comparándolos con Egipto, Perú, o cualquier otro lugar.

Seguían internándose en la jungla virgen y, de pronto, por un pequeño claro vieron pasar  indolentemente a un animal casi del tamaño de un poni, aunque un poco más bajo de estatura, con una trompa semejante a la del elefante, pero más pequeña.  José estiro ambos brazos a los lados, para impedirles el paso y Juan, el otro guía, les hizo señas de que no hablaran; habían encontrado un tapir, animal casi en extinción, que sólo se encuentra en lo más recóndito de la selva, adonde no ha llegado el hombre blanco.

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-Tzimin- susurró Juan.

Los diez integrantes de la expedición acataron las órdenes de los dos guías mayas y se vieron premiados cuando el tapir asomó un poco a la izquierda de donde se encontraban, mordisqueando indolentemente las hojas de los arbustos a su alrededor.

Mario recordó los dioses o altos dignatarios representados en algunos de los más bellos edificios de Chichén Itzá y Uxmal y confirmó la creencia de los arqueólogos de que los mayas se inspiraron en este extraño animal para representar a esos trompudos personajes… sin embargo, él podría aceptar otras teorías nada ortodoxas al respecto, que hablaban de elefantes, en una época (al menos la oficial) en que los elefantes se habían extinguido en América.

Sus pensamientos se interrumpieron cuando algo cayó sobre el hombro de Eugenia y de ahí brincó hacia un árbol, los demás rieron de la ocurrencia de un pequeño tejón -coatí- corregiría Luis y Eugenia tuvo que tragar saliva reponiéndose del susto antes de también soltar la carcajada.

Emilio y Humberto, dos de los cinco arqueólogos de la expedición alcanzaron a Mario, emparejando su paso el de él.

-¿Crees que los asentamientos que buscamos estén por esta zona?- Emilio volteó a derecha e izquierda, como tratando de descubrir algo entre la espesura.

-Encontramos un tapir ¿no?…

-¿Y eso qué?-se engalló Humberto.

Luis acercándose, salió al quite -los tapires viven cerca de donde hay agua y Mario piensa que los antiguos mayas también buscarían un lugar con buenos depósitos acuíferos.

-Para eso traje a un biólogo- explicó Mario con una sonrisa de oreja a oreja, recordando que tanto Humberto como Emilio y Eduardo, otro colega, se habían opuesto a que hubiera un biólogo, un geólogo, una estudiante de arqueología -“¿una mujer y aún estudiante?”- y un mineralogista en el equipo, alegando que no tenían nada que hacer en una expedición arqueológica y sólo habían aceptado a José Antonio con reticencia, por ser etnólogo; sólo Jaime, el otro arqueólogo, no había puesto objeción alguna a sus copartícipes de otras especialidades.

Mientras hablaban se habían detenido a descansar un poco, pero tuvieron que avivar el paso para alcanzar al resto del grupo, que seguía a los guías y sus machetes abre-camino.  Mario aprovechó para ponerse al paso de Arturo, el mejor mineralogista que pudo encontrar dispuesto a correr esta aventura.

Casi jadeando por el paso rápido lo tomó por el brazo .

-¿Crees que por esta zona haya obsidiana, hematita o jade?

Hematita
Hematita

-Así, a ojo de pájaro, te diría que es bastante posible- se agachó tomó un puñado de tierra y lo estudió

-por la tierra, la vegetación, la zona y la altura, te podría decir que podría haber jade y también granito.

Mario lo observó un poco incrédulo haciendo sonreír a Arturo -También tengo la información de un estudio mineralógico y mapas de fotografías aéreas y de satélite, no sólo soy zahorí- y avanzó divertido por la expresión de su amigo.

Iba tan distraído que casi pisa la cola de un ocelote dormido, que, despertando rápidamente, volteó poniéndose en actitud de ataque; Arturo y los que venían atrás se detuvieron casi petrificados, porque aunque sólo parecía un gato grande, con una hermosa piel café grisácea y motas de color casi negro orladas de gris,  las franjas oscuras de su cabeza y cuello, hacían más visible lo erizado de su pelambre y sus fauces abiertas y su gruñido amenazante indicaban un peligro muy real.  Juan salió al quite, arrojándole al furioso animal un gran pedazo de carne seca.  El gato venteó el manjar, volteó indeciso hacia donde había caído y al no ver movimiento de parte de sus presuntos enemigos, se acercó a olfatearlo y por fin a comerlo con evidente placer.  Los expedicionarios avanzaron con sumo cuidado hasta considerarse convenientemente alejados del ocelote.

Poco después encontraron un arroyuelo y debido a que ya estaba oscureciendo, Mario decidió detenerse a pasar la noche, para iniciar la marcha al amanecer, cuando hace menos calor.  José y Juan, ayudados por Jaime, José Antonio y Luis, formaron un pequeño claro a machetazos; Emilio Arturo y Humberto recogieron ramas para la fogata, Carlos se dedicó a buscar muestras: piedritas, según Eduardo y Emilio (quizá en desquite de que a ellos los profanos también les achacaban que sólo estudiaban piedritas, pero al menos las que ellos estudiaban eran piedras trabajadas, labradas, construidas, colocadas en monumentos, no simples guijarros como el geólogo, que no les agradaba).  Aunque habían acordado que no habría roles sexuales, Eugenia se dedicó a recoger agua del arroyuelo, hacer café, preparar sopa de lata y freír huevos.  Eduardo y Mario lavaron los trastes, para compensar.

Después de la cena se reunieron alrededor del fuego a descansar y conversar.

Luis había estado tomando notas de los animales que habían encontrado.

-¿Qué les parece el  gatito que casi pisa Arturo?, ¿no les pareció hermoso?

-¿Cómo dices que se llama?- Eugenia se había quitado las botas y sobaba suavemente sus adoloridos pies sentada en un tronco caído.

-Ocelote…- iba a continuar, pero José Antonio lo interrumpió.

-Del nahuatl, océlotl,  ¿no es así?, en inglés se llama ocelot y por aquí también le llaman tigrillo.

-¿Te gustaría un abrigo de piel de ocelote?, es bellísima y en Europa las mujeres más elegantes pagan lo que sea por un abrigo de esa piel -terció Carlos, mientras seguía estudiando algunas de las piedras que había recogido

Eugenia lo volteó a verlo enojada -¿te parezco elegante? además, no soy partidaria de matar animales para lucir abrigos caros y no es políticamente correcto- bajó el pie que había estado masajeando y dio un grito.  A medio metro de ella, por un hueco del árbol en que estaba sentada asomaba la cabeza de una serpiente. 

Al ver la la serpiente tan cerca de Eugenia,  que ya sacaba su cuchillo de su bota, José le dijo que no se moviera y llegó cautelosamente junto a ella y de un machetazo cortó la cabeza de la víbora.

boa-constrictor
boa-constrictor

Eugenia casi no podía hablar; cuando recuperó su voz sólo dijo casi inaudiblemente-gracias-  y regresó el cuchillo a su bota, sin perder un movimiento de José que estaba sacando el cuerpo del enorme reptil de su madriguera. 

José jalaba y jalaba y la cola no acababa de aparecer; entre la cortada cabeza y la mitad del cuerpo tenía un enorme bulto, señal de que acababa de comerse a una gran presa.

Luis se acercó a observarla con admiración, acariciándola mientras informaba a los demás- es una boa constrictor-  al tocar la piel de diseño de diversos tonos de café, descubrió garrapatas y retiró la mano rápidamente

-Se dice que éstas son más agresivas que las de otras zonas; tal vez por las molestias que les causan estos ácaros-bromeó- tuvimos suerte de que acabara de comer, seguramente estaba disfrutando su siesta y aún estaba medio dormida cuando sacó la cabeza, porque si no…-miró a Eugenia significativamente.

-Ni lo digas-respondió ella poniéndose rápidamente las botas, cuchillo incluido.

Después de este último susto, decidieron irse a dormir para partir muy temprano al día siguiente.

Al principio a todos, menos a José Antonio, se les dificultó conciliar el sueño, porque ranas y cigarras les proporcionaron un estrepitoso concierto.  Afortunadamente todos llevaban mosquiteros, y de tábanos y mosquitos sí estuvieron a salvo.

Continuaron dos días más por las montañas, siempre en dirección sureste, Mario insistía en que las ciudades mayas más importantes deberían estar en el centro de la zona, más o menos equidistantes de Copán, Chichen Itzá, Uxmal y Palenque, porque aunque fueran ciudades estado autónomas, había comunicación y comercio entre ellas.

Al segundo día encontraron el sitio con un templo lleno de inscripciones en la escalera y las paredes, además de pinturas en las que se aprecian enemigos vencidos que han sido decapitados. Uno de los arqueólogos habla de las ofrendas de sangre a los dioses, pero nada más.

La excavación empezará mucho después…

CONTINUARÁ

***

NOTAS (DATOS ARQUEOLÓGICOS)

Mayas mapa
Mapa de la zona  maya
Mapa de la zona maya

El esplendor físico de la cultura maya se aprecia sobre todo en la arquitectura y decorado de sus ciudades. Estas ciudades-estado constituían la sede del poder de los reyes-sacerdotes que administraban la obediencia, el tributo y la fuerza de trabajo del pueblo que creía en ellos.

Se han identificado muchas ciudades y centros ceremoniales mayas, algunos de los cuales aparecen en nuestro mapa del país maya, que cubre desde los actuales estados de Campeche y Yucatán, en México, hasta lo que hoy es Honduras.

No todas las ciudades se desarrollaron al mismo tiempo. En los inicios de la cultura maya, las tierras altas edificaron las primeras construcciones. En el apogeo de la Época Clásica, entre los años 250 y 900 de nuestra era, las tierras bajas vieron florecer grandes ciudades, como Tikal, localizada en el corazón del Petén guatemalteco. Después de esto, el impulso creador se movió a las planicies y mesetas del sur de la península de Yucatán, en donde las ciudades Puuc tuvieron su momento de gloria.

Cada ciudad maya mantiene un estilo propio, aunque diferentes regiones y épocas presentan similitudes que se extienden a los centros ceremoniales dentro de ellas. Cuando visitamos las ruinas que aparecen de pronto entre la selva, no podemos menos que admirar las obras de ingeniería que garantizaban el abasto de agua y alimentos a los habitantes; los finos decorados de estuco; las estelas de piedra, mudos testigos del sistema calendárico más avanzado del mundo de entonces; la amplia red de carreteras que cruzaba todo el territorio, y que unía a las ciudades en el comercio y el intercambio.

Los nombres de las viejas ciudades fueron olvidados. Los que usamos hoy fueron inventados por exploradores y misioneros, viajeros y arqueólogos. Uno de los pocos nombres prehispánicos que ha llegado hasta nosotros es el de la ciudad de los brujos del agua, Chichén Itzá.

***

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© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Autora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación y regresiones a vidas pasadas.

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FOTOS: Bebés de hiena, león y tigre, son los mejores amigos | SDP Noticias

¿La “rivalidad” es instintiva o aprendida? ¿cuándo empiezan los instintos?  ojalá estos 5 animalitos sigan siendo amigos cuando crezcan y sean regresados a su habitat natural.

Me pregunto ¿de verdad sus madres los abandonaron? los animales no hace eso, más bien creo que las mataron y dejaron a estos cachorros huérfanos.

 

FOTOS: Bebés de hiena, león y tigre, son los mejores amigos | SDP Noticias.

HISTORIA DE AMOR DE MIRANA, UNA PRINCESA HINDÚ 1

POR: SILVIA EUGENIA RUIZ BACHILLER, ver condiciones de (c) al final

REGRESIONES A VIDAS PASADAS: MIRANA

Estábamos en mi casa y Tylor[i] me estaba platicando un sueño:

http://blog.procesosaltavida.com/

“… había víboras de agua” y en ese momento entré a nivel alfa,[ii] vi un río, en la orilla había pasto como de medio metro y en medio un elefante; Tylor seguía platicándome su sueño y yo le estaba prestando atención, pero el elefante no se iba de mi mente; por unos minutos estuvo quieto, pero luego vi que por un camino entre la maleza venia otro elefante que transportaba a un hombre, vestido con brocado de oro, turbante y estaba sentado en la cabeza del elefante, sentado en flor de loto; su piel era morena oscura, su espalda estaba muy recta y tenia los brazos cruzados, se iba moviendo rítmicamente según el vaivén de su montura.  Mas atrás venia otro elefante ricamente enjaezado, la cabeza y el lomo cubiertos con una rica tela roja bordeada con una cinta dorada, arriba del elefante, en una como casetita forrada de la misma tela, venia una mujer joven, vestida con una blusa corta hasta abajo del busto y pantalones bombachos como de gasa, todo en rojo; la boca tapada con un velo; tenia unos ojos preciosos.

La joven era yo; iba a casarme con un rajá, khan o sultán de un lugar lejano, el matrimonio era por razones políticas, porque yo era princesa y se trataba de unir a nuestros dos países.

Ahí acabo la regresión porque Tylor no me hizo preguntas, sólo me llegaron esas imágenes y las ideas de que esa joven era yo  y de lo que estaba pasando ahí.

Supongo que debido a una sincroncidad[iii] al día siguiente vimos anunciada una exposición de la cultura de Rajastán, India y por supuesto asistimos y compramos algunos objetos y un casete  de música tradicional de esa cultura.

-o-

Ya en la casa, al escuchar música de Rajastán, tuve una segunda regresión y empecé a visualizar mujeres hindúes, vestidas de rojo [blusita corta, pantalones a la cadera y velos sobre su pelo], bailando una danza erótica, pero delicada; supe que era el festejo de mi despedida.

ELEFANTE ENJAEZADO EN INDIA

Vino un niño trayendo un elefante lujosamente enjaezado y me ayudo a subir a la pequeña caseta colocada sobre el lomo del animal.  Mi vestimenta era parecida a la de las danzarinas, pero mucho mas lujosa y yo llevaba un velo cubriéndome la cara, muchas pulseras y ajorcas de oro y sobre la frente una joya azul [tal vez zafiro].  Me vi sentada casi en flor de loto, con los brazos abiertos y recargados  hacia atrás, balanceándome con el vaivén del lento andar del elefante.  Mi actitud era de nadie me merece.

mujer cubierta con velo
mujer cubierta con velo

En una parada me bañé en el rio, lave mi larguísimo pelo negro me subí al elefante con él aun húmedo y suelto y con la misma actitud hacia los sirvientes que me acompañaban.  Iba conmigo una doncella muy jovencita [la conozco en esta vida], que era mi preferida.

Seguimos la ruta por la ribera y una manada de elefantes salvajes se unió a nuestra caravana, que iba en fila india, y los otros elefantes nos fueron siguiendo por un trecho, a los sirvientes que guiaban a nuestras bestias les parecía muy gracioso y querían integrarlos al grupo, pero me opuse, porque no eran animales domesticados.

MANADA DE ELEFANTES
MANADA DE ELEFANTES

Mi prometido vino a encontrarme a la mitad del camino, venia con su visir, la religión de su país era el Islam, pero él era de ascendencia china o de Mongolia, pues en alguna época los chinos o mongoles dominaron esa zona y él era de la raza dominante y sus rasgos eran chinos.

No era muy alto (aunque mas que yo), obeso, con un enorme vientre, ojos rasgados y un bigotito delgado y largo [pregunté si lo conozco en esta vida y me llegó la certeza de que fue José Luis, mi finado esposo].

Se bajó del elefante en que venía y se acerco a mi campamento a saludarme, contra todo el protocolo, que ordenaba que el visir viniera por mi y me llevara ante él; al visir esta falta de su Señor al protocolo no le hizo nada de gracia y yo pensé que quizá tendría un enemigo en él.

El visir era árabe, mas alto que mi prometido, delgado, ojos preciosos, barba terminada en punta y piel morena clara, su nombre era Ramán.

Yo estaba sentada fuera de la tienda, vestida de blanco, mi brazo izquierdo lleno de ajorcas de oro.  Mi prometido llegó, dificultosamente se sentó frente a mí y empezamos a platicar sin ningún ceremonial, el visir árabe me veía con rabia.

-o-

Al anochecer, ya dentro del ceremonial indicado, Ramán vino por mi, para llevarme con su señor, no nos caímos bien, pero él era tan atento como tenía que serlo con la futura esposa del sultán, su  soberano.

Me llevo a la gran tienda de Omán, quien me esperaba cómodamente recostado en muchos almohadones de gran tamaño [como él] y forrados de vivos colores.

Obviamente  no se levantó y sólo me indicó con la mano, que me recostara en otros cojines junto a él.  Ramán se quedo parado del otro lado, a su espalda.

Mientras cenábamos, llegaron unas bailarinas árabes con vestidos semejantes al mío, pero mas sexis [mas escotados, apenas cubriendo el Monte de Venus y mas transparentes] y empezaron con la Danza del Vientre (belly dance), sus movimientos eran tan sensuales, que me sentí ofendida, me levanté y me encamine a la salida.  Omán se asombro, pero le divirtió mi gesto, que hizo sufrir al protocolario Ramán, quien corrió tras de mí para detenerme y convencerme de que regresara a mi lugar y aceptara las costumbres de mi esposo; todo esto en su idioma, que no era el mío, sin embargo yo entendía de que se trataba su arenga y me negaba a regresar; aunque por ser mujer, no se me permitía tener esos desplantes, mi rango me concedía ciertos derechos.

A el le parecía yo una chiquilla caprichosa y le era bastante desagradable; durante la discusión, tanto él como yo estábamos manoteando y en una de esas, su mano toco mi brazo y ambos recibimos una descarga eléctrica y erótica, todo nuestro cuerpo se estremeció y lo que sentimos salió por nuestros ojos, que se miraron   primero con asombro, luego con deseo y finalmente con entendimiento, todo en menos de un segundo.  Nos seguimos viendo por dos o tres segundos, sonreímos y, sin más, di media vuelta y regrese a sentarme junto a Omán, pero sin dejar de ver [cada vez que era posible] a Ramán, quien tampoco podía apartar la vista de mi.

Caravana de camellos
Caravana de camellos

Al día siguiente partimos, ahora sobre camellos, yo iba también en una silla especial y cubriéndome con una especie de sombrilla blanca.  Mi porte era el mismo, pero sin parar de observar a Ramán y miles de ideas románticas y eróticas cruzaban por mi mente.

MujerBakhtiarihaciendopan
MujerBakhtiarihaciendopan

En la siguiente parada, camine por el campamento y vi mujeres árabes haciendo pan árabe [de una manera semejante a como las indígenas mexicanas hacen tortillas, pero sin palmear la masa, sino que con la parte baja del pulgar le daban forma –semejante a como echan tortillas en algunos lugares de México, como en Soyaltepec, Oaxaca, pero sin hojas de plátano], que cocían en una especie de comales, pero creo que eran de metal ¿hierro?  Toda la comitiva [los sirvientes] vestían túnicas negras y turbantes blancos.  El emir y el visir, usaban túnicas blancas [Ramán a veces vestía de azul oscuro con líneas muy delgaditas amarillas]

-o-

Cambio de escena a un desierto, ahí estaban las tiendas, pero no vi mas detalles.

Pregunta de Tylor -¿Hubo boda?

CONTINUARÁ LA PRÓXIMA SEMANA.EN: https://serunserdeluz.wordpress.com/2011/11/23/regresiones-a-vidas-pasadas-historia-de-amor-de-mirana-una-princesa-hindu-parte-2/

© Silvia Eugenia Ruiz BachillerAutora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación, regresiones a vidas pasadas, con temas como psicología, PES, sueños, tantra, kundalini, iniciaciones, brujería, esoterismo, arqueología, etc.

foto Angel Sosa

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[i] Tylor es la persona que me guiaba en mis Regresiones a Vidas Pasadas haciéndome preguntas y anotando todo lo que decíamos en esas regresiones.  También me hacía preguntas cuando canalizaba yo al Maestro Ascendido del Tercer Rayo, Pablo el Veronés o el Veneciano o a algún otro Ser de dimensiones más elevadas que la nuestra (ver Introducción).

[ii] Nivel alfa: nivel de la mente de concentración relajada y visualización mental vívida como medio para alcanzar niveles más profundos, conservando el estado de alerta, una vez alcanzado este nivel, el cerebro llega a funcionar de forma más eficaz. Cuando estoy en este nivel de mi mente es cuando tengo visualizaciones sobre algunas vidas pasadas: Regresiones a Vidas Pasadas.

[iii] Sincronicidad: Término acuñado por Carl Gustav Jung (…) “la simultaneidad de dos sucesos vinculados por el sentido pero de manera acausal (…) una coincidencia temporal de dos o más sucesos relacionados entre sí de una manera no causal, cuyo contenido significativo sea igual o similar” es decir, que eventos relacionados ocurren al mismo tiempo sin una causa aparente. Para evitarse malentendidos “lo diferenciaré del término sincronismo, que constituye la mera simultaneidad de dos sucesos”

ENLACES DE LAS FOTOS

http://elmonomudo.com/

http://elcofredemusa.blogspot.com/2011/02/fiesta-nacional-de-la-india.html

http://aquevineadondevoy.wordpress.com/2013/01/22/intervidas-juicios-despues-de-la-muerte-y-el-juicio-final/

http://av.celarg.org.ve/FarzinMalaki/ListadeobrasFarzinMalaki.htm