DECISIONES

 Con este cuento celebro mi 5º aniversario en WordPress

***

-¡Ya murió la abuela!

Flor llamó a Pedro a Puebla desde la habitación contigua a donde la familia velaba a la querida abuelita en la antigua casona de la Ciudad de México.

Pedro lo sintió mucho, pero no pudo dejar de preguntarse qué le habría tocado a su esposa en el testamento de doña Isabel; tenía pocas cosas, pero muy valiosas. El problema es que tenía demasiados nietos, y la verdad era que desde que él y Flor se casaron, hacía 20 años, no se habían ocupado gran cosa de la dulce ancianita; bueno, de cualquier manera, algo debía tocarle a cada nieto y Flor lo era.

-¿Cuándo es el entierro?

-Mañana a las 12, en el Francés-Flor hacía esfuerzos por no soltar el llanto.

-¿Estás bien, mi amor?

Ella respiró profundo, dándose valor -Sí…gracias, ¿vas a venir?

-¡Claro!, allá nos vemos mañana temprano. ¿Se van a quedar en su casa?

-Sí, ya sabes que ella así lo pidió, y, ni modo, debemos cumplir su voluntad.

-OK, Te veo mañana.

A Pedro no le hacía gracia la idea de velar un cadáver en una casa, pero Flor tenía razón; si así lo había pedido la abuela…

Al día siguiente llamó a su jefe para avisarle que tendría que ir al entierro y, después de colocar su equipaje en la cajuela de su Rambler, con el consabido enojo, como cada vez que tenía que abrirla, porque la chapa estaba descompuesta, enfiló hacia México por la autopista.

Le agradaba la carretera México-Puebla, con esos bellos paisajes de montaña y, sobre todo, le gustaba contemplar los volcanes, el Iztaccíhuatl y el Popocatépetl, aunque desde diciembre de 94, la vista de la gran columna de humo y cenizas no era nada grata ni tranquilizadora.

Llegó con suficiente tiempo para dar y recibir los pésames de rigor y, lo más importante, para estar junto a su esposa durante el duro trance del entierro.

Al día siguiente se reunieron hijos, nietos y sobrinos para la lectura del testamento que doña Isabel no había hecho ante notario, pero que la familia estaba dispuesta a seguir al pie de la letra.

A Flor le tocaron unas mascadas de seda que casi se deshacían de solo verlas, 3 platos de talavera y, lo único realmente valioso, dos tibores, uno grande y otro pequeño, también de talavera, cuyo valor se incrementaba por haber sido hechos en el siglo XVII, como constaba por la fecha junto a una firma en la base de ambos tibores.

Puebla, Puebla, Talavera de la Reyna, Tibor - Photo by www.luxuriousmexico.com 0407

Durante el viaje de regreso no pronunciaron palabra, hasta pasar la caseta de San Martín, cuando ya se podía contemplar el Popocatépetl.

-¿Ya viste el volcán?

Flor volteó a su derecha, observó el paisaje y volvió a ensimismarse.

-Sé que estás triste- Pedro puso la mano en la rodilla de Flor -pero fue lo mejor para ella. Siempre dijo que no quería vivir si no se podía valer por sí misma, además…

-Sí, lo sé- lo interrumpió ella -pero, aunque no la veía muy seguido, la voy a extrañar.

-Es natural. ¿Dónde piensas poner tu gran herencia?

Ella volteó, lo miró enojada y tardó unos minutos en responder.

-Los platos en la vitrina…los tibores no tengo la menor idea; en el departamento no hay lugar para ellos y, además, estarían fuera de lugar… no sé- se quedó pensativa -en cuanto a las mascadas, no hay problema, la próxima vez que les de el aire, se deshacen- ambos soltaron la carcajada y se eliminó la tensión.

Cuando llegaron a su casa en la Colonia San Manuel y se disponían a bajar los tibores, que habían venido sonando en la cajuela durante todo el trayecto, Pedro volvió a molestarse porque la chapa no quería abrir -ya estoy cansado de esta maldita cerradura- finalmente, después de varios minutos de esfuerzos inútiles, la chapa cedió y se abrió la cajuela.

Flor ya había metido el equipaje y regresó para llevarse el tibor pequeño, mientras su marido cargaba la caja con el otro, los platos y las casi deshechas mascadas.

-Bueeeno…- Flor contemplo los jarrones y luego echó un vistazo circular a la estancia del pequeño departamento atestado de libreros repletos y de libros en mesas y muebles. ¿Dónde podrían colocar su gran herencia? Por el momento sugirió ponerlos en la mesa del comedor que, con ellos encima, se veía más pequeña.

Pedro se puso en jarras y lanzó el comentario que le quemaba la lengua desde el día anterior cuando se enteró de lo que había heredado su mujer.

-Le hubiéramos agradecido más el dinero contante y sonante que le dejó a tu primito Lázaro, nos hubiera servido más.

Flor, que ya iba rumbo a la cocina respondió sin voltear

-Pero nosotros nunca vivimos con ella, ni la cuidamos como él, ¿verdad?

Empezó a preparar la cena, y a considerar que su marido tenía razón, ¿para qué querían ellos esos tibores?; cuando tenían la casa grande podían haberlos lucido, pero ahora que sus hijos estaban estudiando en México y ellos habían comprado este pequeño departamento, ni siquiera tenían dónde ponerlos.

En cambio, sí tendrían en qué usar una buena cantidad de dinero, por ejemplo, para viajar, para tomar ese curso de pintura del que tantas ganas tenía, o para… sacudió la cabeza mientras servía la cena, para qué pensar en qué le gustaría usar dinero, si no lo tenía?, claro que con lo que ahora ganaba Pedro, les alcanzaba para todo… pero no les sobraba para nada y ahora que ella tenía tiempo libre quería hacer muchas cosas, pero… Tomó los platos y llamó a Pedro.

-¡A cenar!

Se sentaron y dieron buena cuenta de las quesadillas y los frijoles refritos que Flor había preparado, pero no pronunciaron palabra. Cuando terminaron Flor ofreció -¿café?

-Sí, gracias- sin decir más la miró inquisitivamente, ella, con el conocimiento de tantos años, entendió.

Mientras le servía el aromático líquido preguntó lo que él había estado esperando -¿Crees que podríamos venderlos?

-Seguro que sí, lo que no sé es cuánto valen y si nos lo pagarían a un precio justo.

-Vamos el domingo a Santa Clara, tal vez en alguna de las tiendas que venden Talavera nos digan mas o menos cuánto valen, que por lo antiguos deben tener algo de valor, y quizá hasta nos los compren, ¿no crees?

Pedro lo meditó un poco -posiblemente- dijo asintiendo y dando el último trago – Mañana voy al periódico para anunciarlos, sin precio, mientras vemos cuanto nos pueden dar por ellos y así venderlos en lo justo.

Flor asintió con una sonrisa en los labios.

-.-

Juan estaba recargado en la pared afuera de la vecindad, cerca del mercado de La Acocota, cabizbajo y triste, cuando llegó Obdulio.

-¿Qué pasa vecino? ¿por qué tan acongojado si es domingo?

-Es por mi’jo Juanito, acaba de venir el doctor y dice que lo tienen que operar del apéndice a lo más en uno o dos días y…

Obdulio asintió, puso cara de circunstancias y afirmó más que preguntar -y no hay lana.

Juan suspiró -no, la semana pasada me volvieron a despedir. Ya ni en las fondas de mala muerte hay chamba- recordó, nostálgico, cuando era mesero de restoranes de postín y hasta buen carro traía, pero eso fue antes de la devaluación y la crisis; ahora pasaba más tiempo desempleado que trabajando y cuando lograba una chamba, casi siempre era en alguna fonda o tugurio; pero ya con eso se conformaba.

Hoy la situación era peor, porque no tenía trabajo y a su hijo de 8 años lo tenían que operar.

-¿Bueno y no tiene usté seguro, vecino?

-No, sólo me duró tres meses después de que me despidieron, luego de 15 años de trabajar ahí, y de eso hace más de medio año-suspiró- en las fondas no dan seguro.

-¿Y el hospital general?-Obdulio trataba de ayudar, sabiendo que el otro no estaba acostumbrado a las penurias y que tal vez desconocía las posibles soluciones al problema.

-Eso le pregunté al doctor, pero dice que está lleno y no tienen camas disponibles.

-Sí, eso pasa casi siempre con lo que dan gratis- Obdulio escarbaba la tierra con la punta del zapato; sin levantar la vista; Juan miraba sin ver a la gente que pasaba por la calle.

-Oiga vecino, ¿y cuánto necesita?

-Según los cálculos del médico, si llevamos a Juanito a un hospital de monjas dizque muy baras, ya con todo y si él no cobra, serían como mil pesos.

-¡Un milagro!

-Eso es lo que necesito, un milagro.

Obdulio sonrió – no, yo decía por los mil pesares.

Juan volteó a observarlo, había entendido que un milagro y mil pesares significaban mil pesos, pero él necesitaba un verdadero milagro y esos mil pesos, sí eran como mil pesares. Sonrió tristemente.

-Si todavía tuviera algo que vender, lo vendería, pero ya no tenemos nada que valga la pena. Para la última renta vendí el reloj de mi mujer.

El otro lo miró con conmiseración -también usté… si no tiene lana, no pague la renta, si hasta se puede vivir gratis dos años, y el casero se tiene que aguantar, la ley nos protege, ¿pos qué no sabe?

-Ya me lo han dicho, pero yo no sé hacer esas cosas- calculó su situación- al menos, no todavía- recordó que se había mudado de la bonita colonia en la que vivía, a ésta tan pobre y sucia porque no tenía para pagar aquella renta, y ahora tampoco le alcanzaba para ésta.

-Pos ya va a aprender, y no es que yo se lo desié, pero la miseria lo hace a uno tramposo y…-lo pensó un poco antes de soltar prenda, pero se animó y se lanzó – oiga, Juan, ¿de qué sería capaz por salvar al chilpayate?

-¡De lo que sea!- volteó a ver a su vecino, pero le pareció tan siniestro, que rectificó -bueno, casi.

-Pos si quiere conseguir algo pa’ vender… yo lo acompaño, y también sé quien lo compra.

Juan entendió, pero no se dio por enterado -gracias Obdulio, luego le resuelvo – le puso la mano en el hombro a su bien intencionado vecino y desesperanzado se encaminó a su casa caminando encorvado, él que con su elegante uniforme lucía tan bien, con tan buen porte, hace menos de un año…

Ahí estaba Carmen, sentada junto al catre de su hijo, con los ojos inyectados de tanto llorar. A Juan se le encogió el alma al verla tan afligida y se fue a sentar junto a la mesa de tosca madera, de la que tomó una botella de tequila y se sirvió un buen fajo en un vaso.

Carmen estaba atrás de él -¡con eso no resuelves nada! -de un manotazo aventó el vaso al piso, salpicando a Juan, a la mesa y a ella misma. Se dejó caer en la otra silla desvencijada y colocando ambos brazos en la mesa, recargó la cabeza y empezó a sollozar.

-¡Si fuera 10 años más joven y pesara 20 kilos menos, te juro que me metía de puta! -más sollozos- pero no dejaría morir así a mi hijo.

Él se sintió poco hombre, ella no lo había expresado con palabras, pero así lo había llamado: poco hombre. Juan se levantó y salió del cuchitril que les servía de habitación, su decisión estaba tomada.

Llamó tres veces a la puerta de Obdulio. Este salió a abrir limpiándose la boca con el dorso del brazo -Pásele, vecino, ¿gusta una cheve?

-No, gracias, vine por lo que me dijo hace rato…

-Pásele, mi mujer se fue a misa, pásele- se hizo a un lado para dejar pasar a Juan. El cuarto era del mismo tamaño que el suyo, pero Juan vio que tenían un aparato de sonido muy sofisticado, un televisor de pantalla grande, dos videocaseteras, ventilador y una serie de aparatos electrodomésticos como los que él había tenido cuando trabajaba de mesero elegante, pero que había tenido que vender cuando se quedó sin chamba. Se preguntó si su vecino los había comprado en abonos o…

Obdulio sacó una cerveza del refrigerador. la abrió y se la ofreció a Juan. El primer trago helado le supo a gloria, su garganta estaba seca y ardiendo. Se sentaron a ver el partido Cruz Azul-Chivas, pero Juan no había ido a eso, tomó tres tragos de cerveza antes de tener valor para decirlo.

-Vecino… necesito conseguir dinero hoy mismo, ¿me puede ayudar?

Obdulio dejó su cerveza en la mesita donde también tenía los pies, bajó éstos y miró gravemente a Juan -¿a lo macho?

-¡A lo macho!-Juan dejó su cerveza en la mesa y se levantó.

Pos a darle, que´s mole de olla– Obdulio también se levantó apagó la tele, agarró su chamarra y salió seguido de Juan, que no estaba muy seguro de qué, dónde y cómo iba a hacer lo que iba a hacer.

-.-

Mirna y Luis estaban estrenando su flamante casa, su flamante auto y, sobre todo, su flamante matrimonio. Ese domingo habían ido a Puebla, al Callejón de los Sapos a comprar antigüedades y adornos para su recién establecido hogar en la Colonia del Valle, en la capital.

Después de adquirir algunos muebles pequeños y muchos trebejos decorativos, se dirigieron al zócalo, dieron una vuelta, disfrutando el ambiente mezclado de ciudad grande y provincia, y finalmente se atravesaron a comer al Royalty, en los portales.

Mientras comían entre zalamerías y miraditas tiernas, cayó un aguacero torrencial, pero ya estaba pasando.

-Mi amor, quiero llevarles camotes y dulces poblanos a mi mamá y mis hermanas, ¿está bien?

-Por supuesto, mi vida- Luis volteó buscando al mesero, cuando sus miradas se encontraron le hizo la seña de que trajera la cuenta y volvió a los arrumacos con Mirna.

Una vez pagada la cuenta se levantaron y se dirigieron a Santa Clara, a comprar camotes y otros dulces típicos. Formaban una pareja un tanto extraña: él, muy alto y delgado; ella, bajita y regordeta, tratando de caminar abrazados, pero con pasos desacompasados debido a la diferente longitud de sus piernas. Sin embargo, eso era lo que menos les importaba, ellos caminaban dentro de su propio y privado mundo, haciéndose caricias y carantoñas, como toda pareja de recién casados.

-.-

Pedro y Flor fueron a misa y al regreso él ya se estaba preparando para ver el partido del Cruz Azul, cuando su dulce florecita, como la llamaba de cariño, le recordó que tenían que ir a ver lo de su fabulosa herencia

Bajaron los tibores y los metieron en la cajuela, después del consabido pleito de Pedro con la chapa y enfilaron a Santa Clara.

Flor iba pensativa. Hacía mucho que no salían a comer y todavía más que no iban a un buen restorán -¿Y si comemos en el Royalty?

-Pero…

-¡No importa!, vamos a vender los tibores, ¿no?

-¿Y si no los vendemos?, tú sabes que nuestro presupuesto apenas nos alcanza, este mes se paga la luz y…-lo pensó mejor -¡está bien!, es justo un lujito de vez en cuando, ¡vamos!

No pudieron estacionarse en el zócalo pero encontraron espacio en un lugar intermedio, porque quedaba entre el zócalo adonde iban a comer y Santa Clara a donde iban a averiguar cuanto valían los tibores.

-¿A dónde primero?- Pedro prefería que Flor decidiera, para evitar problemas si algo no salía bien.

-¡A comer!, tengo mucha hambre.

Apenas alcanzaron a llegar antes de que se soltara una gran tormenta.

Mientras comían en una mesa cercana a Mirna y Luis, Flor no podía dejar de observarlos, sintiendo envidia, porque Pedro nunca había sido expresivo ni cariñoso, ¡ni aún en su luna de miel!. En cambio Pedro juzgaba que el comportamiento de la parejita era ridículo.

-¡Ya viste?- se aventuró ella -¿No se te antoja?

Pedro hizo una mueca de disgusto -se ven risibles- Flor suspiró y siguió comiendo  mientras los observaba alejarse, abrazados, cuando se terminó la tempestad.

No pidieron postre, porque iban a ir a Santa Clara y ahí pensaban comprar unas deliciosas tortitas de Santa Clara, que a ambos les encantaban.

-.-

Obdulio guió a Juan hacia el centro de la ciudad. Pasaron por El Parián, el mercado de artesanías más famoso de la ciudad, y cuando iban atravesando por el pasillo central,  empezó una tormenta como se estilan en Puebla, rápida, recia, de enormes gotas, que calan hasta los huesos.

Se refugiaron en una de las pequeñas tiendas, en donde vendían loza de talavera. Juan escudriñó el interior y tímidamente preguntó:

-¿Aquí?

-No, compadre -lo subió de categoría, después de todo andaban  juntos en esa aventura-  aquí se ayudan  unos  a  otros,  ‘pérese tantito,  no  coma´nsias.

En 15 minutos se acabó la tormenta y pudieron continuar su recorrido por las calles adyacentes.

Como acababa de llover, casi no había gente, pero sí autos estacionados. Con ojo conocedor, Juan iba revisándolos conforme pasaban junto a ellos. Se detuvo frente a un Rambler.

-Estas cerraduras siempre están descompuestas. Venga, compadre.

Juan dudó un poco

-¿Y no será más difícil?

N´hombre!, es más fácil.

Sin dificultad abrió la cajuela, sonrió al ver lo que contenía y le pasó a Juan una caja abierta, con dos grandes y hermosos tibores.

-Nos sacamos la lotería, ¡corra hacia el Parián, allá lo alcanzo- él tomó una caja de herramientas, cerró la cajuela, volteó a todos lados y caminó con toda la parsimonia del mundo, mientras Juan corría como alma que se lleva el diablo.

-.-

Mirna y Luis, después de comprar camotes y otras delicias en Santa Clara, decidieron ir al Parián a ver qué más compraban.

-.-

Juan y Obdulio se encontraron en el extremo poniente del mercado y Obdulio resolvió quedarse en la calle y ofrecer su recién adquirida mercancía a los turistas que fueran al Parián a comprar artesanías, porque a su comprador lo podría localizar hasta el lunes.

No tenían ni 5 minutos de haber llegado cuando vieron a una pareja dispareja y muy cariñosa atravesar la calle en dirección a donde ellos se encontraban. Obdulio los abordó resueltamente y les ofreció una verdadera ganga. Ellos, curiosos, fueron a asomarse a la gran caja que cuidaba el otro vendedor y quedaron boquiabiertos ante los dos bellos tibores. Luis los revisó y encontró la fecha en la base de ambos, pero no se dio por enterado.

-¿Cuánto?

-Ochocientos cada uno, Mil cuatrocientos pesitos por los dos, patrón. Ultimo precio.

Obviamente esperaba un regateo y Luis no quiso denotar su conocimiento de que verdaderamente eran una ganga, sobre todo por la antigüedad y aún sabiendo que eran robados, tomó la decisión de comprarlos.

-Mil doscientos por los dos y ni un centavo más- Obdulio acomodó los jarrones, cerró la caja y se la entregó a Luis, que casi brincaba de gusto y miraba amoroso a su sonriente esposa, que estaba encantada con la compra.

Juan no había abierto la boca, ocupado en rezar, como lo había estado haciendo desde que salieron de la vecindad. Cuando se terminó el trato y Luis le entregó los billetes a Obdulio y éste a él, casi no podía creer que se había realizado el milagro ¡su hijo se iba a salvar!

-.-

Pedro y Flor terminaron de comer con toda calma, pagaron la cuenta y se encaminaron a su auto.

Cuando se acercaron a éste, vieron que la cajuela se encontraba abierta, a toda prisa Pedro corrió a revisar y se encontró con que no había nada, estaba vacía,  soltó un grito de ira, golpeando la cajuela mientras volteaba a todos lados pero solamente vio a un hombre que más adelante iba cruzando la calle tranquilamente; Flor llegó, vio la cajuela vacía y se soltó a llorar.

Por suerte, en ese momento pasó una unidad de la policía a quien le hicieron señas para reportar el robo, el oficial les indicó que tenían que ir a la comandancia a hacer el reporte de robo; ellos quisieron entregarle las fotos de los tibores, pero él les dijo que las llevaran a la comandancia, que él estaría alerta por si los veía por su área…

-.-

Mirna y Luis iban de regreso a México felices por la magnífica ganga que habían obtenido y discutiendo amistosamente en qué lugar de su nueva casa quedarían mejor los tibores.

A la salida de Puebla en el retén de la caseta de cobro, les tocó revisión de su carro por lo que los llevaron al área en el puesto, y dos oficiales comenzaron a revisar sin problema su vehículo; justo en ese momento llegó el comandante del destacamento a entregarles a los oficiales la copia de la foto con la descripción de los tibores, que ellos acababan de ver en la parte trasera de la camioneta, por lo que Mirna y Luis fueron arrestados de inmediato y regresados a Puebla para las averiguaciones de rigor.

-.-

Juan llegó a la vecindad y su mujer salió corriendo a recibirlo, iba bañada en lágrimas, casi no podía hablar de tanto que había  llorado.

-Juanito se puso más grave, está muy mal…

Sin contestarle, Juan fue corriendo al teléfono público para llamar al doctor.

-Doctor, soy Juan, mi’jo se nos puso peor, mande una ambulancia, ya tengo el dinero para la operación.

Estuvieron 3 horas esperando, al fin salió el doctor con cara de preocupación, ellos habían estado en la angustia todo ese tiempo y ahora…

-.-

Flor se encontraba en el sillón de su casa pensando: “y al traste con mis clases de pintura…”

Interrumpiendo sus tristes pensamientos sonó el teléfono.

-¿Diga?

-Señora, estoy interesado en los tibores que están anunciando.

Flor, conteniendo las lagrimas y ahogando el llanto, contestó.

– Lo lamento, ya no los tenemos… y colgó el teléfono…

Por la tarde volvió a sonar el teléfono, esta vez fue Pedro quien contestó, era de la comandancia, informándole que se encontraron los tibores y que tenían que pasar a identificar los bienes robados. Pedro, sin poder ocultar su felicidad, le gritó a Flor que se encontraba en su cuarto

-Amor, arréglate rápido, vamos a la comandancia… ya los recuperaron…

Llegaron y ya frente al juez, reconocieron los tibores, y agradecieron el buen trabajo de la policía, pero el juez les dijo que tenían que demostrar la legitima propiedad de los objetos robados para poder regresárselos, y que las personas que los habían robado ya estaban en detención.

Flor casi atragantándose le explica al juez –esos tibores los heredé de mi recién fallecida abuela, los llevábamos para preguntar precios en alguna tienda de Santa Clara y venderlos bien, pero fuimos a comer y al regresar ya no estaban en la cajuela del coche.

Responde el juez, tajante:

-Mire señora, lo entiendo pero tiene que traerme un documento donde conste que los tibores son suyos, en caso contrario, estos quedaran en el depósito y los ladrones en la cárcel.

Pedro y Flor, se regresaron a su casa y llamaron a sus parientes en la Capital, para pedirles que les enviaran el papel donde constaba que los tibores los había heredado Flor.

-.-

Mirna y Luis fueron procesados por traer mercancía robada, por lo que pasaron un tiempo en la cárcel, sin importar el dinero que ofrecieron para no ser encarcelados.

-.-

Flor, presentó el testamento de la abuela que hizo sin notario, pero al no estar registrado, no pudo comprobar la propiedad de los jarrones, por lo que no los recuperó.

Al día siguiente, estaba en la sala, triste, viendo a la pared de enfrente. Sonó el teléfono,

-¿Diga?

Una señora pregunta – ¿Cuanto quiere por los tibores que anuncia? me interesan, no me importa el precio que pongan a esas antigüedades.

Flor soportando un nudo en la garganta, no contestó, sólo colgó el teléfono, y dijo para si:

-Al cabo que ni quería pintar- se sentó en su sillón y desde su ventana contempló la lluvia típica de la ciudad de puebla…

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El doctor se acerca a Juan y Carmen; tiene la vista baja, pero al llegar junto a ellos levanta la cara, sonríe y les dice.

-¡Lo logramos, Juanito se ha salvado!

***

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller/ serunserdeluz

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Puebla de Los Ángeles, Julio de 1995.

Con la colaboración de Daniel Álvarez/ Danshaggyalv  Agosto de 2016

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Imágenes tomadas de internet.

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Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Autora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación y regresiones a vidas pasadas.

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5º ANIVERSARIO EN WORD PRESS

MI 5º ANIVERSARIO EN WORDPRESS

Unknown

Hace 5 largos años que publiqué mi primer post, que por cierto, hoy vuelvo a subir a mi cumpleañero blog.

https://serunserdeluz.wordpress.com/2016/08/31/shangri-la-o-shambala-esta-en-el-tibet/

Les agradezco haber permanecido conmigo todo este tiempo, dándome ánimos para seguir escribiendo para ustedes en éste mi primer blog y en los otros dos, a los que están cordialmente invitados.

https://2012profeciasmayasfindelmundo.wordpress.com

https://aquevineadondevoy.wordpress.com

También los invito a leer el cuento que publico hoy para celebrar mi cumpleaños.

https://serunserdeluz.wordpress.com/2016/08/31/decisiones/

 

ANIVERSARIO 5 EN WORDPRESS

SHANGRI LÁ O SHAMBALÁ ESTÁ EN EL TIBET

Condiciones de © al final.

JESUCRISTO, REENCARNACIÓN Y SHANGRILÁ O SHAMBALÁ

Montes Himalaya
Montes Himalaya, cerca del portal a Shangri lá

(Hoy que cumplo 5 años en WordPress, quise compartirles mi primer post, aunque tiene la fecha de 2016, es de 2011, mi primera publicación aquí, subida con mucho miedo de no ser aceptada, mi blog ha pasado por muchas etapas, ésta fue la primera, luego hice otro blog para estos temas:

https://aquevineadondevoy.wordpress.com

Entonces no tenía amigos/lectores/seguidores, ahora tengo muchos y los aprecio inmensamente, espero que mi primer post sea de su agrado).

CANALIZACIÓN DE PABLO EL VERONÉS

Las siguientes son respuestas de Pablo el Veronés (1),  a preguntas formuladas a él a través de mi persona, pues soy su canal, estando en estado alterado de conciencia inducido por medio de la relajación profunda.

La metodología es la siguiente, yo hago una lista de preguntas, a veces mi operadora (Lesvia Salinas) agrega algunas a la lista o bien las hace sobre la marcha.

Generalmente, Pablo responde a las preguntas a través de mi voz, en muchas ocasiones, al mismo tiempo, me permite visualizar imágenes, muchas de ellas simbólicas, para dar más claridad a sus respuestas.

Omito los preliminares de la relajación.

CANALIZACIÓN, PREGUNTAS-RESPUESTAS

  1. ¿Jesús enseñó sobre la reencarnación?

R.- Sí

  1. ¿San Pablo enseñó sobre la reencarnación en sus epístolas o en otros escritos?

R.- Estoy viendo a San Pablo, es un hombre corpulento, vestido de romano, luego cambia de ropaje a una túnica.  Sí creía en la reencarnación, pero dudaba que todos lo entendieran y entonces, eran mensajes más o menos cifrados, así como “el que que quiera entender que entienda”.  Con estos datos está con túnica.  En otra vida fue rey, lo veo con corona.

  1. ¿Jesús fue a la India y al Tíbet para aprender sobre la reencarnación, para enseñarla o a otra cosa?

R.- Sí fue, lo veo viajar en camello, en elefante, a pie, en barca… a la India.  Al Tibet la última etapa fue a pie, pero antes fue a lomo de “yac” (animales usados como  las llamas de los Andes, pero de los que hay aquí en el Tíbet).

Desde la adolescencia ya sabía quién era Él y fue a la India y al Tíbet a enseñar, pero también como humano encarnado que era, a conocer estas enseñanzas, pero Él sabía, digamos de la fuente, Él conocía todo, no tenía que “aprender”. Algunas cosas tenía que “recordarlas” .  Tenía entre 13 y 14 años.

  1. ¿Existe el manuscrito que menciona Roerich, sobre la estancia de Jesús en India y Tíbet? (pregunta no enlistada, pero respondida espontáneamente)

R.- Sí existe el manuscrito del que habla Roerich.  Estaba en el Tíbet, en Lhasa, en el Potala. Lo destruyeron los chinos comunistas.

English: Potala Palace, Lhasa, Tibet
English: Potala Palace, Lhasa, Tibet (Photo credit: Wikipedia)
  1. Existe Shambalá o Shangrilá?

R.-

  1. ¿Dónde está?

R.- Está en la siguiente Dimensión, una puerta de acceso está en el Tíbet.

Monte Everest, en los Himalaya, cerca del Tibet
Se dice que por esta zona podría estar la entrada interdimensional a Shangri-Lá
  1. La operadora pregunta cómo era Jesús encarnado (pregunta no enlistada).

R.- A los 30 años es alto, aprox. 1.75 m, tez blanca apiñonada, pelo y barba corta, nariz de judío, ojos azules tirándole a verde, color extraño y bonito, manos de dedos largos, muy bonitas, musculoso, cuerpo proporcionado; es bellísimo, expresión bondadosa, Él es, sabe que Él es Él, sin ser autoritario, ni arrogante, ni soberbio, ni humilde; tiene una personalidad regia, es amoroso, abierto a que nos acerquemos a Él.  No se puede describir con características humanas, porque es otra cosa. Cuando lo vi cambiar el color de sus vestiduras, lo vi con un turbante rojo y dorado, con esos nuevos colores de ropa, lo vi de espalda con un turbante (al entrar en nivel alfa o estado superior de conciencia siempre veo a Jesucristo, que es mi principal Consejero Espiritual), mientras me preguntabas y te respondía sucedió lo anterior.

  1. ¿Tú puedes llegar a Shambalá,  espiritualmente, ahorita?

R.- Junto a Jesús está un ser al que veo sólo delineado con luz, lo de adentro lo veo oscuro y opaco, pido protección, está al lado izquierdo de Jesús y Jesús le da la mano, así que es bueno.  Habla con él preguntándole si me da permiso de ir a Shambalá, la respuesta es .

  1. ¿Qué debemos hacer?

R.- Este ser me toma de las manos, nos hacemos pequeñísimos, del tamaño de un átomo.

Llegamos a una ciudad blanca, construcciones blancas de tipo gótico, de tipo Taj Mahal y tipo tailandés o chino; diferentes edificios, semejantes a esos tipos de arquitectura.

TAJ MAHALen la ciudad de Agra, estado de Uttar Pradesh, India.(1) Atribución Dhirad

Me siento como hormiguita junto a la catedral de Chartrés, así de pequeña me veo junto a estos templos.

Veo gente, no son tan cabezones como mi guía, pero son un poco más cabezones que los yucatecos; son delgados, altos y en proporción la cabeza es grande.  No caminan, se mueven sin tocar el piso, como levitando, usan túnicas largas con mangas anchas, muy anchas, como los chinos antiguos. Veo muchos árboles en las calles, árboles con frutos que cualquiera puede tomar si los necesitan (pero ya no tienen necesidad de comer).  Parecen naranjas, manzanas, limones, mangos, cocos y otros que desconozco.  La que veo como catedral de Chartrés es un templo, ahí se adora a Jesús; en las pagodas a Buda.

Catedral de Chartres
Catedral de Chartres (Photo credit: Carlos el hormigo)

Estos seres todavía no son espíritus puros, son una materia más sutil que la nuestra, ya no tienen necesidades materiales como nosotros, sólo están ahí para aprender.  Esta ciudad está en otra dimensión y es una dimensión más alta que la nuestra, es el paso que sigue a esta materia; en algún momento toda la Tierra va a cambiar de vibración y dependiendo de todos nosotros, va a pasar a ser Shangrilá o va a pasar a ser más densa, los que estén ahí en la más densa van a sufrir más que nosotros y será como retroceder, como castigo.

Depende de todos los humanos que la Tierra pase con todos nosotros.  Depende de la mayoría (masa crítica) si el planeta sube o baja de frecuencia vibratoria, pero si sube de frecuencia, puede haber algunos que no merezcan subir y se vayan a otro planeta más denso.  Si la mayoría merece bajar y hace bajar a la tierra de frecuencia, habrá algunos que se vayan a Shambalá.

De la mayoría depende si sube o baja, dependiendo de sus acciones, pensamientos y omisiones (karma), estaríamos (cancelado) en ese mundo más denso quizá por millones de años y luego pasaríamos al estado en que estamos actualmente y si nos portamos bien, ya pasaríamos a Shambalá y después a otras dimensiones más altas.

Cuando llegue el llamado fin de los Tiempos, el planeta va a sufrir cambios que harán que mueran todos los habitantes encarnados en ese momento y sus almas vayan a Intervidas (lugar a donde van las almas al morir el cuerpo, llamado en algunas culturas Bardo, Amenti, Mictlán, Xibalbá, Devachan, entre otros nombres ).  Mientras, el planeta cambiará de constitución (dejemos aparte el planeta Tierra).

Las almas que estén preparadas para avanzar, van a renacer en Shambalá.  Las almas que no hayan querido aprender, renacerán en Junctú, que es un mundo más denso.

La Tierra va a cambiar de frecuencia de acuerdo a la mayoría, si la mayoría sube de frecuencia, toda la Tierra subirá y será como Shambalá, será el recipiente material de Shambalá y los que no aprendieron renacerán en otro planeta: Junctú.

Si es al revés y la mayoría de las almas merece bajar de frecuencia, la Tierra bajará  también para ser Junctú y las pocas almas avanzadas se irán a Shambalá en otro lugar (planeta), tal vez en otro sistema estelar.

Shambalá estará en un planeta que tenga una vibración más alta que la actual de la Tierra, esta vibración deberá ser afín a la de Shambalá.

Shambalá es un “lugar” en otra Dimensión.

Junctú es un lugar de vibración más baja que nuestro planeta.

Si, debido a la mayoría de sus habitantes, la Tierra, baja de frecuencia, Junctú se establecerá en ella; si la Tierra sube de frecuencia, Shambalá se establecerá aquí, en la Tierra.

  1. ¿Es verdad que para dejar la Rueda de las reencarnaciones, por lo menos la última encarnación deberá ser en Shambalá o Shangrilá?

R.- La relación causa-efecto es al revés.  Primerose deja la Rueda de las reencarnaciones y luego se renace en una materia más sutil en Shambalá o Shangrilá.  Quiere decir que cuando renazcamos (por llamarlo de algún modo conocido) en Shambalá  o Shangrilá, ya no volveremos a nacer encarnados, sino más espirituales, o sea que para renacer en Shambalá o Shangrilá, primero tenemos que merecer dejar la Rueda de las reencarnaciones.

  1. ¿Cómo se llega a la unión con Dios?

R.- Para llegar a la unión con el ABSOLUTO, tenemos que pasar por muchos estadios, “refinándonos” o purificándonos” cada vez más, elevando nuestra frecuencia, hasta llegar a la más alta y entonces, seremos Uno con el ABSOLUTO.

  1. ¿Es la unión con el ser Absoluto, o unión con nuestros creadores extraterrestres?

R.- La respuesta anterior es la Unión con el ABSOLUTO, aunque algunos autores se refieran a una identificación “material”, como por ejemplo, el ADN, cuando se refieren a la “Chispa Divina” que todos llevamos dentro.  Eso se refiere, a veces, a que tenemos fragmentos de ADN de nuestros creadores; pero, otras veces, también se refieren a que nuestra esencia espiritual, es una parte de la esencia del ABSOLUTO.  En la mayoría de los casos, ni los mismos autores saben si se refieren a uno o a otro concepto.  Debemos entender uno u otro, dependiendo del contexto.

Hay un DIOS que es el ABSOLUTO, Él (o Ella) es el Creador de todos los Universos, pero en la tierra, como en otros planetas, hubo “creadores extraterrestres” llegados de otros mundos, con tecnología más avanzada, que implantaron la vida material en este planeta y, en visitas subsecuentes,  ayudaron en su evolución; implantaron la inteligencia y en algún momento, llegaron espíritusoriginados” en el ABSOLUTO (y que ya se habían materializado antes en otros mundos) a esos cuerpos creados y evolucionados por los creadores (extraterrestres).  Los seres inteligentes creados llamaron dioses (o un concepto semejante, que ahora se interpreta como “dioses”) a sus creadores y algunas religiones han confundido a Dios, el ABSOLUTO, con esos dioses-creadores.

Continúa en:

http://aquevineadondevoy.wordpress.com/2013/10/30/shangrila-o-shambala/

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© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

Autora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación y regresiones a vidas pasadas.

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NOTAS.

(1) También conocido como Pablo el Veneciano, encarnó en Verona en 1528 como el pintor Paolo Caliari, y desencarnó e Venecia en 1588. Actual Mahá Chohán. Maestro Ascendido de VII Iniciación; Señor Director de los Siete Chohanes de los Siete Rayos. Él es el espíritu de Luz que me guía en mis visualizaciones y también Él es quien habla a través de mi voz cuando llevo a cabo una canalización.

COSAS DE LA VIDA

 Maru salió de la óptica un poco desconcertada; le entregarían sus anteojos arreglados en tres horas, pero ella nunca salía sin ellos; le daba miedo hasta atravesar la calle. Se detuvo en la puerta sin saber a dónde dirigirse y casi se da la vuelta para esperar las tres horas dentro del establecimiento, pero recordó que a media cuadra había un Sanborn’s y decidió ir a comer ahí, ya que así no tendría que atravesar la avenida Insurgentes de la Ciudad de México.

Se dirigió un poco torpemente al restorán, lleno a esa hora, y se sentó en la única mesa vacía para dos; como estaba en un rincón, casi se sienta mirando a la pared, pero, olvidando su timidez, se atrevió a mirar de frente a todo el restorán. Después de ordenar, se levantó, para quitarse el saco y colocarlo en el respaldo de la otra silla, al hacerlo sus movimientos permitieron que sus pechos lucieran en todo su esplendor y un hombre joven sentado un poco más allá de su mesa, casi se la comió con los ojos, pero ella (sin anteojos) no se dio cuenta y regresó inocentemente a su silla.

Para “despistar” había comprado una revista y se entretuvo hojeándola, más o menos viendo las fotos, porque no podía leer los textos, pero así aparentaba estar muy interesada en lo que “leía”.

De vez en cuando levantaba la vista y su mirada se cruzaba con la del joven y atractivo vecino de mesa, que al principio medio le sonreía, después le sonreía francamente y al final le guiñó un ojo, pero como ella no se daba cuenta, él creía que estaba siendo discretamente aceptado y empezó a fantasear. Ella no se había enterado de nada, sin lentes no veía de lejos. Cuando terminó y le dieron la cuenta, se levantó, caminó unos pasos y volteó a la mesa para asegurarse de no haber dejado nada, pero él interpretó que le estaba enviando el mensaje de “sígueme”.

Maru fue a hablarle a su marido para que pasara a recogerla a casa de una amiga, e irse juntos a Cuernavaca, donde vivían desde hacía unos meses, porque no le gustaba tener que viajar por carretera en autobús. Arturo la siguió discretamente y se colocó en el otro teléfono, aprovechando para reportarse a su nuevo trabajo.

-Alcalá y Asociados, buenas tardes.

-Habla Arturo López, reportándome ¿a qué hora me necesita el licenciado?

-Hoy no lo necesita, tiene la tarde libre- Arturo fingió hacer otra llamada, esperando que Maru terminara.

Mientras, Maru colgó la bocina porque a donde estaba llamando daba el tono de “ocupado”, buscó la agenda en su bolso y llamó al nuevo número del teléfono directo de su marido. La llamada de Maru por fin entró y la secretaria le informó que su esposo tendría una junta a las 9, y que le pedía que se regresara a Cuernavaca en autobús; si hubiera hablado un poco antes, hubieran podido haberle enviado al chofer. Enfurruñada Maru colgó la bocina y al tomar sus cosas, se le cayó el saco, Arturo, que observaba sus movimientos, lo levantó de inmediato y cuando se lo entregó, se miraron a los ojos; como ahora sí estaba cerca (tal vez demasiado) ella notó “algo”, se sonrojó, dio media vuelta y se dirigió al tocador.

Le impactó esa mirada de un hombre joven y guapo “¡qué ojos! parecen de árabe, y el bigote mmm debe hacer cosquillitas” y un poco alterada, terminó de lavarse las manos y levantó la vista al espejo, lo que le recordó quién era, de quién era esposa y también que estaba un poco pasada de peso; así que sacudió la cabeza para ahuyentar esos pecaminosos pensamientos, y salió del tocador directamente a la puerta, sin voltear, pero con unas ganas enormes de echar una miradita y ver si el joven aún estaba ahí, en el pasillo, pero no… sería demasiado esperar que ella le hubiera interesado tanto como para esperarla.

Cuando llegó a la puerta de la calle, él se adelantó a abrirle y Maru lo miró sorprendida… después de todo sí la esperó.

-Permítame.

-Gracias – Salió lo más dignamente que pudo (después de los dos vodkas que tomó en la comida) y se encaminó a la óptica tratando de no pensar en el “árabe”.

Ya con sus anteojos arreglados salió más segura de sí, pero sin saber qué hacer, pues era muy temprano para regresarse a Cuernavaca a estar sola en ese caserón nuevo. Decidió hablarle a Elisa para ir con ella al cine y se dirigió a uno de los teléfonos de la esquina que, cosa rara estaban desocupados.

-¿Elisa?, soy Maru, estoy en México con la tarde libre y me gustaría que fuéramos al cine…

-Lo siento, Maru, pero tengo visitas, si quieres venir a la casa, te esperamos.

Desencantada, Maru se despidió, colgó la bocina y se dio la vuelta sin percatarse de que el “árabe” estaba en el otro teléfono; lo pensó un poco y se decidió a ir aunque sea sola al cine. Caminó hasta la esquina y mientras esperaba para atravesar, escuchó algo muy cerca de su oído.

-Buenas tardes…- ¡era el “árabe”! rápidamente la balanza de su conciencia sopesa el descuido de su marido, la soledad … la aventura…

-Buenas tardes – sonrisa luminosa.

-Sin querer escuché que va a ir sola la cine… -ella no lo había dicho en palabras, pero esa era su idea – ¿me permite acompañarla?

Nuevo cuestionamiento de su conciencia, pero ahora la respuesta fue más rápida.

-Si no tiene nada mejor qué hacer.

-No encontraría nada mejor qué hacer- la tomó del brazo, ella sintió un choque eléctrico, y mientras llegaban, platicaron intrascendencias.

Se sentaron en la última fila, sin enterarse qué película estaban “viendo”. Él, aparentemente tímido, tocándole el brazo le preguntó si deseaba comer algo, ella sólo movió negativamente la cabeza y, antes de que pudiera reaccionar, sus labios quedaron apresados en los de él.

Se besaron sin descanso, él jugueteaba con la lengua dentro de la boca de ella, que se estremecía, como no recordaba haberlo hecho antes, pero Arturo era tan tímido que Maru tuvo que tomarle la mano y colocarla sobre sus pechos, después de eso, él ya no tuvo necesidad de que le indicara que le desabrochara la blusa, luego descansó la mano sobre su falda y la fue subiendo poco a poco hasta que ella gemía en sus brazos aún antes de que él tocara su tibia humedad. Parecía que estuvieran solos en el cine, no se enteraron de lo que ocurría a su alrededor hasta que se encendieron las luces. Maru bajó su falda, cerró su blusa y se arregló el pelo, él se acomodó la corbata y el pantalón, respiraron profundo y ella vio el reloj.

-Debo irme.

-¿Podemos ir a otro lado?

-Hoy no, tengo que regresar a Cuernavaca- dudó un poco -pero si quieres, podemos vernos el viernes, como ya platicamos.

-¿A dónde?

-En la cafetería de la Terminal del Sur, a las 4.

-Ahí te espero hasta las 6.

Se despidieron y Maru tomó un taxi a la terminal. Todo el camino fue recordando una por una todas las caricias y que Arturo le había dicho que quisiera que viviera en México, para poderla besar y abrazar todos los días. Cuando ella le preguntó si podía verla el viernes por la tarde, temprano, él respondió que en su trabajo no tenía horario fijo, pero que aunque ese día tuviera trabajo, se reportaría enfermo, para no dejar de verla; Maru tristemente pensó “se nota que va a ser la primera vez, ¡ojalá de verdad me espere! y que siempre sea así, pero ya sé que no va a durar mucho… en fin …”

El viernes siguiente en la mañana le dijo a Carlos, su marido, que había quedado de ver a su amiga Laura en México y que lo llamaría en la noche para ver si se regresaban juntos. Carlos apenas le contestó antes de subirse al auto. En cuanto él se desapareció avenida abajo, ella se fue al salón de belleza y se arregló como nunca, antes de salir hacia México.

Arturo la estaba esperando con un ramo de rosas rojas en la mano. A Maru le costó trabajo contener las lágrimas.

Fueron a tomar un café y ahí la convenció de ir “a otro lado”. Ella sentía que se le caía la cara de vergüenza al entrar al hotel de paso. Desde la primera vez, ella se había dado cuenta de que Arturo no era de su “clase”, pero no importaba, era joven, guapo y la hacía sentir cosas que hacía muchos años ni se acordaba que pudieran sentirse; así que ya se había hecho a la idea de que no la podía llevar a los lugares a que ella estaba acostumbrada, pero, pensó “váyase lo uno por lo otro”, en ésta su primera aventura de esposa descuidada por su marido, le había tocado alguien diferente a ella, tal vez eso la atraía más.

En la modesta y casi vulgar habitación, pasó los momentos más emocionantes de su vida; ni siquiera en su luna de miel en París recordaba haber tenido esas sensaciones, haber sentido esa felicidad y plenitud.

Salieron apresuradamente cuando ella se dio cuenta de que ya eran las 7 y tenía que llegar a casa de Laura para que ahí la recogiera Carlos;   por supuesto su amiga ya estaba enterada de todo y estaba encantada de participar en la aventura, aunque solo fuera como “alcahuete”. Arturo le dijo que él también tenía que reportarse a su empleo, porque había pedido permiso sólo hasta las 8 de la noche.

No quiso que Arturo la acompañara, no quería arriesgarse a que él tuviera la manera de localizarla si ella no quería; ni siquiera le había dicho su apellido, para evitar un posible chantaje “una nunca sabe…”, le había dicho a Laura cuando la llamó por teléfono.

Después de contarle todo a Laura (bueno, casi) frente a un vodka Martini, llamó a Carlos, después de las 8:30, como habían quedado, para que pasara por ella. Como de costumbre, la secretaria le informó que estaba en una junta y que no sabía a qué hora se desocuparía, pero que, para que ella no se fuera en autobús tan tarde, le iba a mandar al nuevo chofer a donde ella le indicara. Tristemente le dio la dirección de Laura a la secretaria y cuando colgó la bocina pensó que su romance con Arturo podría justificarse por la actitud de su marido, quiso comentarlo con su amiga, pero Laura ya le estaba platicando sobre otra cosa y prefirió olvidar el asunto por el momento.

Media hora después tocaron el claxon (¡qué descortesía, pero no se puede esperar más de un chofer, y nuevo, para empeorar las cosas).

Salió despacio, porque el foco de la entrada de la casa de Laura se había fundido y casi no podía ver por dónde caminaba; el chofer, eso sí, con uniforme y quepí, ni siquiera se molestó en bajarse a abrirle la portezuela; Maru pensó decirle a su marido que lo despidiera. Se subió dificultosamente y se arrellanó en el mullido asiento trasero. Como no le indicaba al chofer a dónde quería ir, éste volteó para preguntarle y se quedó mudo, mientras ella lo miraba con la boca abierta, hasta que recuperaron la voz.

-¡ARTURO! / -¡MARU!

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© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Ciudad de México, Junio 26 de 1990.

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Imágenes tomadas de internet.

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Primer aniversario y Re-compartir… Prometo.

Este fue el primer post que subió Danshaggyalv, hace un año (casi), lo reblogueo porque desde entonces me gustó mucho y quiero compartirlo con mis amigos y seguidores (que espero visiten su página), deseando que les guste tanto como a mí.

danshaggy

Por motivo de mi primer aniversario en WordPress, quiero comenzar a compartir de nuevo con ustedes algunas publicaciones que he hecho en este año… y es bueno empezar con el primero, y asi mismo agradecer a todos ustedes su preferencia y apoyo en esta aventura, espero que sea de su agrado…

Quiero que tengas presente esto:
No te propongo matrimonio…
Tampoco, ser enamorados permanentes.

Pero a cambio te prometo esto:
Juntos, haremos locuras,
prometo, darte incertidumbres,
haré que sientas temor de perder algo,
y cada que te llame, haré que seas feliz,
por sentir que lo has recuperado.

Te daré momentos alegres, y satisfactorios.
Tus momentos malos?, juntos los volveremos buenos,
haremos juntos; los mejores momentos de tu vida…

Ven, vamos a inventar un beso,
uno como nadie lo ha tenido jamas.
El mejor beso de la historia, de tu vida; de la mía.
Juntos, lo haremos tierno e inocente; como…

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ENÉSIMA UTOPÍA (CUENTO)

ENÉSIMA UTOPÍA

Nave espacial Columbia despegando
“abordé una nave transparente, parecida a nuestros cohetes espaciales”

Estando en el tema de “Sueños”, este cuento está basado en un sueño, de esos que llevan una historia coherente desde el principio hasta el fin y al despertar los recuerdas completos. Éste lo edité sólo con puntos y comas, está plasmado tal y como lo soñé.

Para sueños que he recordado al despertar y compartido tal cual, ver también:

https://serunserdeluz.wordpress.com/2016/07/04/anoche-te-sone-el-sendero/

https://serunserdeluz.wordpress.com/2016/03/06/los-lagartos/

Este cuento fue mi segundo post, allá hace casi 5 años (2011) no tenía seguidores todavía, pero, con el tiempo, sí hubo algunos comentarios ¡casi 1 por año!.

Eso quiere decir que mis nuevos (y no tan nuevos) amig@s/seguidores/seguid@s no lo han leído y es uno de mis favoritos, por esa razón lo vuelvo a publicar, espero les guste. ❤

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ENÉSIMA UTOPÍA

Ya ha pasado mucho tiempo (aunque creo que mi percepción de eso que llaman tiempo ha cambiado), desde que llegué; tanto, que ya me acostumbré a este estilo de vida; es cómodo, es agradable, es… diferente.

La mayoría de las cosas que no soportaba de mi país (o continente, o planeta, o sistema solar, o galaxia, o tal vez estoy en otro universo u otra dimensión) aquí no existen; por  ejemplo: aquí no hay “sufridas y abnegadas madrecitas”, no hay “machos muy machos”, ni mujeres frustradas, ni drogadictos, ni alcohólicos, ni muy ricos, ni muy pobres, ni explotadores ni explotados; no hay miseria, ni tampoco “clase media” mediatizada y enajenada.  Es más: no hay clases sociales.

La gente, al principio, trabaja en todo, pero después de un tiempo decide dónde es más feliz y, por lo tanto, más productiva (hay capacitación y educación universitaria, todo gratuito).  Por curioso que parezca (a mí me lo parece), a pesar de que no existen monopolios, ni trasnacionales, vaya, ni siquiera IP., la eficiencia y la productividad están al máximo y todos tenemos todo, aunque no lo mismo (salvo los derechos y las libertades que, aquí sí, son iguales para todos).

Todavía no sé dónde estoy; sólo recuerdo que un día, mientras efectuaba una investigación documental, sentí la imperiosa necesidad de acudir a un sitio a una hora determinada y que ahí, junto con un hindú, una cubana, un finlandés, una etíope, un aborigen australiano, una rusa y un italiano del sur, abordé una nave transparente, parecida a nuestros cohetes espaciales, pero que puede despegar como helicóptero y cuyo combustible es sal magnetizada.

Después, navegamos por el espacio exterior por sabe Dios cuando tiempo, posiblemente a la velocidad de la luz, o más rápido, y llegamos aquí.

Cuando arribamos, nuestra nave espacial, como si fuera un émbolo, entró a un túnel cilíndrico y cuando las puertas de nuestra nave y las del túnel se abrieron en perfecta sincronía, pudimos entrar a un pasillo cuyos mullidos pisos eran de luminosos colores cambiantes, vimos y olimos (además de oírla, claro) una música al mismo tiempo relajante y estimulante; vimos, olimos y escuchamos las exuberantes y frondosas plantas sembradas a lo largo del pasillo, cuyas hojas y flores emitían una cierta luz translúcida, que nunca habíamos visto en otra parte.

Sabíamos que estábamos bajo techo, pero la sensación era como si estuviéramos en campo abierto, bajo los rosados (sí, porque era una luz rosa y no dorada) rayos del ¿Sol?

Llegamos a la recepción, una especie de laboratorio de la NASA, donde entramos a unas cabinas individuales en cuyo interior una luz azul nos recorrió de cabeza a pies y en dos segundos nuestra “ID”  con todos nuestros antecedentes personales, estaba lista (el FBI,  la CIA, la KGB, la Gestapo y la SS, nos parecieron párvulos cuando vimos todos nuestros datos en las pequeñas micas que salieron de las computadoras).

Al salir de las identificadoras, nos estaban esperando varios entrevistadores, uno para cada quién, y ellos nos informaron que somos algo así como “elegidos” y que fuimos seleccionados entre nuestros congéneres porque tenemos ideas muy singulares, pero muy firmes, acerca de la sociedad, la cultura, la educación, la política, la sexualidad, la salud, el dinero, etc., etc., etc.: es decir, que allá éramos descontentos, rebeldes (algunos hasta sediciosos y revolucionarios) y aquí somos los escogidos.

Aquí nadie habla (porque no los hay) de miseria; subdesarrollo; tercer mundo; hambre; analfabetismo; desigualdad social, sexual, racial o religiosa; trasnacionales; deudas externas; devaluación; contaminación del ambiente, de los alimentos o del agua; SIDA; narcotráfico, secuestros, drogadicción, ni ninguna otra de las plagas que existen (¿o existían?, ¿es que aún existe nuestro planeta?) allá; bueno ¡ni siquiera hay guerra!

Lo que más me gusta es que el amor, mejor dicho Amor, el verdadero, no el mito romántico-erótico que conocíamos, sino el Amor Universal, el Amor al semejante, que es mezcla de respeto, cariño, interés, afecto, devoción, estimación, ternura, comprensión y aceptación, entre otras cosas; ese Amor que abarca a la humanidad entera, ése es el que sentimos todos por todos; claro que hay atracción sexual y hay “matrimonio”, pero no como allá, “por contrato”, sino sólo cuando la frecuencia de onda es la misma en los dos; es decir, sólo con el “alma gemela” (parece que todos los que venimos aquí, lo hicimos con nuestra “mitad perfecta”, sólo que nos damos cuenta únicamente hasta que ambos estamos preparados).  Por supuesto que al unirse las dos mitades no hace falta ninguna clase de contrato, puesto que esa no es una simple unión, sino una reunión de dos que antes fueron uno.

Todas las tareas domésticas que allá efectúa el ama de casa (¿o debería decir “esclava de casa”?) aquí están socializadas: hay comedores públicos con comida natural, balanceada, sabrosa nutritiva y ¡gratis!; aquí no hay basura, porque los desperdicios orgánicos van a la composta y los demás se reciclan; las habitaciones se limpian con sólo apretar un botón que pone en marcha una “aspiradora” colocada dentro de las paredes a lo largo, alto y ancho y que deja tanto muebles como pisos impecables; la ropa para la lavandería se deja fuera de la habitación y al día siguiente ya está acomodada en su lugar (a todos nos toca una vez cada seis meses trabajar en la cocina, la lavandería, los jardines, los centros infantiles, etc., lo cual ni siquiera es molesto).

No se podría llamar “guardería” a los lugares donde se quedan los niños  mientras sus padres trabajan, porque ahí no se “guarda” a los pequeños, sino que se les mima, cuida, atiende, socializa y, lo más importante, no se les condiciona a que <<los niños tienen que hacer esto y las niñas no pueden y viceversa>>; no, ahí tanto los niños como las niñas hacen lo que les nace hacer.  Podemos ver niñas subidas en los árboles y niños jugando a las muñecas, tanto como niños en los árboles y  niñas con muñecas.

Mis compañeros de viaje y yo, aún siendo de países (y continentes) tan diferentes y tener distintas culturas y lenguaje, nos entendemos perfectamente entre nosotros y con los demás; no me explico cómo, pero así es: yo hablo en mi idioma y ellos en el suyo y todos comprendemos lo que los otros dicen.  Siempre que nos encontramos en el comedor nos platicamos nuestras nuevas experiencias.

El finlandés, que es pedagogo, está en uno de los centros infantiles; el hindú, que es maestro yogui, da clases de meditación a niños y adultos; la cubana, que era coronela en la milicia, enseña educación física y artes marciales (como ejercicio físico y elevación espiritual, no para ofensa o defensa); la rusa, que es física nuclear, está en investigaciones médicas; la etíope, que se doctoró en economía en Inglaterra, está en la Comisión Económica del …¿país?, ¿nación?, ¿Estado?, ¿gobierno?… aún no sé cómo llamar a este conglomerado tan perfectamente organizado; pero ella está entre los que estudian las cuestiones económicas (como la eliminación del dinero), para que después todos, por votación decidamos lo mejor para la mayoría.

Los descontentos (aún no he conocido ninguno) tienen derecho a manifestarse durante las sesiones de votación de nuevas reglas y leyes, una vez al mes, pero nadie lo ha hecho desde que llegamos.

Continuando el recuento, el australiano – es ecólogo – enseña en la Universidad cómo viven los aborígenes australianos, enfocándose en las ventajas de vivir de acuerdo a la naturaleza; también enseña medicina natural, básicamente herbolaria, que es la que ellos utilizan.  El italiano (un moreno del sur, atractivísimo), es sexólogo y da clases de educación sexual a niños, adolescentes y adultos.

Finalmente yo, que soy mexicana y antropóloga (especializada en la situación de la mujer en las diversas épocas y culturas), tengo encomendado un estudio comparativo de las diferencias entre la condición de la mujer allá, de donde venimos, y aquí.

Nunca me había entusiasmado tanto con una investigación, ¡son tantas y tan importantes las diferencias!

Aquí no hay matrimonio en el cual la mujer pierda sus  derechos, ni amas de casa, ni roles sexuales, ni discriminación sexual, ni división sexual del trabajo, ni violaciones, ni embarazos no deseados, ni abortos, ni nada de lo que subyuga allá a la mujer.

El problema que tengo, es que para poder comparar, tendría que…

-¡Silvia!, ¡despierta!, tienes que terminar tu trabajo sobre la discriminación de la mujer en el Tercer Mundo…

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© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

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Imágenes tomadas de internet.

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Euruba

15 DE ABRIL DE 2012 A LAS 6:22 PM EDITAR

  1. También tu cuento está excelente, hasta dan ganas de ir a vivir allá.

    Me gusta

  2. MI MUY QUERIDA SILVIA, COMO ERES UN SER DE LUZ, IMAGINASTE LO QUE LOS CRISTIANOS LLAMAMOS EL CIELO, Y PARA NOSOTROS ES LA RECOMPENSA QUE OBTENEMOS DESPUES DE MORIR EN ESTADO DE GRACIA ES DECIR SIGUIENDO LOS DOS PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DE JESUCRISTO,
    NO PONDRAS OTROS DIOSES ANTES QUE YO, Y AMARAS A TU PROJIMO COMO A TI MISMO.
    PALABRAS QUE ENCIERRAN UNA FORMA DE VIDA, PARA MI PERFECTA, Y QUE ACEPTANDOLAS NO NECESITAS OTRAS FILOSOFIAS, NI DOCTRINAS, NI CREENCIAS, CON MI CARIÑO DE SIEMPRE NOS SEGUIM,OS ESCRIBIENDO, TE QUIERO MUCHO, MANUEL

    Te gusta a ti

  3. Precioso sueño. Precioso relato. Precioso viaje… Pero…
    … Creo que no me gustaría vivir en ese lugar.
    Tal vez me resulta difícil hacerme a la idea de tal idílica forma de vida.
    Tal vez me resulte difícil hacerme a la idea de tener que hacer cosas en plan comunal.
    Una vez cada seis meses se hacen las cosas que en el primer mundo terrestre hacemos los de clase baja a diario.
    Lavandería, jardines, hacer zanjas, barrer las calles, limpiar alcantarillas, reciclar basura, criar vacas o pescar en alta mar.
    Espero que los meses en ese lugar tengan 1000 días en lugar de 30. Si no,… No veo el momento de hacer lo que mejor se me da… Descansar y leerte!!!
    Supongo que estoy cansado por haber dormido poco al haber estado toda la noche platicando con un ser alucinante que me desveló, y mi cerebro está ahora poco fantasioso.
    Volveré a leerlo en otro momento en el que mis endorphinas salgan por mis ojos.
    Aun así, insisto…. Precioso cuento, precioso sueño, y perfectamente descrito y narrado.
    Muchos besos desde España.

    Te gusta a ti

    1. Sé que eres único y diferente, no se te da la comunidad.
      Gracias por tu amable comentario Rosaluma, descansa y léeme (me encanta la idea), y sobre todo, recupera tu fantasía para prepararnos la grata sorpresa de tu nuevo post el próximo jueves, ¡lo espero ansiosa!
      Besos desde México

      Le gusta a 1 persona







La Cita

LA CITA

Cuento escrito en coautoría con Danshaggyalv.  Idea original: Daniel Álvarez (Danshaggyalv), ideas adicionadas: Silvia Eugenia Ruiz Bachiller. Edición: Silvia Eugenia Ruiz Bachiller/Daniel Álvarez.

© condiciones al final

Leinad

{Hoy por la mañana llegué a la ciudad, me he hospedado en el hotel más elegante, ella me dijo que habría una gala ahí, y que ya estaban reservados los lugares para ambos así que ahí nos encontraríamos…

 Llegué a la recepción, pedí una habitación y me dieron la 232, un gran número, siempre de un modo u otro en mi vida, siempre importante… espero que hoy también, y comenzamos bien ya que es una habitación estilo Luis XV.

 Una vez instalado, solicité al concierge, porque para esta noche necesitaba unas cosas en la habitación y seria explícito así que pedí que viniera para decirle qué necesitaba que hicieran… 

 Siendo casi las ocho, comencé a arreglarme, poniéndome una camisa cuello Mao, con un traje recto de corte ingles, color azul ultramarino, de dos botones, sé que ya no es muy usual usarlos, pero siempre me han gustado, me coloque las mancuernas de plata. 

 Tengo tantas ganas de conocerla, de tenerla en mis brazos…

Después de un año y medio de amor virtual, hoy es el día, hoy nos conoceremos, y hoy tiene que ser especial, por eso es que pedí que vinieran para dar las indicaciones de lo que quiero para la habitación porque hoy, será el día mas especial de todos…}

Sophia

Hoy lo conoceré, después de año y medio de amor virtual, ¡por fin hoy nos conoceremos!, nos veremos, nos tocaremos, acariciaremos, besaremos y …

 Hoy es el gran baile anual del club, lo invité, me pareció una buena ocasión para el primer encuentro.

 Me visto cuidando hasta el menor detalle. Contemplo mi vestido largo, es un vestido lindo, de gasa color verde esmeralda (dicen que es mi color, por mi piel blanca, mi pelo rojo y, sobre todo, mis ojos verdes), es amplio, de mucho vuelo, acinturado, el corpiño bajo la transparente tela, es sin tirantes, pero discreto, el top es de cuello redondo, manga larga, poco escotado, sugerente, pero con clase, quiero que tenga una buena impresión de mi persona…(me detengo, estoy frente al espejo poniéndome los aretes, unos herretes de tres caídas en pequeñas esmeraldas y diamantes).

 Persona… hoy nos conoceremos en persona. ¿sentiremos lo mismo? ¿la misma atracción que en el chat o por teléfono? ¡espero que sí! Cuando me hace el amor por teléfono, me vuelve loca ¿lo logrará en la realidad?

 Escojo los zapatos , color perla, tacón de aguja, de tiritas, sexis ¿se fijará en ellos? 

 Mi pelo lo llevo peinado de nido con maxi trenza, elegante, con remembranzas del de Grace Kelly (para verme diferente), lo complemento con una peineta en verde esmeralda con azahares plateados Una delicada gargantilla de esmeraldas y diamantes y un pequeño camafeo antiguo en el cuello del vestido, él me identificará por el camafeo y el vestido verde esmeralda.

 Espero no ir muy recargada, pero en esos bailes anuales del club, todas vamos así.

 Estoy nerviosa, llego al salón en el hotel más elegante de la ciudad, la decoración recuerda los finales del Siglo XIX, tal como indicaron que sería el tema del baile “Los Románticos de Ayer”, como anillo al dedo a mi primer encuentro personal con Leinad. ¿se verá tan guapo como en sus fotos? Suspiro, estoy muy enamorada y temerosa ¿nos gustaremos, atraeremos y amaremos como lo hacemos virtualmente?

 Llego al suntuoso salón, como era de esperarse, hay una gran escalinata hacia abajo, para hacer entradas grandiosas.

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 Me tiemblan las manos, me tiemblan las piernas. Me detengo en lo alto de la escalera, buscándolo con los ojos, me dijo que vendría de azul ultramarino (el color que mejor le queda a todos los hombres) con camisa blanca de algodón cuello Mao, a él tampoco le gusta seguir las normas al pie de la letra, nos parecemos en tantas cosas…

 No lo veo, me pongo más nerviosa, recorro el lado derecho del salón, no está, empiezo a revisar el lado izquierdo ¡ahí está!, más guapo que en sus fotos, él también me está buscando con la mirada. Antes de que nuestros ojos colisionen lo observo detenidamente por unos segundos:

 Él trae un traje corte inglés dos botones, solapa recta, el color parece negro, pero es azul ultramarino, tal como me dijo que se vestiría. Me gusta su estatura, me gusta su porte, su aplomo, sus ojos, ¡me gusta él!

 Nuestras miradas se encuentran, las clásicas maripositas en el estómago, mis rodillas se vuelven de agua, no hay donde detenerme, respiro profundo, me rehago, levanto la barbilla, le sonrío con los labios y la mirada y empiezo a bajar, tiene que ser una gran entrada, él está ahí.

 Leinad se dirige a mí, sin despegarme la vista. También sonríe ¡qué distancia tan larga! de la puerta de la terraza a la escalera.

 Salon de baile

Llega, extiende la mano, le doy la mía, temblorosa, la toma, un choque eléctrico nos recorre a ambos, y hace lo inesperado ¡me besa la mano! Me tiemblan más las rodillas, creo que él se da cuenta.

Leinad

{La veo bajar lentamente, como una reina, acercándose el momento de estar frente a frente, me dirijo a ella sin dejar de mirarla, nos saludamos, percibo su perfume, Chanel Nº 5. 

Parece coincidencia, pues al encontrarnos y besar su mano la orquesta comenzó a tocar un vals… el mas hermoso para ese momento… El Vals de las Flores… 

 -¿Bailamos?

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 {Tomando su mano, y sin esperar su respuesta le conduzco hacia la pista y a abrir el baile, sin dejar de ver sus ojos verdes, y esa sonrisa encantadora, ya en la pista, le paro frente a mi, y colocando mi mano en su cintura, y ella su mano en mi hombro,  con la izquierda  tomo su mano y comenzamos a danzar el vals, siendo  seguidos por otras parejas. Entre la gente danzando el vals, me acerco a su oído y despacio le susurro: 

 -Quiero mostrarte algo, allá arriba; es un regalo. Para ti, por  estar juntos…- noto que se estremece}

Sophia

Bailamos el Vals de las Flores, me doy cuenta de que al fin estoy bailando con mi amor, tanto desearlo, por tanto tiempo y al fin estoy en sus brazos y me encanta sentirme en sus brazos, cierro los ojos, es mi sueño hecho realidad, se acerca a mi oído y me susurra que me tiene un regalo allá arriba, su aliento tan cercano me da un escalofrío de placer.

 Termina el vals, nosotros seguimos danzando ya sin música, y mirándonos a los ojos, hasta que nos damos cuenta que nos miran y no escuchamos la música;  nos reímos; queriendo ver la sorpresa que me tiene, sin decir palabra tomados de la mano, nos dirigimos a la salida, mucha gente me saluda, aunque no se acercan, me ven acompañada y solo sonríen saludándome.

 Una vez en el lobby, él es el guía, me lleva de la mano al elevador, no hablamos,  decimos todo con la mirada.

 Adentro del elevador estamos solos y sonriendo, nos arrojamos uno en los brazos del otro como lo soñé siempre, tomando mi barbilla me beso suave y apasionado a la vez, llegamos al 2º piso.

Entramos a la  habitación con puerta de doble hoja me llama la atención  los números, grabados en relieve: 232, me extraña un poco que al entrar sonría y los acaricie con la yema de los dedos.

Quedo con la boca abierta, admiro la pequeña estancia, con sillas y sillón tipo Luis xv, la cama de época, en madera, con postes altos, y un dosel de gasa. Una hermosa habitación como mandada decorar para la ocasión, pero lo que más me conmueve y  emociona casi hasta las lagrimas es que hay muchos pétalos de rosas de distintos colores y flores tiradas en la cama de blanca colcha y repartidas por todo el piso del cuarto.

Leinad

{En una mesa bar, a un extremo, se encuentra un servicio completo con una botella de champagne, Armand de Brignac, cosecha del 49, con unas copas de cristal de Baccarat, así como un tazón con las fresas mas rojas que se hayan visto, exacto como lo solicité y en tiempo para este momento…

 Así que mientras ella avanza despacio y admira la habitación (me alegra que aprecie los detalles), sirvo dos copas de champagne, ofreciéndole unas fresas en un pequeño refractario de plata y la copa de champagne.

 Ella nerviosa y yo sonriendo, para relajar la tensión del momento; ella, volteando, me invita a la terraza para admirar la luna y aprovechar tomar un poco de aire y ahí,  disfrutando el esplendor de la vista desde la terraza del hotel, hicimos un brindis, por el futuro, por el hoy y por siempre… y escuchamos el característico sonido del cristal de Baccarat, al chocar las copas, mientras mordemos una fresa, y damos un sorbo a la bebida disfrutando ambos el ácido de la fruta que cambia el sabor del champagne, volviéndolo dulce y con sabor a fresas, así como ha sido nuestro amor, a veces ácido y amargo, pero en conjunto muy dulce y excitante, como la champaña}. 

 Sophia 

Si me quiere impresionar, lo ha logado totalmente. En copas de cristal de Baccarat sirve la champaña (mi favorita, champaña, Armand de Brignac, cosecha del 49, ¿cómo lo supo? Se lo habré mencionado alguna vez? ¿Tenemos los mismos gustos?) y me la ofrece junto con esas fresas, es delicioso.

Estoy muy nerviosa, con la anticipación, con el anhelo de ver cumplido mi sueño de estar con él, con tantos detalles que me encantan.

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Lo invito a salir a la terraza, hay luna llena, el ambiente romántico, él, su vibración, la energía que desprende, su aroma, la champaña, todo es perfecto.

 Estamos felices, reímos y brindamos por el momento, por el futuro y para siempre,  mientras, comemos algunas fresas mirándonos a los ojos y sonriendo, sobran las palabras; en ese momento en silencio sin palabras innecesarias, bebemos pequeños sorbos de champaña que, con las fresas, mejora su ya exquisito sabor, hasta que él me sugiere que entremos, coloca las copas en el bar y me mira significativamente mientras se acerca lentamente a mí, esa mirada suya me hace estremecer.

Leinad

{Mirándonos a los ojos, entramos a la habitación, tomo la copa de su mano, dejo ambas junto a la champanera, y las fresas, y volteando me veo en sus ojos color verde, que su vestido resalta y disfrutando de la mirada, me acerco.}

 Sophia

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Respondo a la mirada y también me acerco a él, que me toma por la cintura, me atrae hacia su cuerpo y me besa en los labios primero suavemente, apenas un leve roce, pero que me hace temblar, luego me besa paseando sus labios sobre los míos, me tengo que colgar de su cuello, porque mis piernas ya no me sostienen, poco a poco los besos se hacen más apasionados, nuestra respiración se acelera mientras él empieza a desnudarme, descorre el zíper y mi vestido cae, veo brillar su mirada al contemplarme. 

Yo le quito el saco,  la camisa, y nos desnudamos uno al otro lenta y sensualmente, mientras nos besamos y  disfrutándonos en cada roce, en cada caricia, al tocar la piel del amado, quedamos semidesnudos y así, me toma en sus brazos y me lleva a la cama.

Leinad

 {Tomándole de la cintura, rozo sus labios con los míos mientras se mezclan nuestras respiraciones y con ello se aumenta la temperatura de nuestros cuerpos, pasando del sólo roce a un beso suave y apasionado a la vez, compartiendo y disfrutando del sabor a fresas y champagne que ambos tenemos, lo que vuelve mas profundo el deseo de la caricia, volviéndolo más pasional, a cada momento, volviéndose más carnal y excitante, mas asfixiante, tanto, que nos comienza a dejar sin aliento, mientras nuestras manos, cobrando vida propia comienzan despacio a desnudarnos uno al otro. Con mis dedos comienzo a bajar el cierre de su vestido despacio, mientras ella me ayuda a quitar el saco y la camisa, poco a poco la ropa fue quedando fuera hasta que semidesnudos, la tomo en mis brazos llevándola a la cama, y depositándola suavemente, comenzamos las caricias previas a hacer el amor… }

Sophia

Me toma en sus  poderosos brazos y me deposita suavemente en la cama, estoy temblando, nos acariciamos, nos besamos, nos entregamos a la pasión, me hace gemir y perder el ritmo de la respiración.

Leinad

{Caricia tras caricia, beso tras beso, hasta llegar a lo más ardiente de nuestra pasión, ya no podemos esperar más y suavemente comienzo a unirme a ella.}

Sophia

 Llega el momento de la primera unión total, lo siento en mí, es un momento excelso para mí, más allá del deseo o la pasión, en ese instante se detiene el tiempo y lo siento entrar en  mi vida, en mi corazón, en mi alma, en mi cuerpo. El tiempo se detiene entre caricias, besos, gemidos, y gritos ahogados de pasión entre ambos porque esa energía explosiva tiene que salir de algún modo.

Éxtasis.  Mientras él me está amando, yo ya no puedo pensar, estoy desconectada, sólo siento, siento, lo siento, apenas percibo allá a lo lejos sus palabras tiernas y luego apasionadas. 

 Después de una eternidad que no se si es una hora o un minuto,  ambos llegamos al mismo tiempo al cielo, gritamos nos entregamos, nos fundimos, somos uno solo. 

Leinad

{Después de amarnos habiéndonos unido con almas mentes y cuerpos, y agotados ambos, con la respiración entrecortada, me acomodo boca arriba y ella se coloca pegada a mi, reclinada sobre mi pecho, con su muslo sobre mis piernas, jugando y acariciándome plácidamente con su pierna y pasando su mano y sus dedos sobre mi pecho, mientras su mirada está perdida en sus ensueños. 

La rodeo con mi brazo y con mis dedos dibujo figuras amorfas en su espalda, nos quedamos así un rato, mientras le digo “te amo” en varias ocasiones, mismas que ella responde con otro “te amo”; hasta que levantándome, me dirijo al baño y volteo, la veo esplendorosa y radiante en la cama, ella me mira y sonríe, a la vez que veo un brillo de felicidad en sus ojos}. 

 Sophia

Después viene la calma, el reposo, el recuperar el aliento, el mirarnos y sonreír, acariciarnos tiernamente, me besa en la frente, lo beso en la barba, me recargo en su pecho, escucho sus desbocados latidos, iguales a los míos, paseo mi mano por todo su pecho, luego sólo la punta de mis dedos, me gusta sentir su piel húmeda, coloco mi pierna sobre las suyas, lo siento, ahora en reposo, gozo jugando con él, deslizándola sobre él, acariciándolo.

 Él sólo sonríe y me repite muchas veces –Te amo – Contesto –Yo también te amo.

 Me acaricia la espalda, tan suavemente que me hace estremecer y temblar de nuevo.

 Pasamos unos momentos muy tiernos después de hacer el amor y él dice que es tiempo de darnos un delicioso baño, se levanta y se dirige al cuarto de baño.

 Leinad

{Entro al baño y preparo en la tina agua templada, vierto en ella sales de baño con pétalos de Flor de Azahar y agua de rosas, además dejo caer en el agua pétalos que hay en el baño; salgo, la contemplo en la cama, me dirijo a ella y tomándola en mis brazos me regreso al baño con ella como preciosa carga y así frente a la tina, dándonos un beso nos metemos a ella}. 

Sophia

Leinad sale, me contempla, viene por mí me toma en sus brazos y entramos al baño, ahí me encuentro con otra agradable sorpresa, hay una amplia tina antigua, de porcelana. Al agua tibia le ha añadido agua de rosas, sales de baño con pétalos de Flor de Azahar (veo los frascos), y pétalos; mmm qué delicia, me cautivan esos detalles, ha pensado en todo. Me besa y se mete a la tina conmigo en brazos, yo grito y me río, me fascina.

Jugueteamos, nos acariciamos, ineludiblemente volvemos a amarnos dentro del agua ¡qué experiencia! Las caricias toman otra dimensión. Nos amamos una vez más, me hace probar otras delicias que no conocía y que me encantan.

Leinad

{Jugamos en el agua y volvemos a hacer el amor en la tina; yo disfruto su cuerpo, ambos, la frescura del agua.  Nos amamos nuevamente, los dos volvemos a alcanzar el clímax}.

Sophia

Estoy exhausta, me envuelve en una fresca y suave bata de baño y regresamos a la cama, tiempo de descansar un poco, acurrucada en sus brazos, nos dormimos profundamente.

¡Qué feliz soy!

Se escucha – Adagio in G Minor Albinoni

Leinad

{Y despierto… he vuelto a soñar con ella… el mismo sueño, el sueño de siempre…

Pero seguimos estando lejos, no nos hemos conocido, ni tocado, ni hemos hecho el amor aún, sólo podemos amarnos en la distancia, pero “se vale soñar”.}

Sophia

Despierto… me pregunto si él tendrá el mismo sueño recurrente… este sueño de sueños, sueño onírico, sueño lúcido, sueño que encierra nuestros deseos… y que algún día se cumplirá.

 ♥♥♥

______________________________________________________

Puedes ver esta misma historia, con muy ligeros cambios en:

https://danshaggyalv.wordpress.com/2016/08/18/la-cita/ 

Cuento escrito en coautoría: Silvia Eugenia Ruiz Bachiller/ Danshaggyalv.  

Idea original: Daniel Álvarez (Danshaggyalv), 

ideas adicionales: Silvia Eugenia Ruiz Bachiller.

Edición: Silvia Eugenia Ruiz Bachiller/Daniel Álvarez. 

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

 ©2016 Danshaggy

***

Imágenes tomadas de internet y Pinterest,

***

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Leinad

{Hoy por la mañana llegué a la ciudad, me he hospedado en el hotel más elegante, ella me dijo que habría una gala ahí, y que ya estaban reservados los lugares para ambos así que es ahí donde nos encontraríamos… 

Llegue a la recepción, pedí una habitación y me dieron la 232, un gran número, siempre de un modo u otro en mi vida, siempre importante… espero que hoy también, y comenzamos bien ya que es una habitación estilo Luis XV. 

Una vez instalado, solicité al concierge, porque para esta noche necesitaba unas cosas en la habitación y seria explícito así que pedí que viniera para decirle qué necesitaba que hicieran…

 Siendo casi las ocho, comencé a arreglarme, poniéndome una camisa cuello Mao, con un traje recto de corte ingles, color azul ultramarino, de dos botones, sé que ya no es muy usual usarlos, pero siempre…

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DONDE LAS DAN, LAS TOMAN

                                    “DONDE LAS DAN…”

© condiciones al final

El portero del hotel le llamó un taxi y la ayudó a meter sus dos maletas de mano; Carmen se arrellanó en el asiento.

-A la terminal de San Lázaro, por favor.

El chofer observó a la señora de clase alta que lo había abordado en el Hotel María Isabel Sheraton , donde él tenía un lugar en el sitio de taxis turísticos; no estaba mal… tal vez un poco pasadita de peso, pero muy bien formada… buena pierna, aunque trataba de bajarse la falda, por el espejito alcanzaba a ver un panorama interesante. Buena ropa, muy elegante, joyería que se veía de buena clase, aunque él no entendía mucho de eso, pero su trabajo lo había hecho observador.

-¿A la TAPO?

-Sí, ahí- deseó que el chofer no la fuera a creer “fuereña”, porque entonces, como era taxi turístico, le iba a querer cobrar el triple de lo normal. Quiso hacer comentarios sobre la ciudad o el tráfico, para que él se diera cuenta de que era capitalina, pero lo pensó mejor, porque después de vivir tantos años en Puebla, ya había adquirido el acento poblano, que es diferente, sólo un poquito diferente al del D. F., pero los taxistas lo captan al instante; así que prefirió no decir nada; no era que no tuviera dinero, pero le disgustaba que le cobraran de más; tampoco aceptaba que el chofer de su marido la trajera a México, porque no le gustaba sentirse “vigilada”, así que prefería viajar en autobús, porque tampoco le agradaba manejar en la capital.

Miró por la ventanilla; había mucho tráfico a esa hora, hubiera sido mejor irse a las nueve de la noche como siempre, pero hoy había terminado temprano y a las cuatro ya no tenía cosas pendientes, así que fue al María Isabel por sus cosas y salió hacia la terminal de autobuses.

Mientras estaba perdida en sus pensamientos llegaron a la Av. Francisco del Paso esquina con Zaragoza.

-Por favor, váyase por la lateral, quiero que me deje en la Puerta 2.

-Sí, señora.

Carmen pensó que hacía mucho tiempo que no le decían “señorita”; era curioso, cuando pesaba menos de 61 kilos, aunque no trajera peinado de salón ni anduviera bien maquillada, no importaba si traía “jeans” o un vestido elegante; aunque estuviera en el supermercado o trajera a su sobrinito de la mano, siempre la llamaban “señorita”; ¡ah!, pero si pesaba más de los 61 kilos, no importaba que trajera el mejor maquillaje y acabara de salir del salón, aunque trajera portafolio, o anduviera cargada de libros, indefectiblemente la llamaban “señora”, ¿es que (se preguntaba) el ser “señora” o “señorita” depende del peso?, cómo es extraña la gente…

-Son sesenta pesitos, señora.

Carmen buscó en su bolso el dinero, le pagó al chofer y salió del taxi, sin que el chofer la ayudara con las maletas. Entró al túnel mascullando lo poco caballeroso que son ahora los hombres y tratando de acomodarse una maleta en cada hombro, sin que le estorbaran su bolso y el saco.

Llegó a la terminal de los autobuses UNO, compró su boleto a Puebla sin tener que hacer fila, pues a esa hora había poca gente y se sentó a esperar la salida de su autobús.

Cuando anunciaron su salida, esperó a que todos se formaran y subió la última; no le gustaba esperar de pie a que los otros pasajeros se acomodaran y prefería subir cuando ya todos estaban sentados.

Buscó su asiento y vio que su vecina era una mujer de mediana edad, arreglada, aunque sencilla, que aparentemente trataba de dormir, pues tenía los ojos cerrados; Carmen le pidió permiso para pasarse al asiento junto a la ventanilla y también se acomodó con los ojos cerrados, aunque sabía que no podría dormir; ya debería poder hacerlo, después de tantos viajes Puebla-México-Puebla que hacía, a veces tan sólo por no aburrirse sola en su caserón poblano.

Por lo menos en México iba a visitar a sus amigas, a tomar un café con ellas, o hasta iba al cine sola, si no encontraba a ninguna amiga que la acompañara, cosa que era punto menos que imposible hacer en Puebla… ¡lo que pensarían si algún conocido la viera!, que no era difícil, pues siempre que salía a cualquier parte se encontraba a alguien conocido, y no era que ella fuera muy sociable o amiguera, sino que conocía a toda esa gente por las relaciones de su marido; ni modo, “noblesse oblige”, era un pequeño precio que pagar, a cambio de que todo el mundo le tuviera consideraciones especiales debido al alto puesto que Hans tenía en la fábrica de autos.

Durante el trayecto por Zaragoza fue pensando en la cena que tendría que ofrecer la siguiente semana a uno de los más altos directivos venidos de Alemania, que recién había llegado al país, para confirmar o negar el ascenso de Hans a Director General; ya se estaba temiendo que la pusieran de cicerone de la esposa, aunque en realidad no sería desagradable pasear por Puebla, México, Tlaxcala y tal vez hasta Veracruz, lo que sí le disgustaba era tener que hacerlo por obligación y no por gusto, sabría Dios cómo sería la alemancita.

Claro que también a ella algunas esposas de ejecutivos menores la habían tenido que pasear, pero al menos ella era mexicana como las demás… recordó el viaje que hicieron a Xalapa, para ver el entonces nuevo Museo de Antropología y la casa de Santa Ana; también recordó que en ese entonces se había dado cuenta de que Hans la engañaba… bueno, también era un precio, aunque no pequeño, que había que pagar a cambio del status, las comodidades y todo lo demás. No cabe duda que todo tiene un precio…

Mientras pensaba en todo esto, ya estaban en lo alto de la montaña y empezó a percibir un olor desagradable. Abrió los ojos y vio que su vecina también estaba olfateando algo; unos minutos después, el olor era mucho más fuerte y un pasajero de más atrás advirtió:

-¡Chofer!, ¡huele a quemado!

El chofer ni se inmutó y todos los pasajeros empezaron a inquietarse, ella y su vecina se miraron.

-Desde hace rato huele a quemado, ¿verdad?

-Sí- respondió Carmen – espero que no sean los frenos.

-Si eso fuera, ya se hubiera detenido el chofer, ¿no crees?

-¡Quién sabe!, no me explico por qué no se para… tal vez sea por las curvas y la subida.

Otros pasajeros repitieron su advertencia al chofer, pero él seguía sin contestar. Por fin llegaron a Río Frío y se detuvo. Entonces sí abrió la puerta de comunicación, y se dirigió a sus pasajeros antes de bajar del autobús.

-Los que deseen bajar, pueden hacerlo, tal vez estemos aquí una media hora- sin esperar respuesta, se apeó y se dirigió al taller mecánico frente al que se había estacionado.

Carmen y Diana, su vecina de asiento, se miraron, sonrieron y se dispusieron a bajar. Diana sólo llevaba un suéter y una mascada para protegerse del frío, Carmen se puso el saco con cuello de piel sintética y los guantes de cabritilla, que no calientan, pero al menos protegen.

Se dirigieron a una de las pequeñas fondas situadas a la orilla de la carretera, escogieron una mesa lo más adentro posible, para protegerse del frío y pidieron sendos cafés; siempre sería mejor el café de aquí, que el agua tibia con café soluble que ofrecían en la “cafetería” del autobús.

Soplándole al café para no quemarse la lengua, Diana se atrevió a preguntarle -¿Eres casada?

Carmen la miró sorprendida, ella siempre ha dado por hecho que todas las mujeres maduras lo son -sí, ¿y tú?

-No…-mirada nostálgica -soy viuda.

-¡Ah!- no supo qué más contestar, dentro de su realidad sólo existían las casadas sin problemas económicos.

-¿A qué se dedica tu marido?- insistió Diana tratando de seguir conversando.

-Trabaja en la Volkswagen, es ingeniero automotriz, pero su puesto es administrativo, es funcionario de alto rango.

Diana la miró un tanto sorprendida -Qué curioso, mi “galán” también es ingeniero y trabaja ahí.

-Ah, ¡sí?- volteó a buscar a la mesera -¿tiene pan dulce?- volvió a prestar atención a su interlocutora -y ¿cómo se llama el “galán”?

-Otto, es alemán, o de origen alemán, no estoy segura, pero tiene un apellido impronunciable e inescribible, al menos para mí -ambas rieron de la ocurrencia, Carmen también encontró curioso el nombre del amante de su nueva “amiga”.

-Mi marido se llama Hans Otto, como te dije, es ingeniero y también trabaja en la planta, pero, como sabes, toda la fábrica está plagada de alemanes, creo que con excepción de los obreros y algunas secretarias, todos son alemanes o hijos de alemanes ¿no?- sin esperar respuesta continuó, como dándose explicaciones a sí misma – y ambos nombres son tan comunes entre ellos, como José o Juan entre nosotros. ¿En qué departamento trabaja tu Otto? conozco a varios.

-No lo sé, nunca me platica de su trabajo, pero si te lo describo, tal vez lo identifiques: tiene como cincuenta años, es gordo, calvo, y alcohólico, pero sexualmente está bastante bien, parece como de treinta -Carmen pensó que en todo se parecía a su marido exceptuando en lo último, porque Hans era casi impotente.

Diana continuó, recordando algunos desagradables episodios pseudo-eróticos con su amante -lo único que me agrada, es que me da una muy buena ayuda económica, cosa que verdaderamente necesito, porque, como no sé hacer nada, desde que enviudé he intentado mantenerme vendiendo seguros.

-Así lo conocí -sonrió como disculpándose – pero la verdad es que nunca saco ni para pagar la renta- suspiró – además, me agrada sentir que tengo un compañero “casi” formal -volteó hacia otro lado -a pesar de ser casado, pero prefiero no pensar en eso- le sonrió tímidamente, esperando su aprobación.

Carmen, a pesar de sí misma, estuvo de acuerdo con Diana, porque ella estaba en el mismo caso: su marido era “igualito” al amante de Diana, con la diferencia de que ya casi no tenían relaciones sexuales, porque él la mayoría de las veces que lo intentaba no “podía” (alguna vez se había preguntado si serían así todos los alemanes maduros, pero según su interlocutora, por lo menos había una excepción).

Carmen no se sentía a gusto y hubiera querido divorciarse, pero, por otro lado, también necesitaba ser la “esposa de” y no quería perder la posición económica de su marido; como se sintió identificada con la viuda, la invitó a comer el siguiente martes, pues su marido todos los martes tenía comida con el Director de la Planta.

Diana dudó por un momento, pues ese era el día en que su amante a veces la llevaba a comer a Tlaxcala o a otra ciudad cercana, pero como no eran muchas las amigas que tenía y menos las invitaciones que le hacían, decidió aceptar.

-Entonces te espero, ten mi tarjeta, aquí están la dirección y el teléfono- le dio su tarjeta de la asociación caritativa en la que fungía como sub directora, con su nombre de soltera.

Diana tomó la tarjeta y se apresuró a sacar de su enorme bolso, que le servía también de portafolios, una suya, para entregársela a Carmen; a lo mejor y hasta conseguía un cliente.

Apenas estaban terminando su café con pan dulce, cuando se asomó el chofer a la puerta de la fonda y vio platicando amigablemente a las dos señoras tan distintas: una elegante y con mucha clase y la otra sencilla y con aspecto corriente, pero un poco más joven.

-Ya vamos a salir, ustedes son las últimas – y sin más se dio la vuelta.

Carmen dejó un billete en la mesa -yo invito, vámonos rápido.

Ya en el autobús platicaron de cómo eran sus respectivas casas, de lo que hacían en su tiempo libre -para Carmen era casi todo el tiempo, porque en la asociación caritativa su puesto era casi honorífico y prácticamente no hacía nada, en cuanto a sus obligaciones como anfitriona y acompañante de su marido no las consideraba como una ocupación, sino más bien como una distracción… aunque en ocasiones era obligada, y muchas veces había deseado ser libre, pero sin renunciar a todo lo que estaba acostumbrada, lo cual no era muy fácil de lograr… a menos que…

Pero nada de esto le comentó a su amiga y más bien la escuchó hablar sobre sus idas al cine dos veces al mes, sus comidas “extraordinarias” en Vips, con alguna compañera, no más de una vez por mes y, claro, cuando su amante la “sacaba” a comer a Tlaxcala o a San Martín Texmelucan y más raramente a Atlixco; jamás la invitaba a ningún lugar en Puebla, porque tenía una esposa que “respetar”, como él mismo decía.

Carmen le lanzó una irónica mirada a Diana, que ésta no captó, o fingió no captar, ¡respetar!, qué manera de “respetar” tienen los hombres.

II

El siguiente martes, cuando ambas estaban en el jardín trasero, cómodamente sentadas alrededor de la mesa con sombrilla, observando la piscina, escuchando música y tomando el aperitivo antes de comer, inesperadamente se apareció Hans en el hermoso y arbolado patio, caminando por la vereda que dividía en dos el prado, saludando a sus dos sabuesos, que brincaban alegremente frente a él, dificultándole caminar. Carmen y Diana lo vieron antes que él a ellas, porque toda su atención estaba en sus consentidos perros.

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Diana palideció de pronto y casi le dio un infarto, pero trató de disimular lo mejor que pudo; cuando él la vio sentada ahí en su propio jardín, junto a su esposa, se detuvo en seco y se acuclilló, pretextando acariciar a los canes. Trató de pensar rápidamente de qué se trataba todo eso, ¿habría Diana venido a decirle todo a Carmen?… pero no, las dos se veían muy contentas, bueno Diana estaba con cara de espanto, así que… Como no vio ninguna reacción por parte de su esposa, se acercó, esperando hasta ver el comportamiento de ambas.

Se agachó a saludar a su esposa y Carmen, inocentemente, lo besó en la mejilla como siempre

-Te presento a mi amiga Diana, la conocí en el autobús de México la semana pasada – le sonrió candorosamente -¿vas a comer?

Él había decidido ir a comer a su casa cuando Diana le dijo que no se podían ver ese martes, pero, ante las circunstancias, decidió no hacerlo.

-No, querida, sólo vine por unos papeles que olvidé en la mañana, recuerda que los martes como con el Director de la Planta -volteó a ver a Diana de la manera más impersonal que pudo -mucho gusto.

Diana sólo lo saludó con la cabeza, estaba muda, quería meterse debajo de la mesa, si antes se puso pálida, ahora sus mejillas estaban tan calientes, que sentía que iban a estallar; sólo deseaba que Carmen no se diera cuenta.

Cuando Hans Otto captó toda la situación se tranquilizó inmediatamente; se sintió más incómodo porque Diana lo hubiera visto sin bisoñé, que por tener a la esposa y a la amante juntas y tranquilamente se sentó a beber un vaso de limonada -hace mucho calor, ¿la están pasando bien, señoras?

Diana, sin contestar, pensando que ese era el colmo del cinismo, también tomó su vaso de limonada y apuró el agridulce y helado líquido de un solo trago. Para no tener que ver a Otto, prefirió acariciar a uno de los perros que se había echado entre él y ella.

De la manera más cándida, Carmen se levantó -por lo menos voy a ordenar que te sirvan una copa, querido- se dirigió a la casa dejándolos solos.

Hans la observó alejarse pensando “verdaderamente, es la mujer más inocente e ingenua que conozco… por algo me casé con ella, ¡pobrecilla!”, se volteó hacia Diana, le sonrió cínicamente levantando los hombros, sin más comentario; ella se volvió a agachar a acariciar al perro, para no tener que verlo.

Carmen, después de ordenar que les llevaran una copa a los tres, salió de la cocina y se encerró en la elegante y acogedora biblioteca, amueblada y adornada con un gusto exquisito, como el resto de la casa, para llamar a su abogado.

-Ya confirmé todo al verlos juntos; podemos sacarle lo que queramos, porque no le conviene el divorcio ahora que tiene la posibilidad de ser nombrado Director General. Por supuesto, yo voy a aparentar que no sé nada, para que tú puedas chantajearlo; hoy grabé buena parte de mi conversación con Diana, platicándome, con nombres y datos, los detalles más truculentos de su relación con su amante ¡imagínate!- rió de buena gana.

-¿Estás segura de que no querrá ser libre para casarse con ella y te salga el tiro por la culata?

-¿Con esa? ¡para nada!, jamás se casará con alguien así, si desea ese puesto, necesita a alguien con clase y ésta no la tiene.

-Si estás tan segura, tenemos que tramar un plan, cuanto antes mejor.

Carmen suspirando, se estiró y se levantó el pelo de la nuca con la mano libre -Te espero mañana a las 10 a desayunar ¿quieres liguero negro o blanco?

 ***

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Puebla, Pue., Julio, 1994

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Imágenes tomadas de internet,

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Silvia Eugenia Ruiz Bachiller, Autora de “TÚ Y YO SIEMPRE”, novela romántica. La historia de amor de Almas gemelas, su karma, reencarnación y regresiones a vidas pasadas.

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Tú y Yo Siempre

foto Angel Sosa

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AMOR CON FECHA DE CADUCIDAD

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© condiciones al final

Esto pasó hace muchos años, pero lo traía atorado en la garganta/dedos, y decidí, por fin, dejarlo salir…

Era yo muy jovencita, pero ya tenía un puesto más o menos importante en una empresa multinacional, con base en la Capital, era asistente bilingüe del director de la planta, ubicada en otro Estado cercano, cuál, no importa.

Estaban construyendo la planta y trayendo maquinaria, para lo que venían ingenieros de muchas partes del mundo (Italia, España, Francia, Alemania, Arabia, Argentina), además de los mexicanos, claro.

Se suponía que yo iba a seguir siendo asistente del director aquí en la capital, donde residía yo y él tendría otra asistente en la planta, pero… mi jefe se empeñó en que yo fuera a organizar toda la oficina de la planta, hacer las compras del equipo de oficina, papelería y adminículos necesarios, contratar secretarias y jefe de almacén, el jefe de compras lo mandarían de la capital.

Me pidieron que fuera allá de lunes a viernes por 3 semanas, máximo, 4, no más. pero al final resultaron 3 meses, porque había muchas cosas que hacer a partir de cero, mientras acababan de construir la planta, que aún estaba en obra negra.

No pude negarme y todos los lunes salíamos de la oficina a las 9 am rumbo a la planta para salir de allá el viernes a las 5 pm  y regresar a nuestros hogares.

El viernes anterior a salir por primera vez, observé que todas las compañeras daban vueltas alrededor de la oficina de personal, como las divisiones eran de cristal, se podía ver lo que ocurría dentro de los cubículos, mis compañeras iban y venían y regresaban una y otra vez; por curiosa fui a ver la causa y era una razón perfectamente válida, jajaja. Sentado frente la jefa de personal se encontraba el hombre más guapo que jamás había visto: casi 2m de estatura (lo vi cuando se levantó para despedirse y dirigirse a un teléfono), rubio, ojos azules y con una “baby-face” hermosísima, guapo el hombre de todo a todo (a mí me gustan morenos, pero el “güero” estaba de cuento de hadas). Cuando estaba hablando por teléfono levantó la vista, me vio y sonrió… me dejó helada, le sonreí también y me regresé a preparar todo para el lunes irme a la planta.

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El lunes llegué, me instalé y me llamó mi jefe, el guapérrimo estaba con él,

-Sandra, el Ing. Gerhard Molodesky, necesita que lo ayudes a arreglar algo en su hotel, por favor al salir acompáñalo y ayúdalo a resolver su asunto ¿en qué hotel estás?

-En el Lastra

– Ah, que bien, él también, así que no tienes que ir a otro lado y mira necesito… me empezó a dar instrucciones para el día.

Cuando terminó, me voltee hacia el ing. y le pregunté en inglés qué era lo que necesitaba.

Carita de -¿What?

No hablaba inglés.

-¿Italiano?- No.

-¿Francés? (yo no sabía mucho francés, pero al menos con ayuda de un diccionario…), tampoco.

-Yo no hablo alemán (dije la frase que me sabía en alemán: Ich spreche kein Deutsch) levantó los hombros con cara pícara y sonriendo.

-Bueno- dije señalando el reloj y con 5 dedos levantados -te veo a las 5 y a señas –para ir a arreglar lo tuyo.

Asintió con la cabeza, me sonrió y se fue a la planta, mi jefe me dijo que el Ingeniero quería cambiarse de hotel, porque todos sus colegas estaban en el hotel Mesón del Ángel y a él lo habían mandado al Hotel Lastra.

Me quedé pensando en lo extraño de un alemán con apellido polaco, nombre con pronunciación francesa ¡y no habla mas que alemán!

En la tarde nos fuimos juntos en la camioneta de la empresa, de vez en cuando nos mirábamos y sonreíamos; llegamos al hotel, fuimos a la administración y le expliqué al empleado la petición del Ingeniero, como los dos hoteles eran de la misma empresa, no hubo problema, pero lo cambiarían hasta el día siguiente.

Como pudimos, con ayuda de un calendario, le explicamos esto al hermoso alemán y quedó conforme.

De la misma manera, a señas, me invitó a cenar afuera, en la ciudad, porque el hotel queda en una colina a la que se accede por carretera, acepté ¡como no! Al menos recrear la vista durante la cena, porque al día siguiente lo cambiarían de hotel ¡qué lástima!

Me pidió elegir el restorán, fuimos a uno de comida típica de la zona, La Fonda de Santa Clara, yo ordené por él (mole poblano, por supuesto), pero él pidió el vino, un Liebfraumilch, nunca lo había probado ¡exquisito! Casi tanto como contemplarlo a él.

Nos divertimos mucho tratando de aprender el idioma del otro. Al salir lo llevé a que compráramos un diccionario cada uno y con ellos, ya pudimos entendernos un poco más.

Tomamos un taxi para el hotel y cuando íbamos por la carretera, yo iba contemplando el paisaje de la ciudad, allá abajo. Él se acercó, supuestamente para verlo también, percibí su aliento cerca de mi nuca, al pasar el brazo por sobre mi hombro, percibí el aroma de sudor, que durante la cena no había sido demasiado grato, pero fue pasable, ahora, aquí, en el taxi, con el brazo sobre mi hombro, el golpe olfativo fue fuerte y lo que ocurrió es que me excitó sobremanera, además de su aliento en mi nuca y mi oído y que desde que lo vi me atrajo (a mí y a toda mujer que lo veía).

Contemplamos el paisaje como 2 segundos y rozó mi mejilla con sus labios… ¡bueno! La explosión dentro de mí, la respiración se me cortó y sólo pude voltear hacia él, para que sus labios me besaran en la boca.

Fue un beso delicioso apasionado, largo, aun lo recuerdo con nostalgia y sensaciones agradables. Continuamos besándonos hasta llegar al hotel, no sé que habrá pensado el taxista y ni me importaba.

Entramos, pedimos nuestras respectivas llaves, nos habían dado cuartos contiguos, por ser de la misma empresa. Yo me preguntaba “¿y ahora qué? ¿Cómo me va a decir lo que ambos queremos?”

Lo solucionó diciéndome muy rápido, algo de “problems” y wasser (agua) y su cuarto y nicht (no) haciendo aspavientos, mientras yo abría mi puerta, siguió con eso y se metió rápidamente yendo hacia el baño, abrió la llave del lavabo y siguió con su retahíla, comprendí que me quería decir que en su cuarto no había agua, sonreí, vi la estratagema y fui a cerrar la puerta.

Nos miramos, nos acercamos y nos lanzamos a los brazos del otro.

Fue una noche en el país de las maravillas, como la melodía de Bert Kaempfert, fue como un sueño, no sólo por la apariencia de él, sino por lo tierno, dulce y apasionado que resultó ser, eso de que ¿los alemanes son bruscos o fríos? Al menos él no lo era, me decía cosas cuyo significado no entendía, pero con el tono de voz y el lenguaje corporal que lo acompañaba, me parecían las palabras más tiernas del mundo.

No dormimos, a las 6 am se tuvo que ir, en alemán, con carita triste y señas me explicaba que tenía que ir a bañarse, cambiarse y rasurarse, que teníamos que estar listos a las 8 que pasaba el transporte.

Cuando llegué al restorán del hotel a desayunar, el capitán me dijo, señalando una mesa, que ya me estaban esperando, y vi a Gerhard con una gran sonrisa pícara que me esperaba todo oliendo a jabón y loción, también ese aroma me agradó; él ya había pedido jugo de naranja y una rosa roja me esperaba sobre la servilleta ¡qué detalle! Desayunamos trabajosamente, tomados de una mano, mirándonos a los ojos y diciéndonos así mil cosas que no necesitaban traducción.

Al salir del restorán, me llevó a la administración a decirles que siempre sí quería quedarse en ese hotel, que no lo cambiaran al otro, me encantó la idea.

En el transporte seguimos de la mano, llegamos a la planta y quería tomarme del brazo o de la mano, pero no lo consideré conveniente, traté de explicarle, y se puso triste.

A la hora de comer, Luis, uno de los empleados me dijo que en su casa su esposa hacía comida para los compañeros que quisieran ir, Gerhard venía detrás de él y me hizo señas que iba a ir a comer a la casa de este compañero, así que accedí de inmediato (además, no había muchas opciones en el pueblo). Creo que más que comida, él y yo nos comíamos mutuamente con los ojos, todos se dieron cuenta y empezaron las bromas, qué él no entendía y a mí me ruborizaban.

Al salir en la tarde, pasó a mi escritorio por mí y nos fuimos juntos al transporte que nos llevaría al hotel, la otra camioneta iba al hotel de sus colegas y en ésta, nuestra, sólo íbamos él y yo, tomados de la mano y mirándonos a los ojos, con tremendas ganas de besarnos.

Desde ese martes hasta el viernes, fue casi lo mismo, salvo que cada noche podíamos escoger, según un folleto, diferentes restoranes para cenar, pero a él le gustaba repetir el primero, La Fonda de Santa Clara. Cuando caminábamos por la calle, había jovencitas que se le paraban enfrente, se mordían el labio y le decían: “papacitooo” él no entendía la palabra, pero sí la actitud, se ruborizaba y me abrazaba.

Poco a poco fuimos aprendiendo el idioma del otro (hace tantos años que ya se me olvidó, salvo Ich liebe dich – Te amo) y ya nos podíamos comunicar mejor, aunque en realidad no hacía mucha falta, las noches eran maravillosas, no necesitábamos más idioma que el universal entre hombre y mujer, la tremenda atracción sexual, sazonada con su olor, su sudor después de ensamblar máquinas en la planta. La segunda noche pretendió bañarse antes de amarnos, pero no se lo permití, nooo, le iba a quitar esa fragancia tan suya y tan estimulante sexualmente ¡de ninguna manera!

El viernes en la tarde nos despedimos con tristeza, nos veríamos hasta el lunes, lo pasamos a dejar al hotel y el transporte me trajo a la Capital, muy triste, pero tranquila, sabía que se iba a quedar solo en el hotel, que llegarían turistas, que tendría todas las oportunidades que quisiera, sin embargo, no sentía celos, él me había dado tanta seguridad de su cariño e interés, que ni me imaginaba que me pudiera ser infiel.

El lunes, regresé a la planta y él fue en seguida a darme los buenos días.

-“Guten Morgen

Y se repitió la semana anterior, mucho trabajo en la planta y al salir, disfrutar de su presencia, y de su apasionado amor, vivía yo como en un sueño, no creía posible que un “dios germano” como él, más guapo y atractivo que Chris Hemsworth,  Brad Pitt, Jude Law, Robert Redford. Paul Newman y Alain Delon, en su mejor momento, estuviera enamorado de mí, porque lo estaba, lo demostraba, nunca me habían tratado así, como él, con tanta dulzura, respeto y pasión.

Pero…

No podía faltar la serpiente en el Paraíso: yo había tenido un novio, Raúl, que me resultó más celoso que Otelo, si por él hubiera sido, ni con burka estaría bien que yo saliera, pues se me verían los ojos y podría ver a los hombres, bueno, tan fue así al hacernos novios, después de 2 años de pretenderme, que terminé con él al día siguiente de empezar el noviazgo.

Un día, queriendo que regresara con él, me llamó a casa de mi abuelita, con quien vivía yo, ella inocentemente le dijo dónde trabajaba y le dio el número de teléfono, de inmediato me llamó, pero estaba yo en otro lado de la planta, donde no había extensiones y sólo le tomaron el recado, 3 veces en 15’. Cuando regresé a mi lugar, me quedé inquieta al ver los recados, opté por llamarlo a su trabajo para decirle que ya me dejara en paz, pero me dijeron que había pedido la tarde libre

–Qué raro- pensé y le marqué a su casa, la empleada doméstica me dijo que después de comer había salido, diciendo que regresaría hasta el día siguiente

“Este hombre va a venir acá a armarme una escena de celos” supuse; por la hora a la que me dijeron que había salido, calculé que llegaría después de las 5, hora en la que salíamos de trabajar, eso me tranquilizó, pero pensé que también sabría en qué hotel me hospedaba.

¿Cómo deshacerme de él? ¿Cómo explicarle a Gerhard? Cuando fuimos a cenar diccionario en mano y a señas, le dije que había tenido un novio tiempo pasado, que era celoso y que quizá iría a armar escándalo, le pedí que al llegar al hotel me dejara entrar primero, así lo hicimos y, en efecto, ahí estaba Raúl, en el lobby, esperándome con cara de pocos amigos.

Me acerqué a saludarlo

-¿Qué haces aquí? No tienes nada que hacer aquí.

Él me contestó agresivo -¿Con el permiso de quién viniste a trabajar acá?

-Yo no tengo que pedirle permiso a nadie y menos a ti.

En ese momento entró Gerhard y vio la agresividad de Raúl y aunque habíamos quedado que saludaría de lejos, se acercó para defenderme si Raúl se ponía más agresivo.

Los tuve que presentar y Raúl, a pesar de la diferencia de estaturas, se le abalanzó a Gerhard, quien sólo extendió el brazo para detenerlo, pero los guardias de seguridad, que ya estaban atentos desde que oyeron que Raúl me gritaba, se acercaron y lo sacaron pataleando y gritando.

-¡Eres una coqueta de mierda! Pero me las vas a pagar…

¡Qué pena, qué vergüenza con los empleados y huéspedes del hotel que lo presenciaron y sobre todo con Gerhard, que se acercó a ver si estaba bien, me pasó el brazo sobre los hombros y consolándome nos encaminamos a nuestros cuartos.

Esa noche fue el amante más dulce que pudiera haber imaginado, se portó tan tierno que si no supiera que se iba a ir a Alemania y yo me regresaría antes a la Capital, me hubiera permitido enamorarme perdidamente de él, pero sabía que nuestro romance tenía fecha de caducidad y que un océano nos separaría, no me dejé ir en cuanto a mis sentimientos, no dejé crecer mis emociones, no, no quería volver a sufrir por amor.

Pero resultó que aunque él también lo sabía, él no le puso frenos a sus sentimientos y a la media noche, después de hacer el amor, me dijo a señas y con el diccionario en la mano, que me casara con él, me dibujó una casa con jardín y a él y a mí adentro y muchos corazones. Qué ternura, cuánta emoción sentí, pero mi razón se impuso sobre mi corazón y tuve que decir que NO, me dolió hasta el alma el decirlo, pero el cuento de hadas se convertiría en cuento de terror, ya me imaginaba yo sola en otro país, sin hablar el idioma, al menos al principio, en otra cultura, otro clima, no, imposible; sí sentía un gran cariño por él, pero no era tan grande como para dar ese salto además teníamos menos de 3 meses de habernos conocido.

Él lo sintió mucho, se puso muy triste, pero esa noche no cambió su manera cariñosa y apasionada de tratarme, volvimos a hacer el amor otras dos veces, pero como que algo se había roto entre nosotros, al menos yo me sentía muy triste al enfrentar la realidad, de que nos íbamos a separar y no era yo lo suficientemente valiente como para casarme con él.

Al día siguiente, el viernes, me notificaron que la siguiente semana ya no iría yo a la planta, ya estaba todo organizado, había 6 secretarias que me reemplazarían, un jefe de compras que haría las compras de equipo y papelería que yo hacía, un jefe de almacén las controlaría y yo ya podía regresarme a la oficina de México.

Lo que creían que sería la gran noticia, me cayó como rayo en la cabeza, ¡ya no iba a ver a Gerhard! Él aún iba a estar un mes más en México, pero en la planta y yo en la oficina.

Todo se juntó, la escenita de la noche anterior y la notica de mi regreso a las oficinas principales. Traté de explicarle a Gerhard, pero él se quedó con la idea que yo me quería regresar por lo que había pasado.

Cuando ese día en la tarde nos subimos al transporte, no pude contener las lágrimas, él también estaba muy triste y me reiteró la propuesta matrimonial, traté de explicarle mis motivos, pero no fueron suficientemente válidos para él, que insistía e insistía.

Lo dejamos en el Hotel Lastra y me fui llorando el resto del camino por carretera hasta la Capital.

A veces Gerhard me llamaba por teléfono, pero así poco nos entendíamos sólo me repetía:

Ich liebe dich (a lo que yo contestaba –te amo-) y también me decía otras palabras que no le entendía; creo que me quedaba más triste después de que me llamaba.

Un día vino a las oficinas principales a arreglar no sé qué papeles y pudimos ir a comer juntos, fue una gran alegría para mí y luego enorme tristeza al despedirnos.

La siguiente semana me dijeron que los auditores habían encontrado algunas cuentas raras y que tenía que ir un día a la planta, junto con el contador; como no había hecho nada malo, me alegraba inmensamente el ir, porque vería a mi hermoso alemán al menos a la hora de la comida, el problema contable me tenía sin cuidado.

Llegue, nos vimos y sin importar el lugar, tuvimos que abrazarnos, aunque no besarnos.

Entré a la oficina de mi jefe, que estaba con el contador y los auditores, me enseñaron unas facturas, ya no recuerdo qué error tenían, pero nada malo y en media hora ya estaba yo libre hasta las 5 pm, la hora del regreso.

El universo se alineó, era también el último día de Gerhard en la planta y ya no tenía nada qué hacer, así que nos pasamos varias horas platicando, incluida la comida, en la que departimos con todos los compañeros que iban a comer en la casa de Luis. Regresamos a seguir platicando en los jardines que ya estaban preciosos, frescos y con muchas áreas verdes, paseamos tomados de la mano, a mí no me importaba estar en la planta, de cualquier modo, no estaban prohibidas las relaciones entre empleados.

A las 5 partimos en el transporte hacia México y sin importarnos el chofer nos besamos y acariciamos todo el camino. Al llegar al hotel, él me pidió que me quedara con él, asentí y llamé a casa para avisar que llegaría horas más tarde.

Hicimos el amor sin tanta pasión, pero con amor y tristeza, yo lloré mucho, él me volvió a pedir que me casara con él, que cambiaría su vuelo del día siguiente, para dar tiempo a casarnos en su embajada, pero dije no, de nuevo.

Se llegó la hora de regresar a casa, me acompañó al taxi, un abrazo triste, tierno y amoroso y nos despedimos.

Estuve triste varios meses, a veces me enviaba tarjetas postales y  yo tenía que pedir a uno de los ingenieros que me las tradujera, lo que sí entendía era ich liebe dich, que nunca faltaba, luego las tarjetas fueron escaseando, yo renuncié a la empresa y no sé si siguieron llegando.

Pasaron los años, me casé, enviudé muy pronto, rehice mi vida como mujer sola y un día se me ocurrió enviarle una carta a su trabajo, en inglés, esperando que alguien se la tradujera.

Estaba muy ilusionada, aunque tampoco muy decidida a irme a Alemania, pero pensaba que quizá él ya estuviera casado, sólo quería saber de él, que estaba bien.

Una semana después, recibí una carta de Alemania, en un sobre de la empresa donde él trabajaba, el corazón me empezó a latir más fuerte, muy ilusionada abrí el sobre… para encontrar adentro mi carta cerrada y una nota en inglés de alguien desconocido, que decía:

Sentimos mucho informarle que el Sr.. Gerhard Molodesky falleció hace algunos años.

Nuestro más sentido pésame.

Sentí como un golpe fuerte en el estómago y una puñalada en el corazón, me di cuenta que sí lo amaba, que no fue buena decisión el no aceptarlo, que fui muy cobarde, pero lo reconocí fuera de tiempo, ya que no quedaba nada por hacer, salvo recordar ese amor con fecha de caducidad.

***

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

.***

© Silvia Eugenia Ruiz Bachiller

Imágenes tomadas de internet, Pinterest  o de los enlaces relacionados.  Creo que no es necesario advertir que algunas fotos, son imágenes actuales, sólo para dar una idea de cómo fueron en aquellos tiempos y lugares.

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EL QUINCUNCE (TOLTECAYOTL)

EL QUINCUNCE (TOLTECAYOTL)

Unknown

© condiciones al final

Hoy quiero compartir un escrito que me abrió los ojos hacia la filosofía mesoamericana (del Anáhuac) cuyo origen se remonta miles de años y llegó hasta el Siglo XVI, cuando fue casi eliminada por los conquistadores y evangelizadores.  También trata de la Cruz de Quetzalcóatl.  No es de extrañar que los aztecas y demás mesoamericanos aceptaran la religión católica  al ver la cruz, que ellos conocían tan bien, en el broche de la Virgen de Guadalupe, después de su aparición en el cerro del Tepeyacac (Tepeyac) en 1531.

“El Quincunce (toltecayotl)

El Quincunce simboliza mediante el “encuentro armónico” de cuatro mariposas el «equilibrio» entre el aspecto espiritual y material del mundo, y también entre el intuitivo y el racional. Las mariposas elevan así su vuelo hacia las cuatro direcciones en busca de las luminosas alturas, haciendo que el soplo divino del centro desprenda al espíritu de su envoltura terrenal para elevarlo hacia el Cielo.

Si se pudiera definir con una sola palabra la Toltecayotl, el término que puede sintetizar tal complejo y profundo sistema de pensamiento y acción sería «equilibrio». En efecto, los antiguos abuelos toltecas buscaron por diferentes caminos “el arte de vivir en armonía”, armonía que lograron a través del equilibrio. Lo que es equilibrado y/o armónico es bello. Por ello, las armas del “Guerrero de la Muerte Florecida” por excelencia son simbólicamente “la Flor” y “el Canto”, metáfora que alude a la flor como belleza y al canto como sabiduría.

Con “Flor y Canto” los guerreros buscan equilibrar “Los Cuatro Rumbos de la Existencia”, porque los Toltecas simbólicamente dividen el cuerpo humano en cuatro partes:

  • la primera, la parte de la cintura a la cabeza que simboliza el Cielo, la cual a su vez es representada con el ave de más bello plumaje, el Quetzal, en conjunto estos símbolos se asocian al Espíritu;
  • la segunda, la parte de la cintura a los pies, que simboliza la Tierra, que a su vez, se representa con la serpiente que repta sobre la Madre Tierra y que en lengua náhuatl se nombra Cóatl;

En conjunto, ambos símbolos se asocian con la materia. De aquí surge el principio filosófico de el “Quetzal-cóatl”, es decir, un principio de «equilibrio» entre el aspecto espiritual y material del mundo y la vida, el cual constituye una manifestación de conocimiento que se encarna a través de la “batalla florida”, entendida como la lucha interior del Guerrero por encontrar el equilibrio y el vivir en armonía.

Sin embargo, el Ser Humano al mismo tiempo es subdividido en dos mitades longitudinales:

  • la tercera, la parte derecha llamada «tonal», que está asociada a la parte solar, masculina, activa, seca, visible y sobre todo al uso de la “razón” para percibir el mundo;
  • la cuarta, la parte izquierda llamada «nahual», que está asociada a la parte lunar, pasiva, húmeda, invisible y sobre todo al uso de la “intuición”.

El mundo y la vida se perciben como un doble par de opuestos complementarios. Quetzal-cóatl y Tonal-Nahual, que requieren de un poderoso «intento» para equilibrar la cuádruple dualidad divina que se resuelve con el «equilibrio».

El resultado de la “Batalla Florida” es el máximo logro de encontrar el difícil equilibrio. El campo de batalla es la vida cotidiana. Un complicado juego dialéctico de las fortalezas y las debilidades de cada individuo en el terreno de las fuerzas gravitatorias que “arrastran a la materia” hacia los abismos de la estupidez humana. De esta manera, “La Batalla Florida” da sentido y significado a la vida.

El logro del equilibrio de estos “Cuatro Rumbos de la Existencia” se resuelve en una “Quinta Dirección”, en forma positiva, es decir, logrando el justo equilibro entre “los dos pares complementarios” Quetzal―Cóatl y Tonal―Nahual, el resultado de la ansiada elevación o trascendencia existencial. En forma negativa, es decir, cuando no existe coherencia y equilibrio por hacer prevalecer a una cualquiera de “las direcciones”, se precipita la caída del individuo en los abyectos abismos de la degradación humana y la intrascendencia existencial.

Esta “Quinta Dirección” los antiguos Abuelos la llamaron simbólicamente de diversas formas, como por ejemplo: Macuilxochitl (Cinco Flor) o “La Cruz de Quetzalcóatl”. La Maestra Laurette Séjourné la llamó el Quincunce, en su célebre obra “Pensamiento y Religión en el México Antiguo”.

El símbolo en síntesis es una cruz con un centro equilibrador. Puede estar representado con un círculo y cuatro pétalos figurando una flor.

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macuilxochitl-280×300

Puede encontrarse como una cruz bordeada de una cruz mayor con cuatro segmentos por lado, o un cuadrado anexando en cada cara por un trapecio.

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cruz-de-quetzalcoatl

La iconografía anahuaca es múltiple y diversa para representar este símbolo filosófico, eje y fundamento del pensamiento Tolteca. Ha quedado en códices, estelas y sobre todo en su arquitectura, que guarda un perfecto equilibrio entre esta sabiduría humana y la mecánica celeste.

Sin embargo, existe el símbolo por excelencia de esta metáfora filosófica. La base de la idea parte de que el “Alma” de los Guerreros de la Muerte Florecida se representa por excelencia con una mariposa, que todos los guerreros llevaban en el pecho. Se puede apreciar este clásico símbolo justamente en las formidables esculturas conocidas como “Los Atlantes”, que se encuentran en la pirámide principal de Tula, Hidalgo o en las diversas esculturas conocidas como “Chac Mool”.

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Atlante-de-Tula-300×295

La mariposa eleva su vuelo en busca de las luminosas alturas cuando el espíritu del guerrero se desprende de su envoltura terrenal. La mariposa vuela hacia el principio generador, en busca de la Luz. La materia ha cumplido su misión y se reintegra a la Madre Tierra y la mariposa busca al Padre, al Sol.

Con este pensamiento poético-filosófico, los sagrados abuelos toltecas simbolizaron la Toltecáyotl con cuatro mariposas con la mirada dirigida hacia los cuatro puntos cardinales o rumbos de la existencia. Sí una mariposa negra mira al norte (Mictlampa), se delinea sobre fondo blanco; y para crear ese equilibrio su contraparte blanca mira al sur (Huitztlampa) y se la delineada sobre fondo negro. De la misma manera, a la mariposa negra que observa el este (Tlahuiztlampa) se la ubica sobre fondo blanco y su contraparte, la mariposa blanca que mira hacia el oeste (Cihuatlampa) se la delinea sobre fondo negro.

Quincunce Toltecayotl
Quincunce Toltecayotl

Lo asombroso de este símbolo filosófico tolteca, es que en el centro, de donde parten las cuatro mariposas hacia los cuatro puntos cardinales, se forma un quinto símbolo con un profundo sentido espiritual. En efecto, el “encuentro armónico” en el centro de las cuatro mariposas produce, gracias a la sabiduría de los toltecas y al talento y creatividad de los tlacuilos anahuacas, un estilizado caracol cortado de manera longitudinal, emblema de Quetzalcóatl y de su “soplo divino” que da conciencia a la materia.

El símbolo al que aspiran los “guerreros de la muerte florecida” nos es así representado con maravillosa estética y sencillez en la alegoría de las mariposas, el caracol y la cruz de Quetzalcóatl, un mensaje espiritual de profunda trascendencia y vigencia humana. Como sabemos, la civilización del Anáhuac fue una sola, pero se manifestó a partir de múltiples y diversas culturas en el tiempo y el espacio. Por ello, este símbolo está presente en todas las culturas del Anáhuac, con sus variantes culturales que dependen del lenguaje estético, especialmente entre las culturas del Altiplano y Oaxaca, con la cultura Maya ubicada en la Península de Yucatán y parte de Centro América.

El símbolo de la Toltecáyotl, como apreciará nuestro amable lector, resulta muy parecido al símbolo del Ying Yang de la civilización de Oriente. Los dos nos hablan de cuatro opuestos complementarios, solo que el nuestro es más profundo y complejo, pues incluye al caracol y a la Cruz de Quetzalcóatl. Sin embargo, Descartes decía que “la luz es una sola, por mucho que ilumine múltiples objetos”. La sabiduría humana es en consecuencia una sola, por mucho que sean múltiples las formas que tienen las culturas de expresarla.

El problema de los Mexicanos es que hemos sido educados “como extranjeros incultos en nuestra propia tierra”. Conocemos los “clichés” de la cultura grecolatina y un poco de otras civilizaciones, pero desconocemos totalmente la riqueza de la sabiduría humana que posee nuestra milenaria Cultura Madre, que es una de las seis más antiguas y cuyo origen se dio de forma autónoma.

En consecuencia, nuestra pobreza proviene de nuestra ignorancia y nuestra desolación de estar perdidos desde hace quinientos años en el “laberinto de la soledad”. Copiando y exaltando lo ajeno y sistemáticamente despreciando e ignorando lo propio. Explotando ferozmente al débil y tirándonos mansamente ante los pies del poderoso opresor/colonizador. El futuro de la Tierra le pertenece a nuestras hijas e hijos, y que no son otros que nuestras abuelas y nuestros abuelos de un milenario pasado.

Agradecimientos:

Me gustaría manifestar el más profundo agradecimiento a Pina Saucedo, de Bandera de la Paz en Durango, a la Red ArcoIris 13, a Uuc Kan y a Guillermo Marín, por su gran apoyo y aporte de información a Oikos para la realización de este artículo, puesto que con su apoyo es posible compartir con nuestros lectores el significado del Quincunce, del símbolo Maya del Hunab Ku y del peregrinar del Guerrero por Tierras del Anáhuac.

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Autor/a: Lino Ramírez (Tizaá)

Tizaá Lino René Ramírez y Márquez es originario de Acatlán de Osorio, en la Región Mixteca del estado de Puebla, México; Acatlán, y que en lengua Nahuatl quiere decir “Lugar de Carrizos”. Tizaá proviene del Mixteco y quiere decir “Agua Ceniza” u “Hombre de Brío”. Por su origen indígena mixteco, ha tenido contacto y relación con diferentes Abuelos de las diferentes Comunidades Indígenas de México, poseedores del conocimiento ancestral Olmeca-Tolteca-Mexica. Tal situación le ha permitido vivir las costumbres, tradiciones y cosmovisión de los pueblos del Anahuac, así como pregonar este valioso conocimiento, considerándolo como el reencuentro del Individuo con su verdadera esencia y con su verdadera Familia: El Padre Cielo, la Madre Tierra, el Fuego, el Aire, el Agua y toda forma de manifestación de la Vida.

Tags: Cultura AnáhuacEspiritualidad

Tomado de:

http://www.mastay.info/2012/05/el-quincunce/

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Chac Mool dentro del templo de Kukulkán
Chac Mool dentro del templo de Kukulkán (Photo credit: Wikipedia)
"Atlantean" columns from the Nahua c...
“Atlantean” columns from the Nahua culture of the Toltecs at Tula. (Photo credit: Wikipedia)